Tantadel

diciembre 30, 2015

Nacionalismo y capitalismo a la mexicana

Un sociólogo francés prestigiado escribió hace poco: “Actualmente todo proceso de modernización significa occidentalización”. Es verdad, es el rumbo que han tomado los países de Oriente o el que buscan los países africanos de mayor desarrollo. El camino lo han determinado las nuevas tecnologías que han revolucionado desde las industrias hasta la vida cotidiana. No quedan más que restos de otras propuestas de modos de vida, el consumismo, y desde luego las pequeñeces diarias están dentro de los procesos considerados como formas de avance que antes parecían múltiples y opuestos al capitalismo occidental. Hoy, en lugar de una antigualla es un avanzado modelo para que el planeta avance. ¡Qué espanto!

Las mejores pruebas que podemos brindar en un país como México, de extremo nacionalismo, son las fiestas decembrinas. Todo en ellas tiene un sabor a cultura norteamericana. Las imágenes de los santa closes, los árboles navideños, los villancicos ¡todavía cantados por Bing Crosby! en lujosos almacenes comerciales. El Centro Histórico de México, el Zócalo, donde antaño floreció sin llegar a cuajar la prodigiosa cultura azteca, hay una pista de patinar sobre hielo, para no tomarse la molestia o realizar el gasto de viajar a Nueva York, al Rockefeller Center y las piñatas tienen forma de personajes de filmes norteamericanos.

Sin embargo, dentro de un inmenso mural, del que sólo he dado un par de imágenes, es imposible reprender al país. Quizás la parte más delicada de nuestro nacionalismo sea criticar a la selección de futbol mexicana, el Tri, como le han puesto los cronistas deportivos. Eso es pecado mortal. No hace mucho un colega periodista en una estación radiofónica me pidió que me definiera. Lo miré y le pregunté si en verdad deseaba mi respuesta. Asintió. Bueno. Soy agnóstico en tierra de creyentes, marxista donde mandan los capitalistas e internacionalista en un medio de un inaudito nacionalismo. Luego de la sorpresa, y ya sin grabadora, mi amigo me preguntó si todo eso era real o estaba yo alucinando por tantos festejos navideños. “Con razón pocos te quieren”, pensó o yo mismo imaginé que con su silencio estaba pensando justamente eso.

Todo es soportable, hasta las pistas de hielo de los perredistas, pero hay algo peor que querer parecerse a EU. Hasta hace unas décadas el nacionalismo parecía auténtico y legítimo. El amor patrio era roto cuando la familia salía de compras y no adquiría nada nacional. A menos que los automóviles sean marca Sánchez o Pérez y los televisores no vengan de Corea, China, EU, Alemania o Japón, ni los más simples utensilios como el jabón, rasuradoras, celulares (ya son comunes) y las pastas dentífricas sean Made in Tlaxcala.

En estos días todo lo que veo es una urbe que se siente parte de EU: modas, filmes exitosos, juguetes, tecnologías que sufren modificaciones cada tercer día, carteles descomunales con un Santa Clos bebiendo Coca-Cola o anuncios que te invitan a comer hamburguesas o hot-dogs. Star war en cientos de salas cinematográficas. Para colmo, las grandes empresas de vinos, cervezas y licores son dueñas de los más afamados tequilas y mezcales. En fin, para qué arruinar las fiestas navideñas.

Durante los primeros años de mi carrera en Ciencias Políticas de la UNAM, los maestros, casi todos marxistas que terminaron en el PRD, luego de pasar por el PRI o el PAN, nos enseñaban las brutalidades del capitalismo norteamericano: Tiran a las cañerías millones de litros de leche para encarecerla, es la cultura del desperdicio. Contra ese modelo hay que luchar, concluían. Pues hemos perdido. El sábado, Crónica notificaba elementos asombrosos en un país donde hay hambre: Según datos oficiales, cada año desperdiciamos diez millones de toneladas de alimentos y lo que se vende, arroja, en días como estos, más de tres millones de toneladas de basura. La contaminación en la ciudad capital es incontrolable a menos que soplen vientos severos. El día 25 de diciembre los niños trataron de estrenar sus juguetes en la calle: imposible, era día de contingencia ambiental. Hasta la pista de hielo del Zócalo fue cerrada.

Sin embargo, no todo está perdido, ahora, estimulados por el gobierno federal, hay baratas y buenos fines todo el tiempo, como en EU que existen “Viernes Negros” para sacar a la venta productos feos o corrientes que no salieron. Padecemos grandes rebajas de pretemporada, luego vienen las de postemporada y más adelante las nocturnas y eso sin contar los días festivos donde todo invita al consumismo. Leí de un señor mexicano que presume más de cien pares de zapatos y en casas de zonas residenciales, donde moran dos o tres personas, cuatro a lo sumo, cuentan con seis, siete o más autos.

Pobres de mis maestros, el futuro y la globalización nos alcanzaron y nos instalaron en un capitalismo impiadoso que pese a sus tremendas contradicciones parece gustarnos al grado de hacer ahorros para en lugar de ir a Six Flags, echarse un viajecito a Disneylandia.

No hay comentarios.: