Tantadel

diciembre 07, 2015

Las ballenas y la literatura

Jorge Ruiz Dueñas, es un talentoso intelectual que hurgó en archivos y bibliotecas de muchas partes del mundo en busca de la información que lo llevaría a elaborar posiblemente uno de los mejores homenajes a las ballenas. Jorge tiene largo historial. Ha traducido a Lêdo Ivo, publicado libros diversos, uno de poesía y uno más de relatos de difícil clasificación: Juan José Arreola les diría varia invención o textos. Hablo de Contratas de sangre. Los narradores más recientes lo verían como nuevo periodismo de extrema calidad, una mezcla sutil, inteligente y bien conseguida de cuento y ensayo. En cualquier caso, escribe con un estilo cuidado, fino y muy peculiar, de ricos matices.

Hablar con Jorge Ruiz Dueñas no deja de ser desconcertante. Científico social, especialista en administración pública con más de media docena de voluminosos libros, es el poeta de musicalidad y ritmo impecables, el prosista certero que ha observado el entorno y lo ha modificado con sorprendente imaginación, el académico que sabe estimular la vida universitaria, que le queda claro que las funciones sustantivas sí son tres: docencia, investigación y la desamparada difusión de la cultura, es el funcionario justo e innovador… En fin, es un intelectual consumado, un hombre que gusta de reflexionar cada paso. Para mí es un amigo insuperable, cuya relación ha transitado sin mancha alguna.

Quienes lo conocemos desde hace muchos años, como Marco Antonio Campos, Bernardo Ruiz, Sebastián, José Luis Cuevas, Sandro Cohen y yo, sabemos que para él la amistad es importante, tanto o más que el cumplimiento impecable de sus tareas, sean literarias, sean las del agudo promotor cultural que ha probado ser.

Las ballenas, los mamíferos más grandes del mundo, llevan milenios recorriendo los mares, han asombrado a todas las civilizaciones que utilizaron las inmensidades marinas. En el viejo imaginario fueron vistas como monstruos, y artistas plásticos y literatos las utilizaron como eje de sus obras. Posiblemente Moby Dick de Herman Melville, es el caso más afamado y la historia más incruenta de un cetáceo y un rencoroso ser humano, el capitán Ahab. Pero no eran monstruos brutales sino pacíficas bestias haciendo sus habituales migraciones. Su caza las ha orillado a la extinción. Ávidos mercaderes las han perseguido en busca de ganancias. Ellas son pacíficas e inteligentes, sensibles, de un desarrollado espíritu familiar y social. En suma, son impresionantes criaturas ante las cuales es imposible no sentir respeto y amor. Jorge Ruiz Dueñas se obsesionó con las ballenas al grado de escribir un largo y fascinante homenaje. Tiempo de ballenas, ahora bellamente editado por la UAM-X, con nuevas y más intensas ilustraciones, muestra a un poeta y narrador en su mejor obra, al menos así veo yo el libro. El suyo es un libro infinito, en cada edición le ha añadido nuevos elementos.

Tiempo de ballenas es un libro maravilloso. Ruiz Dueñas centró su atención en esos descomunales mamíferos e investigó largamente. Un amor que sin duda le viene de su infancia en Baja California, donde pudo ver su paso. El recuento muestra a un investigador asombrado en hurgar todo lo escrito sobre cetáceos. La lista es inmensa y llega hasta los mexicanos que hemos escrito sobre el tema. Las ilustraciones fueron buscadas tanto por el propio autor como por el equipo del editor, David Gutiérrez, quien hizo un cuidadoso trabajo sobre la obra de Ruiz Dueñas.

Pero no pensemos que es un simple trabajo de investigación. Detrás de una prosa poética muy rigurosa, aparece una decidida pasión por las ballenas. Ese deslumbramiento que Jorge encontró en las maravillosas y cálidas aguas bajacalifornianas, lo ha llevado a sus límites, él añade dosis de imaginación a la que encontró en docenas de autores asimismo amantes de los colosos del mar.

La lectura del libro es definitivamente viva, cite o no a autores ingenuos que vieron las ballenas como seres malignos. Melville, autor sin duda de una de las mayores obras de la literatura norteamericana, miró en una de ellas, extrañamente blanca, el blanco de sus odios y frustraciones. Perseguirla y asesinarla, es un éxito al fin que conlleva a la muerte también del capitán lleno de odio. Aquí la ballena podría representar el mal, eran otros tiempos. El crítico Heinrich Straumann, en La literatura norteamericana en el siglo XX, precisa que es la obra maestra de Melville: “…transformó un cuento de aventuras acerca de la persecución de una ballena blanca, en uno de los máximos símbolos de la búsqueda frenética y solitaria de lo desconocido que, por muy gloriosa que sea en sí misma, sólo puede culminar en el desastre….”.

Ruiz Dueñas ha hablado de las ballenas, con ellas y con nosotros ahora, de esos seres que a nadie dañan y que han sido creadores de mitos y leyendas que las convierten en monstruos perversos. Son seres magníficos e incapaces de dañar a otros seres de la creación. Jorge Ruiz Dueñas es su mejor cronista y especialista en ellas, ha escrito un libro original, distinto, que ya es clásico sobre un tema ajeno a lo que los escritores mexicanos suelen buscar en las manidas y tediosas relaciones entre humanos.

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