Tantadel

febrero 27, 2015

Los llamados chapulines

Los mexicanos, o al menos buena parte de ellos, estamos sorprendidos ante los políticos llamados chapulines y su escandalosa facilidad para saltar de un partido a otro. Los políticos exitosos ahora han tenido que pasar, para llegar a los altos cargos, por una multitud de organismos. El primero que me viene a la mente es Porfirio Muñoz Ledo, quien llegó al extremo de formar parte de casi todos y que para cumplir sus objetivos destruyó a uno, al que solía denominar el Ferrocarril. Ahora, varios diarios han dado listas donde hacen recuentos de aquellos que van y vienen de partidos, sin importarles sus cargas ideológicas. Lo que les interesa es ocupar un alto cargo y seguir sus exitosas carreras de falta de ética. No dejemos de lado que antes el salto era de un PRI, sin orden ni concierto, incapaz de darles candidaturas a todos sus activistas. De allí pasaban al PRD y algunos al PAN. Ahora es igual, todos reciben desechos.

Algunos casos son alarmantes. El fenómeno zoológico, piensan investigadores serios: “debilita a la democracia”. La conclusión es correcta: no votar ni aceptar a personajes provenientes de otros institutos políticos. Y saberlo es muy sencillo: basta leer sus respectivos currículos. De otra manera estaremos contribuyendo al cinismo y la inmoralidad política.

Idea atractiva. Entre los tránsfugas está Zeferino Torreblanca, ex gobernador de Guerrero por el PRD y ahora competirá por el PAN para alcalde de Acapulco. La lista es larga y seguirá aumentando en un sistema perverso y complaciente. Ricardo Monreal fue priista, luego corrió al PRD y al PT y hoy va con el apoyo de Morena en pos de una delegación capitalina. José Ángel Córdova Villalobos, militante panista en el origen, ahora compite bajo los colores del PRI y el Verde. La lista es larga. Lo que llama principalmente la atención es que no hay ninguna razón ideológica, ninguna. Y que en la mayoría de los casos la llamada “izquierda” es el eje de los tránsfugas. Recordemos que Andrés Manuel López Obrador, Manuel Camacho y Marcelo Ebrard se formaron en el PRI. Manuel y Ebrard salieron del tricolor al no obtener para el primero la nominación presidencial. En sentido contrario, citemos un caso notable, Rosario Robles, viajó del PRD al PRI y nada mal le ha ido.

Hace unos días, apareció una nota periodística que de ser cierta es prueba de la inmoralidad más acabada: el gobernador de Puebla, Moreno Valle, quiere ser diputado suplente, buscando llevar a cabo una maniobra “audaz” para ser candidato presidencial por el PAN en 2018, su actual organismo, ya distante del padre político: el PRI. Ignoro exactamente qué pretende, por una razón: la política se ha hecho perversa. Su periodo como diputado suplente o titular, si va con un “Juanito”, concluye en el mismo momento en que termina su mandato como gobernador. ¿Estará mal de la cabeza, enfermo de poder o tiene cálculos sorprendentes que lo harán enfrentarse desde ahora al más audaz de los políticos actuales: López Obrador, el único que es candidato oficial o casi? Ahora, al contrario de la vieja fórmula de quien se mueve no sale en la foto, hay que moverse como loco para aparecer en la fotografía.

Este tipo de virajes políticos desorienta a la sociedad y sí daña a la democracia. Durante los años de la izquierda histórica, los cambios no eran tan dramáticos y la lucha estaba centrada en los debates ideológicos. Cierto, muchos comunistas se rindieron y terminaron en las filas del PRI o simplemente fueron engullidos por el sistema. Ahora no hay pretextos para cambiar de partido, únicamente prevalece la necesidad imperiosa de alcanzar un puesto cada vez más alto o al menos mantenerse dentro de la nómina oficial, donde hurtan y cometen atropellos de toda clase.

No estaría mal que se le pudiera poner un freno, incluso para evitar el ridículo panorama político que México le ofrece al mundo. No hay debate nacional, lo que discuten y buscan es una curul, una delegación, un estado qué gobernar y enriquecerse. Por fortuna, ya la sociedad reacciona y son millones los que están en contra de los partidos y sus prácticas, de tener “juanitos” o de votar por chapulines. Es sencillo ver la resistencia que en tal sentido comienza a manifestar el país en su conjunto. Lo que el país requiere son políticos honestos, con vocación definida y no simplemente los que aman el poder y los dineros oficiales.

febrero 25, 2015

En busca del autoritarismo perdido

México, quién lo duda, es un país de caudillos. Basta ver su historia. Los tenemos en la política, desde luego, y también en la vida cultural. Ellos indican el rumbo. Hay una amplia bibliografía sobre el tema. Esto es delicado y muy peligroso para la salud pública. Existen ejemplos dramáticos. La solución nacional ha sido buscar una lucha armada de grandes y graves repercusiones. Para quitarse de encima la brutalidad española, hubo que realizar una larga guerra, de 1810 a 1821. Eliminado el yugo, vino un primer imperio, el de Iturbide, y enseguida una lucha eterna por buscar, no un sistema equilibrado, sino una figura salvadora que al fin los conservadores encontraron en diversos líderes, hasta llegar al extremo de un noble austriaco: Maximiliano, a quien hicieron emperador de México.

Muerto Juárez, vino la dureza de un héroe: Porfirio Díaz. Treinta años de paz brutal, de los sepulcros, dijo un historiador. Echarlo costó una revolución que cobró un millón de muertos. Los vencedores fueron caudillos que se mataron entre sí, dejando una larga cadena de asesinatos brutales. El resultado fue un caudillo llamado el Jefe Máximo, Plutarco Elías Calles, quien llegó a la conclusión aguda de que no era tan necesaria una figura dura sino un partido dictatorial. Así nació el viejo PRI, modelo de todo el sistema que ahora nos agobia. Para eliminarlo, ha sido indispensable el surgimiento de nuevos caudillos, de izquierda y de derecha. Los más destacados han sido Cárdenas, como un proyecto progresista, y Fox en la derecha. Al amparo del primero, llegó al poder, y vaya que lo tiene, un joven formado en el PRI del populista Luis Echeverría, Andrés Manuel López Obrador.

Andrés Manuel, quienes saben analizar con frialdad la historia reciente —pocos por cierto— tienen una idea clara de su verdadero perfil, anticipado con lucidez por la distinguida y aguerrida escritora Ikran Antaki, en varios artículos publicados en El Universal. Se trata de un hombre audaz, decidido, de ocurrencias audaces, todas fijas, y cuya base es un punto de partida: él es el único salvador de México. Lo ha mostrado a lo largo de su gestión como jefe del DF y en tanto dos veces candidato presidencial. Desde hace tiempo no hemos padecido un líder violento y autoritario, para colmo carismático por su discurso fácil, sin complicaciones, entendible.

Su paso por dos partidos, PRI y PRD lo llevó a una conclusión: hacer un partido donde sólo él decida, los demás son súbditos: Morena. Allí finalmente está cómodo, seguro, sus balandronadas son escuchadas con reverencia, no tiene partidarios sino vasallos y oportunistas que suponen que si triunfa llegarán muy lejos en sus afanes de poder. Tiene una ventaja sobre sus enemigos de los demás partidos: independencia. Los otros están sujetos a reglas pesadas que les impiden los movimientos políticos. En tal sentido, PRI y PAN son antiguallas, incapaces de dictar la agenda política del país.

Hace un par de días, Andrés Manuel declaró a gritos que va a ser candidato presidencial por tercera vez, que es la vencida, añadió. Pero eso es normal. Cárdenas lo fue en tres ocasiones. Lo anormal y preocupante es el tono y las amenazas que profirió sobre el mal de males que le impide a México moverse: la corrupción. Yo mismo, dijo exaltado, diré quiénes son los culpables y los sancionaré, concluyó ante ovaciones.

Su conducta actual no es simple megalomanía sino una feroz ambición de ser presidente, lo que tampoco es una locura. Cualquier político tiene tal deseo. Aquí el asunto es su personalidad. Tiene sin duda el perfil de hombres y mujeres que condujeron a sus respectivas naciones de manera brutal. En la izquierda Stalin, en la derecha Hitler y Mussolini.

No es fácil que obtenga el triunfo, pero posibilidades tiene, entre la incapacidad del priismo tradicional y la miseria del PAN y del PRD (anulado de hecho por el propio López Obrador), no hay nadie en este momento sin la capacidad de movimiento del líder tabasqueño. Su llegada a Los Pinos significaría el arribo de Jesucristo redivivo arrojando a fuerza de latigazos a los mercaderes del templo. Es posible señalar la incapacidad del presidente o la de Madero o la de cualquier dirigente perredista, pero es el conjunto de reglas y conductas ancestrales lo que permite que el país sea movido por la dictadura, no de una persona, sino de un sistema atrapado en sus propias trampas. Por ello, acaba de entrar en un juego perverso y desgastante: el que desea López Obrador.

Es imposible que el pesado y torpe sistema encuentre una solución inteligente y aguda para combatir el advenimiento de un dictador. Ya lo anunció. ¿Quién puede responderle con eficacia política? Nadie por desgracia. Seguimos siendo un país con tendencias a buscar un líder todopoderoso y carismático y en manos de un sistema desprestigiado, opresor e inútil.

febrero 23, 2015

Cubas sin cocas en Guerrero

Cuando existía la Unión Soviética y la Guerra Fría estaba en su apogeo, el dirigente del bloque socialista, Nikita Jruschov, en una violenta crítica al gobierno norteamericano, declaró que no querían las aguas negras del imperialismo norteamericano, refiriéndose a la Coca-Cola. Ahora esos mismos refrescos, que han sobrevivido a cualquier desastre económico, gozan de un prestigio internacional inaudito. No hay país que no las consuma. Las ganancias de la empresa han subido millones y millones de dólares anuales y es, como Ford o Mc Donald’s, emblemática del dominio económico y cultural norteamericano.

En países como el nuestro, se consumen por litros, sin duda es la bebida más exitosa. Para colmo, son la pareja ideal de una bebida popular en la República: la cuba libre. Tengo un amigo que trabajó años en la Pepsi-Cola, la competencia, y solía pedir cubas con Coca-Cola. Lo despidieron cuando lo hizo en una cena con los directivos de la primera empresa.

Ahora, luego de que vándalos encubiertos como liberadores de la patria, saquean una y otra vez a los transportes de Coca-Cola, provocando grandes pérdidas e incluso con secuestro a sus empleados, la directiva de tales bebidas, ha anunciado que se va del estado de Guerrero por los daños y el maltrato a su personal. En una palabra, no hay seguridad. Pero ¡oh sorpresa! lo que el gobierno no ha logrado hacer para poner en movimiento a los guerrerenses, ya lo hizo la población al solicitar a gritos que la Coca no se vaya de allí, que se quede, que habrá garantías.

Desde ahora, muchos juran que si el Ejército mexicano es incapaz de impedir ataques a sus instalaciones guerrerense, el pueblo a cambio defenderá las “aguas negras del imperialismo” a cualquier precio. En consecuencia, el gobernador ya dio garantías a la empresa para que no se vayan de Guerrero. Pocos imaginan, incluidos los vándalos y revoltosos disfrazados de “revolucionarios”, una buena y refrescante “cubeta” sin que el ron vaya acompañado de una Coca-Cola. Imposible, a menos que dejen de beber cocas líquidas.

Ahora, si las autoridades de Guerrero no logran que la Coca-Cola desista de sus intentos de irse de una zona insegura, donde uno no sabe quién es peor si los maestros de la CETEG o los funcionarios del gobierno, será el inicio de una salida de empresas, que no quieran trabajar y producir en medios vandálicos, y la ruina del estado. Tampoco el turismo, principal actividad generadora de ingresos, irá.

Pero no será con palabras demagógicas de la burocracia estatal evite que las empresas y el turismo se vayan a estados menos inseguros, dejando Acapulco o Ixtapa, donde uno no sabe en qué momento será víctima del crimen organizado o de sus émulos del magisterio, que no cantan mal los corridos. Será con hechos y acciones, que impidan el cotidiano y tedioso vandalismo que aterroriza a propios y extraños.

Parece mentira o una mala broma que sea la amenaza de una empresa refresquera lo que haya hecho reaccionar al gobierno perredista de Guerrero. Visto de otra manera: es la Coca-Cola, varias veces asaltada y sus empleados agredidos la que parece ponerle un freno a la violencia desatada por políticos y maestros “politizados”.

Este asunto también es un llamado de atención al gobierno federal, en el sentido: si no hay garantías de seguridad se perderán inversiones y varias empresas buscarán mejores sitios para hacer negocios y México no tendrá capacidad para crear nuevas fuentes de trabajo.

Al parecer las “aguas negras” del imperialismo juegan papeles más complejos de lo que imaginaba el desaparecido líder de la extinta Unión Soviética.

febrero 22, 2015

La encantadora ninfa llamada Lolita

El tacto es uno de los elementos del amor. El principio del erotismo.

La maravillosa novela erótica de Vladimir NabokovLolita, fue elogiada por Denis de Rougemont y Graham Greene, y sacudió a muchos lectores del orbe. En México, donde no cabía la literatura de amor-pasión, fue recibida como una obra revolucionaria. Las descripciones de la hermosura, gracia de la jovencita y su delicada piel son perturbadoras. La adolescente es una joven atrevida, perversa y poco común, que resucita la pasión de su padrastro. Al principio fue acusada de pornográfica. Fue un escándalo y ha sido llevada dos veces a la pantalla, la primera con James Mason en el papel de Humbert-Humbert, y la segunda con Jeremy Irons. La mejor Lolita fue sin duda Sue Lyon y ninguna otra como Shelley Winters para el papel de la madre. Sin embargo, ambos filmes fueron fallidos debido a la mojigatería de la época. La novela es un clásico de la literatura universal y, como tal, se anticipó a su tiempo. Criticada y censurada, hoy es estudiada y analizada no sólo por su atractivo tema, un triángulo poco frecuente aun en nuestra época, sino también porque muchos la consideran un monumento al idioma inglés. Ahora, cada vez que alguien se topa con una niña precoz en cuestiones amorosas es calificada, con ironía o precisión, como unaLolita.
El tacto es uno de los elementos del amor. El principio del erotismo. Acariciando la piel comienza en lo profundo a gestarse el orgasmo. Un beso (lo sabían los antiguos griegos y los latinos, más recientemente Klimt y Rodin)
desata una explosión que el corazón apenas nota y el cerebro tarda en digerir. La literatura amorosa lo ha propagado y la realidad es todavía más explícita. En todo gran poema o novela de amor, aparecen alusiones a la piel. Imposible concebir la pasión sin pasar por ella. Tersa, suave, morena, bruñida, rubia, negra, blanca, delicada, nacarada, son calificativos frecuentes. ClelandSade,ShakespeareNerudaD. H. LawrenceBukowskiAnaïs NinHenry Miller, son algunos que le han dado forma a los sueños y fantasías eróticas de los lectores. Nabokov fue claro en sus descripciones femeninas: nos presentó a una criatura angelical, de belleza perfecta, con un espíritu renovador y agresivo, un tanto cruel y desde luego lujurioso. Lolita será siempre más avanzada que cualquier niña faunesa o ninfeta. No obstante, el final desconcierta: Lolita convertida en Dolores encuentra el amor en un hombre común y la felicidad en la familia convencional. El gran perdedor es Humbert-Humbert, el hombre que fue subyugado por la niña y luego abandonado. Destacan en la novela las descripciones sensuales y sexuales, acaso lo que mayor escándalo produjo y que, hoy, ante los excesos de la cinematografía y la televisión, palidecen de asombro.

En una parte, Nabokov escribe: “Humbert-Humbert arrebató la manzana. Dámela, suplicó mostrando las palmas de mármol. Le tendí la deliciosa fruta. Lolita la tomó y la mordió. Mi corazón fue como nieve bajo esa piel carmesí…”. Enseguida hace una excitante y hermosa descripción del cuerpo de la joven. En otro momento, el narrador señala: “H-H: era un monstruo pentápodo, pero la quería. Era despreciable y brutal y depravado y cuanto pueda imaginarse, pero ¡la quería! Con cuánto anhelo deseó acariciar su piel brillante bajo la luz neón del anuncio de un deslustrado hotel. Con cuánta ternura se hinchó su pecho al imaginarse sorbiendo sus lágrimas, gimiendo en su pelo, explorando el más diminuto rincón de su frágil cuerpo hasta quedar transido de azul éxtasis”.
La piel juega un papel destacado en los textos literarios amorosos, a veces el principal: la belleza femenina comienza por dos sentidos básicos: la vista y el tacto. Humbert-Humbert, al perder a Lolita, va enloquecido en su busca, añora la piel marmórea de la jovencita. Cuando al fin la encuentra, es otra mujer: ha cambiado: la metamorfosis es degradante y así la describe: “…y allí estaba mi Lo, con su belleza estropeada, sus manos adultas y venosas, sus brazos de piel de gallina, sus orejas chatas”. Todo está perdido para el amor-pasión: Lolita ha dejado su deslumbrante y pícaro pasado para convertirse en hacendosa ama de casa.
Lolita es una novela que ha probado sus valores estéticos y la niña pecaminosa capaz de provocarnos pasiones encontradas. Humbert-Humbert, tras esa experiencia, vivirá eternamente deslumbrado por el pubis blanco y pecoso de Lolita. No importa que su futuro sea el de un hombre lastimoso y nostálgico. La literatura se ha hecho más audaz, allí está Philip Roth con El animal moribundo, donde un viejo profesor universitario es capaz de conquistar a sus alumnas y correr amores ardientes. Pero para muchos quedará el recuerdo imborrable de Lolita, la niña que ha inquietado a millones de lectores.

febrero 20, 2015

El polémico Marcelo

La llamada izquierda ha sabido encontrar un sitio adecuado, pensando en Borges, dentro de la Historia Universal de la Infamia. Muy pronto el grupo fundador se rodeó de escoria llegada a borbotones de todos los puntos del país, principalmente del DF. Las incorporaciones eran actos de ilusionismo y los magos provenían del PRI: desechos que dentro de esas tribus bárbaras, carente de ideología y dueños de una praxis de escasa ética, entre discrepancias y luchas por el poder, fueron acomodándose.

La salida de López Obrador del PRD marca un punto climático. La de Cárdenas es la mejor prueba de que las cosas no funcionan en esas “izquierdas”. El proceso electoral que se avecina y el “descubrimiento” del fraude de la Línea 12 del Metro comprueban que algunos de los últimos ex priistas que se califican de “izquierda” son capaces de llegar muy lejos en sus ansias de alcanzar los más altos cargos de la nación, tan corrupta como feliz, a pesar de la inseguridad y la crisis económica en que nos ha metido el gobierno federal.

No cabe duda que Marcelo Ebrard es un personaje dramático dentro de una farsa. Invita a escribir una novela sobre su vida. Formado en las filas del peor PRI, ligó su vida a la del entonces todopoderoso Manuel Camacho. Marcharon juntos hasta el total desprestigio, algo extraño porque ambos son inteligentes, experimentados y dueños de una cultura política amplia. Sin embargo su obsesión de llegar a la presidencia, que pensaban les había sido arrebatada por Colosio, lo hizo dar multitud de piruetas: de romper aparatosamente con el PRI, a crear un partido de centro, la posición donde en realidad se mueven todos los partidos, para finalmente, desesperados, autoproclamarse la única y legítima “izquierda”. El rechazo perredista, que intenta recuperar legitimidad, ha puesto a Ebrard en una situación incómoda que hace pensar que su carrera ya concluyó, al menos nunca será presidente de la República, Camacho menos.

Las más recientes intervenciones públicas de Marcelo han sido vistas no sólo como algo desmesurado y ridículo, sino que lo han llevado del poder que poseía a una extrema debilidad. Los medios de comunicación han sido severos con su altanería y arrogancia. Los resultados de sus gestiones no corresponden a las de un político serio, responsable, en busca de cumplir con las demandas ciudadanas, entre ellas, no más corrupción. Habrá que observar qué habilidad no le faltó, supo moverse exitosamente dentro del PRI y del PRD, en ambos casos, no aprovechó los resultados afortunados; es decir, buena suerte no le faltó tampoco.

Por ahora no se le ve a Ebrard un destino claro. Los analistas dudan que Morena lo acepte en sus filas, y de hacerlo no será para darle una posición destacada, algo así como una diputación para en apariencia ponerlo a salvo, no de la cárcel sino del desprestigio total. Sin duda sólo Dante Delgado, hombre inescrupuloso, lo recibirá.

Es lamentable que tengamos que padecer una clase política soez e incapaz de dar batallas dignas y distantes de ambiciones de escaso decoro. Por ahora no se ven figuras dignas que puedan llevar al país por mejores rumbos. Lo que sí parece evidente es que se acabaron las grandes estrellas priistas que saltaron a la “izquierda” en busca del poder que en su antigua casa les negaron. Es tiempo de buscar una legítima izquierda, dueña de una ideología seria y distante de un discurso hueco y falso. De este modo, la situación podría recomponerse y los partidos tendrían claridad programática. Dentro de tantas humoradas políticas sólo se esconden posturas conservadoras que, a lo sumo, quieren ponerle algo de pintura a la fachada.

febrero 18, 2015

El espiritismo de Madero 2/2

La nuestra, la historia de México, es un libro dramático y doloroso. La conquista llega a extremos de brutalidad y es sin duda uno de los grandes genocidios de la humanidad: una cultura, la azteca, es totalmente borrada. La colonia es un triste proyecto de nacionalidad donde para crear el mestizaje hay que echar fuego y sangre sobre las antiguas creencias y la cultura anterior, una civilización nueva surge sobre las cenizas de la anterior. Y qué decir del México independiente, todas sus figuras son trágicas y los sucesos atroces. Invasiones, guerras internas, humillaciones, figuras demenciales, pero entre todo ese mar de aguas sin control, hay seres legendarios, por encima de todos está Benito Juárez. No habrá gobierno, por reaccionario que sea, como el de Fox, capaz de sepultar su titánica personalidad y su obra descomunal.

Con Porfirio Díaz convertido en villano histórico, surge Francisco I. Madero. Un hombre acomodado, bien conocido por los productos vitivinícolas de su familia, frívolo e incapaz de hazaña alguna. De pronto hace el camino inverso del general Díaz: se transforma en héroe. ¿Cómo fue tal proceso prodigioso, cómo entra en las mejores páginas de la historia nacional ese hombre de apariencia modesta y tímida? La mejor explicación está en el libro Cuadernos espíritas de Madero.

El espiritismo a México llegó tarde y de modo restringido sin duda a causa del fanatismo católico y del poder de la Iglesia. Sin embargo, llegó en el momento preciso, cuando más le dolería al conservadurismo y a la tiranía de Porfirio Díaz, hasta don Francisco I. Madero.

Madero abraza con entusiasmo el espiritismo, lo hace suyo, en lo sucesivo, serán una sola entidad. Gradualmente se convierte en experto, un médium perfecto debido a su sensibilidad y a la firmeza de sus creencias. El libro mencionado lo explica bien. Aquí están las comunicaciones espíritas de Madero de 1901 a 1908, documentos que habían permanecido prácticamente desconocidos a causa de los pruritos religiosos de sus descendientes y al acartonamiento de la historia oficial. Ahora sabemos que Madero estaba especialmente dotado para ser espiritista. Cito al propio héroe: “Después seguí desarrollando mi facultad, al grado de escribir con gran facilidad. Las comunicaciones que recibía eran sobre cuestiones filosóficas y morales, y siempre eran tratadas todas ellas con gran competencia y con belleza de lenguaje que me sorprendía y sorprendía a todos los que conocían mis escasas dotes literarias. Estas comunicaciones me hicieron comprender a fondo la filosofía espírita, y sobre todo su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con claridad los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme, y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia, honrado, que se preocupa por el bien de la patria y que tiende a servirla en la medida de sus fuerzas. Para mí no cabe duda que la transformación moral que he sufrido la debo a la mediumnidad, y por ese motivo creo que ésta es altamente moralizadora”.

En esas sesiones fantásticas y desmesuradas (que tal vez podrían ser un anticipo de la escritura automática de los surrealistas), Madero trabó contacto con dos espíritus: Raúl, su hermano fallecido de niño, y José, quien fue sustantivo en su vida y, por extraña coincidencia, en la del país. Madero fue lanzado a una lucha política y moral que transformaría a la nación en su conjunto, que la sacudiría de principio a fin, de extremo a extremo. De esta manera, siempre guiado por espíritus redactó un libro que fue fundamental en México, La sucesión presidencial, y más adelante el Plan de San Luis fue perseguido por la dictadura y lo hizo un gran rebelde, tenaz y bondadoso, pero capaz de levantar a un pueblo en armas y realizar una gesta soberbia: la Revolución Mexicana, un movimiento cuya magnitud lo aterró y paralizó: una vez caído el dictador supuso que México sería otro, sin considerar que la estructura política y económica, y en especial militar, quedaban intactas cuando deberían ser destruidas.

Sabemos bien qué ocurrió: Entre Huerta y Henry Lane Wilson, el embajador norteamericano, y una turba de miserables traidores acabaron con su vida de la peor forma, la de él y la del vicepresidente José María Pino Suárez y otros patriotas. El crimen provocó la furia de las mayores fuerzas que su llamado había hecho nacer: Villa, Zapata, Carranza y Obregón demolieron al ejército federal y acabaron con la estructura que consolidó Díaz en treinta años, eliminaron injusticias y barreras, México avanzó, luego de la lucha de facciones y la Constitución de 1917.

Madero no sólo supo darle a México un respiro libertario, su misma gestión presidencial si bien fue efímera, consiguió mostrarle al país lo que eran la democracia y la ausencia de tiranía. Pero la respuesta que tuvo fue brutal y nunca, por desgracia, hubo un espíritu agudo que previera el destino de Madero, el elegido sería abandonado a la peor de las suertes, a la humillación y a la muerte.

febrero 16, 2015

El espiritismo de Madero 1/2

En Madero siempre he visto al héroe revolucionario, al que hizo posible la salida del tirano Porfirio Díaz, y aún así lo vi menor ante la talla de aquellos que lo seguirían en la tarea de darle libertad a México. Ante hombres duros y decididos, sólo guiados por un feroz sentimiento de justicia e igualdad, como Zapata y Villa, Carranza y el Obregón de primera época, Madero me pareció, como su físico, de poca estatura intelectual y política. Lo percibí, pues, como una figura modesta entre los héroes que me mostró la historia patria, enseñada por viejos maestros de primaria y secundaria, en las épocas en que estudiar en escuelas oficiales era un orgullo.

Mi primer encuentro con el otro Madero, el de los espíritus, fue a través del libro de Ignacio Solares: justamente Madero, el otro. Como se ve, mi amigo, para mí, es un médium literario. La lectura del segundo libro, La revolución espiritual de Madero, de inmediato me hizo pensar en el espiritismo y en su época de mayor éxito.

En 1848 Estados Unidos acababa de engullirse medio México, su expansionismo brutal arrancó con mayor firmeza, dando rienda suelta al Destino Manifiesto, cuando la potencia comenzaba a surgir y los cambios tecnológicos se acentuaban en la sociedad industrial. En tal momento en que muchas iglesias aparecían y desaparecían, surgieron dos hermanas de apellido Fox. Ambas afirmaban, y sus padres lo proclamaban a la curiosidad pública, comunicarse con espíritus, a través de ruidos extraños. De inmediato se desató el interés no sólo a escala local, sino nacional.

Curiosamente aquello no floreció entre las capas más pobres o desprotegidas de la sociedad sino entre personas progresistas y de ciertos recursos. Intelectuales, políticos, académicos, luchadores sociales, en fin. Era la oportunidad de preguntarles a los espíritus cómo era el más allá, las cosas después de la muerte, si existía otra vida y si ésta era mejor o simplemente igual de angustiosa.

Es obvio que todos han pensado que es mucho mejor la muerte que la vida, porque atrás de ella está el edén prometido, un sitio junto a Dios, aunque es obvio que todos se defienden lo más posible antes de iniciar la ruta hacia el Paraíso o el Purgatorio. Los primeros espiritistas preguntaban, por ejemplo, si en el otro mundo los negros eran iguales a los blancos o si las mujeres gozaban de los mismos derechos que los hombres. Las feministas encontraron, al fin, una filosofía que las defendiera y les permitiera dejar las tareas domésticas, para lanzarse a las luchas de corte social y en pos de sus derechos más elementales.

El espiritismo era ciertamente una cuestión subversiva y contestataria que se oponía a los aspectos más retrógrados de la vida en Estados Unidos. Era un desafío. La existencia de muchas iglesias, en su mayoría protestantes, facilitó las cosas; además, mientras que ellas prometían castigos y penas severas, el espiritismo mostraba un aspecto más positivo y menos degradante.

Los y las médiums comenzaron a aparecer, pero las mujeres parecían ser más sensibles y adecuadas para comunicarse con el más allá. Pronto el espiritismo se hizo floreciente y muchos lograban establecer contacto con los muertos y desaparecidos, con más frecuencia buenas personas que malas. O personas que en vida fueron malas pero que en la muerte se aprestaban a avanzar por los distintos círculos del espiritismo para llegar al centro donde está la bondad pura.

No hubo quien no hiciera algún intento para comunicarse con los espíritus y el espiritismo encontró defensores y críticos. Todos, efectivamente, se acercaron a un médium, Thomas Paine y Abraham Lincoln entre ellos. Este último deseaba saber de sus hijos muertos prematuramente. Muchos vieron en el espiritismo una revolución, se trataba de una religión científica. Como tal, era posible probar su existencia. ¿Cómo? A través de la fotografía. De tal modo que pronto aparecieron los fotógrafos capaces de retratar espíritus y aunque a la larga descubrieron que se trataba de un truco, en el enjambre de personas que deseaban establecer contacto con sus seres queridos, no hubo mucha mella.

Un buen día, las hermanas Fox confesaron que todo se trató de un fraude (y esto me confirma que eran tías-abuelas del presidente Fox), que los sonidos que parecían provenir de los espíritus eran chasquidos hechos con los dedos de los pies. Pese a ello, el éxito del espiritismo se prolongó hasta muy avanzado el siglo XX. Quizá su mejor época fueron los años posteriores a la guerra de Secesión, cuando miles y miles de norteamericanos de ambos bandos deseaban comunicarse con sus muertos más queridos.

Ya en las primeras décadas del XX comenzó la decadencia. El gran escapista Houdini buscó a un médium capaz de comunicarse con su adorada madre, en el camino fue desenmascarando a docenas de charlatanes. Él mismo, al morir, dejó abierta la esperanza de un contacto con su esposa. Nunca se logró nada y al fin, los familiares y amigos del prodigioso mago, apagaron la vela.

febrero 15, 2015

¿Y el museo Raúl Anguiano?

El pintor mexicano desciende de las grandes y rigurosas tradiciones de los mejores artistas plásticos de la humanidad.

Raúl Anguiano cumpliría 100 años. Hasta su muerte fue un joven artista capaz de subir andamios para pintar murales, hizo miles de obras de caballete, no dejó de asistir a las mesas redondas a las que era invitado, disfrutaba la conversación y hacía alarde de su notable memoria. Ése fue el Anguiano que conocí hace muchos años a través de sus cuadros y libros y al que traté por lustros: imbatible, simpático, cordial, generoso, positivo... Tuve el honor de prologar varias obras suyas y escribir sobre sus creaciones memorables.       
Anguiano perteneció a los grandes artistas de la Escuela Mexicana de Pintura que tanto prestigio y brillo le concedió a México. Su obra está en colecciones privadas y en grandes museos como el del Vaticano. No deja de llamarme la atención que la mayoría de los integrantes de esas generaciones hayan también recurrido a la palabra escrita para mejor darse a comprender. Anguiano, como antesSiqueiros, utilizó con sensibilidad e inteligencia la literatura, y una especie de texto oral que le permitió expresarse más ampliamente.
El ideal de belleza femenino de Anguiano, ése que lo hizo pintar cuadros sorprendentes, nació de un bello poema de BaudelaireLa giganta, donde describe a una mujer poderosa, de “magníficas formas”, “una joven giganta” a la que ama y desea “recorrer despacio sus magníficas formas;/ escalar sobre las vertientes de sus rodillas gigantes,/ y a veces, con los soles malsanos,/ cansado, la fatiga se extiende a través de la campiña,/ dormir descuidadamente a la sombra de sus senos,/ como una aldea tranquila al pie de una montaña.”
Tal es su ideal de belleza, venus poderosas, protectoras, con aires de Rubens, antítesis de las esbeltas mujeres de Modigliani. La literatura matizada por esculturas y pinturas supo conmoverlo. Venus y vírgenes, diosas, poetas y hechiceras que le fueron entrañables. En Anguiano la presencia de la mujer es una constante, de La Malinche a Pita Amor pasando por alguien fundamental: sor Juana.
Anguiano nos da una clave más para conocer la estrecha relación que le ha dado a la literatura y a la pintura. “Algunos libros —declaró el artista— que han influido en mi obra son: Los de abajo y La luciérnaga, de Mariano Azuela;Historia de la revolución rusa, de León Trotski; la poesía de López Velarde y parte de la obra de José Juan Tablada, también el libro de José Luis MartínezHernán Cortés, que está escrito sin apasionamientos. Senda hispana de libertad es otro libro de cabecera, de mi amigo el historiador y escritor Silvio Zavala...”. Mención especial merece Don Quijote, también una presencia benefactora para Anguiano, por ello ha sido un tema recurrente y desde luego una estrecha y firme liga con Eulalio Ferrer. No obstante, como es natural, Anguiano desciende de las grandes y rigurosas tradiciones de los mejores artistas plásticos de la humanidad. Visitó cientos de museos y en todos hizo apuntes. Era un hombre-historia.
Asimismo es, dentro de la gran tradición mexicana de pintura, un soberbio muralista; pero es en su obra de caballete donde el pincel de Anguiano brilla de modo peculiar y produce un ambiente de cálida magia y misterio. Recordemos solamente cinco cuadros: Dolientes, óleo sobre tela, 1957; Desnudo, sanguina sobre papel, 1978; El hombre de la mandolina, óleo sobre tela, 1944; La espina, óleo sobre tela, 1952; y su celebérrimo Autorretrato, 1947.
Hay un antes y un después en todas las personas. En Raúl Anguiano está en la enigmática Bonampak: nada sería igual después de aquel viaje memorable y legendario. Allí el maestro encontró un mundo asombroso, de personajes fantásticos, colores inimaginables y una fauna irreal, difíciles de encontrar, y que lo deslumbró y cautivó: fue posiblemente un encuentro con el otro Anguiano y vio prodigios como mujeres indígenas con iguanas en la cabeza, lacandones, sacerdotes.
La imaginación se desató ante los murales de Bonampak, el descubrimiento lo deslumbra, sube y baja escaleras, entra en los edificios abandonados misteriosamente por los mayas y todo aquello le marca con hondura. Es extraño que lo prehispánico penetre en su vida en la forma de un descubrimiento arqueológico y no como un acto de distante veneración como en Diego Rivera. Su gran amor Brigita, esposa aguda e inteligente, inquieta como el mismo Anguiano, ahora demanda lo justo: el homenaje que su obra requiere y el digno museo donde debe estar. 

febrero 13, 2015

La cultura de la izquierda histórica

El Partido Comunista, pese a sus vaivenes y pugnas internas o a su dependencia del PCUS, supo darle grandeza a la cultura nacional. Hoy, a muchos años de distancia, ya sin la existencia del socialismo real y con la extinción de los partidos comunistas, los tiempos parecen haber cambiado.

El por años partido oficial, que fue testigo en el sexenio cardenista del máximo avance de la Revolución Mexicana, fue caminando hacia la derecha. A partir del momento en que Ávila Camacho, en 1940, elimina como principio constitucional el que la educación fuera, aparte de laica, gratuita, obligatoria, socialista, y se declara creyente, el rumbo se tuerce hacia el conservadurismo.

En 1939 nace el Partido Acción Nacional; es una respuesta al “comunismo” del general Cárdenas y en 2000 conquista la Presidencia de la República. El PRI contribuyó, sin duda bajo la presión de la izquierda comunista, a construir una inmensa estructura cultural, un Estado que fomentara las artes y la cultura, que por años vio en la educación pública el mejor puente hacia el desarrollo y que en años recientes se ha ido alejando de la cultura y sobre todo de las necesidades reales de la población masificada y llena de carencias materiales y espirituales.

Para 1988 se produce un divorcio entre los creadores y el sistema político. Las urnas se llenan con votos de escritores, académicos, artistas plásticos e intelectuales a favor de Cuauhtémoc Cárdenas. Con el triunfo priista conseguido por Carlos Salinas, da como primer paso una reorganización de la esfera cultural pública. Casi al mismo tiempo que adelgaza al Estado, crea mayor burocracia cultural. La tradición de un Estado promotor de las artes y la cultura se rompe para ver el lado de simple oportunismo político. Hay que conservar a los intelectuales y artistas del lado del aparato porque estos dan prestigio, tienen a su disposición medios de comunicación. Una maniobra que no da resultados.

El modelo que toma Salinas proviene de un Octavio Paz convencido neoliberal, que toleró que la distancia entre el príncipe y el poeta se reduzcan hasta quedar en un fraternal abrazo. Nadie más salinista que Paz, nadie más admirador de Paz que Salinas. Durante su primer informe presidencial, el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura parece obra del propio presidente de la República. Cuando el poeta y ensayista muere, el gobierno de Zedillo le da funerales de jefe de Estado.

La derrota de la República española trae a México a muchos y muy diversos socialistas, anarquistas y comunistas. Entre estos últimos llegan Adolfo Sánchez Vázquez y Juan Rejano. De este modo, la cultura nacional recibe una fuerte inyección de cultura que consolida las posturas de la izquierda y le da, sobre todo a los comunistas, una innegable presencia. Todo ello junto hace que la izquierda de origen marxista, sea comunista o trotsquista, influya poderosamente en la cultura nacional.

Al contrario, la derecha ha resultado incapaz de crear no únicamente un rumbo estético, sino tampoco figuras artísticas notables. Cuando el PAN es fundado, no establece un solo punto de corte cultural, pese a que entre sus fundadores está uno de los llamados siete sabios, Gómez Morín, un destacado (uso la terminología de Enrique Krauze) caudillo cultural. Acción Nacional recoge la herencia contrarrevolucionaria de México, la de los conservadores del siglo XIX y la de los enemigos de la Revolución.

No deja de ser interesante que de esa generación sea el marxista Vicente Lombardo Toledano, pese a sus errores, quien haya dejado acabadas creaciones culturales como La Universidad Obrera, mientras que a Gómez Morín sólo se le recuerda por la fundación del PAN, lo que, para la derecha, no debe ser poca cosa. Este partido hasta hoy ha sido incapaz de preocuparse por la cultura.

El PRI lo hizo de modo natural en sus inicios y de muchas maneras consolidó la tradición luminosa de un Estado promotor de la cultura. Gracias a eso, hoy México cuenta con una enorme estructura cultural, con frecuencia caótica, sin una política clara y no tanto para desarrollar de forma armónica la cultura y las artes.

Durante los doce años del PAN en el poder, esta línea poderosa cayó a sus peores niveles con Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar. De alguna manera y sin entender claramente los procesos culturales y su relación con la sociedad, el PRD ha heredado alguna preocupación por las artes, lo hace más por obtener resultados políticos en las urnas que por verdadera vocación y, dentro de la cultura, opta por la parte populista. Si la izquierda histórica pensó en el gran arte, sus lamentables sucesores se inclinan por el espectáculo.

febrero 11, 2015

¿Escándalo en puerta?

¿Quiénes serán los asesores y consejeros del presidente Enrique Peña Nieto? Al ver las pifias de su gobierno y más de una personal, podríamos decir que carece de ellos. Con ese equipo para qué quiere enemigos. Pero ningún ser humano hoy en día puede ser dueño de la totalidad del conocimiento universal. Imposible. De tal suerte que es obligación del estadista rodearse de personas duchas en los temas más frecuentes, los que afectan a la nación y al orbe. Más todavía, como López Mateos, conversar con literatos y artistas plásticos para tener una idea de cómo anda la cultura. Un mandatario, desde que obtiene el triunfo o aún antes, debe mirar con sumo detenimiento a quienes lo rodean para que, a su lado, estén los mejores y más sabios mexicanos.

Fácilmente pudo evitarse, en su visita a la Universidad Iberoamericana, el interrogatorio público al candidato Peña Nieto sobre sus preferencias literarias. O que sus colaboradores no caigan en la tentación de presumir una propiedad o de ser ostentosos. En un país como México, lastimado por la miseria y la inseguridad, esos son temas irritantes. Dudo que Videgaray viaje en transporte público, pero podría mandar a un colaborador a escuchar los sentimientos de los ciudadanos que no tienen automóvil ni casa de descanso millonaria. Por último, es posible recurrir a los medios, por dudosos que puedan resultarle a la sociedad, y pulsarlos.

Desde el domingo apareció la advertencia, la leí en este medio: suscrita por Pepe Grillo, una columna rigurosa, unas cuantas líneas: “Un nuevo escándalo toca la puerta. La figura central será José Murat. El ex gobernador de Oaxaca es ahora un coloso de los bienes raíces en Manhattan, según nota del New York Times. ¿Será verdad?” Ahora ya la nota, con mayor información, aumenta la atención y de nuevo algo recae y mancha a Peña Nieto, pues un hijo de Murat le es cercano colaborador desde que era gobernador.

Mal momento, su prestigio ha disminuido y su equipo es incapaz de contener la avalancha de críticas de la oposición y de los medios leales a eso que llaman “izquierda”. El mejor ejemplo está en el caso de Ayotzinapa. El monstruoso crimen fue cometido visiblemente por perredistas guerrerenses ligados al narcotráfico y que se han hecho fotografiar con López Obrador. En muy poco tiempo, para la voz popular, el asesinato o desaparición fue provocada por el gobierno federal. Para qué hablar de las cámaras legislativas, menudean las agresiones contra el mandatario y a tribuna suben priistas de baja estatura y pocas posibilidades de éxito. Todo ha terminado con la tediosa frase “Que se vaya Peña Nieto”.

¿Alguien del PRI o de su gabinete puede poner las cosas en su sitio? Si hoy el IPN o algunas universidades públicas tienen problemas, se debe al ridículo estilo que Osorio Chong impuso al salir a “dialogar” en mangas de camisa, muy echado para adelante, jovial y torpe, con jóvenes iracundos. A todos les pareció una moda espléndida. Ahora los conflictos en los cuales se exige que aparezcan los principales titulares de cada universidad, de cada dependencia son el pan de cada día.

Si Peña Nieto y el PRI desean mantenerse en el poder, es indispensable modificar su actuación, replantearse con espíritu crítico su conducta. Deben entender que todo lo que hagan será usado en su contra, está todo su equipo bajo un microscopio, máxime en época de elecciones. Deben actuar con inteligencia y conocimiento de los asuntos críticos y bien acompañados por una comunicación eficiente y novedosa. De lo contrario, el fantasma de López Obrador, hoy el único candidato visible, quien aprovecha perfectamente todos los errores del gobierno, hará sonar sus pasos rumbo a Los Pinos. ¿Quién más? ¿Madero, Moreno Valle por el PAN, alguien del PRD? ¿Videgaray, Osorio Chong o Erubiel Ávila por el PRI? Por favor. No hay más. Todos están estancados siguiendo reglas que funcionaron hace décadas, no hoy en día. Sin proyecto de nación y carentes de motivos ideológicos no van a llegar a ningún lado.

febrero 09, 2015

Tlalpan, ¿tendrá salvación?

Mientras una hermosa y luminosa zona, Tlalpan, de fascinante historia, llena de antiguas casonas, plena de tranquilidad, se cae a pedazos en manos de los perredistas, de El Pino, hoy ¡secretario de Educación en Guerrero!, de Maricela Contreras, pasando por los inigualables, por corruptos Guillermo Sánchez e Higinio Chávez, sus habitantes mostramos dudas, insatisfacción y permitimos que siga siendo un centro destacado de podredumbre política. Lo increíble, el PRD, en el DF, ha logrado superar a los priistas, lo que parecía imposible.

Hace unos días escribí sobre un problema más en la delegación, uno que nos atañe a quienes vivimos alrededor del Bosque de Tlalpan: el ambulantaje, la basura que producen, la aparición de “cuidadores” de coches y en consecuencia los embotellamientos que padecen las calles. Hubo muchas reacciones en las redes sociales, a las que subí mi artículo, donde veía la agudización de tales problemas debido a la ausencia de delegados chapulines que dejaron el tiradero  para buscar nuevo hueso. Me preguntaba: ¿dónde está Miguel Ángel Mancera? Pues corriendo maratones y hablando de cuanto tema se le aparece. El DF es una ciudad de nadie en estos momentos.

En la nota que centraba el asunto en un nuevo puesto fijo que literalmente impide el paso peatonal en Zacatépetl y Camino a Santa Teresa, cuestionaba el problema, ya sin Maricela Torres, quién maneja la corrupción. Un tlalpense que trabaja en la UAM respondió: El responsable directo de lo que pasa en tu colonia se llama Miguel Ángel Guerrero López, encargado, literalmente, “del despacho”; el mismo que meses atrás sustituyó a Gustavo Roque acusado por comerciantes de extorsión. Sin embargo el “encargado del despacho”, sigue los pasos de su ex jefa y está muy apurado en estos días promoviendo la feria del tamal y tratando de ingresar al Récord Guinness con la torta de tamal más grande del mundo. En eso se las gastan, mi estimado René Avilés Fabila mientras la delegación se les va de las manos. Ojalá tengan éxito tus gestiones. Otra tlalpense ya hizo su queja con folio Número 3177 y ninguna respuesta.

En FB Mauricio Caballero subió las diez promesas de campaña de Maricela Contreras. Quedó claro que ninguna cumplió. Las reacciones fueron muchas y destacaron las de Francisco Piña, Carlos León y Cecy Domínguez. Entre los muchos comentarios el lector puede formarse un cuadro dramático de la delegación Tlalpan. No hay forma de solucionar alguno de sus muchos problemas: las redes de corrupción, desde la llegada del PRD, luego del aplastante triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Robles, hoy priista distinguida, ha sido fatal para lo que fuera un “lugar de paz”. No hay con quién tratar, no hay respuestas a las protestas ciudadanas. Una de las pocas veces que los tlalpenses pudimos triunfar fue cuando en tiempos de Marcelo Ebrard y de Higinio Chávez logramos detener, utilizando los típicos métodos violentos del PRD, cerrando calles y gritando consignas, la construcción de una pista de hielo en pleno Bosque de Tlalpan, un desatino inaudito, pues es área natural protegida.

Los habitantes de Tlalpan, imagino como los de Coyoacán, Iztapalapa y Miguel Hidalgo, llevamos años luchando por tener autoridades capaces y sobre todo honestas. Al parecer, hemos fracasado. Las encuestas ponen al PRD por encima de los demás partidos. Lo grave es que ahora también regresan a la lucha por la capital los obradoristas, en Tlalpan con Claudia Sheinbaum, cuyo paso por el DF, en la Secretaría de Medio Ambiente, produjo calamidades afamadas como la recolección de dinero  para las campañas políticas de su tribu y una deforestación impresionante.

Francamente, luego de tantos años de lucha, primero contra los priistas, ahora contra los perredistas, no hemos aprendido a unirnos y dar las batallas unidos y con programas de acción. Pero en eso estamos

febrero 08, 2015

La novela de la Revolución Mexicana, una épica

A la obra inicial, Los de abajo, le siguen otras basadas en la realidad inmediata.

Merced a la Revolución Mexicana, el país sufrió cambios políticos y económicos. En literatura, música y pintura dejó huellas profundas de su intensidad. Carlos Chávez, Silvestre Revueltas y Pablo Moncayo plasman musicalmente la transformación nacional. En pintura, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros le dan al país prestigio internacional y exaltan los valores revolucionarios. En literatura, los nombres de Mariano Azuela, José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, Nellie Campobello, Rafael F. Muñoz, Mauricio Magdaleno, Gregorio López y Fuentes y Francisco L. Urquizo le conceden una fisonomía distinta a las letras nacionales. Si a finales del siglo XIX e inicios del XX prevalecía el espíritu afrancesado, con el movimiento armado de inmediato comienzan las repercusiones culturales. Los mexicanos dejan de ver como modelo al continente europeo y comienzan la búsqueda de temas y tratamientos mexicanos. Muy pronto arranca la literatura de la Revolución con Los de abajo (1915), de Mariano Azuela. Obra fundamental que supera los valores del siglo XIX: es una propuesta con características nacionales. Su personaje principal, Demetrio Macías, quedará dentro de la literatura mexicana como una metáfora del futuro fracaso del movimiento, de su parálisis y muerte: “Y al pie de una resquebrajadura enorme y suntuosa como pórtico de vieja catedral, Demetrio Macías, con los ojos fijos para siempre, sigue apuntando con el cañón de su fusil...”. El ciclo parece cerrarse cuando surgen no sólo las parodias como la de Jorge Ibargüengoitia, Los relámpagos de agosto, sino también las críticas a los resultados del movimiento revolucionario de 1910, ya en manos de una burguesía ávida de riquezas y con un partido dictatorial: La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz, de Fuentes.
A la novela inicial, Los de abajo, obra de gran empuje, le siguen otras basadas en la realidad inmediata. Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz y José Vasconcelos escriben obras memorables. Los narradores son protagonistas, hombres y mujeres que participan del movimiento armado. Son, pues, autobiográficas. Para estudiar la literatura de la Revolución Mexicana debemos acudir a la edición de Aguilar La novela de la Revolución Mexicana, en dos volúmenes, realizada por Antonio Castro Leal, y seguramente continuar con Los protagonistas de la literatura mexicana del siglo XX, de Emmanuel Carballo, independientemente de hurgar en otras fuentes. Castro Leal es quien primero estudia, agrupa y ordena a los autores de la Revolución. Lo hace de forma que no haya equívocos: en principio están aquellos que fueron testigos directos, quienes, como Azuela, médico de las tropas villistas, y Martín Luis Guzmán cercano a Villa, toman las escenas y los personajes de primera mano. Ellos son parte del movimiento armado, igual que José Vasconcelos, quien narra en libros formidables, como elUlises criollo, su propia memoria de los días de la soberbia gesta revolucionaria.
No es un arte nacido de forma espontánea. “La novela de la Revolución —explica José Luis Martínez— tuvo sus antecedentes en algunas obras aparecidas a fines del siglo XIX o a principios del actual. Se incluyen al respecto La bola (1887), de Emilio Rabasa; Tomóchic (1892), de Heriberto Frías; La parcela (1898), de José López Portillo y Rojas, y una pieza de teatro de Federico Gamboa, La venganza de la gleba (1905). Pero si tales son las obras precursoras, otras muy curiosas fueron, además de la base histórica, las causas de la aparición del género. Mariano Azuela había publicado desde 1915 su novela Los de abajo en un oscuro folletón de El Paso, Texas, y nadie había advertido con suficiente publicidad su significación y su importancia hasta que en 1924 y en el curso de una polémica relacionada con el asunto, Francisco Monterde, notable hombre de letras, señaló la existencia de aquella obra que recurría por primera vez al tema de la Revolución. Años más tarde, interesados nuestros novelistas en la veta tan rica que se les proponía, comenzaron a publicar, casi ininterrumpidamente desde 1928 hasta una década más tarde, una abundante serie de obras narrativas a las que vino a denominarse ‘novelas de la Revolución’”.
Entre mis primeras lecturas estuvieron multitud de novelas y cuentos cuyo tema era la Revolución. Imposible olvidar la emoción que me produjeron. Curiosamente, a los dos momentos de la novela revolucionaria, hoy le sigue un tercero con libros como Gringo viejo, del mismo Fuentes y El rey viejo, de Fernando Benítez. La gesta en literatura es inagotable, aunque haya sido fulminada en 1968. Acaso antes.

febrero 06, 2015

¿Tendremos elecciones reñidas o sucias?

No es fácil vaticinar cómo serán los dos procesos electorales que vienen. Me refiero a quiénes y cómo obtendrán la victoria. Hablo de los combates que veremos, como si se trataran de vergonzosas películas que se repiten y repiten y cada vez empeoran por tediosas. Como van las cosas, será una tormenta de lodo. La política se ha convertido en parte distinguida de la nota roja. Basta con leer los diarios, escuchar radio o ver los noticiarios televisivos para comprobarlo. Las paredes muestran lemas mentirosos y los autobuses recorren las calles con publicidad plagada de falsedades. Habla uno con los vecinos, con el que viaja en Metro o con el que hace fila en el banco (esas modernas tiendas de raya que esquilman al ciudadano sin piedad y “legalmente”) y todos muestran su asco por los partidos políticos, su indignación.

Sin embargo la farsa debe continuar, el sistema así lo demanda. Votemos o no votemos, con unos cuantos fieles de cualquiera de los partidos o aspirantes a un cargo de elección popular basta, para que llegue una persona corrupta o en vías de serlo y el rito cívico se cumpla.

La falsa democracia nacional es pagada con dinero de la sociedad. A cambio son magros los resultados, lo que recibe el ciudadano. No hay izquierda o al menos no está en ninguno de los partidos que la pregonan. El abanico nacional es limitado y extraño: va del centro a la derecha. Que alguien se califique de izquierda, como lo han hecho Monreal o Ebrard, no significa que lo sea. Es parte de una búsqueda de votos para conseguir parte del poder. La sociedad mexicana está curiosamente aletargada. Se percata de los males que padece, pero no hace gran cosa para llevar a cabo un cambio profundo y serio. Le basta con quejarse entre sí.

La situación económica y política es intolerable, cualquiera la siente y resiente, pero son unos cuantos los que se manifiestan y ni siquiera están seguros de lo que el país requiere. Ahora hasta cursillos de anarquismo ofrecen algunos charlatanes, sin percatarse de la realidad nacional e internacional. Es decir, el rumbo es incierto.

Los partidos pelean entre sí con rudeza, intercambian acusaciones e insultos. En lo esencial están de acuerdo. Cada gobernante que padecemos es un simulador. La mentira, la demagogia y la ruindad han triunfado. Entonces, ¿qué esperamos de las elecciones que se aproximan? Con todo rigor, nada. A lo sumo un intercambio de políticos perversos, incapaces y con fines claramente corruptos. Han envenado y envilecido al país. Alguna vez tuvimos prestigio internacional. Hoy es un mal ejemplo, un punto donde existen la inseguridad, el crimen organizado, el narcotráfico y una miseria atroz, el país gobernado de manera lamentable. Escándalos como el que envuelve a Marcelo Ebrard y Mario Delgado, crímenes como el de los jóvenes guerrerenses cometidos por perredistas, nos convierten en un país fallido, con una economía precaria.

La política en México no es el arte de servir a la sociedad sino la necesidad de explotarla con habilidad y de modo impío. Por tal razón, yo, al menos, nada espero de las siguientes elecciones, salvo ver más degradada a la nación. Serán sí muy reñidas porque todos esperan, lo vemos con nitidez, un cargo para mejorar su hacienda personal. Cada uno de los políticos y funcionarios aguardan su parte del pastel. El partido en el poder no tiene rumbo, los opositores menos, a no ser palabrería hueca y promesas indignas, ridículas. Razones para hacer una revolución como la que ocurrió hace más de cien años, las tenemos. Sólo que las condiciones locales e internacionales, nos ofrecen la vía electoral para solucionar nuestros problemas, como en Grecia.

Entonces busquemos la forma inteligente de hacer que nuestro sistema político funcione, ya lejos de hombres y mujeres que sólo buscan enriquecerse. Vivimos distantes de los ejemplos brindados por Juárez, Villa, Zapata o el general Cárdenas.