Tantadel

octubre 14, 2015

Tlalpan y los ambulantes, plaga exitosa

Mi computadora se ha fatigado escribiendo sobre los problemas de Tlalpan, una y otra vez. Lo hago porque los problemas en esta delegación aumentan, entre ellos el ambulantaje y, desde luego, porque soy tlalpense por adopción desde hace ya casi cuarenta años. Vuelvo pues, ahora que hay nuevas autoridades, para quejarme de nuevo. Como están recién llegadas y compiten con sus antiguos camaradas, es posible que nos ayuden a quienes vivimos aquí.

En la transitada Avenida Zacatepetl, desde que llegaron los perredistas encabezados por la hoy priista Rosario Robles y el afamado político saltarín conocido como El Pino, se agudizaron los problemas. El ambulantaje creció como plaga bíblica y siguiendo el mal ejemplo de Coyoacán. El Pino es teórico de ciencia política y nos dijo en un recorrido por los puntos álgidos: “Más vale un taquero que un ratero”. Y dirigiéndose a los vendedores ambulantes, sentenció, como si fuera Maquiavelo o Marx: “Les ayudaré p’al pollito”.

Para los perredistas que llegaban al DF como filibusteros, aquello era el asalto a una isla maravillosa, un sencillo ataque que los haría ricos y así ha sido. Delegados que entran pobres, como Guillermo Sánchez Torres e Higinio Chávez, salen ricos. Los hemos combatido, pero ellos han sido más hábiles y finalmente la lucha desde el poder es más sencilla. Los ciudadanos carecemos de experiencia para enfrentarlos. Hablo en este caso de lo inmediato, de Zacatepetl y Camino a Santa Teresa, la entrada al Bosque de Tlalpan, zona protegida que se ha “chapultepequizado” y va en picada. Cada día hay nuevos ambulantes y esa esquina se convierte, a causa de los puestos de comida y los vendedores de ropa pirata, en un embudo y un tiradero de basura que crece a causa de los paseantes mal educados.

Con la delegada que acaba de salir, ya con la brutal división entre perredistas y morenistas, Maricela Contreras, hablamos varias veces y le planteamos el descuido de la delegación y los altos impuestos que nos cobran por no recibir servicios. Pareció entender y a regañadientes retiró un nuevo puesto de chatarra, metálico, que impide el paso en una calle cuyo ancho es de unos tres metros a lo sumo. Nos sentimos felices.

Pues ahora, aprovechando la llegada de Claudia Sheinbaum, muy cercana a López Obrador, los ambulantes mayores, un taquero que ya es dueño de una considerable fortuna —surtía a los perredistas de dinero y comida para sus festejos, y luego de casi veinte años se ha hecho rico y poseedor de varias camionetas Lobo con las que distribuye tacos de canasta y materiales de construcción para cementar pedazos de pasto y colocar una nueva sucursal de sus productos— ha regresado victorioso. Y el puesto que retiraron, merced a las presiones ciudadanas, el lunes reapareció más bonito, sólido y aguerrido, apenas permite el paso de los transeúntes y vende chatarra bajo un anuncio ridículo, pues del otro lado ya existen dos puestos con el mismo producto: Flores, recién pintado.

Es obvio que por ahora no hay control cabal de las calles y que los ambulantes que logramos retirar han vuelto por lo “suyo”. Habrá que esperar a que las nuevas autoridades se percaten de las anormalidades y de la corrupción de aquellos que fueron sus camaradas de partido, el PRD, y que ahora que militan en otro que presume su enemistad con la corrupción y cuyo vocero más acabado es Ricardo Monreal, tomen cartas en el asunto y los quite por el bien de una delegación que vivió en paz hasta que llegaron aquellos que se llaman a sí mismo “izquierdistas”.

De no suceder así, es obvio que otros partidos triunfarán ante los militantes de Morena, que hoy han tenido éxito porque se espera que cumplan con su palabra y no permitan más populismo barato como el que permitió que El Pino desatara un total éxito de los vendedores ambulantes, que han poblado parte de la delegación. Con el PRD instalaron giros negros, abusaron de ciudadanos indefensos, pusieron en peligro edificios al tolerar gasolinerías de amigos y clientes. En fin qué no han hecho. Ah sí, barrer calles, reparar el alumbrado público, frenar la destrucción del medio ambiente, vigilar adecuadamente la delegación. En fin, veremos qué hace la señora Claudia Sheinbaum, ¿apoyará a los ciudadanos o seguirá en la misma línea del PRD?

Las obras que tanto presumieron, como los elevadores para discapacitados, están todos inservibles, la policía no pasa más que para extorsionar ingenuos, no hay suficientes barrenderos, el servicio de limpia es selectivo no la recoge todos los días, en fin, una calamidad que es posible coronar cuando en fines de semana se instalan lujoso coches a vender supuestas mercancías europeas, de marca y hasta permiten el pago con tarjeta. ¿Esos son los pobres a los que El Pino les ofrecía algún dinero “p’al pollito”?

Mientras tanto, por varios puntos de la delegación persisten letreros borrosos que indican: “Tlalpan zona de paz”.


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