Tantadel

octubre 21, 2015

La UNAM en vísperas del cambio

La UNAM, en México, es la Universidad por excelencia. Ha edificado en gran medida al México moderno. Explicar a la nación sin su presencia es imposible. De sus aulas han surgido algunos de los mejores hombres y mujeres del México contemporáneo. La lista de quienes estudiaron allí es infinita. Cómo no amarla o respetarla aunque hayamos estudiado en otras casas, nacionales o extranjeras. Pese a los descuidos gubernamentales, sigue siendo una fortaleza para la defensa de sus grandes valores. Allí estudié y me hice profesor. Sólo el nacimiento de la UAM-X me hizo buscar nuevas posibilidades educativas. El sistema modular, la negativa a ser una institución masificada, el contribuir a crear un proyecto distinto, me hizo salir de la UNAM, en la que incluso ocupé la extinta Dirección General de Difusión Cultural.

Ahora la UNAM, por razones normales, se agita en busca de un nuevo rector, una vez que han transcurrido los periodos del Dr. José Narro, otro amigo respetado. La lista de posibles sucesores pareciera larga, no lo es. Son muchos los que tienen cualidades para ocupar tan distinguido cargo y tratar de avanzar lo más posible en un México desconcertado, mal gobernado, en manos de personas que carecen de pasión por la educación pública, no la entienden, ignoran el papel que juega y las inmensas posibilidades de desarrollo que tiene. La nueva clase gobernante oscila entre la creencia de sistemas muy distantes de la vocación mexicana y la más ordinaria demagogia que imagina ser de “izquierda”. Entre ambas tendencias, la UNAM sufre las consecuencias.

La UAM ha tenido rectoras. Sólo en Xochimilco han gobernado dos y han hecho un buen papel. La actual, Patricia Alfaro, ha permitido un trabajo serio y hemos podido realizar buenas tareas. En lo personal, mi trabajo al frente de Extensión Universitaria, donde se trabaja por la difusión cultural, ha tenido apoyo suficiente. La UNAM sólo ha tenido rectores. Podría ser el momento, ahora que se insiste en la igualdad de género, de darle la estafeta a una mujer. Si en la política la equidad ha sido forzada, antinatural, en la UNAM podría ser lo contrario. Por ejemplo, Rosaura Ruiz goza de un bien ganado prestigio. En los cargos que ha ocupado, me señaló una excelente investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, ha rendido buenas cuentas. Es pues, una mujer, a quien no conozco personalmente, pero que ha cumplido escrupulosamente con la llamada Máxima Casa de Estudios.

El programa de Rosaura Ruiz, actual directora de la Facultad de Ciencias, apoyado con su abultado currículum, debe ser leído con atención y revisar su vida laboral. Entre las propuestas de Rosaura destaca un hecho: la Universidad debe permanecer como un baluarte de la educación pública, laica, gratuita y de calidad, como un derecho del pueblo mexicano y el eje principal es elevar la calidad de la educación, en todos los niveles, que atiende la Máxima Casa de Estudios.

Para ella, la autonomía universitaria ampara la libertad de decisión, movimiento, pensamiento y expresión, en el ámbito de la docencia, la investigación, la divulgación del conocimiento y la administración interna, pero también implica la soberanía para regular y dirigir las relaciones que la Universidad mantiene con el mundo externo, gobierno, sociedad y sector privado. Asimismo considera que en la Universidad no deben tomar decisiones basadas en criterios partidistas; que ni los partidos ni los gobiernos traten de intervenir en la vida interna de la institución, aunque algunos la vean cercana al PRD y a Morena.

Ello es importante ahora que los principios neoliberales se han entronizado y que han entrado en pugna, sobre todo en las instituciones públicas, con la infinita charlatanería de una izquierda distante de serlo realmente. La UNAM debe buscar su propio camino y de nuevo recuperar los grandes valores que siempre ha mantenido aún en los momentos difíciles como fue el 68.

Su programa es claro y razonable, ataca las partes más débiles con el objeto de brindar una educación de calidad y que de nuevo la UNAM sea una poderosa institución, lejos de la fatiga que por ahora muestra. Por ello hay puntos clave relativos al fortalecimiento del bachillerato, acaso la parte más endeble, las licenciaturas y desde luego el posgrado. En materia cultural, un aspecto un tanto descuidado, Rosaura Ruiz plantea: “Aquí me propongo consolidar las funciones que actualmente ejercen la Dirección de Divulgación de la Ciencia, de la Coordinación de la Investigación Científica, la Dirección de Divulgación, de la Coordinación de Humanidades, y la propia Coordinación de Difusión Cultural.” Del mismo modo, su proyecto se ocupa de la educación a distancia para bien aprovechar las nuevas tecnologías. Sin duda habrá que estudiar la visión que tiene cada uno de los aspirantes y sobre todo ver sus carreras dentro de la UNAM, así como realizar comparaciones académicas y, ni remedio, también políticas.

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