Tantadel

diciembre 27, 2015

Julio Cortázar, modelo para armar 1/2

Rayuela no es una contranovela en términos clásicos, tampoco es una obra convencional.

Los cuentos y novelas de Julio Cortázar están construidos como fantásticas mansiones que alguien habita por razones inusuales. Las diseñó pequeñas comoCasa tomada, para que seres enigmáticos y ciertamente peligrosos despojaran a los dueños en medio de un ambiente terrorífico. También hizo monstruosos y laberínticos planos de una magna casona para que los lectores concluyeran la construcción. O tal vez estemos hablando de un rompecabezas, puzzle, que se llamó Rayuela. En este caso, el arquitecto nos proporcionó, además de los planos, un instructivo para no extraviarnos en la complejidad del edificio. Se trata de hacer una casa a gusto de cada lector, combinando los capítulos y sin recurrir al ordenamiento de la lógica formal. El autor desaparece, los personajes nos dan asombrosos datos, pero de ninguna manera tenemos la obligación de seguirlos. La Maga y Oliveira cuentan una serie de historias y nos describen un aparentemente perturbado escenario, donde uno puede extraviarse. De ser así, tampoco hay problema, tal posibilidad estaba prevista y entonces el lector podrá vagar por las páginas que un imaginario Cortázar escribió. Pero si se prefiere la edificación de escaleras y en particular sobre la manera de subirlas o bajarlas, enInstrucciones para subir una escalera podremos encontrar todo al respecto, según se baje o se ascienda.
Para muchos, Rayuela es una contranovela o una antinovela, si se prefiere. En realidad definirla no es prioritario. Lo maravilloso es sumergirse en ese mundo cortazariano tan coherente y lleno de posibilidades. El surrealismo está presente, como en otros textos suyos, y también encontramos elementos narrativos tradicionales. Pero, de pronto, nos damos cuenta de que los personajes —como en el caso de Axolotl— somos nosotros ya metamorfoseados. La inteligencia y la imaginación delirante es parte de una larga serie de sucesos lúdicos y a veces fantasmales, vomitar conejos, por ejemplo. Rayuela no es una contranovela en términos clásicos, tampoco es una obra convencional. Es algo más complejo y difícil de clasificar de acuerdo con la crítica académica. El lector sólo compra los planos para construir la casa a placer. Sin embargo, existen diversos peligros: en estas edificaciones hay cronopios y famas —seres prodigiosos de un bestiario asombroso y temible— que acechan a los posibles habitantes y sobre los que nunca sabremos lo suficiente. Más aún, amenazan con salir de las páginas y quizás agredirnos.
Un buen retrato de Cortázar lo proporciona Ivonne Bordelois en el diario argentino La Nación: “Generacionalmente, Cortázar representa el último embate de la vanguardia latinoamericana, cuando trastrueca el género narrativo en ese proyecto extraordinario que es Rayuela, una obra que debe tanto, por su capacidad de transformación del lenguaje y de las técnicas narrativas, a autores tan diversos y opuestos como GombrowiczMarechal y Joyce. Con los autores contemporáneos comparte el propósito de hacer de la literatura un objeto de la literatura, pero se aleja del acostumbrado cinismo posmodernista, y de las consignas que imponen lo light y lo cool como mandamientos supremos de la estética moderna, por su apasionamiento indomable y su búsqueda permanente de lo absoluto. Cortázar concibe la literatura, en la huella de los románticos alemanes y los surrealistas franceses, y en el ámbito de las teologías heterodoxas del hombre nuevo, como una experiencia capaz de transformar al hombre a través de una revolución radical de lo imaginario y del lenguaje. Lo interesante fue su manera de cuestionarse a fondo, a través de las dos revoluciones a las que se adhirió, la surrealista y la socialista, sin traicionarse nunca a sí mismo. Siguió así un camino solitario entre opciones erizadas de dificultades, rupturas y malentendidos. Lo llamaríamos, sin desmedro ni ironía, un utopista crítico y un memorable maestro, pero también lo recordamos como un mentor irreverente, defensor leal y valiente de autores incómodos o aparentemente marginales, como MarechalMartínez Estrada y Pizarnik; un permanente vigía de lo desconocido, y un escritor imprescindible en el mapa de nuestra literatura.”
Cortázar amaba París y era un mago de las letras que gustaba del jazz, como lo probó al incluir en sus relatos a Thelonius MonkLouis Armstrong y Charlie Parker. Nació en 1914, mismo año en que nacieron Bioy CasaresPaz y José Revueltas. Emergió europeo, en Bruselas, y pasó su niñez y adolescencia en Buenos Aires; allí, como es normal, se sigue siendo europeo, pero con acento porteño, se usa el lunfardo, se halla placer en el tango, los bifes, el vino tinto y en la admiración por Borges. Ya mayor, bajo la presión peronista, Cortázar sale de su apreciada Argentina, para radicar en París y casi al final de su vida adquiere la nacionalidad francesa, sin dejar de ser profundamente argentino, como MarechalErnesto Guevara.
Carmen Balcells lo hizo aparecer como parte de un movimiento llamado boom. Pocos supieron qué era y muchos no lo tomaron en serio, como el propio Cortázar. Él fue simplemente fiel a sus ideas y a su literatura. Su ideología era cercana a la Revolución Cubana, y la precisó en su poema Poli-crítica a la hora de los chacales. Su arte pertenecía a la estirpe de los mayores literatos.

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