Tantadel

noviembre 09, 2015

México, paraíso para políticos

Alguna vez recordé en estas mismas páginas, una expresión utilizada en una época para calificar a los privilegiados de ciertos países: los niños en la Unión Soviética (hoy de nuevo Rusia a secas), los estudiantes en Francia y en México los políticos. La URSS ya no existe, a Francia se la tragó la globalización pese a su inmensa personalidad y sólo nuestro país sigue igual: los políticos siguen siendo una casta mimada.

Viene al caso porque hace unos días apareció una noticia que remacha sobre los altos beneficios materiales que un político mexicano recibe. Por ello se matan entre sí por el poder, carecen de principios ideológicos a no ser un doloso pragmatismo que los lleva de un partido a otro, claro, en busca del poder, y su tendencia no está dirigida a proteger a la sociedad sino a la acumulación del patrimonio personal o familiar. Esto los lleva a una búsqueda que pareciera natural debido al cinismo que nos ha sido inculcado como país corrupto.

Veamos. Si usted supone que Barack Obama, la señora Angela Merkel, canciller de Alemania, Stephen Harper, primer ministro de Canadá y David Cameron, primer ministro de Gran Bretaña, todos jefes de Estado de países muy ricos, perciben pagas estratosféricas, está equivocado rotundamente. Sus remuneraciones, comparadas con las que México les concede a sus mejores hijos, es decir, a los politicastros, son baratijas.

En nuestra patria (espero siga siendo nuestra), Leonel Luna Estrada, asambleísta por el PRD, percibe en total la nada desdeñable suma de 677 mil pesos al mes, mucho más que el mandatario estadunidense, quien percibe, ya convertidos en pesos, alrededor de 556 mil. César Cravioto, asambleísta por Morena (organismo que defiende a los pobres), recibe 475 mil 576 pesos cada mes, a diferencia del Stephen Harper, a quien el gobierno canadiense le entrega 361 mil 822 como pago, con las diferencias de responsabilidades. Jorge Romero Herrera, panista, el que parece trabajar en la ALDF también, cada mes recibe un cheque por 475 mil 576 pesos, mientras que la señora Merkel, quien conduce a una de las locomotoras de Europa, se conforma con la gratitud de sus paisanos y un pago, en pesos, de 326 mil 206. Al priista Adrián Rubalcava, por descansar también en la sección legislativa del DF, le regalan cada 30 días 577 mil 023 pesos y al señor que rige los destinos del hermoso y próspero Canadá, le pagan 361 mil 182 pesos.

Finalmente y ya basta de ejemplos, pues la lista es interminable, a un señor que dice prestar sus servicios a beneficio de la ciudad de México, quien milita en un partido modesto, Movimiento Ciudadano, Armando López Cámara, se levanta la friolera de 677 mil 023 pesos mensuales, en tanto que el primer ministro de Gran Bretaña, David Cameron, apenas le dan como remuneración por conducir a una multitud de países, 298 mil 930 pesos. Putin, un gobernante duro de una potencia como es Rusia, obtiene  un salario de 189 mil 266 pesos a diferencia del poco capaz de Xavier Adame del Partido Verde Ecologista, quien se embolsa cada mes, trabaje o no, 677 mil 023 pesos.

¿Qué le parece? Lo conveniente es no hurgar más. Como simple profesor universitario de universidad pública, veo a los senadores y secretarios de Estado, a los aspirantes a cargos de elección y demás, en autos lujosos y blindados, seguido por camionetas igualmente lujosas y blindadas y me niego a hacer esfuerzos para no imaginar cómo viven, cómo son sus propiedades y cuánto dinero tienen en inversiones y en cuentas bancarias.

También hace años, en México el paso de político a empresario era obligado, pues algo tenían que hacer los funcionarios con tanto dinero recibido por la vía normal y por los negocios hechos al amparo del poder. Ahora desde jóvenes aspirantes a la función pública, son ricos y cuentan con negocios propios. Para colmo, en la actualidad el glorioso PRI, el supuesto heredero de la Revolución Mexicana, premia y reconoce la labor “social” de un millonario, Juan Bailleres, dándole una medalla devaluada que lleva el digno nombre de don Belisario Domínguez, quien estaría insatisfecho: la medalla que otorga el Senado y que ha ido cayendo en las peores manos, lo irritaría profundamente. Ésta es la casta política que nos gobierna y nos conduce a una imaginaria prosperidad sin ninguna congruencia cívica. Tal presea, como dijo Rafael Cardona, ya carece de prestigio.

En mi novela El gran solitario de Palacio, mi versión de la matanza del 68, una madre le pregunta a su pequeño por su naciente vocación: Hijo, ¿qué quieres ser de grande? El niño sin titubeos responde: Político, mamá. Quiero tener muchas casas, harto dinero y varias mujeres. Veo alarmado que la situación no ha sufrido modificaciones, al contrario, viendo los sueldos de nuestros iletrados funcionarios y políticos y comparándolos con los que perciben aquellos que conducen a las potencias, es posible notar que el país ha empeorado.

En silencio, observando mi cuenta bancaria y el cheque que quincenalmente me entrega la UAM, quedo convencido: me equivoqué de profesión, de vida y hasta de país.




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