Tantadel

octubre 28, 2015

México en plena globalización informativa

Hace un par de semanas un periodista radiofónico afamado se quejaba de que predominan entre nosotros las noticias locales y siempre distante aparece alguna información de carácter internacional. Éste es un problema en el que he pensado. En los tiempos muy severos de la “dictadura perfecta”, cuando me iniciaba en el periodismo, un sagaz jefe de prensa me dijo: René, si usted quiere ser un periodista crítico, concéntrese en temas internacionales. Diga cosas severas pensando en México, pero no lo mencione. Puede incluso atacar con dureza a personajes como el embajador de EU en México o al eterno secretario general de la CTM, poderosa entonces, Fidel Velázquez. Pero nunca al Presidente de la República.

Algo más, en esos años América Latina tenía un patológico número de tiranías, mientras que nosotros parecíamos ser libres y democráticos por más que el PRI ganara de manera aplastante con votos hasta de los muertos. Así que era posible y correcto políticamente criticar a las dictaduras latinoamericanas o a los violentos norteamericanos que pasan de una guerra a otra como si fueran juegos deportivos. Finalmente, la izquierda, entonces principalmente comunista, hablaba de “solidaridad proletaria” y cada vez que EU agredía un pueblo inerme como Corea o Vietnam, más adelante países árabes, uno podía desgañitarse en contra del “imperialismo”, palabra en boga consolidada por Lenin, en lugar de la que hoy utilizamos: globalización, donde unos globalizan y otros somos globalizados en detrimento de valores propios.

Fueron días en los que la crítica sobre los distintos países del mundo floreció. Parecía que nuestra vocación era de internacionalistas de izquierda, siempre atentos a las canalladas que cometían las potencias. Eran, además, años de Guerra Fría, intensos y brutales. EU concentraba su bestialidad militar en Vietnam, mientras que el rock and roll se había hecho contestatario, contracultural, como la poesía Beat.

Pero vino la transición democrática o algo así y los mexicanos al fin pudimos criticar al sistema político mexicano y al mismísimo presidente del país. Desde Vicente Fox hasta Peña Nieto, los mexicanos nos hemos envalentonado y no pasa un día sin que en las redes sociales no insulten, a veces gratuitamente, a los integrantes del poder que parecen asustados ante la avalancha de mentadas de madre que reciben. Dicho en otros términos, ahora EU puede bombardear alguna aldea árabe, los israelís masacrar palestinos sin que ningún periodista que se ufane de sus posturas “izquierdistas” diga una palabra, todo se concentra en el país. No más “internacionalismo proletario”, no más defensas a los países agredidos por las potencias occidentales. Japón y Alemania se rearman discretamente; Rusia vuelve a las acciones bélicas ahora a favor de sus intereses y aquí los comentaristas se han hecho expertos en lo más fácil, en criticar a los políticos nacionales, pobres diablos que valen poco. Es muy raro que de pronto haya manifestaciones estimuladas por los medios y las redes a favor de los palestinos, una población que diariamente es brutalmente golpeada. Si antes un taxista o un peluquero o un compañero de oficina se quejaban de las perversiones internacionales porque la censura les impedía tocar asuntos domésticos, ahora es justo a la inversa. Cómo podemos machacar con los 43 desaparecidos de Guerrero, mientras los crímenes que cometen las potencias con naciones débiles, pasan desapercibidos. Hay, entonces, una especie de nacionalismo informativo, que siempre busca el rating y la politización de los medios, porque tampoco les importan los hermanos que cumplían con su trabajo en Puebla y que fueron quemados por una muchedumbre.

No deja de ser curioso que en el momento en que más información internacional recibimos, no hablemos de sucesos que conmueven en otras latitudes. Medios y redes nos agobian con los temas nacionales y no es que ello esté mal, sino que nos margina de la verdadera globalización. Lo adecuado, pienso, es reflexionar sobre ambas situaciones y en los dos casos participar, mostrar que nos preocupa lo que le sucede al mundo. No somos un caso aislado y el único con graves problemas. Si antes éramos capaces de conmovernos por el estado crítico de los países árabes y africanos en general, ahora lo ignoramos, apenas tenemos una idea y en cambio nos hemos metido en laberintos nacionales por excesos de información falsa y de argumentaciones partidistas. Habría que buscar una posición razonable, pues somos parte de la globalización y lo que ocurra en China o en EU nos afecta.

Hay, sin embargo otra posibilidad: los asuntos internacionales se han hecho complejos y el mundo se ha convertido en muchos más países de los que había en 1945, luego de la Segunda Guerra Mundial. Para colmo otras partes como en España, Cataluña y el pueblo Vasco, o en la Gran Bretaña, Escocia e Irlanda, desean su independencia. Los asuntos planetarios son complejos. ¿Por qué un país diminuto como Corea del Norte reta al coloso estadunidense? Esto es, la globalización ha multiplicado los problemas en lugar de reducirlos. Mientras que en México todo es muy simple. La culpa de todo la tiene Peña Nieto. No es un estadista, ni su gabinete tiene genios, pero de allí a que su gobierno haya mandado matar normalistas de Guerrero hay distancia, sobre todo cuando nadie ignora que los mataron directamente perredistas, en complicidades múltiples con otros “izquierdistas” y ante la incapacidad del gobierno federal.

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