Tantadel

enero 30, 2015

Votar o no votar

Cuando el PRI reinaba de forma absoluta y la oposición apenas existía, me dediqué a invitar a lectores y alumnos a votar en blanco. No ir a las urnas era una falta cívica grave porque de varias maneras avalaba al partido en el gobierno. Insistí una y otra vez en que la gente fuera a las urnas y echara a perder su voto o dejara el mensaje de sus desacuerdos con la ausencia de una democracia verdadera. Sólo voté una vez y fue por Valentín Campa, candidato del Partido Comunista, quien enfrentaba con penurias y entusiasmo, a la arrogante maquinaria oficial con López Portillo al frente. Las veces restantes he votado tachando las siglas de todos los partidos, salvo cuando sufragué por Cárdenas.

Hoy estoy en semejante situación: invito a los ciudadanos a mostrar su repudio en cada proceso electoral. Según veo en las redes sociales, a las que me he convertido en adicto (se respira la libertad que no es frecuente encontrar en los medios, especialmente en los electrónicos), muchas personas llaman a no votar. Una mujer, rabiosa, escribió: “¡Todos los partidos son un asco!”. Es difícil no coincidir con esa aguerrida postura. Pero yo volvería a mis añosas tesis. Tomarse la molestia de sufragar por nadie.

Sin embargo, viendo las interminables filas de chapulines, es posible aventurar otra posibilidad. Votar luego de analizar detenidamente el programa y el currículum de cada aspirante a diputado, delegado o gobernador. En Tlalpan o en Cuauhtémoc, digamos, ya aparecen candidatos impresentables. Allí ya está lista Claudia Sheinbaum, a quien de sobra conocemos los tlalpenses, mientras que  en la segunda, Ricardo Monreal ha agotado los partidos aferrado al poder. Pero por la delegación Magdalena Contreras, una joven busca la titularidad con las siglas de Morena. Según he leído en algunos diarios, esta naciente organización, hecha más por el capricho de una persona que por necesidades realmente serias y profundas, no tiene grandes posibilidades en una ciudad gobernada por el PRD casi íntegramente. Salvo Cuajimalpa y Benito Juárez, las restantes están en manos perredistas. La joven tiene 27 años de edad, estudió la licenciatura en la UAM-X y es hija de dos distinguidos académicos de la misma institución. Patricia Ortiz Couturier, a quien vi crecer desde que llegaba con sus padres a la universidad, hasta que participó activamente en la invitación a México a la dirigente chilena, militante comunista, Camila. Tiene la licenciatura en Política y Gestión Social y desde muy chica ha trabajado políticamente. En su propaganda dice: “Conóceme y construyamos juntos un gobierno popular y joven”. Pese a su juventud, tiene armas ideológicas positivas y trabajo social. Vive en esa delegación y la conoce bien.

Me parece que este tipo de aspirantes a cargos políticos es sana, pues se trata de personas ajenas a la corrupción, con nuevas ideas y tomando en cuenta  a los habitantes. Sin duda merecen una oportunidad. Del mismo modo que la merecen otras candidaturas que son más producto de la sociedad que de los partidos políticos que no han acabado de convencernos. Hasta hoy las candidaturas en verdad ciudadanas son una mala broma. Es prácticamente imposible acceder a ellas, por eso hay que conseguir un partido por polémico que sea. Ya Jorge Castañeda aspiró a la presidencia de México sin el apoyo de partidos y no pudo avanzar a pesar de su peso intelectual. Pero hay que iniciar otros caminos, otras búsquedas y una de ella puede ser la de apoyar a personas honorables que piensan en que un partido, cualquiera, puede ser una plataforma adecuada para llevar a cabo una política limpia y distante de la corrupción y los vicios que hasta hoy practican la totalidad de los partidos y las agrupaciones que luchan por el poder o al menos una porción de él.

Lo que trato de señalar es que no desdeñemos el uso de las urnas, no hay más camino que el electoral, las utopías guerrilleras, las caóticas marchas y acciones vandálicas son eso. Si queremos cambiar al país, y vaya que lo requiere, necesitamos remodelar a la sociedad con nuevos políticos, sanos intelectualmente y ajenos a la corrupción. Lo demás no existe.

enero 28, 2015

Víctor Roura: la devoción por el periodismo

Son tantos los años que conozco y he leído a Víctor Roura que ignoro la cifra. Siempre lo vi agudo, culto, inteligente y algo desconcertante: sencillo, ajeno a los ruidos publicitarios. Él estaba y está en lo suyo: lo que podemos llamar adecuadamente nuevo periodismo. Literato asimismo, Roura, ha sabido mezclar el periodismo y su rudeza, con una hermosa prosa, salpicada de erudición. Por más de veinte años hizo la mejor sección cultural de México en un diario para personas más interesadas en las cifras y los valores que en las artes. Fue inexplicable pero allí estuvo mucho tiempo, promoviendo a nuevos autores y dándole a la crítica un sentido desconocido en México: sus mejores valores: la ética, la profundidad y sin duda la estética. Es un placer leerlo.

En la UAM-X, donde tenemos la carrera de Comunicación, ensayos suyos como Cultura, ética y prensa, fueron lecturas obligatorias para los alumnos. Yo mismo trabajé con trabajos de Víctor Roura y para hacer todo más sencillo, solíamos leer El Financiero, donde aparecía diariamente su sección. Nunca he visto a un periodista más riguroso. Todo lo cuidaba con esmero y sus propios artículos y relatos son excelentes.

El texto mencionado es un lúcido encuentro de dos géneros, la literatura y el periodismo. Pero va más allá, con ejemplos serios, respetables, con el apoyo de otros trabajos como los de Manuel Vázquez Montalbán, Emmanuel Carballo, Raúl Trejo Delarbre y Ernesto Villanueva y citando pruebas de autores clásicos, Balzac, Dickens, Sainte-Beuve, Sthendal y más, sostuvo los méritos del gran diarismo. Le preocupa lo que en México llamamos el ninguneo y que es práctica cotidiana, le molestan las mafias, las que en nuestro país son quienes se reparten y comparten los premios y se pelean entre sí por la cercanía al poder, esté donde esté. Víctor, pues, ha dado una larga lucha por los principios del gran periodismo. Pero lo destacado es que no sólo los recomendó sino que los ha llevado a la praxis como muy pocos.

Sabe que no se trata de hacer periodismo únicamente con las grandes figuras, muchas formadas al amparo del poder. Le preocupan los que arrancan, los que inician su viaje al centro de la literatura, de la pintura o de la música. Porque hay, en efecto, un “secreto profesional, que el periodista debe guardarse para sí como algo íntimo, inviolable: un acto arcano personal. Este asunto, por supuesto, también puede provocar efectos contrarios, como la banalización que ejerce la prensa frívola acerca de los idolillos y millonarios del jet set cobijada por el secretillo a voces… O bien puede ser manejado, como efectivamente se hace, por periodistas venales que no dudan en desprestigiar a quien se le ponga en el camino con tal de sacar tajada económica de su oficio…” Es verdad, ese tipo de prensa se preocupa más por el ruido que provoca el escándalo de un artista plástico o un intelectual afamado, que por la obra que vale la pena de un joven que arranca. Los medios nacionales se dejan orientar por todo aquello que significa éxito comercial, no necesariamente talento artístico y lo peor es que de ellos se alimentan los poderosos, el sistema político.

La voz y el trabajo de Víctor Roura han sido tenaces e inalterablemente justos, equilibrados. Sus colaboradores, hoy en el mundo digital, a donde se ha mudado, son plurales y ninguno tiene la obligación de ser uno de los favoritos del sistema. Estamos ante un hombre que ha cumplido con sus valores y promesas. Hace poco le hablé para decirle que la UAM-X deseaba hacerle un reconocimiento a su obra periodística, sólida y consistente, limpia, me rechazó con gentileza y hasta con humildad. No, René, hay otros que lo merecen más. Espero algún día convencerlo que asista al menos a una mesa redonda sobre su infatigable trabajo periodístico y literario. Por ahora, me limito a un puñado de palabras que se limitan a describir velozmente a un hombre que ama su oficio y lo practica pese a las adversidades, que es ajeno a la corrupción en cualquiera de sus formas. Al margen del poder y de los poderosos, ha hecho un periodismo limpio y una literatura memorable. Que sabe ser crítico. Y digno.

enero 26, 2015

Estuve en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco

El doctor José Manuel Piña Gutiérrez, rector de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, gentilmente invitó, entre otras personas de la academia y la cultura, a dos escritores que han tenido el honor de recibir el Premio Malinalli, concedido anualmente por dicha institución: el poeta Dionicio Morales y yo. Se trató de la lectura de su tercer informe de actividades. Piña Gutiérrez hizo un recuento de los avances de la UJAT. El balance es impresionante. Mejoras en los planes académicos, más licenciaturas y posgrados, la creación de nueva infraestructura a lo largo del estado y una estrecha vinculación a universidades de México y del extranjero con el fin de intercambiar conocimientos y conquistas, las hazañas de sus profesores e investigadores y la creciente Feria del Libro cuyas sedes ya no están concentradas en Villahermosa, sino por diversos puntos del estado.

En el presídium estuvo acompañado por sus más cercanos colaboradores y por el gobernador Arturo Núñez. Fue una ceremonia grata en la que el doctor Piña Gutiérrez, sin vanidad, expuso los avances de su administración en todo los campos: la docencia, la investigación, la difusión de la cultura, mientras que entre quienes lo escuchábamos había embajadores, rectores de otras universidades hermanas y representantes de multitud de instituciones ligadas a la investigación científica. Cerca de mí, por ejemplo, estaba el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, doctor Humberto Veras Godoy, otra universidad ejemplar, bien conducida y altamente avanzada y progresista.

Sin duda lo más interesante, lo que me asombró, fue una suerte de epílogo, donde Piña Gutiérrez expuso la visión futurista de la UJAT. ¿Cómo será en el año 2028? Las pantallas reflejaron las maquetas y los cimientos de los nuevos edificios en los que se llevará a cabo la docencia y la investigación. Jamás en mi larga vida académica había visto algo semejante. Nos pareció una hazaña que la administración actual no sólo cumpliera cómodamente con lo relativo a las promesas para el 2014, sino que mirara hacia el futuro. En México, al menos, tal suceso es inexistente.

En su turno, el gobernador Arturo Núñez, quien a petición del Consejo Universitario dio por clausurada la ceremonia, habló con la brillantez y la cultura que le conocemos desde hace años. Recurrió a una serie de grandes pensadores y teóricos, de Platón a Popper, pasando por León Trotsky, para concluir qué requiere un país para ser gobernado con inteligencia: el conocimiento. Con elegante ironía se dirigió al representante de Emilio Chauyfett y le dijo que al titular de la SEP no se le olvidara que el aprecio a una institución educativa se refleja en la sana y generosa distribución del presupuesto.

Poco interés siento por este tipo de ceremonias, pero la verdad es que la correspondiente a Tabasco fue emotiva y particularmente inteligente y promisoria, no sólo para Tabasco, para el Sureste, sino para todo México. Es poner un proyecto educativo a la altura de los mejores del mundo, de un planeta que se achica y compite entre sí.

El trabajo del doctor José Manuel Piña Gutiérrez es en verdad ejemplar. Cumplió con sus metas y fue más allá, como pudimos escuchar una tarde-noche memorable para la academia mexicana. Vale la pena añadir que el informe completo nos fue entregado en un voluminoso libro, pleno de información de sus conquistas y en un disco compacto que vale la pena analizar: la UJAT es una inmensa vanguardia de la que poco conocemos en la arrogante capital.

En lo personal, quiero agradecer las atenciones personales que recibí del ingeniero Miguel Ángel Magdonel, titular de la Dirección Cultural y Extensión, que fue afectuoso y como siempre un funcionario eficiente.

enero 25, 2015

Entre Vladimir Nabokov y Philip Roth

Lolita produjo una revolución literaria que entró en el campo de lo prohibido.

He publicado trabajos sobre Vladimir Nabokov. También he escrito acerca de Philip Roth, mi candidato para el Premio Nobel. Al primero lo leí cuando publicó Lolita (1959), novela que me impresionó a pesar de haber estudiado con cuidado otras obras eróticas como Fanny Hill, atribuida a John Cleland, diversos libros de Sade y del inimitable Henry Miller, genio del erotismo, como lo calificó Norman Mailer. El divertido libro de Daniel DefoeLas aventuras amorosas de Moll Flanders, la delicada novela pasional de D. H. LawrenceEl amante de lady Chaterley, los cuentos enardecidos de Anaïs Nin, las páginas libertinas de Geoffrey ChaucerVoltaireBocaccio y una larga serie de obras de amor-pasión.
A ellas y muchas más, recurrí cuando en 1970 escribí mi primer libro amoroso: La lluvia no mata a las flores. Volví a este género, impulsado por El gran Gatsby de Fitzgerald y El túnel de Sabato, para escribirTantadel. En ese momento confesé que nada he inventado, mi literatura es producto de lecturas, aunque por allí flote la sospecha de que narro experiencias reales.
Esto es acaso más obvio en un libro que editó el Fondo de Cultura Económica: Cuentos de hadas amorosas. Añado un elemento personal: esos autores fueron mis maestros sexuales. Cada uno me brindó conocimientos teóricos que no fue complicado llevar a la praxis. Si elKama Sutra me parecía una suma de recetas bobas, no las valiosas escenas pobladas del erotismo de narradores occidentales.
Sin duda Nabokov con Lolita produjo una revolución literaria y amorosa que entró en el campo de lo prohibido. Un hombre mayor, Humbert Humbert se enamora apasionadamente de su hijastra. La elegancia de las escenas, el toque poético y audaz, una prosa juguetona y personajes maravillosamente logrados, la hizo una obra maestra. 
Semejante impresión me produjo El animal moribundo de Roth. Era la escritura amorosa de un hombre mayor leída por otro, yo. El personaje es un profesor universitario, David Kepesh, y acaso su último gran amor es una joven universitaria, Consuelo.
No me pareció, como a algunos críticos, provocadora, sino una historia de amor desigual, lo que suele producir resultados devastadores. En este caso, la mujer joven termina por aburrirse del viejo sin duda experimentado, sensible y con elevado coeficiente intelectual, pero con sus facultades amorosas mermadas por razones naturales. Lolita deja a Humbert Humbert para convertirse en ama de casa. El cambio es sin duda excesivo. El final de la audaz relación entre el viejo académico y la guapa muchacha de origen cubano es más compleja como apreciamos en El animal moribundo, e ingresa en el campo de la libertad amorosa, lo que me hizo escribir una línea: El matrimonio, según Roth, es una prisión de máxima seguridad.
El lenguaje de ambos es bello por razones distintas. Nabokov es dueño de una cultura multinacional, nace en San Petersburgo dentro de una familia aristocrática que se exilia en países occidentales: Inglaterra, Francia, Alemania, EU, Suiza, sitios que disfruta dando clases y viviendo principalmente en hoteles. Eso le concede una prosa rica en matices. Comenzó escribiendo en ruso, lo más destacado lo hizo en inglés. Era un distinguido cosmopolita.
Philip Roth es originario de New Jersey, también profesor de literatura inglesa. Cada una de sus novelas es una encantadora provocación que podemos apreciar desde los títulos: Me casé con un comunistaEl lamento de Portnoy (mi favorita), la trilogía Pastoral americana y La mancha urbana. Tiene multitud de premios, incluido el Pulitzer, considerado el Nobel del idioma inglés. Para algunos críticos y lectoresEl animal moribundo es autobiográfico. No importa. Es admirable la manera en que entiende y vive las relaciones amorosas con mujeres menores que él y lo buscan atraídas por su inteligencia y cultura.
La diferencia entre lo que leí y lo que he escrito es la creación de mujeres autosuficientes, seguras de sí, no son aquéllas que esperan tímidamente que el varón las provoque o les pida, ellas toman iniciativas audaces.
No dependen de los hombres ni económica ni intelectualmente, es decir, son independientes y saben decidir sin titubeos. Representan la libertad, como antes Frida KahloMaría FélixMachila ArmidaTina Modotti o Nahui Ollin decidieron hacer de sus vidas algo legendario y ejemplo de lo que debe ser una sociedad moderna, donde el sexismo no exista.


enero 23, 2015

Las elecciones que vienen

Según declaraciones de César Camacho Quiroz, el PRI tendrá excelentes resultados en los dos siguientes procesos electorales. Es posible. Pero de ninguna manera se deberá a su gran trabajo político y administrativo de la nación, sino a que sus opositores están peor que el partido en el poder. Fuera del Pacto por México, al gobierno priista nada le ha salido bien. Se supone que el Presidente está rodeado de las mejores personas, las más hábiles, inteligentes y preparadas. Sin embargo, las encuestas señalan que su popularidad disminuye.

La inseguridad no ha disminuido en México, simplemente los medios de comunicación la presentan con cierta discreción, a menos que se trate de situaciones tan graves como la de Ayotzinapa. Este caso prueba la incapacidad política del PRI y de los hombres y mujeres que presiden al país. De pronto asistimos horrorizados a una nueva realidad. Los perredistas que por algunos años, no muchos ciertamente, fueron los portadores de imaginarias esperanzas, se muestran tal como son, igual que los priistas del pasado: perversos, decididos a mantenerse en el poder a cualquier precio. Sí, el atroz crimen de 43 jóvenes normalistas a manos de dirigentes guerrerenses del PRD, vinculados con López Obrador en más de un momento, nos muestra de lo que son capaces los representantes de la “izquierda”: llegar al asesinato en masa.

Queda claro qué pasó y quiénes participaron en la matanza, algunos medios hasta recordaron casos de diputados perredistas que para poner a salvo a un colega lo metieron en la cajuela de un automóvil y llegar a la Cámara de Diputados. Se trata del en apariencia impoluto Alejandro Encinas. Pero de pronto, las cosas cambiaron y mientras que los medios descubrían un palacete en manos de la primera dama del país y otro más en las de Videgaray, la “izquierda”, que no es otra cosa que ex priistas disfrazados de progresistas, volteó la tortilla. Las miradas dejaron de buscar dentro del perredismo y comenzaron la búsqueda en Los Pinos y en las dependencias oficiales y, el colmo, en los propios cuarteles. Ahora los medios y voces públicas mal intencionadas acusan al gobierno federal de los sucesos. Esto es, con habilidad perversa, lograron distraer la atención de lo fundamental, para buscar jóvenes torturados y amarrados hasta abajo de la cama de Peña Nieto.

En el extremo, y para modificar la imagen del partido oficial, hoy no en las mejores manos, las manifestaciones cotidianas, el vandalismo habitual se lleva a cabo con el apoyo de consignas que responsabilizan al gobierno. ¿Cómo ha respondido la presidencia? Cediendo terreno y llevando a cabo declaraciones elementales. Si hay leyes, pues que las apliquen y listo. Pero los funcionarios públicos viven atemorizados de nada o del qué podrán decir de ellos.

Sin duda lo peor ya se dijo y se ha repetido, estamos en manos de un gobierno poco eficiente. Y en tal sentido las palabras son altisonantes, severas. Hemos llegado al extremo de que el Presidente no sabe con precisión cómo responderle a Obama cuando pregunta por la inseguridad y el caso de los jóvenes desaparecidos, cuando no sólo tiene elementos en su favor, sino que además no puede ser interrogado por el representante de un gobierno que destruye ciudades, destroza países, tortura y asesina en nombre de la libertad, de su libertad, de sus turbios intereses. ¿Qué parte de la expresión gastada de que EU no tiene amigos, sino intereses, el gobierno mexicano no entiende?

Es difícil prever los resultados de los comicios que vienen, estos donde los perredistas han mostrado por enésima vez el rostro de saltimbanquis, de falsa izquierda, de corruptos, de enemigos de la sociedad. Pero a pesar de las torpezas y atrocidades que el PRD y el PAN cometen diariamente, éstos obtendrán buenos resultados. Al menos los perredistas y los fieles de López Obrador han aprendido a mentir con naturalidad y a decir que cualquier pillería cometida es invención de los medios. Es grave, pero al menos el DF quedará en manos de quienes se ven a sí mismos como justos y salvadores, cuando han sido corruptos y saqueadores. Hoy tenemos una capital sin gobierno. Mancera prepara nuevas carreras maratónicas, paraderos de bicicletas más eficaces y pronuncia discursos demagógicos.

enero 21, 2015

El avanzado cinismo del PRD

En masa, los catorce delegados del PRD optaron por “pedir licencia” para buscar diputaciones. Si fracasan en su cínico intento por permanecer dentro del erario, regresarán a buscar de otra forma mantenerse dentro de la inaudita política mexicana. Los habitantes de la ciudad capital están desconcertados, pero ya están mayoritariamente cooptados por tal organismo que heredó los vicios del PRI de un modo asombroso y perfecto, pues han superado al maestro en materia de corrupción. Según algunas encuestas, dicho partido sigue dominando al DF, aunque Morena parece, según afirma el eterno Mesías, obtendrá más de una delegación. Para los medios se trata de una lucha entre las “izquierdas”, cuando en realidad es una pugna por el poder sin ninguna decencia ni dignidad.

Bien vistas las cosas, y si México fuera una nación de leyes y decoro político, los “chapulines” que ahora están a punto de saltar de un hueso a otro, sumarían muchos años de cárcel. Pero el PRD y Morena son formaciones insertas en un sistema político tortuoso que parece más bien un mercado de trabajo.

El más antiguo de los partidos, el Revolucionario Institucional, por más que afirme que dará la lucha por el DF, carece de elementos humanos e ideológicos para encauzar la batalla por la capital. Su prestigio es nulo, al contrario, sus siglas son parte de las ironías y ofensas comunes dentro de la chusma política. Y al interior de los partidos jóvenes, recién nacidos, los que ya también han recibido fortunas y se aprestan a participar del enorme pastel, por carecer de cuadros experimentados, dicen con toda desfachatez, tal es el caso del Partido Humanista, que recibirán a toda clase de políticos, sin preocuparse por sus principios. Afirman los voceros de este partido recién nacido, pero igualmente ya desprestigiado, que sus puertas están abiertas a todos aquellos profesionales de la política que no encuentren posibilidades de mantenerse en la carrera, sea provenientes del PRI, del PAN o del PRD. Ésta es la catadura ética de los partidos que han comenzado a decirnos que son ciudadanos y ahora quieren tener en sus filas a tránsfugas de los partidos mayores.

Claro, ponen “candados” ¿Cuáles? Probar su honestidad y declarar el origen de sus fortunas y acaso comprobar que no son parte del narcotráfico. ¿Y para ello, el gobierno federal les concede inmensas sumas de dinero? ¿Para mantener vivo el juego de las patrañas, para alimentar y promover ladrones y estafadores políticos?

Pero como suele ocurrir, cuando no hay ideales ni proyectos seriamente trabajados, ya los partidos pequeños disputan internamente por los dineros.

Ni remedio, en México eso que llamamos democracia, pluripartidismo para que todos estemos representados, es una buena broma o una manera discreta de distribuir el ingreso nacional. La Iglesia Católica, que no se caracteriza por su buena conducta, que ha vivido siempre en lucha con el poder civil a veces es dura, otras discreta, fiel a su necesidad de entrometerse en los asuntos terrenales, ha declarado, refiriéndose a los políticos “chapulines” que ahora vemos sin pena ni asombro, que urgen políticas y “reforma legales que impidan el oportunismo de los políticos chapulines que brincan de un puesto a otro sin rendición de cuentas”. Y no deja de tener razón: ningún delegado cumplió con sus promesas de campaña y ya dejaron botadas las delegaciones para asegurar un puesto legislativo para tener fuero y desde allí no trabajar por la ciudad sino mantenerse en una eterna carrera política, que les permita recibir dinero. La lista se multiplica y para llevar a cabo su tarea demoledora, son legisladores, delegados, secretarios del GDF o de algún gobierno estatal como Guerrero. Tal es el caso de El Pino y está por serlo el de Amalia García, como lo ha sido Pablo Gómez, quien lleva multitud de encargos en las cámaras y en la Asamblea Legislativa del DF. Sólo es para eternizarse y cobrar. Sus resultados no han sido los mejores.

Los pobres priistas y los patéticos panistas se mueren de envidia al ver la asombrosa movilidad de los perredistas y de lo que aquí llaman sin rubor “las izquierdas”.

El jefe de Gobierno Mancera sigue orgulloso de ser “apartidista”, “ciudadano”, pero por ahora está feliz: sin delegados en el DF, puede al fin ser un pequeño dictador a la manera en que lo eran los jefes de gobierno priistas.

enero 19, 2015

Cínico despilfarro político

Mucho se ha escrito sobre el dineral que reciben los partidos políticos para enfangar más al país. Cara, muy cara nos cuesta la “democracia” en México. En rigor, la sociedad tiene mucho de responsabilidad: no sabe exigir cuentas, cree en cualquier charlatán o en el gastado discurso de los partidos. La política y sus militantes están en lo suyo: corromper, mentir, extender la mano y recibir fuertes sumas. Son todopoderosos, fingen tener entre ellos diferencias, no, son todos iguales. Los partidos, como están, son el peor enemigo de la nación. Viven de nuestro trabajo, de los impuestos y los derrochan en beneficio propio.

El INE acaba de hacer oficial la entrega de recursos a los partidos políticos. La lista es asombrosa y uno hace cuentas fáciles. ¿Cuántas escuelas, hospitales o bibliotecas podrían ser edificadas con 5 mil 356 millones de pesos? Si nosotros viéramos que esos dineros tienen una utilidad visible, no sería grave ni irritante. Pero vemos sus robos, escuchamos sus mentiras y hasta nos toca enterarnos de sus asesinatos. Tal como decía, en estas mismas páginas el periodista Aurelio Ramos Méndez, los políticos “se apropiaron de esta partida con el indisimulable aval de los consejeros del INE, encabezados por Lorenzo Córdova, y la justificación, inocente o mentirosa, de ponerlos a salvo de la tentación del dinero ilícito…”. A las enormes sumas que cada partido recibe, hay que agregar aquellas que logran conseguir de empresarios con intereses políticos (es decir, la mayoría) y las que provienen del narcotráfico y en general de la delincuencia organizada.

Desde el PRI hasta Morena, pasando por el PAN y el PRD, viven, y nada mal, del dinero generado por el trabajo de una nación que aspira a la dignidad, el progreso y el desarrollo. La sociedad está harta, sí, pero no encuentra los caminos para manifestar su desesperación. Parece resignada a su destino de pagar los costos de una democracia de papel, ávida de dinero que los miembros de los partidos utilizan para vivir muy bien. El político será funcionario, pero su sueldo en cualquier caso proviene de las arcas oficiales, las que en teoría son nuestras y sólo deben ser administradas decentemente. El país cuenta con diez partidos con registro, ninguno vale la pena. Hay todavía quienes creen en ellos y por desgracia no son pocos. No obstante, y en ello las redes sociales son claras, los ciudadanos comienzan a mostrar abiertamente su repudio. Lo que no encuentran es la forma de hacerlo visible y enseguida ser militante. Podríamos decir que es un malestar de clóset y que apenas vemos por allí cómo emergen las puntas. Pronto veremos un descontento de mayor amplitud y decisión.

El problema es que padecemos una total confusión. Los perredistas asesinan estudiantes y la “izquierda” apunta a Los Pinos. Sí, allí los tienen escondidos. Los panistas se insultan con un vigor distante del cristianismo que en principio los unió hace cuatro décadas. El PRI sigue en lo suyo: prometer y no cumplir, moverse sin rumbo, sumarse a los grandes intereses. Para qué hablar del hombre que se ha convertido en el único profeta mexicano y para ello ha creado no un partido, sino una serie de fieles desprestigiados que lo siguen a donde vaya, con la sola condición de que le obedezcan y crean en sus patrañas.

Ah, y faltan los nuevos, los que afirman ser ciudadanos. También consumen recursos públicos, como los políticos. ¿Qué harán aparte del ridículo en estas siguientes elecciones que son importantes a pesar de no incluir el proceso presidencial?

Es tiempo de ponerles frenos a su impune actuar, desde el presidente hasta los legisladores y los presidentes municipales. Todos parecen egresar de cárceles y ninguno de universidades.

enero 18, 2015

La ausente crítica literaria

Querido Carlos Flores Marini,
nos queda tu inmenso trabajo


La crítica literaria, vital para el desarrollo de la poesía, la novela, el cuento, el ensayo y la dramaturgia, ha sido en México la gran ausente. Tenemos unas cuantas personas que se ocupan esporádicamente de tal actividad, pero al ejercerla seleccionan autores clásicos, consagrados, que poseen abundante bibliografía sobre su vida y obra.
De esta manera han surgido libros o ensayos sobre BalzacDaríoPessoaHomero y Cernuda hechos por autores como ReyesTorres Bodet y Paz. No abordan los libros que van apareciendo. Requerimos especialistas que valoren las obras de nuevos autores. Que tenemos gente dedicada a comentar libros, no lo niego, pero ¿quiénes son y qué hacen, cuál es su preparación? ¿Son válidos los análisis —infaltables, inefables, supuestamente infalibles— donde de modo rudo es comentada la obra de alguien fuera de las mafias?
De ser afirmativa la respuesta, padecemos una gran pobreza intelectual. En México la crítica es el arte de elogiar a los amigos o intelectuales de poder dentro de la cultura nacional y soslayar despectivamente a los miembros de otros grupos o “enemigos”.
La crítica es empleada para imponer autores o para ofender con violencia. Es manifiesta la influencia de lustros priistas: el gran dedo señala y determina (toque mágico de Midas, piedra filosofal que transforma el oro en plomo o al revés) quiénes son los novelistas, poetas y ensayistas “valiosos”. La tarea se realiza por designación. Los que no pertenecen a un grupo poderoso son frecuentemente maltratados sin ningún análisis responsable, sin siquiera haberlos leído.
Para Baudelaire un artista es ante todo un temperamento: toca a la crítica la tarea de hacer comprender ese temperamento. Azorín decía: “No hay más que una crítica: examen, observación, asociación, disociación. Y el examen —laudatorio, condenatorio— puede revestir diversas tendencias”. Ortega y Gasset precisaba: el asunto central de la crítica no es, desde luego, dividir las obras en buenas y malas, sino explicar sus valores. Me ha sido muy difícil hallar una crítica seria sobre Elena Garro. La preocupación de los “críticos” nacionales, es destruir, no edificar.
La crítica literaria en Francia, por ejemplo, proviene de la academia. Se ha preparado para ejercerla. Eliot explicó enSobre la poesía y los poetas que los grandes críticos actuales son producto del rigor académico: “La mayor parte de la crítica realmente interesante es obra de hombres de letras que se han abierto camino en las universidades y de eruditos cuya actividad crítica se ha ejercido primero en las aulas”. El crítico mexicano suele ser un escritor que padece una larga serie de aversiones que le restan objetividad y lo hacen dañino.
Para hacer el panorama más oscuro (y en esto deberían reparar los escritores mexicanos en lugar de señalar, acaso siguiendo a Faulkner y Hemingway, que la crítica no les importa), los propios narradores y poetas se han convertido en críticos ocasionales haciendo un esfuerzo para valorar la obra realizada por sus compañeros de oficio y en otras dejándose llevar por los vicios nacionales. Es cierto (Baudelaire) que en la crítica es el artista quien comprende a los artistas. O según tesis de Martín Alonso, “el crítico ha de tener si no facultades artísticas, por lo menos análogas a las artísticas; debe penetrar en la génesis de la obra y ponerse, hasta cierto punto, en la situación del autor analizado...”.
Pero la crítica realizada por escritores pierde objetividad, a menudo es resultado de un encargo o compromiso amistoso, carece de méritos axiológicos propios de la crítica bien entendida que cumple su función creadora y permite comprender la magnitud de la literatura. ¿Quiénes otorgan un premio de novela, cuento o poesía? Pues novelistas, cuentistas y poetas. Se supone que deberían ser críticos para conceder un galardón. El INBA promueve multitud de concursos literarios al año. Los integrantes del jurado suelen ser creadores, no críticos, cuyo objetivo es eliminar a sus pares.
Los premios en México se otorgan por simpatía y son negados por odio, no existe la mediación de un juicio crítico literario. Hemos llegado a la aberración de predecir el triunfo de un escritor sólo por la configuración del jurado. Un poeta aspiró al Premio Nacional de Ciencias y Artes. Le devolvieron la caja como la entregó: sellada. No leyeron la obra, discutieron su personalidad. Otro, con méritos sobrados, pidió una beca del FONCA, le fue negada, porque les parece antipático. ¿Qué puede hacerse?

enero 16, 2015

¿Por qué y para quién escribo?

En 1977 Emmanuel Carballo llevó a cabo una encuesta entre la totalidad (o casi) de los escritores mexicanos con alguna reputación. Fuimos 124 los que respondimos tres preguntas: ¿Por qué, para qué y cómo escribo? Tengo la impresión de que aquel trabajo, de apariencia frívola, es un documento interesante para conocer las motivaciones y necesidades de un alto número de literatos nacionales. Con el tiempo, he modificado un poco las respuestas, en consecuencia, las vuelvo a publicar.

¿Por qué escribo? A esta pregunta le he dado varias respuestas a lo largo de muchas entrevistas, según el caso. A distancia, todas me parecen razonables. Repaso. Escribo por una necesidad imperiosa; no puedo dejar pasar muchas semanas sin hacerlo. En el principio redactaba un cuento sólo ocasionalmente. Ahora es una manía o necesidad de crear un mundo distinto, a mi gusto. Decir que tengo cosas muy importantes que transmitir resulta una soberana pedantería. Explicar que uno, como literato, posee una forma de ver las cosas, una forma artística distinta. Mis libros son hijos que andan por allí, en espera de una valoración, de un juicio, que me permita saber si sobrevivirán o serán enterrados conmigo. También puedo decir que escribo a causa de mi posición ideológica. Se trata de acusar históricamente a una sociedad enferma, dividida en clases, llena de injusticias, sin libertad, donde un sistema lamentable nos ha hecho crecer con graves deformaciones. En todos mis libros hay siempre críticas al capitalismo. A veces obvias, a veces veladas, discretas. En tal sentido, inalterablemente mis historias y mi estilo se han guiado por la pasión. Al escribir, como dijo un crítico literario, lo hago lleno de amores y de odios. Debo añadir que quizá me hice escritor estimulado por mi madre y por tantos libros que puso a mi alcance desde que yo era muy niño.

¿Para quién escribo? Para nadie en especial. Uno quisiera escribir para todo el mundo. Pero esto es absurdo, especialmente en un país de escasos lectores y de valores reñidos con el arte. Es rigurosamente demagogia pura. Posiblemente hayan aumentado por las redes sociales, algo que dudo. En todo caso, leen el artículo que subo, si es atractivo políticamente. Mis lectores son unos cuantos. Cuando escribo literatura (el periodismo tiene otras reglas) no pienso en ningún lector; estoy absorto ante la máquina, los personajes, la trama, la estructura del libro. Los lectores nuestros optan, en el mejor de los casos, por best-sellers o por obras ligeras, pésimas novelas históricas, libros de autoayuda o de truculencias políticas.

¿Cómo escribo? Realmente debería contestar que como puedo. Cuando logro la idea, es decir, la historia que deseo narrar (puede llegar como estímulo externo o como algo incubado en mi propia cabeza), la maduro de prisa y en ocasiones tomo algunas notas. En seguida, una vez que el asunto está concebido de principio a fin, le otorgo un género, una extensión: cuento o novela (debo advertir que para mí éstos son términos bien amplios y que de ninguna manera encajan dentro de una definición académica); por último, antes de lanzarme a la redacción, medito sobre la estructura de la obra, el andamiaje que la sostendrá. Juan José Arreola escribió que toda belleza es formal y es verdad, sobre todo cuando el contenido es valioso, añado yo. En mi literatura, siempre hay elementos sociales y políticos, aun en los cuentos fantásticos y en las novelas de amor. Mi estilo es directo y claro, un tanto burlón, carente de metáforas, pero en el discurso hay grandes alegorías, sátiras, parábolas, elementos que utilizan los humoristas en su afán de zaherir a la sociedad.

Me parece que entre aquello que publicó Emmanuel Carballo y lo que ahora ajusto, no hay grandes diferencias.

enero 15, 2015

Una ciudad sin gobierno

Hace poco tiempo una ciudad europea pudo vivir ordenadamente sin alcalde y con poca estructura gubernamental. Lo hizo mejor que cuando estaba bajo las órdenes de un político. Hubo allí una suerte de anarquismo ordenado y tranquilo, extrañamente bajo reglas capitalistas. A nadie se le ocurrió algún cambio drástico. Se dejaron llevar por las normas establecidas, el sentido común y cada quien cumplió su papel sin necesidad de coacciones ni presiones de ninguna índole. Fueron buenos tiempos hasta que la “normalidad” retornó.

Pero eso fue un curioso y afortunado suceso político, donde la ciudadanía es inteligente y sensata. En el Distrito Federal pronto estaremos sin gobierno: todos los delegados, el poder real en esta capital, dejan sus respectivos chiqueros, para arrancar sus campañas y lograr una diputación. La abrumadora mayoría son los corruptos del PRD, pero en el paquete van corruptos del PRI y del PAN. Si vemos bien los resultados de sus respectivas tareas, ninguno hizo un trabajo serio y digno por la ciudadanía: se afanaron en publicitarse y en adquirir el dinero suficiente para ponerlo en sus cuentas bancarias o dilapidarlo en sus respectivas campañas.

Lo asombroso del caso es que el “ciudadano” jefe de gobierno, Mancera, los reunió y les deseó el mejor de los éxitos, en una inusitada y cínica ceremonia, parte de los nuevos ritos de la sucia vida política que padecemos. En rigor, fue una lamentable maniobra de Mancera para ejercer, aunque sea momentáneamente, el control absoluto del DF. Algunos periodistas han sido severos con la acción gangsteril, la mayoría lo ve como algo normal en una nación envilecida. Sorprende una vez más la ciudad de México, la que vemos tan aguerrida y avanzada, donde desde hace años gobierna “la izquierda” y en donde la ciudadanía parece ciega y sorda. Unas cuantas muestras de malestar y es todo.

Atrás de esto, donde el eje es el PRD, un partido que se desmorona visiblemente, todavía en manos de corruptos e incapaces, que poco se han esmerado en ocultar sus bajezas, está el deseo de ganar la capital, la que posee joyas feas y bonitas. Iztapalapa tiene millones de habitantes y la Miguel Hidalgo es un jugoso botín donde viven infinidad de ricos. Los pronto ex jefes delegacionales le dieron una patada a la ciudad, mostraron que simplemente era un paso en sus carreras políticas. Se van dejando los mismos problemas que hallaron y que prometieron resolver. Pocos partidos harán un trabajo de alianzas. Los perredistas le temen a Morena, pero piensan no necesitar apoyos en una ciudad que es suya. El PRI pregona una falsedad: que ganará más de una delegación. ¿Cuántas con el desprestigio creciente del gobierno federal? El PAN tiene la certeza de su baja aceptación luego de doce años de fracasos espectaculares. López Obrador sabe que conserva, ya sin el PRD, al que convirtió en un despojo, parte de su antiguo poder. Es un caudillo decepcionante, pero con restos de buena suerte con la que ha cubierto toda clase de desatinos y marrullerías. No olvidemos que somos un país acostumbrado a los caudillos y entre más elementales, mejor.

El DF vivirá eternamente el juego de las esperanzas perdidas: ahora sí vienen mejores tiempos. Mientras que quienes nos gobiernan nos pervierten más y nos degradan. ¿Dónde están los ciudadanos dispuestos a enfrentarse a un sistema de complicidades? No aparecen. De pronto un pequeño grupo de agraviados directamente reaccionan. El enojo les dura poco. Mancera ganó de manera espectacular disfrazado de ciudadano. ¿Alguien a estas alturas lo cree? Por pura conveniencia es ahora cercano a Peña Nieto y distante de López Obrador, resultó un excelente equilibrista.

Los perredistas marchan ciertos de su triunfo hacia la Cámara de Diputados. Con su habitual capacidad para falsificar las palabras parecen gritar: ¿Quién le teme a López Obrador? Tampoco le tienen miedo a la ciudadanía. Por lustros hemos permitido que nos saqueen y hagan del DF un desastre.

Está visto que nos gusta ser maltratados. El desprecio de los políticos es evidente, aquí y en Guerrero, en Nuevo León y en Querétaro. Para los políticos somos votos con quienes nunca se adquieren compromisos. Objetos. Queda claro que somos sadomasoquistas.

Ayer martes, y ante las críticas mediáticas, algunos delegados decidieron quedarse en sus cargos. No les preocupa: dicen que serán plurinominales: Jesús Valencia, de Iztapalapa y los de Tláhuac, Tlalpan y Miguel Hidalgo caminan en tal sentido. Por allí, asimismo, van el panista de Benito Juárez y el priista de Cuajimalpa, ante la incertidumbre, esperan instrucciones. Diez optaron por el abandono de sus respectivas delegaciones. Algo es obvio: todos carecen de dignidad y compromiso con los ciudadanos que votaron por ellos. No es grave. La historia se duplicará.

enero 12, 2015

¿Quién es capaz de conocer el futuro?

Uno de los grandes sueños o ambiciones de la humanidad es el de ver el futuro. La obsesión que tienen los grandes estadistas, los artistas e intelectuales, hasta aquellos charlatanes que se ganan la vida “adivinando” el porvenir. El escritor Salman Rushdie, ahora radicado en Nueva York, acaba de publicar una novela al parecer notable: Furia. Como es normal, los primeros críticos de la obra hurgan en el contexto social y político. Está visto que los méritos estéticos cuentan menos. De allí, por ejemplo, que las librerías se hayan poblado de éxitos de valor discutible, obras vergonzosas.

En una entrevista dada a conocer por nuestro diario, Rushdie explica que el escritor puede describir el ambiente, el medio en que se mueven sus personajes, pero jamás predecir el futuro. La idea es atractiva, pero no tan exacta. Aunque no sea el propósito hay escritores que han logrado vislumbrar los sucesos que se acercan. George Orwell lo hizo (y éste es un lugar común) con dos libros ejemplares: 1984 y Animal farm. Este espléndido narrador inglés fue, asimismo, un tenaz combatiente por la libertad, militaba en el anarquismo y sus guerras y obras escritas le permitieron formarse un cúmulo de conocimientos para advertirnos que la Unión Soviética era una pesadilla y terminaría por derrumbarse, justo en los momentos en que el bloque socialista parecía más fortalecido que nunca.

¿Qué hizo Orwell? Analizar el pasado y el presente y de tal manera darse cuenta del rumbo que llevaba aquella deformación de revolucionarios legítimos que fueron modificando monstruosamente el marxismo-leninismo para hacer el estalinismo. No se requiere ser un adivinador profesional, sino poseer la sensibilidad de comprender, mediante el bagaje cultural, lo que está por suceder. En este caso, los grandes escritores, a veces sin proponérselo, logran anticipar el porvenir. Mariano Azuela inició la llamada Novela de la Revolución, lo hizo con un bello libro, Los de abajo. El grandioso movimiento arrancaba sin saber su destino, violentamente, impulsado por el sufrimiento y el rencor de campesinos pobres. No obstante, en su personaje principal: Demetrio Macías, deja una idea clara del triste futuro del movimiento social que buscaba justicia, honestidad, libertad y democracia. Nada de eso se ha conseguido ampliamente. Son puras simulaciones que el actual sistema nos muestra.

Lo que el buen escritor desea es narrar historias intensas y hermosas, profundas. No se preocupa por el futuro y a veces tampoco por el presente. El pasado le brinda temas. Unos saben aprovecharlas, como entre nosotros Fernando del Paso, otros, la mayoría, hace novela-histórica de gran mediocridad, obras fáciles que dan rápida y efímera notoriedad.

El que tiene, en todo caso, obligación de conocer el futuro es el político notable, el estadista. Para ello hay herramientas, no se requiere adivinar como mago de feria, sino analizar la historia, estudiar detalladamente el presente y es posible llegar al futuro. De tal forma trabajaron Marx, Engels y Lenin. Fatigaron bibliotecas, exploraron en la historia y en el arte, en la sociología, la economía y la política, vieron los estallidos sociales como La Comuna de París y pudieron darnos una idea aproximada del rumbo y destino de la humanidad. No fueron predicciones exactas. Es verdad, pero en esto debemos considerar que los afectados, los enemigos de lo avanzado, también hacen su trabajo. Napoleón llevó por Europa los restos de la Revolución Francesa, pero no cumplió sus propósitos porque él mismo cambió y sus adversarios fueron muchos y muy poderosos.

El socialismo nace de los libros, de las utopías, principalmente de las del Renacimiento, las que sin duda consideraron las ideas de la Grecia clásica. Siguen siendo un vaticinio. El mundo tal como lo vemos es de una imperfección escandalosa. Tarde o temprano sus predicciones se harán realidad y entonces veremos (o verán) que muchos escritores han sido capaces de vislumbrar un mejor futuro.

Finalmente, son los estadistas quienes deben hacer el esfuerzo por visualizar el futuro. No los artistas.

enero 11, 2015

Un cisne lujurioso y Leda

Las alas la envuelven con ferocidad amorosa y resulta fácil imaginar la excitación de ambos seres.

Las obras plásticas donde aparece Diana, maravillosa mujer mítica, con frecuencia ideal para desatar la lujuria, no son gran cosa comparadas con la sobresaliente escena donde Leda es poseída por un cisne. En un afortunado viaje a Venecia, en la Biblioteca Nazionale Marciana, inalterablemente sorpresiva, me topé con dos salas contiguas: en la primera estaba un mármol de poco más de un metro de altura, donde el cisne disfrutaba a Leda con furia y dulzura. La primera reacción está en la violencia erótica con la que las patas, parecidas a garras, se aferran al cuerpo desnudo de la hermosa mujer. Las alas la envuelven con ferocidad amorosa y es fácil imaginar la excitación de ambos seres. Sin embargo, el cisne deposita su pico dulcemente en los labios femeninos, cálida prueba del más delicado sentimiento.
La ficha habla vagamente de una réplica del siglo II a. C. A nadie le importa una pésima nota museográfica: tanto los cisnes como los humanos, especialmente las mujeres, se imaginan parte de aquel portentoso encuentro amoroso. No interesa que algún presumido con afanes de sicoanalista diga que se trata de una sesión de zoofilia. Recordé la elegante serie gráfica, hecha al amparo del mismo tema, de Raúl Anguiano.
A un lado, en una pared oscurecida por los siglos y la humedad veneciana, hay una tela de amplias proporciones: la escena es duplicada por un pintor en apariencia contemporáneo de Miguel Ángel. La entrega de Leda rompe los cánones de la época y su rostro y manos muestran su extrema sensibilidad sexual: un ligero gesto de excitación provoca placenteramente al espectador sensible, en tanto que las alas del ave se aferran de modo preciso al cuerpo perfecto de la voluptuosa fémina.
Pero si ambas obras producen un total deseo amoroso, al imaginar la sublime y extraña penetración, a sólo tres breves callejuelas de San Marcos, a dos puentes sobre las aguas venecianas, la Galería Martelli ofrecía en venta una colección de obras de Botero. Una escultura que a distancia parecía un Diego Rivera fuera de contexto y con las peculiaridades del mercantilismo imperante, al acercarse es en efecto del colombiano. La efigie es negra y trata el mismo tema: Leda y el cisne. Ella está acostada y el ave la posee con cierta violencia. La mujer tiene el rostro de perfil negándose a ver el placer que ofrecen los ojos exaltados de la magnífica ave. No están al borde del orgasmo sino a medio camino del desahogo pleno. Entre algunos amantes de arte, morbosos o apasionados debe producirse un orgasmo estético ante la obra de arte. Silencioso y discreto, no menos intenso que aquellos que producen las relaciones carnales.
En Florencia, en los Uffizi, es imposible no toparse con parecida escena: Leda con un cisne bebé: tiene que ser su hijo. A un lado la ficha sólo indica: “Il Neolo, 239 d. C. Mármol itálico e pario”. Pertenece a la galería desde 1584. En la Sala de la Tribuna habita una escultura en mármol de dimensiones naturales: la Venus de los Médici, una de las más famosas. Perteneció a la citada familia, fue adquirida a principios del siglo XVII y comprada por el duque Cosme III. No es una venus, ha señalado más de un experto, es Leda con un cisne en crecimiento, producto de su pasión amorosa. Venus cazaba, Leda hacía el amor.
Resplandece en esa galería, en la sala Veronese, una tímida variante de El Tintoretto. La lánguida mujer desnuda, sensual, con caricias atrae al cisne. En la tela aparece una sirvienta y un par de animales domésticos, ¿son decorativos o voyeristas?
En la Tribuna Octogonal, primorosamente cubierta por una bóveda de incrustaciones de concha nácar, construida por Bernardo Buontalenti en 1584, vemos un Joven con pato, mármol itálico del siglo I d. C. Si de pensar mal se trata, es un cisne de pocas semanas y el apuesto doncel, apenas cubierto por una túnica, lo conduce. Van probablemente al amor. Los gustos sexuales de esas aves, en este caso, anticiparon en siglos una discusión inútil: la diversidad de preferencias sexuales.
También en los largos corredores de Uffizi, es fácil dar con una copia romana del mismo siglo, atribuida a
Timotheos. En esta pequeña escultura aparece una beldad griega cargando un pato. Si consideramos la encantadora historia del Patito feo, sabremos que pronto se convertirá, como su padre, en un hermoso y esplendente cisne, acaso también lascivo.

Es notable la persistencia de la escena mitológica en tiempos del cristianismo, cuya distancia con lo sensual es evidente e hipócrita. Tampoco es posible ignorar el irresistible deseo de ser cisne.

enero 09, 2015

La decadente izquierda mexicana (Segunda y última parte)

La revolución rusa es posterior a la mexicana, sin embargo, la primera posee una carga política e ideológica bien definida. La segunda es la violencia desatada por las injusticias y la miseria ancestrales. Madero no era Lenin. Pudo haber sido un bondadoso santón, mientras que el bolchevique sabía con exactitud lo que deseaba con su muy calculado movimiento. El nuestro fue una oleada de furia contra los explotadores. Había anarquistas como los Flores Magón, pero la inmensa mayoría carecía de proyecto ideológico. Fue llevada a cabo por campesinos y orientada por pequeño burgueses con aspiraciones democráticas. El economista Silva Herzog (I) la definió como una revolución democrático-burguesa. La lucha militar tuvo batallones obreros, sin una doctrina consistente en un país escasamente desarrollado y en consecuencia sin proletariado.

El Partido Comunista en México fue fundado en 1919 y comienza su penosa lucha por crecer y, sobre todo, por darle sentido a su versión del marxismo, criticado por los liberales juaristas. Su historia es de persecuciones, represiones, cárceles, asesinatos y divisiones. Los grandes militantes comunistas como Siqueiros y Revueltas sufren prisión. Finalmente, el PC consiguió que cesaran los golpes en su contra y fue reconocido como un partido legal. Su transcurrir es francamente controvertido, generoso, dramático. Fue, asimismo, apasionado, convulso y lleno de conflictos internos que, por otra parte, han seguido a todo movimiento de izquierda en el orbe.

El registro es obtenido con retraso, ya en Europa había aires de rebeldía contra la rigidez soviética. Cuba y Chile hacen concebir esperanzas, pero no hay buen final. La primera se hace una suerte de monarquía comunista, mientras que en la segunda los militares asesinan la intentona de llegar al poder por la vía electoral.

El comunismo mexicano, inquieto y en busca de un crecimiento, suma cúpulas distantes de los trabajadores y decide “suicidarse” luego de una serie de metamorfosis que dejan a la izquierda en manos de ex priistas resentidos. Hace un año Enrique Semo, maestro mío, camarada y amigo, en una mesa redonda sobre la izquierda mexicana en Minería dijo: Perdimos el rumbo cuando llegaron los priistas. Acaso esta breve frase sea capaz de encerrar el triste final de una izquierda que jamás dio con el rumbo. Los comunistas leyeron demasiado tarde a Revueltas. Si la Segunda Guerra permitió un inmenso crecimiento del comunismo internacional, la Guerra Fría y el derrumbe gradual del socialismo estimularon el debilitamiento del marxismo-leninismo mexicano. Perdió el objetivo buscando acercarse inútilmente a las masas.

La izquierda mexicana puede hoy en día ser vista de formas múltiples; está sujeta a las interpretaciones que un mundo nuevo, globalizado por el capitalismo y con un mal recuerdo de los vencidos, los comunistas, quienes suelen aparecer, sobre todo en la banal cinematografía norteamericana, tan perversos como los nazis. La globalización es el rotundo triunfo de la banalidad, de lo light. El capitalismo luce radiante y feliz. En Cuba la última etapa del comunismo es el turismo. Rusia es la nueva “tierra de oportunidades”. Con los viejos marxistas arrumbados, florecen los valores occidentales; no cabe duda: pasaron del comunismo al consumismo.

Lo que queda de la izquierda mexicana, personajes bizarros que vienen del viejo priismo y nuevos líderes sociales que llegan atraídos por el poder y el dinero, clama su falsa postura. No es exagerado decir que hoy ocupa el hueco que dejó López Mateos al calificarse de “izquierdista dentro de la Constitución”. Los académicos desconcertados miran hacia los Estados de bienestar, curiosamente donde predominan las monarquías. Es, pues, un desastre ideológico, donde persisten en distintos niveles las contradicciones y se lucha contra la miseria a base de dádivas y “teletones” de diversas índoles. Limosnas, no trabajo.

Para colmo, en países como México, donde con extraña frecuencia se habla de izquierda, se desconoce el pensamiento de anarquistas y marxistas, sus diferencias y afinidades. Basta ver a quienes se ostentan como izquierdistas para sufrir un intenso ataque de risa. Antes eran Ebrard y Camacho, hoy son los “ciudadanos” Mancera y algunos que deberían estar en la cárcel.

El PRI es la más poderosa maquinaria para destruir ideologías e imponer un sistema que ha probado su incapacidad. Por desgracia no veo más que priistas en el panorama de la real politik, rodeada de pequeñas islas de inconformidad desorganizada. Los panistas son la derecha, los perredistas y demás juegan el cómico papel de la izquierda, el PRI suele ponerse en el cómodo centro. Todos tienen sospechosas semejanzas y, lo que es peor, la izquierda organizada es inexistente, corrupta y abyecta. Un ruidoso tigre invisible.

enero 07, 2015

La decadente izquierda mexicana (Primera de dos partes)

Curiosamente, Marx hizo periodismo para sobrevivir y para difundir sus ideas producto de profundos estudios y largas reflexiones filosóficas, sociales, culturales y políticas, acompañado por Federico Engels, su eterno amigo. No practicó la entrevista, ella nació como el objetivo de periodistas serios que descubrían la entrevista como un género productor de ideas e información para públicos que crecían. En una de ellas, realizada por el norteamericano R. Landor para The World, publicada el 18 de julio de 1871, el poderoso filósofo tiene frases reveladoras para el grueso público, refiriéndose a los trabajadores, su principal interés, a quienes les veía potencial para transformar el mundo: “Nuestros principales centros de actividad están por el momento entre las viejas sociedades europeas. Son muchas las circunstancias que han tendido a impedir hasta hoy que el problema del trabajo asuma una importancia dominante en Estados Unidos, pero dichas circunstancias están ya en proceso de desaparición. Al igual que en Europa, el trabajo empieza a ganar importancia a grandes pasos gracias al crecimiento de una clase trabajadora distinta del resto de la comunidad y disociada del capital”.

Lo que Marx contemplaba era el desarrollo social y político del proletariado, su expansión merced a la industrialización principalmente de Inglaterra, Francia y Alemania. Vio, además, la explosión de la Comuna de París en 1871, el primer gran intento de los trabajadores por llevar a cabo una toma del poder que terminó de manera brutal con una masacre.

Más adelante, Lenin y sus camaradas lograron llevar a la práctica una revolución en nombre del marxismo. Para ello, tuvo que darle a sus teorías una adecuación y crear, en función de las experiencias adquiridas en la Comuna y en la intentona revolucionaria rusa de 1905, y dentro de otras cosas, supo que era definitivo darle a la clase obrera una cabeza, es decir, un partido político que lo condujera a la victoria. Los resultados son bien conocidos, desde el triunfo de los soviets hasta el derrumbe del llamado socialismo real hace unas tres décadas. Son años intensos, de grandes debates y tormentosas guerras. Hoy el comunismo histórico es una pieza de museo, una reliquia difícil de resucitar al menos en el mediano plazo. Las condiciones, debido al fracaso de quienes intentaron llevar a la práctica el marxismo, son más complejas y, para colmo, el proletariado jamás cumplió con el inmenso destino que Marx le vio. En China y en Cuba, por ejemplo, los comunistas llegaron al poder sin el proletariado a su lado. Las luchas las dieron pensadores de clase media, maestros, estudiantes y campesinos, ciertamente explotados, pero imbuidos de un sentimiento de propiedad privada del que el obrero carece, limitado como está a ver pasar el producto de su trabajo ante sus ojos y no poseerlo jamás. Es el trabajo enajenado.

México tiene otra historia. La gran Revolución de 1910-1917 es una lucha sin ideología, sólo orientada por la explotación y la miseria, una dictadura de tres décadas, que realmente careció de una ideología ambiciosa y de un proyecto renovador. Su final ha sido dramático: de aquellas legendarias escenas de valor y dignidad que llevaron a cabo principalmente zapatistas y villistas, no quedan sino recuerdos plasmados en fotografías y excelentes obras literarias como las de Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz y Mariano Azuela y, desde luego, en los murales de Orozco, Rivera y Siqueiros. No más. La oratoria oficial la ha convertido de una pésima broma a una parodia de una parodia. Marx lo dijo de una manera contundente en una de sus más fascinantes obras, El 18 Brumario: La historia se repite, una vez es tragedia, la segunda farsa.

La izquierda puede hoy en día ser vista de formas múltiples, está sujeta a las interpretaciones que un mundo nuevo, globalizado por el capitalismo y con un mal recuerdo de los vencidos, los comunistas, quienes suelen aparecer, sobre todo en la banal cinematografía norteamericana, tan perversos como los nazis. Isaac Deutscher, filósofo marxista de orientación trotsquista, en su libro Biografía política de Stalin, habla de las diferencias y deja en claro lo que fue Stalin y lo que hizo Hitler. Pero los directores de Hollywood son poco afectos a las lecturas serias, se orientan por recuerdos infantiles.

Como sea, aquello que nos decían Marx y Engels de que un fantasma recorre el mundo, el fantasma del comunismo (o del anarquismo, si se prefiere), hoy es un simple espantajo que sólo sorprende a los medios de comunicación ingenuos.