Tantadel

octubre 18, 2015

Un invento remoto: la ciencia ficción

Se trata de un género tan valioso como cualquier otro y no tan novedoso como se supone. Sin embargo, persisten las confusiones.

18 de Octubre de 2015
Mi madre fue lectora infatigable, la veía con novelas de autores afamados, pero mis recuerdos se centran en el placer que le brindaban las de ciencia ficción (CF). Disfrutaba los viajes espaciales y las aventuras por distantes galaxias. Heredé su biblioteca, entre sus miles de libros, estaban los de VerneBradburySturgeonArthur C. ClarkeStanislaw LemRichard Matheson y James Tiptree Jr. y muchos más. Consiguió que amara esa vertiente fantástica.
La CF no es una literatura de evasión ni un arte menor, como indican infinidad de críticos académicos. Es una literatura crítica cuando pasa, digamos, por las manos de un Ray Bradbury. Se trata de un género tan valioso como cualquier otro y no tan novedoso como algunos suponen. Sin embargo, persisten las confusiones, sobre todo, cuando apareció el cinematógrafo y sufrió una revolución literalmente espectacular. Pocos desconocen la graciosa y profunda anticipación, basada en Verne, con la pantalla mostrando una luna molesta porque un cohete se le ha incrustado en el ojo. David Pringle, en un libro interesante, Ciencia ficción. Las 100 mejores novelas, separa o distingue lo popular de lo artístico. Señala que para muchas personas, no necesariamente lectoras, la CF significa películas como La guerra de las galaxiasE. T. y Superman. Asimismo, simboliza tiras cómicas, series radiofónicas y televisivas, como Guía del autoestopista galáctico y Star Trek, respectivamente, del mismo modo que adora brutales juegos de computadoras. Para este autor, todo ello es parte de la cultura pop. La verdadera CF es aquella que se hunde en raíces artísticas y preocupaciones sociales: VerneWells y Bradbury, digamos. O antes, con libros como el de Cyrano de Bergerac (Savinien de Cyrano, 1619-1655, condiscípulo de Molière), quien escribiera hace cuatro siglos obras de anticipación como Viajes a los Estados e imperios de la Luna y el Sol.
Pringle, en su apoyo, crea una definición propia: “Ciencia ficción es una forma narrativa fantástica que explota las perspectivas imaginativas de la ciencia moderna”. Es acertada. Más me lo parece separar la cultura popular de manifestaciones más elaboradas y, sin duda, más profundas, porque ellas no sólo intentan divertir o entretener, pretenden esclarecer fenómenos profundamente humanos a través de las miles de posibilidades que la fantasía concede. Por desgracia, el mundo de hoy nos lo explica de forma deficiente utilizando una cinematografía llena de trucos tecnológicos, mucha violencia, poco talento y una capacidad destructiva infinita. Sin aliento poético y carente de sensibilidad artística, el único propósito es atraer a una masa de espectadores aletargados e ignorantes. En todo caso, en 1974, el “soviético” Yuli Kagarlitski explicó, en una obra clave, ¿Qué es la ciencia-ficción?, la dificultad de ofrecer una definición de valor universal y para darnos una idea de la magnitud de la tarea: él arranca con los mitos y leyendas, pasa por las utopías, los grandes autores del género y no descuida lo que en su momento, también, fue parte de una lucha ideológica: la CF en la URSS y en EU, en sus esfuerzos por alcanzar el espacio y plantar sus respectivas banderas, fue parte de la Guerra Fría.
Las utopías literarias son tan distinguidas como las políticas creadas por Moro,OwenCampanellaMarx y Engels, sólo que no tenemos muchos críticos que señalen sus valores más allá del simple enriquecimiento de la imaginación, lo cual no es poca hazaña. Si las obras llamadas utopías o lugares que no existen fueron útiles para que docenas de pensadores políticos mostraran sus pugnas con los sistemas imperantes a través de amplias metáforas, las abiertamente literarias, novelas, como las escritas por Jonathan SwiftH. G. Wells y George Orwell enriquecen nuestra visión estética y política.
La CF, pues, no es evasión, es un compromiso más complejo y con regularidad, posee una responsabilidad más profunda y simbólica. Bradbury, por ejemplo, llenó sus libros con alegorías de orden social, algo semejante a lo que hizo Verne en libros como Los quinientos millones de la Begún. No se trata simplemente de llevar al lector por galaxias extrañas, peligros descomunales y seres monstruosos que amenazan la Tierra. La premisa es una: imposible suponer que vida sólo hay en la Tierra en un universo sin principio ni fin.
La CF no es novedosa, podemos verla arrancar con las citadas novelas fantásticas de Cyrano que en realidad son dos obras. En estas pequeñas novelas el autor demuestra la posibilidad de encontrar civilizaciones en la Luna y en el Sol y le son de utilidad para satirizar a los sistemas políticos y religiosos imperantes en su época. Algo semejante a lo hecho por Swift y su inolvidable personaje Gulliver.
Este género situó las escasas virtudes de la humanidad y sus muchos errores, sus combates y problemas en el cosmos, en un vano intento de catarsis. Con el apoyo del cómic y la cinematografía ha logrado ser un arte valioso, capaz de brindarnos obras maestras, donde las pesadillas y los sueños se magnifican en asombrosos escenarios, plenos de imaginación, ciencia y literatura fantástica. La CF nació para anticipar viajes y máquinas que apenas comienzan a hurgar el infinito y que son fascinantes premoniciones.

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