Tantadel

noviembre 13, 2015

Peña Nieto como Poncio Pilatos

Todos discuten sobre la utilización de la mariguana con diversos fines, “recreativos” o medicinales. El caso de aquellos que en un arranque de coraje pelearon el derecho a consumirla ha desatado una amplia polémica. Unos pocos dicen que debe ser legalizada, otros, la mayoría, que debe ser proscrita y en medio de la polémica que ocupa la atención de los medios electrónicos e impresos, el presidente Enrique Peña Nieto se lava las manos al decir que él no la acepta, pero que está dispuesto a escuchar opiniones, como si no hubiera multitudes de puntos de vista ya. Algunos de los mayores intelectuales de México ya han tomado partido y afirmado que debe ser legalizada. De esa forma perderá gravedad su utilización y sobre todo el perverso mal del narcotráfico se debilitará. Salvo la hipócrita sociedad norteamericana que avaló la prohibición de la bebida en los inicios del siglo XX, llevando al país a una larga serie de males y de muertos, a la intensificación de la delincuencia organizada, a nadie se le ocurre prohibir el consumo de alcohol. Está tan permitido que hasta los políticos más propios y abstemios se permiten brindar en una reunión nacional o internacional por el futuro del país.

Mi generación literaria fue un grupo de jóvenes impetuosos que dijo sí a las drogas. Pocos de nosotros dejamos de fumar mariguana y algunos lo siguen haciendo. Luego vi la contraparte: Di no a las drogas, hasta que al fin los consumidores y aquellas personas sensatas que puede no gustarles, pero saben que de este modo el problema estará bajo control y dejará de ser un crimen, lo que beneficiará a la nación. Hoy, la batalla entre cárteles ha llegado a ser intolerable porque justo el negocio está en la prohibición.

Así como el alcohol, que en exceso hace daño, la mariguana consumida día y noche es riesgosa, como lo es el tabaco. Pero para algunos políticos, que acaso fumen o hayan fumado mariguana, quieren votos y la simpatía de las buenas consciencias, se muestran ajenos a la legalización. Cuando algunos de los más representativos de mi generación, José Agustín, Parménides García Saldaña y yo éramos adolescentes, la mariguana circulaba con facilidad y era barata, pero la mayoría prefería el alcohol porque era fácil de obtener. La gente decente decía que era una yerba para la soldadesca y para los barrios muy humildes. Pero con el rock y otras manifestaciones culturales, aquel consumo dejó de pertenecer a las clases menos favorecidas y se hizo de una utilización mucho mayor. Desde entonces no ha dejado de crecer.

Sabemos que los encarcelados y muertos son miles y miles debido a la criminalización de la mariguana. Es una batalla perdida. Lo que procede es la legalización y ordenamiento legal. De lo contrario, las bandas proliferarán más todavía y aumentará el número de víctimas.

En este caso, el Presidente deberá tener una participación activa. No sólo es un problema nacional, asimismo, lo es internacional. Vivimos junto al mayor consumidor internacional del planeta y eso todavía hace peor de complejo el asunto. Más que escuchar simplemente, el mandatario deberá participar en la polémica. No puede lavarse las manos como Poncio Pilatos y dejar en otras instancias el agudo problema. Así como dirigentes de otros países le solicitan que intervenga más activamente en política internacional para que México recupere su antiguo liderazgo en América Latina y ante Estados Unidos, los mexicanos debemos exigir que su participación en la discusión sea más intensa. Es su deber. No puede ser como López Obrador, Miguel Ángel Mancera o los panistas que con tal de ganar votos se suman a las causas más retrógradas o suelen esconder la cara para no perder votos. Eso no es lo inteligente. Lo adecuado es enfrentar el problema. No es tan atroz ni producto del infierno, tiene salidas legales y morales. No obstante, la mariguana que hoy es consumida por millones sigue siendo objetada, mientras que hay bares, cantinas, tugurios, giros negros, restaurantes, tiendas de abarrotes…, donde venden sin mayor problema botellas de los más diversos alcoholes, incluso adulterados que causan bastantes problemas, incluso muertes. Hay ferias para degustar mezcal, tequila o cualquiera otra bebida nacional y nadie se molesta porque el vecino o el amigo cercano llega a una reunión social borracho u oliendo a alcohol. El Presidente debe tomar partido y hacerlo de manera inteligente y basado en estudios y análisis integrales serios, científicos y sociales. Sólo así comenzaremos a ganarles la batalla a los narcotraficantes. En la puritana sociedad norteamericana han tenido más de un presidente que ha confesado que en su juventud consumió mariguana y poco o nada sucedió ante la “atroz” confesión.


No hay comentarios.: