Tantadel

noviembre 23, 2015

La cultura en el capitalismo

Nada, en apariencia, suena más incompatible que hablar de cultura y negocios. Pero si observamos bien las cosas, en tiempos remotos los nobles, con frecuencia adinerados, solían proteger a los escritores, músicos y literatos. Aquel fenómeno se calificó como mecenazgo y fue sumamente provechoso para el desarrollo de las artes. La Iglesia católica se especializó en cuidar de las haciendas de los grandes pintores y de los músicos sobresalientes porque tenían un fin concreto: promover la religión entre el mayor número posible de personas. Las grandes catedrales tuvieron murales soberbios y cuadros sublimes y en sus interiores la música de Bach, Beethoven o Mozart, conmovía a los fieles.

En México, se prefirió, luego de la Revolución Mexicana, darle al Estado poderes para promover las artes. Esta tarea quedó en manos de la naciente Secretaría de Educación Pública y más adelante en el Instituto Nacional de Bellas Artes. En otros países, en los socialistas, por ejemplo, mientras existieron, mantuvieron una tenaz situación al respecto. Las autoridades estimulaban la creación o la frenaban, según sus intereses políticos. Eso retrasó el avance artístico. La cultura se hizo panfletaria y la libertad de creación se vio dañada. El arte al servicio del Estado fue un desastre en términos generales. Acaso hubo avances musicales, pero eso se debió al carácter abstracto de tal arte.

En México se agotó el arte con mensajes protegidos por el Estado. Fueron muchos los artistas plásticos y literarios que rompieron con esa escuela que encabezaron Rivera, Siqueiros y Orozco, orientando a muchos pintores y grabadores. Fue Carlos Mérida, pintor de origen guatemalteco, amigo personal de Klee, Picasso y Modigliani, el primero en caminar hacia el caballete y hacia el abstraccionismo, antes de que la generación denominada de la “Ruptura” hiciera de lado al arte con mensaje social.

El resto es complicado y al final los caminos del arte fueron muchos y diversos y el Estado agotó su papel rector de la cultura a pesar de que Conaculta es una fuerte realidad y Peña Nieto ha prometido una Secretaría de Cultura.

Al margen de esta situación o quizás por ella, no han sido muchos los empresarios poderosos que deciden apoyar a las artes. Carlos Slim, Jumex y Banamex, por ejemplo, actúan en tal sentido, pero los resultados no son suficientes. Y más bien lo hacen con el fin de deducir impuestos. Es importante que, dentro de un mundo globalizado en el que ha triunfado, no sin resistencias, el capitalismo, se sigan los ejemplos que le han dado prestigio a países como Gran Bretaña y Estados Unidos, donde los grandes museos y las mayores salas de conciertos, son el resultado de empresarios o patronatos de personas que han logrado hacer grandes fortunas y al mismo tiempo saben el valor de la cultura. En la entrada de esos sitios casi siempre hay una lista de benefactores o de agrupaciones privadas que mantienen la vida y el trabajo de esos recintos. No hay necesidad del Estado. Incluso la edificación o ampliación de un museo, es obra de particulares. Unos los edificaron en vida, otros dejaron recursos para universidades existentes o para la creación de nuevas.

En esta nueva era, en pleno siglo XXI, México se debate en esta discusión. Es tiempo de finalizar y de estimular a los empresarios y apoyar la cultura. México sería mejor receptor de recursos e inversiones si se le ofrece al turismo y a los propios mexicanos, una larga cadena de empresas culturales y educativas. No es tiempo de mirar la tradición en tal sentido, el Estado se agotó. Lo inteligente es mirar el futuro y apoyarse en los países que han tenido éxito en esta idea de invertir en la cultura. No se trata de comprar cuadros para tener en casa, que es posible hacerlo, sino de impulsar al país invirtiendo en cultura.

También la cultura puede ser lucrativa. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía la cultura aporta al PIB 2.7%, lo que equivale a casi 400 mil millones de pesos, cifra semejante a la de España. Además agrega que los mexicanos gastan en cultura cerca del 4% del consumo total de bienes y servicios al año.

El universo de empresas que pueden formarse alrededor de la cultura es muy diverso e incluye: teatro, editoriales, venta de instrumentos musicales, comercio de arte, prensa, radio, televisión, cine, video, publicidad, diseño gráfico, de interiores, arquitectura, danza, literatura, artes plásticas, museos, galerías, comercio de antigüedades, consultoría, turismo cultural, gastronomía, entre otros. También están las actividades vinculadas a la ciencia e innovaciones tecnológicas. Según datos de Eduardo Cruz, hasta 2009 se contabilizaban 185 mil micros, pequeñas y medianas empresas culturales en México.

El mundo se globalizó con reglas capitalistas que dominan al mercado y relegan el papel del Estado. Habrá que replantear la cultura, pues ya no es en México el único en promoverla a través del gobierno y de las universidades públicas. En materia editorial, por ejemplo, han surgido docenas de editoriales de todos tamaños, más abiertas que el Fondo de Cultura Económica, siempre en manos de un amigo del presidente en turno y cuya pluralidad es inexistente. Prevalecen intereses personales. Entonces, ¿para qué alarmarse ante una cultura en manos de promotores privados y empresarios? Los artistas, al no hallar las puertas culturales del Estado, buscan sus propias formas de trabajar.

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