Tantadel

noviembre 30, 2015

Tlalpan, “lugar de paz y tranquilidad”

Estoy seguro que ya aburrí a mis escasos lectores con mis quejas de lo que ocurre en Tlalpan, no sólo las mías, sino las de un grupo de vecinos que vive de manera incómoda en una zona donde pagamos impuestos de primer mundo a cambio de servicios de quinto. El problema es que tenemos nuevas autoridades, ahora de Morena, y no sólo se han mantenido nuestros problemas sino que han aumentado. Omito el largo historial desde que llegó el primer perredista a la delegación de Tlalpan, el afamado Pino, y pronunció frases memorables: “Más vale un taquero que un ratero”, “No exageren, es lana p’al pollito”…, y la demagogia populista prosigue hasta el día de hoy.

A ver. Mi ejemplo es, desde luego, las calles que rodean mi casa en la Avenida Zacatepetl, entre Periférico Sur y Camino a Santa Teresa. A un lado de una elegante y descomunal iglesia, cuyo nombre es largo y extraño, estuvo un taquero que, al final, ya invertía en la Bolsa de valores, esto es, se hizo rico. Los permisos jamás le fueron negados pese a nuestras protestas. Las autoridades lo estimulaban elogiando sus productos que iban a parar a los festejos delegacionales. De pronto algo sucedió, lo cambiaron de lugar y ahora está a unos cincuenta metros de la iglesia, en espacio más modesto, pero ha colocado anuncios y hay “valet parking”. Los domingos, día de misa, coloca una sucursal, en la contra esquina. Un acierto, el otro día pude ver a las damas de una elegante novia detenerse a engullir tres de frijoles con chicharrón prensado, antes de entregar las arras. Pero hay más, este taquero posee una sucursal más, fija; para ponerla se robaron un pedazo de banqueta y le colocaron cemento al pasto. Eso es respeto a la ley.

Otro problema es el intenso tránsito vehicular. Zacatepetl, al llegar a la entrada del Bosque de Tlalpan, se convierte en una especie de embudo y quedan dos carriles en donde compiten pequeños restaurantes callejeros, puestos de jugos, vendedores de golosinas y productos chatarra, frutas, ropa deportiva y de vestir, hay un señor que bolea zapatos, una señora que regala periódicos y, para no seguir con la lista, acaba de instalarse un puesto que vende árboles navideños y nochebuenas, cuando del otro extremo existen dos más de flores. Tenemos, pues, un Perisur de los pobres. Recuerdo que en la época de López Obrador, se me ocurrió invitarlo, como luego lo hice con Marcelo Ebrard, hoy prófugo en París, a desayunar y a ir de compras, pero no a mi casa sino a cualquiera de los puestos de “sabrosos” guisados y antojitos. Las calles tienen letreros que dicen “Tlalpan, zona de paz” y “No estacionarse”, justo donde docenas de coches están detenidos y sus conductores comen plácidamente en cualquiera de los puestos. Ah, olvidé citar dos de atole y tamales. Por supuesto, ninguno aceptó mi suculenta invitación. Absurdo, porque los fines de semana las ofertas abundan. Hay un automóvil que se detiene en donde le da la gana y su conductor ofrece bolsos de piel italiana y acepta tarjetas de crédito. Vaya sofisticación. Dudo que los ambulantes, que no pagan impuestos sino dan sobornos, sean pobres.

Alguna vez, como funcionario de la UAM-X, me tocó recibir a la delegada Marisela Contreras y aproveché para explicarle el problema. Me dijo que vería qué podía hacer y fue generosa: quitó al puesto que estaba donde ahora, ya con delegada de Morena, está el de árboles de Navidad y que impide el paso peatonal. Los vecinos somos optimistas, pensamos que Claudia Sheinbaum, ahora en Morena, sería consecuente con nuestros ruegos y hablamos a la delegación. Una voz femenina respondió con aburrimiento y nos dio la lista de pruebas que se requerían para que la Delegación hiciera su trabajo. Incluía fotografías y selfis con los dueño de los puestos, todo con copia a López Obrador.

El problema aumenta cuando vemos que sólo de vez en cuando barren y la basura es recogida con dificultades y sin la debida regularidad. Esto lo menciono para que sepan el origen de las inundaciones y no nos echen la culpa a los simples ciudadanos de arrojar basura en cualquier esquina. Y vaya que de esta zona sale basura, incluida la de los usuarios del Bosque de Tlalpan.

Sé que la señora Sheinbaum vive en esta delegación que ahora comanda como antes lo hizo por corto tiempo su esposo, Carlos Ímaz; entonces pensamos que podría apiadarse de nosotros y ver de qué manera los que pagamos altos impuestos, podemos disfrutar de nuestras respectivas casas en lugar de barrer las calles o de luchar por entrar en nuestros garajes, siempre rodeados de coches de empleados de Elektra o de alguna otra empresa cercana.

Llama la atención que en la frontera de Tlalpan, en terrenos de Coyoacán, alrededor de Perisur, todo esté limpio y no haya ambulantes. En muy pocos años, los que lleva “la izquierda” en el poder del DF, nuestra zona se hizo un muladar.

La verdad es que, lo juro, ésta es la última nota que escribo sobre el tema, voy a renunciar a mi cargo de profesor universitario para poner un puesto de tortas en Zacatepetl y Santa Teresa, acabo de observar que hay un huequito, lo ocuparé y me haré rico.

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