Tantadel

diciembre 02, 2015

El triunfo del pragmatismo

Para el más rancio marxismo, interpretado por el estalinismo, el pragmatismo es una escuela filosófica creada en los Estados Unidos a finales del siglo XIX por Charles Sanders Peirce, John Dewey y William James. Su concepto de base es que sólo es verdadero aquello que funciona. La palabra pragmatismo proviene del vocablo griego pragma que significa “hecho” o “acto” (situación concreta).

Algunos lo veían como “la filosofía de la vida”. Fue una tendencia conservadora que tuvo un eficaz promotor en William James. Era considerada claramente como una ideología seria y positiva. Los comunistas de viejo cuño la vieron siempre como un enemigo de las ideologías más avanzadas y tenía un sinnúmero de propuestas y formulaciones. Era, en suma, una teoría con pretensiones. Hoy, para su desgracia, sólo es una filosofía de la vida barata, es un hacer lo que se necesita por mantenerse lejos de las ideologías más serias (ninguna ha muerto, están en todas partes en reposo). Es darle a la política una utilidad “práctica” que conduzca al éxito dejando de lado las teorías más elaboradas para que las sociedades adquieran un rumbo más justo y positivo.

En tal sentido, todos los políticos mexicanos son pragmáticos y ni siquiera tienen como característica el pragmatismo norteamericano, sustentado en valores patrioteros y de escaso o nulo valor ideológico. Es el grado de bienestar lo que cuenta, es Dios que les dio un enorme país (conquistado, extendido y fortalecido por las armas) y que está destinado a conducir al planeta. La ciencia ficción refleja esta triste realidad de graves tendencias individualistas: siempre un norteamericano salva a la humanidad.

El pragmatismo a la mexicana es peor. Es una tendencia subdesarrollada, como el país en su conjunto. La llevan todos los políticos. Lo que desean es estar en el poder sin que los principios o las ideologías importen. Todo esto creció con celeridad a partir de la existencia de una oposición de apariencia anti priista, de izquierda y de derecha. El tema es largo y polémico. Pero los hechos jamás dejan de llamarnos la atención, salvo a aquellos comunicadores que son asimismo malos periodistas y para colmo no les parece extraño que un político vaya de un partido a otro, sin méritos ideológicos, sólo impulsado por los deseos de poder y todo lo que eso implica: básicamente recursos económicos.

Esto viene a cuenta por la praxis habitual de todos los políticos mexicanos. El más priista o el más panista o el más perredista o el más morenista, es capaz de modificar su devoción por su partido antiguo y pasar a otro y a otros sucesivamente siempre siendo pragmáticos. Allí está Rosario Robles, quien amerita un análisis no político sino psicológico porque mezcló política y amor en una sola causa. No pensaba más que como una izquierdista radical de viejo estilo. Sin embargo, rehízo su carrera con creces en el partido que más odió en su juventud: el PRI. Ahora habla como tal, cita inalterablemente las disposiciones y los logros del señor presidente, calca, pues, del más puro y patético priismo. Algunos la ven como aspirante a gobernar de nuevo a la capital. Podría ser, sería y lo digo sin bromas, una buena gobernante.

Pero más llama la atención su hija, Mariana Moguel Robles, nacida en el seno de una familia de izquierda sectaria y que al dar sus primeros pasos políticos estaba en el PRD. Luego, en los malos tiempos, apoyó a panistas y ahora no solamente está en el PRI sino que los expertos la mencionan como la mujer que salvará al priismo capitalino de la total bancarrota. De hecho se mueve en ese sentido. Columnistas y articulistas ven eso como un hecho natural y esto es así porque en efecto perdimos los valores y el orgullo de una militancia ideológica seria y la posibilidad de repensar las utopías que modifiquen profundamente a la nación, para bien, desde luego.

Pragmático es López Obrador y Margarita Zavala, pragmático es Peña Nieto, pragmático es Beltrones, lo que conlleva una ausencia plena de ideologías y la firme convicción de que la lucha es pura praxis, discutir una idea vaga, más cercana a la ocurrencia, que modifique las fachadas, no el interior de las casas.

El viejo comunismo veía al pragmatismo como una corriente reaccionaria, que embrutecía a “las masas”. Sin embargo hoy es una palabra salvadora que encierra una idea que permite la búsqueda del poder por cualquier medio y en cualquier partido, no importa ser creyente o ateo, de derecha o de izquierda, todo ello está superado por el pragmatismo a la mexicana. Las acciones, pues, es posible darlas en cualquier partido, son meros pretextos personales o de grupo para adueñarse de una porción del poder. Lo curioso es que pocos reflexionaban sobre el pragmatismo, sus orígenes, sus defectos o virtudes, según sea el caso, ni la forma en que ha suplido a las más acabadas corrientes de pensamiento político y valores ideológicos.

“La filosofía de la vida” es una cobarde y vergonzosa retirada del mundo de las ideas políticas. En cada momento cumbre de la historia existieron utopías, corrientes de pensamiento filosófico para gobernar con justicia y sentido social. Ahora nos queda la búsqueda del poder para domeñar a la sociedad. Es lamentable.

No hay comentarios.: