Tantadel

diciembre 16, 2015

La actual “izquierda”, ¿tiene proyecto cultural?

El Fondo de Cultura Económica publicó en 1975 un libro significativo: Los partidos políticos de México, junto al PRI y al PAN, estaban presentes el Partido Comunista Mexicano y el Partido Popular Socialista. Por el PCM escribió Arnoldo Martínez Verdugo. En su participación hizo un recorrido por la larga y difícil historia del comunismo mexicano. Entre sus páginas se encontraba un capítulo en el que vale la pena detenerse: “Por una educación democrática y socialista. Acceso de las masas a la cultura y al arte”. Es probable que el texto hoy parezca simple. No obstante, refleja el esfuerzo de la izquierda comunista por darle al país un amplio proyecto cultural. La revolución socialista resolvería la crisis de la educación y los problemas del arte y la cultura. Se hablaba de un Estado revolucionario que nunca llegó y por el que cientos y cientos, miles, sufrieron persecuciones, cárceles y aun la muerte.

La obra precisaba lo siguiente: “El acceso de los trabajadores y el pueblo a la cultura y el arte es una necesidad del desarrollo social. El Estado revolucionario tiene el deber de poner los medios principales de difusión al servicio de los trabajadores para ese fin, impidiendo que sigan siendo, como lo son hoy, medios de manipulación ideológica y degeneración cultural y social en manos de la oligarquía y del capital financiero internacional. Una medida indispensable en este sentido es la nacionalización de la radio y la televisión.

“La nacionalización de la radio y la TV y las tres formaciones en la educación, abrirán un amplio campo a las actividades culturales, a las manifestaciones artísticas en general. Los intelectuales y artistas, hoy sometidos al mercado de elites, encontrarán múltiples canales para relacionarse con las masas. Serán éstas el mejor sostén de la creación, la ciencia, las artes y las letras. De esta relación nacerá un sistema de cultura popular ?centros destinados a la formación y difusión cultural y artística? que será impulsado y desarrollado con todos los medios de que disponga el Estado.”

Pensábamos los militantes del PCM que la idea para las masas trabajadoras era un arte y una cultura de alto rango, sin caer en las formas elementales contrarias, como es, por ejemplo, que el arte baje su nivel para que sea comprensible a la mayoría. Los escritos de comunistas como el de Adolfo Sánchez Vázquez y de personajes de la talla de Trotski abogaron por dejar de lado la postura de poner las artes al servicio del Estado.

Imposible olvidar el célebre manifiesto “Por un arte revolucionario independiente”, fechado en México, DF, el 25 de julio de 1938, firmado por André Breton y Diego Rivera y probablemente redactado por Trotski con apoyo del creador del surrealismo. Su repercusión fue significativa, sobre todo por sus aportaciones al análisis serio de una estética marxista derivada no de las aficiones personales de los dirigentes sino del conjunto de la obra de Marx, de su método y sus grandes intenciones.

Las palabras de Martínez Verdugo encierran una larga historia: la de un partido que se preocupó por las artes y la cultura porque en su formación en 1919 participaron numerosos intelectuales y artistas. Para desgracia del PCM, lo que nunca tuvo fueron masas obreras. Sin embargo, en la parte estética, el viejo PC mostró mayor coherencia que otros organismos similares. Siempre existió la idea de definir políticamente la línea cultural, darle un amplio sentido social y poner las mayores expresiones artísticas al servicio del pueblo, de las masas trabajadoras. Entre los recuerdos personales de mis casi veinte años de militancia en dicho organismo, las tareas que el Comité Central asignaba en mi célula eran las de diseñar una política cultural. En este trabajo estuve cerca de personajes como Juan de la Cabada, Enrique Semo y Raquel Tibol. Lamentablemente las células de intelectuales y artistas eran inestables, el propio Comité contribuía a crear cierto desorden al cambiarnos de responsabilidades con ligereza.

Si el pensamiento socialista en México tiene una larga y hermosa historia (al respecto vale la pena releer El socialismo en México, de Gastón García Cantú), es la Revolución Mexicana la que permite un mayor avance. Definida por Jesús Silva Herzog y por los historiadores soviéticos N. M. Lavrov, M. S. Alperovich y B. T. Rudenko como un gran movimiento democrático burgués de acentuadas características nacionalistas y antiimperialistas, con celeridad encontramos uno de los mejores caminos artísticos y culturales. La personalidad recia de Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros es prueba de ello. Su escuela estética, para 1924, es ya una realidad y la convierten en credo político. En ese año, por ejemplo, el Sindicato de Obreros Técnicos Pintores y Escultores crea El Machete, una publicación legendaria dirigida por Rivera, Siqueiros y Xavier Guerrero. Poco más adelante se convertiría en el órgano del Partido Comunista. Si aceptamos los datos que muchos historiadores del tema ofrecen, El Machete llegó, en sus mejores momentos, pese a las persecuciones, a un tiro de 50 mil ejemplares semanales. El impulso cultural fue intenso dentro de una estética marxista.

Pero no vayamos más lejos, si las “izquierdas” actualmente no tienen ningún proyecto económico social propio, menos una política cultural progresista. Lo triste es señalar que la “izquierda” de hoy votó por una propuesta del PRI para crear una secretaría de cultura con minúsculas, sin pies ni cabeza.

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