Tantadel

noviembre 25, 2015

¡Leo… luego existo!

El INBA tiene entre sus actividades un programa que es sustantivo: la motivación por la lectura, cuyo objetivo principal es, desde luego, fomentar la lectura. Lo lleva a cabo todo el año y lo celebra, básicamente, con universidades públicas, en distintos estados de la República. Sin duda, ha alcanzado notoriedad y relevancia por la generosidad de sus propósitos y porque participan actores de altísimo rango: Ignacio López Tarso, Carlos Bracho, Edith González, Lilia Aragón, Arturo Rosales, La Catrina, Juan Ignacio Aranda y muchos más.

Como es normal, la fama de estos actores y actrices legendarios atrae al público y la lectura despierta pasiones que yo desconocía. Este mes, noviembre, donde a la mitad es mi cumpleaños, el INBA me dedicó las lecturas y de este modo han leído relatos míos en distintos puntos de la República. El lunes comenzaron en Tlaxcala, Acapulco (me dicen) y en Pachuca, donde tal programa es acogido con entusiasmo desde siempre. Allí, la Universidad Autónoma del estado de Hidalgo lo comparte con verdadero placer. Vale la pena señalar que Corina Martínez, promotora cultural infatigable, les da especial importancia. Sabe, como el INBA, que vale la pena para fomentar el hábito de la buena lectura.

Pues sí, hasta Pachuca fui a dar, ciudad que se ha hecho entrañable para mí. Curiosamente, no hace mucho, me correspondió presentar un soberbio libro sobre las esculturas que Sebastián acaba de instalar en distintos puntos de la ciudad. Uno de los ensayos sobre las obras de mi estimado amigo me correspondió redactarlo. Para colmo de bienes, en la universidad hidalguense, la UAEH, cuando cumplí 50 años como escritor, me organizó uno de los más emotivos homenajes que he recibido en mi vida, presidido por el rector Humberto Veras Godoy. Baste decir que su Orquesta Sinfónica interpretó en mi honor obras de Mozart y Schubert y el discurso de presentación, que me dejó impresionado, estuvo a cargo de la maestra Rosa María Valles, autora de múltiples libros.
En esa ciudad que crece de manera armónica y bella, durante la mañana, un grupo de alumnos y profesores, encabezados por la maestra Valles, me entrevistaron largamente con el objeto de llevar a cabo un libro y un video. Será un paso en el acercamiento de escritores e intelectuales a esa casa de estudios. En la tarde, fue la lectura de cuentos míos, una selección de relatos breves a cargo de Arturo Rosales, La Catrina, en uno de los magníficos recintos de la UAEH.

El acto para mí fue grato y sorpresivo. Cuando dieron la tercera llamada, por la puerta principal entró el actor, maravillosamente ataviado como la figura que popularizaron Posada y Diego Rivera, cantando “Bésame mucho”, se paseó por todo el teatro ante jóvenes y personas adultas y ya en el estrado hizo comentarios de un alto sentido del humor y con cautela fue preparando el terreno para llevar a cabo la lectura de relatos míos de distintas épocas. Con elegancia y sofisticación y sin suspender las ironías cordiales, La Catrina comenzó a leer. Entre cada texto hacía alguna broma e interactuaba con el público. En realidad su trabajo lo lleva a cabo con una seriedad completa: hay que provocar el entusiasmo del público por los libros.

La selección de cuentos que hizo fue peculiar: arrancó con los más breves, lo que ahora llaman minificciones o microrrelatos, y entre lecturas se dirigía al público incitándolos a reír y a gustar de las historias. Con plena honestidad, mis cuentos adquirieron un valor que desconocía. En su voz y actuación profesional, cada lectura era una obra de arte y los aplausos iban en aumento. De pronto La Catrina se levantaba de su asiento y le rogaba al público admiraran sus ropajes, los modelaba, se ajustaba el sombrero y se retocaba los labios. Miraba fijamente a una jovencita y le decía: Por Dios, corazón, presta atención a la lectura y déjate de jalar los pelos, ellos solos crecerán sin que tires de ellos. Volvía parsimoniosamente a la lectura: Ay, éste es de mis favoritos… La gente aplaudía con entusiasmo.

Al concluir y con voz melodiosa dijo: Ahora los voy a examinar, no tengan ningún temor, sólo quiero saber si aprovecharon la lectura de René Avilés Fabila y comenzó por la primera fila, de uno en uno, a recoger opiniones y comentarios. La mayoría lo felicitó por las brillantes interpretaciones que él-ella supo leer con genio y simpatía. En lo personal he tenido pocas experiencias con actores-lectores de mi obra. Una vez en Bellas Artes, en la sala Ponce, Jacqueline Andere y Carlos Bracho leyeron fragmentos de mi novela Tantadel. Pero es una novela de tonos dramáticos amorosos. En el caso de La Catrina, la selección fue de cuentos con fuerte sentido del humor, y cada uno adquirió una peculiar brillantez.

Al final, entró un trío a cantarme las típicas mañanitas por mi cumpleaños y una versión de las mañanitas huastecas muy hermosa. El resto fueron sesiones interminables de fotografías. Todos querían retratarse con Arturo Rosales, La Catrina. Le agradecí la lectura, su talento y sentido del humor, sus capacidades histriónicas y su manera efectiva de promover la lectura. Ahora espero nervioso el evento, que con el mismo propósito Bellas Artes hará el próximo domingo 29, donde Ignacio López Tarso, Edith González y Juan Ignacio Aranda leerán cuentos míos.

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