Tantadel

marzo 30, 2015

El complejo escenario político

Entre la incapacidad del gobierno federal y la turbiedad de los partidos políticos, entre la pobreza de los medios de comunicación y la confusión en las redes sociales, la nación en su conjunto debate qué hacer, cuál es el siguiente paso para democratizarla y hacerla avanzar, cómo salimos del enorme hoyo en que años de perversiones la han sumido.

Entre los debates recurrentes, ha vuelto el de acudir o no a las urnas. Las argumentaciones de ambas posturas dan puntos de vista en apariencia convincentes. Sin embargo, algo es evidente: no son las tediosas elecciones llamadas intermedias, en las que pocos acuden a las urnas porque no está en juego la presidencia de la República y la mayoría de las gubernaturas. De un lado, están quienes llaman a no votar, del otro lucha la posición contraria: ir a las urnas. En este último caso, la gente que la mantiene señala que si se desea cambiar al país no hay otra ruta que la electoral, lo que es cierto. Pensar en una guerra de guerrillas es una locura en plena globalización y con los sonoros fracasos de la izquierda a escala internacional, como en Francia o en Brasil. El camino electoral es por ahora la única posibilidad de acabar con los partidos políticos tal como los vemos y los conocemos, salvo que uno padezca demencia o de plano sea fanático de algunos de ellos.
Aquellos que califican a una amplia franja de la sociedad, en especial capitalina, acusan a quienes piden no acudir a las urnas, como “antisistémicos”. No estoy tan seguro del término. Yo veo a miles de mexicanos que piden un total abstencionismo, pero no desean cambiar radicalmente la forma de sistema. A mí no me ha gustado jamás el capitalismo, lo veo como una aberración, pero he llamado en artículos a votar, a intentar que la vía electoral tenga un sentido, como la tuvo en Chile, cuando Salvador Allende triunfó e inició cambios que traidores militares impidieron, con la muerte del político socialista.

Hace años, cuando el Partido Comunista era clandestino y existía “la dictadura perfecta”, pues el PRI ganaba por abrumadora mayoría y el país estaba a su merced, pedí que se votara en blanco. Nunca, pues, he pensado en el abstencionismo como una solución  para México. Dudo que el país quiera pagar de nuevo una cuota de sangre tan alta como la que pagó en 1910-1917. Ahora, no creo que haya más ruta que la de ir a las urnas. Así lo piensa Peña Nieto y lo piensa López Obrador, para sólo citar dos casos extremos. Los demás piensan igual. Todos.

Ahora, ¿por qué ir a votar? Hay una razón poderosa aunque sea parcial, es un buen inicio. Si vamos a votar el poder de los partidos disminuirá, se fragmentará. Por ejemplo, el PRI perderá peso a escala nacional, mientras que el PRD dejará de ser una fuerza opresora en la ciudad capital. Es posible que crezcan los partidos chatarra, pero es de imaginar que el poder de cada partido disminuirá y en esa medida es posible que aprovechemos el momento para que, como sociedad, tengamos mayor presencia en las decisiones del país.

Es ahora cuando México puede distinguir entre los distintos candidatos. Se tiene que votar de manera informada y coherente. Es necesario analizarlos bien: de dónde provienen, cuál ha sido su desempeño en otros puestos legislativos, qué han propuesto, quiénes los promueven, son “chapulines”, etcétera. Existe una gran cantidad de legisladores que sólo han corrompido la tarea de crear leyes y una vez que ganan no vuelven a aparecerse por sus circunscripciones y jamás cumplen con sus propuestas de campaña. En manos de la ciudadanía está el refrendarles su voto o elegir a otra persona, menos corrupta o más capaz.   ¿Cómo votar por un ignorante, que ni siquiera tiene primaria completa ni ha hecho labor comunitaria?

Por ello, en la ciudadanía, más que nunca, está el destino del país, el cambiar el rumbo actual para mejorar, no para seguir soportando corruptelas ni infiltración del narco. Basta de utilizar la política para enriquecerse y enfangar a México.

marzo 29, 2015

Antes que al amor, amé la fantasía

Imposible considerar al cuento como hermano pequeño de la novela

En los orígenes del arte, el cuento fue la primera forma de expresión literaria. Es el género primigenio: anterior a la invención del alfabeto y en consecuencia la escritura. No es difícil imaginar a un grupo de hombres y mujeres en torno a un vivac, luego de una cacería o de la recolección de frutos, escuchar el relato de una hazaña o de una historia que trata de explicar un fenómeno natural. Nadie contaba una historia larga y fatigante y la continuaba noche tras noche. El cuento nació oral y breve, y esta tradición pasa de un lugar a otro en un mundo sin fronteras y sin propiedad privada. Menéndez Pidal califica al cuento como género literario emigrante por excelencia. Los mismos temas —el amor, la virtud, la maldad, el odio...— aparecen en las más antiguas civilizaciones asiáticas y en las del Medio Oriente, en Europa y más adelante en América. Va, pues, de Oriente a Occidente y viceversa.
Durante sus inicios, el cuento —oral o escrito— tenía fines religiosos o morales, servía para exaltar grandes tareas místicas o bélicas. Estaba impregnado de una épica que ha marcado a toda la literatura, incluso a aquella que se resiste. Luego de la Edad Media, los aspectos didácticos pierden fuerza y valor y aparecen elementos estéticos y el interés estilístico, a la par que adquiere la personalidad del autor. “El cuento moderno —dice el citado Menéndez Pidal— es un arte absolutamente personal. Es un género literario lo mismo que otro cualquiera. Cada cuento pertenece exclusivamente a su autor, como le pertenece la novela, el drama o el soneto que haya escrito. Estas producciones individuales reniegan del pasado; no quieren tener más antecedentes que su único inventor, quieren que en él comience su historia y en él acabe: ‘mi ingenio las engendró y las parió mi pluma’”, concluye citando a Cervantes.
Imposible considerar al cuento como género menor o hermano pequeño de la novela. Nació original y adquiere la mayoría de edad en el siglo XIX, en tanto que la novela moderna parte, según especialistas, de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605. “Se ha dicho —precisaJulio Cortázar— que el periodo entre 1829 y 1832 ve surgir el cuento como género autónomo. En Francia aparecenMerimée y Balzac y en EU Hawthorne y Poe”. Este último, traducido al francés por Baudelaire, le otorga sus principales características, las que marcan a todos sus descendientes hasta hoy. Lo diré con palabras de Juan Valera, quien explicaba en 1907, en el prólogo a susCuentos completos, lo siguiente: “Habiendo sido todo el cuento al empezar las literaturas y empezando el ingenio por componer cuentos, bien puede afirmarse que el cuento fue el último género literario que vino a inscribirse. Hubo libros religiosos, códigos, poesías líricas, epopeyas, anales y crónicas, y hasta obras de filosofía y de ciencias experimentales, antes de que aparecieran libros de cuentos”.
Lo interesante de su existencia es justo la brevedad, la que le permitió ser oral por largo tiempo, ir de boca en boca sin necesidad de escribirlo; ello retrasó su desarrollo. Sin embargo, no olvidemos los relatos memorables que la inventiva árabe nos dio en Las mil y una noches o que
Chaucer (Cuentos de Canterbury) y Boccaccio (El Decameron) escribieron historias de cáustico erotismo mucho antes de los años citados por Cortázar y lo hicieron con características de literatura moderna.

En una época sin televisión, los primeros textos de literatura que mi madre puso en mis manos eran fantásticos, cuentos infantiles, historias de brujas y hadas, princesas encantadas, caballeros de bruñidas armaduras, audaces piratas… VerneSalgariPerraultAndersen, los hermanos GrimLafontaineWildeSwift eran mi pan diario. La mitología griega, Homero a la cabeza, me marcó profundamente. Leí, bajo la influencia de mis abuelos maternos, la Biblia, como texto literario fantástico, no como obra sagrada y muchas partes me dejaron insatisfecho.
Para mí, por ejemplo, David era filisteo, Judas un héroe, Caín tenía que ser castigado con severidad y diariamente asesinaría a Abel, Noé un descuidado a causa de la bebida… De tal modo fue naciendo mi propia imaginería. Al fin tuve oportunidad de reunir mis cuentos en un tomo:Fantasías en carrusel, en 1979. Adelante, el Fondo de Cultura Económica hizo una nueva edición, más voluminosa y finalmente Nueva Imagen editó mis Obras completas que incluyeron los cuentos amorosos por un lado (Todo el amor) y los fantásticos por el otro: Fantasías en carrusel. La editorial los organizó en cuatro tomos debido a su extensión y ordenó los temas y los autores que mayor fascinación han ejercido sobre mi trabajo literario.
Nací cuentista, me formé escribiendo y leyendo cuentos. Soy un cuentista que se ha visto obligado a escribir novelas.

marzo 27, 2015

Los apabullantes “logros” del Verde Ecologista

Por meses hemos sido abrumados con anuncios de toda clase con los que el Partido Verde Ecologista muestra sus “triunfos”. Han sido desmentidos, la mayoría, por las autoridades electorales; sancionados y reprobados por el PAN y el PRD. Ellos, jóvenes que no acaban de saber qué es y para qué sirve la política, en tanto ciencia y no una suma de actos de infinita charlatanería, siguen en lo suyo, pero siempre han logrado crecer a costillas de partidos fuertes. Primero se coaligaron con el conservadurismo mexicano, el PAN, y luego con el partido que más daño nos ha hecho, el PRI. En ambos casos ha resultado triunfador. Con Vicente Fox y con Enrique Peña Nieto y ello les ha dado más votos y recursos. Son de pena ajena, pero no parece importarles. Son una fuerza que crece.

Entre sus conquistas, tres o quizá cuatro, está la desaparición de los animales de los circos, algo que venía dándose con pasos seguros debido a una nueva forma de vida circense, algo que parece ser una creación del afamado Cirque du Soleil. Nadie ignora que los animales salvajes son maltratados, castigados y mal alimentados. Su vida en los circos no es la mejor. A simple vista es obvio, con la actual conciencia ecológica, que no es posible seguir presenciando tigres, elefantes y leones famélicos haciendo gracejadas para diversión de un público poco ilustrado y nada sensible. En consecuencia, aparte de pedir que regrese la pena de muerte para los más malvados (imagino que son los políticos), solicitaron que no hubiera más animales silvestres en las carpas circenses.

Lo consiguieron en cámaras donde predominan los iletrados y dominan los ambiciosos y corruptos, pero como no pensaron más que en el golpe publicitario, ahora los animales expulsados de los circos, mueren abandonados sin que las autoridades, de suyo incapaces, puedan hacer algo para ayudarlos a recuperar la dignidad perdida a fuerza de latigazos y hambre.

En Europa uno escucha el término verde políticamente aplicado y piensa bien de esos activistas, no es el caso de México. Aquí tenemos a un grupo que hace negocios con charlatanería. Que ignora lo que significa ecología y menos lo que significa desarrollo sustentable. Los zoológicos nacionales son lamentables, acaso como la inmensa mayoría que existen por todo el mundo, y siempre los animales están expuestos a los maltratos y a una vida sórdida, encerrados en reducidos espacios, cuando nacieron en espacios libres y enormes. ¿Qué va a suceder en una nación de escasos niveles de inteligencia dentro de la clase política y de mala educación hacia los animales? Morirán de una u otra forma. Eso es más cruel que tenerlos trabajando en los circos. Según datos manejados por nuestra casa editorial, más del 50 por ciento han muerto o están a punto de la inanición y el total abandono.

Es obvio que al Verde Ecologista no le importan los animales, les interesan sus pírricas conquistas, así como incrementar los votos y en ello trabajan. Volverán a obtener una buena cantidad de ellos, es un partido que crece con frases, acciones nimias y demagogia, sus resultados son risibles. Pero en un país donde la oferta política es patética, muchos se inclinarán por tal organismo.

Ni remedio, que la ignominia pese sobre quienes voten por ellos.

marzo 25, 2015

Literatura y sociedad

Las discusiones sobre la relación entre sociedad y arte han llegado a ser fatigantes. Pero eso no es lo grave. Lo terrible del caso es que luego de tanta polémica todavía no hemos llegado a ningún acuerdo. En especial ahora que se ha derrumbado el socialismo real, el que con tanto empeño propuso tesis en favor de un arte comprometido y que sólo sirvió para ocultar una realidad lamentable. Sin embargo, hay diversos puntos que arrojan mayor claridad. No hay duda, por ejemplo, de que la literatura (para circunscribirnos al tema) es un reflejo social, algo que influye sobre la sociedad como antes ésta la ha determinado. Tal como Madame de Staël lo propuso hace unos doscientos años. Pero no se trata de un reflejo sencillo y elemental sino de algo más elaborado y difícil. Una historia, una anécdota, tendrá que pasar por largos procesos para convertirse en arte.

Ahora bien, es cierto que para algunos pensadores marxistas, Althusser entre ellos, la literatura no es una ideología, es una relación con ella: Más claramente una forma de percibir la ideología. Y la ideología es en su turno la refracción de la existencia social, del sistema económico que predomina en un momento dado, nos guste o no. Digamos que en una sociedad de clases, la ideología es clasista y expresa y defiende los intereses de tal o cual clase en el poder, aunque puedan coexistir diversos intereses, aun los opuestos a esa clase en el poder.

La literatura, independientemente de lo que piensen sus creadores, es en efecto un producto social. Podría ser, como a los primeros soviéticos les gustaba decir, un espejo de la realidad. Sólo que esta realidad, como señalé, no está tomada fotográficamente, no es la pura materia prima. Hay todo un complicado proceso que permite a esa realidad convertirse en literatura. Y en este fenómeno, “la clase dominante ?lo ha explicado Jacques Leenhardt en la Lectura política de la novela? organizadora de la esfera cultural, impone un orden ideológico del discurso, cimienta toda legitimidad literaria”. Con el entierro del socialismo real, muchos han creído ver el fin de un arte político o politizado. Lo que murió fue el congruente recetario ideológico que Zdhanov le presentó a Stalin y que éste, gustoso, hizo suyo. Todo este bagaje de torpezas viajó por el mundo a través de las maletas de los comisarios políticos del PCUS. En América, Latina, por ahí, todavía permanece vigente en los militantes de viejo cuño.

De otro lado, la resistencia a aceptar que el arte es un reflejo social, es inadmisible por su inconsistencia: Me parece que la investigadora francesa Jacqueline Held, en su libro Los niños y la literatura fantástica, función y poder de lo imaginario, precisa esto de manera distinta y muy aguda, citando a Bernard Epin: “En el nivel de los cuentos nos damos cuenta de que las obras clásicas que los niños se apropiaron hace mucho tiempo, hayan sido escritas para ellos o no, no son ni las historias moralizantes, ni las historias azucaradas. Detrás de los cuentos se perfilan conflictos políticos, sociales, referencias a la sexualidad, y a la realidad trágica y a menudo cruel de las relaciones humanas. Si esas obras pertenecen a la literatura infantil, no es por cierto por lo insulso de sus temas o por la imagen idílica del mundo de la infancia que proponen”.

Y algo parecido ocurre con la literatura de ciencia-ficción, la seria, naturalmente. No son más que metáforas de una realidad bien conocida. ¿O podríamos olvidar a los negros en Ray Bradbury emigrando del planeta para evadir el racismo? Nada en la gran literatura es evasión, sí, a cambio, una serie de destellos de un mundo complejo y, a veces de conducta difícil y contradictoria. Habrá que añadir, según queda señalado en alguna página del marxismo clásico, que la estructura económica no tiene por qué coincidir con toda exactitud con la superestructura artística. Ésta no irá al rumbo opuesto, pero tampoco dejará de forjarse en ese crisol que la motiva o condiciona.

Tal vez éste sea el momento de una nueva reflexión estética. Ya sin el pesimismo de quienes abogan por un arte sin “compromisos” ni con el optimismo de los que deseaban que el arte tuviera la condición militante, de abrir una nueva discusión al respecto. Con la tranquilidad de que una buena parte del dogmatismo ha desaparecido, hoy que Borges es editado en Cuba y que Solyenitzin no es perseguido, es el momento de pensar en los extraños movimientos del arte. Nunca olvidaré la sorpresa que me causó saber que un impresionante defensor de la burguesía, cuando ésta era una clase pujante y revolucionaria, Balzac, era un hombre de salones aristocráticos y nostalgias monárquicas.

marzo 23, 2015

Entre plagiarios te veas

Con total honestidad nunca he sentido nada por la literatura del afamado Arturo Pérez-Reverte, desde sus primeras obras no era complicado advertir buenas dosis de charlatanería y escasa sinceridad literaria. Como vi que a los mexicanos les resultaba “buen escritor”, para evitar polémicas gratuitas, decidí ponerlo en un rincón perdido de mi biblioteca y listo. Como diría el ilustre militante del teatro Luis G. Basurto: cada quien sus gustos.

La historia del plagio, como diría Jorge Luis Borges, es universal e infinita. No son muchos los que se salvan del plagio o al menos de la sospecha. Entre nosotros son varios los famosos que incurrieron en tal manía, consciente o inconscientemente. Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes y el más notable: Sealtiel Alatriste, quien tuvo que renunciar a dos joyas: el Premio Villaurrutia y a la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.

Por razones semejantes, fueron acusados José Saramago, ni más ni menos, José Camilo Cela y el peruano Alfredo Brice Echenique. El primero lo negó enfáticamente. El segundo, pese a las muchas pruebas aportadas y a su cínica reacción, recibió el premio de la FIL de Guadalajara y un abrazo solidario de los jurados, por cierto universitarios, que le otorgaron la “distinción”. Algunas de las víctimas estaban muertas. Cuando Paz recibió un aluvión de críticas por presunto plagiario, se limitó a responder: El lobo se alimenta de corderos. En otros casos vivían y reportaron el escamoteo intelectual. Ante el figurón de Saramago, alzó su protesta el mexicano Teófilo Huerta, y ante Paz, fueron varios los que precisaron los autores y las ideas sustraídas: Rubén Salazar Mallén, Emmanuel Carballo y Edmundo O’Gorman, entre ellos.

Alguien precisó que si el mundo fuera respetable, los plagiarios estarían en la cárcel escribiendo Mis prisiones de Silvio Pellico. Sobre el tema he trabajado largamente. Incluso publiqué una suerte de manual con indicaciones precisas: “Como escribir una novela y convertirse en best-seller.” Más adelante, uno más, debido al escándalo que produjo el arrogante Sealtiel Alatriste, asunto que se ha hecho fatigante y escabroso: “Plagio, luego existo”.

Me pregunto: ¿por qué los plagiarios afamados seleccionan figuras no muy celebradas? ¿Porque en caso de ser descubierto, el escándalo es menor o fácil de acallar? Lo ignoro.
Ahora la víctima es la escritora Verónica Murguía. Escribía cuando una sorpresa la detuvo: ni más ni menos un artículo suyo, publicado en La Jornada: “Historia de Sami” ahora aparecía como “Un chucho mejicano” en el libro Perros e hijos de perra del muy rico y más afamado escritor español Pérez Reverte. A nadie le queda duda que el texto sirvió para acrecentar la popularidad del peninsular. Pero no deja ser sorprendente que los lectores, engolosinados con el plagiario español, no hayan advertido el robo, quizá porque Verónica Murguía apenas empieza a descollar. Ella misma hizo la denuncia y probó que el relato era de su creatividad.

Para colmo, una vez más el campeón de los plagios, Sealtiel Alatriste, como en el caso del peruano Bryce Echenique, apareció como responsable: Pérez Reverte fingiendo ingenuidad dijo a los medios: “Alatriste me contó la historia”. La historia se duplica o triplica: idéntico a lo que le sucedió a Saramago con el texto de Teófilo Huerta. Como conclusión es posible decir que Sealtiel es un acertado intermediario entre narradores que arrancan y celebridades que no tenían necesidad de robar textos ajenos.

Está claro que el plagio ocurre hasta entre los más afamados escritores. Hace dos días, alguien suspirando me dijo: Me encantaría escribir una obra tan perdurable y de excelencia como Don Quijote. Repuse: No pierdas tu tiempo: cópiala, al fin son muchos quienes lo citan, pero pocos los que han leído la obra magistral de Cervantes.

Es lamentable lo que le ha ocurrido a Verónica Murguía, en apariencia fue lesionada por un ladrón literario, Pérez Reverte, pero como es un pillo célebre, ahora ella se cobrará un poco de lo que le fue hurtado por dos celebridades. Habría que indemnizarla, total, el español es rico y en euros. Ya le cobraron al fusilarse un guión cinematográfico: Gitano.
Verónica Murguía no desea reparación económica, sólo una disculpa del plagiario. Y yo solicito que Sealtiel Alatriste busque una profesión más digna que la de intermediario entre autores originales y comodinas glorias.

Los herederos de Abelardo y Eloísa

Supe de los celos no sólo por Otelo, sino por El diablo en el cuerpo, de Radiguet.

La hermosa y atroz historia de Abelardo y Eloísa supo conmoverme, a partir de ese momento vino la obsesión por la pareja, el hombre y la mujer. Desde adolescente seguí con fidelidad sus historias hasta comenzar a escribir las mías. Cuando editaron mi primer libro amoroso, La lluvia no mata a las flores, Joaquín Mortiz, 1970, venía de publicar obras en dos vertientes opuestas y hasta rivales: de literatura fantástica, Hacia el fin del mundo, y una novela de corte contracultural que desató una polémica intensa entre los intelectuales de la década de los 60: Los juegos, 1967. Adelante me centraría en el mundo del amor-pasión y en una novela nacida por la necesidad política luego de la masacre de 1968: El gran solitario de Palacio. Imposible escribir de amor cuando el Estado descargaba sus furias y odios presidenciales en los jóvenes.
Para escribir La lluvia no mata a las flores no sólo releí la gran literatura amorosa de mi adolescencia, sino que busqué llenar los huecos para saber algo más de un tema persistente, fundamental de la literatura. Supe de los celos no sólo por Otelo, también por la novela El diablo en el cuerpo, de Raymond Radiguet. No soy experto en literatura amorosa, trato simplemente de hacerla y para eso me he apoyado en multitud de libros.
Un caso más: El amor intangible, novela publicada hace unos siete años. Narro la historia de una pareja que se conoce a través de internet, algo ya común, pero al ingresar elementos fantásticos el amor no es entre los posibles amantes, sino entre ambas computadoras que se cortejan a través de las palabras que ellas transmiten y hacen suyas. Traté el género epistolar luego de la relectura de una breve novela, intensa y desconcertante, en la que un intelectual francés y una enigmática rumana intercambian correos. Una obra tan cautivante que al fin me invitó a tratar el tema de la misma manera, pero ahora a través de la nueva tecnología: La fiel Dacia, de Joachim Fernau. He hecho, en suma, literatura de la literatura y sí, de pronto, aparecen las inevitables experiencias personales.
Sin embargo, hay libros que amé desde la primera lectura que jamás me obligaron a escribir, al contrario, me inhibieron: En brazos de la mujer madura, de Stephen Vizinczey, publicado en 1965, y El animal moribundo, dePhilip Roth, de 2001. Imposible describir las emociones que ambas obras me produjeron, eran modelos deslumbrantes para temas que bien había llevado a la práctica como joven y, en tanto, como profesor universitario. Pero inevitable no caer en las simples parodias, así que las dejé de lado. No dudo que mis historias pudieran ser más y más pasionales, pero jamás podría tener la capacidad intelectual de ambos narradores.
En el libro ejemplar y fundamental para la gran literatura contemporánea, Voces cruzadas, su autor, el escritorMiguel Ángel Quemain, escucha en una entrevista lo siguiente de Vizinczey: “Un personaje no se construye. Si estás interesado en la gente y eres capaz de percibirla con intensidad, entonces los personajes llegarán y habitarán en ti”.
Allí está mi problema, los personajes femeninos que surgen en mi memoria sobre los temas tratados por Roth yVizinczey se deslavaron, los he convertido a fuerza de recordarlos y acaso de conversarlos en parodias, en historias más graciosas que dramáticas y eso no me interesa para una nueva novela amorosa, quizás en el cuento, sí. La aceptación de mi novela Tantadel, Fondo de Cultura Económica, 1975, se debió a la fuerza y el ardor del personaje femenino, el que estaba integrado por una suma de recuerdos amorosos que batían al narrador. En ese caso arranqué de la presencia de Carson McCullers en La balada del café triste, del Sabato de El túnel, de los celos deHoracio Quiroga en Historia de un amor turbioTantadel no es Graciela, Elsa o Miriam, es finalmente una ficción.
Luego de leer en Brazos de la mujer madura pensé en mis maestras de una materia fundamental: sexo y pasiones amorosas. La primera que llegó a mí tendría al momento del encuentro conmigo cerca de 40 años, yo apenas cursaba el bachillerato. Fue, considero, una pareja dispareja, sobre todo por el cinismo canalla de la juventud, mientras que ella, al menos en mi memoria, era suave y tierna, casi maternal. Nunca he hallado las palabras para narrar ese y otros encuentros iniciales, algunos con mujeres casadas antes de llegar a la universidad. No queda mucho de esas relaciones iniciáticas salvo la gratitud por el aprendizaje y el placer que me proporcionaron. Sin embargo, más aprendí de Henry Miller y de muchos otros autores que han tratado el amor-pasión, tema infinito.

marzo 20, 2015

Ópera en la UAM-X. Cristina Ortega

La UAM-Xochimilco carece por desgracia de carreras de humanidades, en consecuencia las artes apenas tienen cabida salvo en la Coordinación de Extensión Universitaria y en algunas de las especialidades de Ciencias y Artes del Diseño. Otras posibilidades se encuentran en Comunicación Social, donde los profesores suelen invitar a escritores destacados. El presupuesto destinado a esta parte sustantiva de las funciones de las universidades públicas es raquítico. Sin embargo, la imaginación y con el apoyo de instituciones especializadas como el INBA y universidades fraternas como la Autónoma del Estado de Hidalgo, que tiene una amplia infraestructura cultural, logramos bastante más de lo posible.

Dentro de la serie Grandes Voces de la ópera en México, llevamos un muy aceptable número de discos compactos; en la colección de escritores contamos con la poesía de Marco Antonio Campos y Dionicio Morales. En breve aparecerán los respectivos de las escritoras Ethel Krauze y Beatriz Espejo.

En la primera serie, este viernes haremos la presentación formal del disco de la eximia soprano Cristina Ortega. El productor artístico, Héctor Sosa, hizo un notable trabajo y la presentación está a cargo de Raúl Díaz. Este disco, como los de Roberto Bañuelas, Oralia Domínguez y Guillermo Sarabia, nos llenan de orgullo, es un honor convertirnos en promotores de las mejores voces nacionales y, dada su calidad, asimismo internacionales.

El caso de la distinguida soprano Cristina Ortega es peculiar: nacida en una familia de músicos, ella pronto destacó por su bella voz. Estudió en el Conservatorio Nacional de Música y bajo la tutela del maestro Ángel R. Esquivel inició su carrera operística. Como informa Raúl Díaz, debutó en Bellas Artes en 1964, pero antes pasó por la legendaria Academia Andrés Soler, donde fue alumna de Seki Sano, lo que le ayudó a tener una más adecuada presencia escénica.

Luego de una brillante carrera nacional e internacional, en la que Cristina Ortega alternó con figuras como Montserrat Caballé en Las bodas de Fígaro de Mozart. También alternó con Teresa Berganza y Plácido Domingo. Tuvo éxitos sonados interpretando papeles difíciles: Violeta en La Traviata, Liu en Turandot y el de Lucía de Lamermoor. Entre los muchos premios que la maestra Ortega ha recibido por una fructífera carrera operística están la Medalla de oro del Club de la Ópera a la mejor soprano, la que le fue entregada por María Callas; en Barcelona le dieron la Gran Cruz al Mérito Humanitario, por su labor a favor del arte y más recientemente la soprano mexicana recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes por sus 50 años como cantante.

Si la ópera es en su más simple acepción teatro cantado, la preparación de Cristina Ortega era la adecuada: educó su voz, estudió actuación y por añadidura había bailado ballet en su niñez. Eso explica su éxito en los escenarios internacionales. México no es el mejor sitio para triunfar musicalmente a pesar de ser una cantera infinita de grandes voces. La maestra Ortega ha triunfado, como lo hizo Roberto Bañuelas en Europa y en otros escenarios americanos y aquí apenas nos dimos cuenta. Su versatilidad la condujo a la zarzuela y la opereta con su propia compañía lírica, a la enseñanza y a la promoción musical. Radica en EU, pero por fortuna la soprano está ahora entre nosotros y podemos disfrutar su voz. Por su importancia, la UAM-X le rinde con este disco, dentro de la Colección Grandes Voces de la Ópera en México, un cálido homenaje.

Hoy viernes presentaremos su disco en la Fonoteca, a las 19 horas

marzo 18, 2015

El sentido de la política: la búsqueda de lo imposible

La política —esa difícil participación en los asuntos del Estado y que Lenin magistralmente definiera como la expresión concentrada de la economía— en México tiene sus rasgos peculiares. Siendo estudiante me costaba esfuerzo aceptar que aquí tuviésemos políticos; me parecía un término muy elevado, sólo aplicable a aquellos personajes que habían actuado con especial talento, honestidad, firmeza y gran cultura. Me parecía, en todo caso, que poseíamos burócratas de distintos rangos y niveles. Por otro lado, encontraba que el término “político”, tal como lo maneja el sentimiento popular mexicano, es sinónimo de poderoso, arbitrario y seguramente deshonesto. Es una palabra peyorativa que produce temor, no respeto. Esto es el resultado de una lamentable y penosa actividad estatal.

Los grandes políticos de la humanidad por regla general tuvieron cualidades específicas. Entre ellas cabría destacar la pasión, la audacia y el deseo de trascendencia. Necesitaban el poder para utilizarlo según sus creencias y no para obtener solamente riquezas. No obstante, cada tanto, y con una frecuencia sospechosa, los políticos mexicanos insisten en hablar de servicio como la gran cualidad del arte de gobernar. Sólo que nunca añaden que por ello reciben enormes sumas de dinero y un inmenso poder que, con frecuencia, no es usado en forma correcta e inteligente. La política en México, por desgracia, es una lucrativa carrera; conduce a la riqueza y hasta hoy no ha sido capaz de brindarnos hombres distintos, en cuyo ejemplo podamos encontrar aliento, especialmente en el México cardenista y, obviamente, contando a la generación de liberales que en el siglo pasado supo mostrar una magnificencia difícilmente superable, con Benito Juárez a la cabeza.

En efecto, en nuestro país el político carece de grandeza, de visión histórica. Sólo busca el poder para satisfacer objetivos personales y jamás el bien público. Nunca ve el futuro. Tengo la impresión muy fuerte de que los políticos nacionales pocas veces tienen y desarrollan la sensibilidad, una cualidad que les permitiría gobernar mejor.

Recuerdo haber visto en el Kremlin la vajilla y los cubiertos que Lenin utilizaba: eran baratos, incompletos y los cuchillos estaban mellados. Nunca tuvo automóvil propio y, como Trotsky, no se interesaba en obtener riquezas para formar el ridículo patrimonio familiar. Únicamente pensaba en transformar a su país, en sacarlo del atraso. Murió en 1924, pero hoy todavía sabemos quién fue y tenemos una idea de lo que hizo, mientras que a nosotros mismos nos cuesta trabajo encontrar datos biográficos sobre Ávila Camacho y este nombre nada dice en el extranjero. Sólo el general Cárdenas rompió reglas y creó nuevas. Por su audacia y sensibilidad, su honradez, por ser directo, por no abusar de la retórica, hasta hoy sigue siendo considerado como el mejor de los gobernantes del México posrevolucionario.

En la escena XII de Calígula, de Albert Camus, Calígula habla de la importancia del erario, un asunto principal del Estado y de lo relacionado con él: “Todo es importante: las finanzas, la moralidad pública, la política exterior, él aprovisionamiento del ejército y las leyes agrarias”. Pero hay algo más importante para Calígula en tanto hombre que tiene el poder político: conseguir lo irrealizable. Por ello le pide a Helicón la luna y más adelante dice con cierta soberbia: “Tomo a mi cargo un reino donde lo imposible es rey”. Y esta ambición muestra al auténtico político, al capaz de transformar positivamente a su sociedad y tal vez a la humanidad.

Antes de Camus, un observador inteligente y sagaz como Max Weber había llegado a la misma conclusión. En uno de sus más hermosos trabajos, La política como vocación, Weber señala que “la política es un fuerte y lento taladrar de duras tablas. Requiere pasión y perspectiva. Ciertamente toda la experiencia histórica confirma la verdad: que el hombre no habría podido alcanzar lo posible si una y otra vez no hubiera tratado de alcanzar lo imposible”. Y también es el caso de Marx cuando decía que los filósofos sólo habían querido explicarse el mundo, mientras que él intentaba transformarlo.

Ojalá que algún día nuestros políticos nos den algo más que palabras gastadas y lleguen al poder a buscar lo utópico para el bien de la nación y no simplemente enriquecerse. Buscando quimeras Napoleón esparció los restos de la Revolución Francesa por Europa, Bismarck obtuvo la unidad alemana, Bolívar liberó a media América hispana, Lenin cambió el curso de la humanidad, De Gaulle recobró parte del poderío burgués de Francia y Fidel Castro construyó el socialismo a unos cuantos kilómetros de la principal potencia imperialista, no importa cuáles hayan sido los resultados finales. Es pues el momento de impulsar ideas grandiosas y acaso buscar o reinventar ideologías distintas a las propuestas existentes

marzo 16, 2015

¿Qué hacer ante los medios de comunicación?

El antipeñismo no es una moda fácil, sino el resultado de una mala relación de Los Pinos con los muy discutibles medios de comunicación y con los intelectuales y líderes de la opinión pública. La objetividad se ha perdido en una locura informativa, donde la nota roja y la información amarillista, ruidosa, se han mezclado íntimamente con la política. Cierto: es el sistema político en su conjunto quien ha provocado tales resultados. Con la alternancia política pasamos de una censura presidencial a la tiranía de los dueños de los medios, aunque es obvio que no sucede en todos los casos. La generalización es válida.

Peña Nieto es sin duda, como en mi novela El gran solitario de Palacio, mi versión del 68, el personaje principal. Padece la soledad del poder ahora medio absoluto. Transitamos a la posibilidad de decir lo que se nos ocurra. Pero un político como el presidente no debería de carecer de asesores de primer nivel en todos los campos, principalmente en el de las relaciones públicas y la comunicación. Desde que cayó en las trampas que sus enemigos le sembraron, en tanto candidato, no ha dejado de hacerlo. ¿Quiénes lo aconsejan? Al parecer nadie o quienes lo hacen son pésimos e inexpertos o sus peores enemigos.

Lo que realmente sucede es que la herencia de Fox y Calderón, quienes fueron los primeros vapuleados por los medios con total irrespeto, se ha extendido hasta llegar a las generalizaciones más grotescas o ridículas. Alguien escribió en las redes sociales en son de broma (cierta, en realidad): Los alpinistas del Pico de Orizaba subieron vivos, vivos los queremos. Que se vaya Peña Nieto. Y lo mismo ocurre en el caso de Carmen Aristegui: el único responsable es el jefe de Estado y ella es imparcial, cuando jamás ha hecho críticas severas a, por ejemplo, López Obrador o a los intelectuales que después de décadas de sumisión ante el poder, ahora lo descubren malvado y diabólico, el único culpable de todos los males y ellos los salvadores con sus tardías y seguras palabras. Que se vaya Peña Nieto.

Por cierto, sobre el tema tan mal debatido, a base de agresiones y sin reflexiones profundas, López Obrador consideró (La Jornada, sábado14) que “el conflicto entre MVS y el equipo de Aristegui no responde a presiones de Los Pinos hacia el dueño de la estación de radio, aunque señaló que muchos medios sí son presionados...” Es decir, a un conflicto de intereses individuales.

Por mí, se puede ir. Atrapado en el hielo del viejo marxismo-leninismo, jamás he votado por el PRI ni me gusta el sistema político, todo, en su conjunto. El PAN es abominable a mis ojos, como lo son el PRD posterior a Cárdenas y sin duda Morena, tan lleno de ex priistas y chapulines. Me formo mis opiniones políticas sin la ayuda de los grandes periodistas. Pero no soy ingenuo ni compro todo lo que los grandes “comunicadores” venden. Encuentro en otra parte los males de la nación, en donde también cuenta la fragilidad e ignorancia ciudadana. Sorprende más que académicos e intelectuales serios de pronto salgan con simplezas que en otro país nadie aceptaría. Ni López Obrador es Dios ni Peña Nieto el demonio.

Los políticos en general son de claroscuros y como tal debemos analizarlos. Hoy sabemos de la “Casa Blanca” y de la casa de descanso de Videgaray, pero nunca hemos sabido cómo y de qué vive Andrés Manuel. Lo justo sería demandarles a los tres explicaciones. Sólo que los aduladores de Peña Nieto son pésimos y los de Andrés Manuel son realmente notables comunicadores, que se mueven en las redes como peces en el agua del malestar social. No es un problema de carisma, sino de eficacia y cierto nivel de audacia. El primero se zarandea en la comodidad de la oposición y el apoyo de medios que aparentan seriedad, el segundo en un limitado saco de frases hechas, discursos huecos y una total rigidez, la del PRI tradicional.

Hay un vacío de buena comunicación, inteligente, crítica e imparcial que nos oriente. Por ahora es un fastidio completo ver los medios y las redes plagados de frases huecas y una retórica aplastante y apenas convincente.

marzo 15, 2015

Literatura y periodismo

En la década de los sesentas comenzaron a aparecer en EU escritores que preferían trabajar en diarios y revistas. Tom Wolfe acuña el término Nuevo Periodismo para señalar a la mezcla de dos lenguajes: el periodístico y el literario. Esto aparece como una novedad asombrosa y así lo deja ver Ryszard Kapuscinski en su libro Los cinco sentido del periodismo. En el México del siglo XIX, ante los inauditos hechos políticos, una multitud de literatos se convirtieron en periodistas para mejor dar la batalla, primero, contra el conservadurismo y más adelante contra la invasión estadunidense y la intervención francesa. Algunas de las mejores características del Nuevo Periodismo, la ironía, el buen humor, el lenguaje coloquial y una sintaxis audaz, se dieron en la segunda mitad del siglo XIX. Escritores como Ignacio Ramírez, El Nigromante e Ignacio Manuel Altamirano convirtieron el acartonado periodismo en ágiles notas que estaban más cerca de la creación que del informe de hechos precisos. Durante la Revolución Mexicana ocurrió otro tanto. De este modo fue apareciendo nuestro Nuevo Periodismo. La llamada Novela de la Revolución Mexicana contiene tantos elementos autobiográficos que resulta imposible no ver la mezcla de periodismo y creación literaria. Algunas obras como Memorias de Pancho Villa de Martín Luis Guzmán son falsas autobiografías y la mayor parte de las novelas de José Vasconcelos no son más que autobiografías. Hay, pues, deliberada combinación de géneros con tal de lograr obras maestras.
Los antecedentes pueden remontarse muy atrás. Hay quienes citan El diario del año de la peste de Daniel Defoe (1722), como precursora y los tenemos que van a dos libros de rapiña: Las cartas de relación de Hernán Cortés y La crónica de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, ambos vistos como tareas de “comunicadores”. Kapuscinski hace su lista e incluye a poetas como Eliot y Wordsworth y narradores como Balzac, Dostoyevski, Orwell y Malaparte. Ello equivale a dar como hechos informativos o periodísticos, seguramente históricos, libros de memorias, diarios, crónicas de viajes, autobiografías, etcétera. En tal sentido, Michel Tournier los separa y explica que los anteriores son parte del género documental. Pero yo considero que muchos de esos libros “documentales” con frecuencia son parte de la ficción del escritor, de su imaginación, a veces en forma deliberada, otras como resultado de recuerdos imprecisos o borrosos. La historia es asimismo inexacta por más que la consideremos una ciencia. Por siglos aceptamos la existencia del ave Roc sólo porque el llamado padre de la historia, Herodoto, la citaba en sus Nueve libros de historia. Pero sabemos que la historia es variable y sufre modificaciones según las simpatías personales del “científico social” que analiza al personaje: no es lo mismo el Benito Juárez de Francisco Bulnes o de José Vasconcelos que los de Héctor Pérez Martínez o Ralph Roeder. Para los primeros es un canalla, para los segundos un héroe impecable. Ello nos lleva a una complejidad mayor que produce una riqueza que debemos explotar sin miramientos. Hace algunos años dicté una conferencia magistral en una universidad estadunidense, el tema era discutible y fascinante: la autobiografía como literatura, como ficción. En este trabajo lo central era despojar de precisiones a los géneros escritos y darles una atractiva ambigüedad o una falsedad definitiva. No es posible confiar en libros autobiográficos que han sido escritos en la vejez o en diarios de mitómanos (los artistas suelen serlo), pero sí creer en ellos por su belleza. La autobiografía y sus variantes padecen egocentrismo y un deseo de verse a sí mismos como ejes de todas las acciones, lo cual es normal. Churchill pasó de la política al mundo de la historia y enseguida, gracias al premio Nobel, a la literatura.

marzo 13, 2015

¡Basta!, un libro contra la violencia de género

La Universidad Autónoma Metropolita, unidad Xochimilco, dentro de su intensa actividad cultural, acaba de editar un libro peculiar: ¡Basta!, cien mujeres contra la violencia de género y lo ha presentado exitosamente, tanto en la FIL de Minería como en la propia UAM-X. A pesar de la notable ausencia de los medios de comunicación y el silencio de la “crítica literaria” y del feminismo profesional, la obra está por agotarse. Ha sido más que suficiente la recomendación voz a voz y la actuación de las redes sociales, para que el libro sea buscado.

Se trata de un libro conformado por las palabras, vertidas en textos literarios, sin duda experiencias personales, testimonios, de cien mujeres de diferentes edades y formaciones. Una rica serie de confidencias breves, todas de menos de una página, sobre lo que es la violencia de género en México. En el prólogo Patricia Alfaro Moctezuma, rectora de la UAM-X, habla de sus valores y resalta con agudeza a las autoras. Pienso que es un obra que debería circular más profusamente, pero estamos en México.

La idea de llevar a cabo el libro de protestas literarias, que apenas ocultan la vergonzosa realidad que padecemos en el orbe, a pesar de vivir en pleno siglo XXI, arrancó en Santiago de Chile, de allí pasó a Buenos Aires, donde obtuve los permisos correspondientes para editarla en México y ha pasado a otras naciones latinoamericanas y a Estados Unidos.

No son relatos morbosos ni quejumbrosos, es una reunión de dolidos y hermosos relatos donde, en cada caso, cuentan historias de una atroz realidad. Las cien autoras de la edición mexicana resultaron de una convocatoria, como en los demás países citados, y fueron seleccionadas de entre casi el doble de participantes. A causa de las reglas señaladas desde el país creador de la idea, Chile, quedaron fuera algunos textos valiosos.

Amas de casa, estudiantes, esposas, profesionistas, mujeres de edad avanzada y adolescentes, se lanzaron a demandar igualdad, respeto, dignidad. Lo hicieron a través de breves historias muy cuidadas, de buena prosa y que no dejaban lugar a dudas de sus intenciones, por más discretas y cautelosas que fueran. La mayoría son textos conmovedores que no dejan lugar a la broma o al sentido del humor. Son dolidas narraciones de pequeñas tragedias o de vidas enteras de padecimientos. Muchas podrían pasar a severas antologías de micro relatos.

Aunque han aparecido comentarios en algunos medios, muy pocos, han sido las redes y el pasa-la-voz lo que ha permitido el éxito del libro. En la presentación de ¡Basta! En Minería, el salón fue insuficiente para el público, nos rebasó la presencia de personas interesadas en el libro. Ya en la UAM-X, la segunda presentación fue mucho mejor y más cómoda. Muchas de las participantes leyeron sus textos ante un auditorio conmovido.

Ahora, merced a esas mismas redes, nos han solicitado ejemplares de la obra y nuevas presentaciones en diferentes estados del país. Por desgracia, la UAM-X no está en condiciones de llevar a cabo una acción de tal magnitud. Pero hará lo posible por hacer llegar ejemplares de ¡Basta!, cien mujeres contra la violencia de género a los lugares donde lo soliciten y nos sea posible enviarlos.

Aprovecho el momento para mostrarles nuestra gratitud, como institución educativa, a las mujeres chilenas y argentinas que en nuestro caso nos permitieron replicar la brillante idea. Asimismo a quienes participaron en la elaboración de la edición mexicana: la Dra. Elsa Muñiz, David Gutiérrez Fuentes y Alicia Ortiz.

marzo 11, 2015

¿Queda algo de la Revolución Mexicana?

Políticamente la Revolución Mexicana ha muerto. Su agonía comenzó al concluir el periodo de Lázaro Cárdenas, momento estelar de un movimiento que dio extraordinarias figuras, conmovió a todo el continente americano y atrajo figuras del orbe entero, incluida la naciente Unión Soviética. Entra, pues, en un hospital, cuando en 1940 el sucesor de Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, se declara católico públicamente, sin importarle las largas luchas entre la reacción y los liberales, los conservadores y las fuerzas progresistas.

Lentamente la Revolución desaparece, sus hazañas quedan en las páginas de los libros, en los acartonados discursos de la clase gobernante y en bares ilustrados con fotos épicas de Casasola. Después del general Cárdenas, cada presidente de la República se inclina más a la derecha: cesan las políticas sociales, los logros políticos y económicos. En 1968, con exactitud, el 2 de octubre de 1968, la Revolución muere violentamente cuando fuerzas militares y policiacas, en una maniobra conjunta, asesinan de golpe a más de quinientos estudiantes. Me tocó estar en medio de aquella muchedumbre que corría desesperada de un lado a otro huyendo de las balas, viendo a mis compañeros morir. En esos momentos, México abiertamente se había colocado al lado de Estados Unidos y sólo mantenía relaciones con Cuba a causa de las tradiciones diplomáticas nacionales de no intervención y autodeterminación de los pueblos.

Sin embargo, la palabrería “revolucionaria” no acabaría sino hasta el periodo de Miguel de la Madrid, en 1984. Con él, escuchar hablar de revolución y mirar alrededor resultaba irónico y ofensivo para aquellos que por miles murieron en la gran gesta, mucho más para la memoria de intelectuales y artistas que, como David Alfaro Siqueiros y José Revueltas, sufrieron cárceles y persecuciones. Ya con Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo no existía ni siquiera el recuerdo de la Revolución. Con el PAN, concluyó una larga etapa política y económica del país.

México entra de lleno en el mundo del conservadurismo, en lo que los marxistas llamaron el reflujo; triunfa la globalización, el modelo neoliberal impulsado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan se extiende sin importar si coincide o no con las historias patrias y los valores de tantas naciones pobres. Sin el mundo del socialismo real, derrumbado de forma estrepitosa, permite y estimula la era de las privatizaciones a ultranza, de la entrega de los recursos nacionales a empresarios extranjeros. En suma, las viejas políticas sociales y el papel del Estado rector se vienen abajo. De nueva cuenta padecemos una enferma relación entre un puñado de familias multimillonarias y millones de miserables, de mexicanos en condiciones de extrema pobreza. Contradicciones de toda índole provocadas por un capitalismo salvaje.

Sorprende que el PRI siga sintiéndose “revolucionario” o el PRD suponga, nostálgico por el cardenismo, algo semejante con su revolución democrática. Mucho más que los más inquietos jóvenes recurran a figuras simbólicas por décadas, que hoy nada o poco dicen. Tenemos “zapatistas” y “villistas”, parodias de parodias. Hay que buscar no una nueva terminología ni recurrir a figuras irrecuperables, sino pensar una propuesta ideológica lo más seria, responsable y meditada a la luz de la nueva realidad que nos rodea. No podemos seguir dependiendo de las ocurrencias de los partidos y los gobiernos. Tampoco es posible emular a lo que queda del socialismo real: quedó en fracaso completo. Las luchas siguen y muchas son graves y dramáticas, aquí y en Oriente Medio, donde entre norteamericanos e israelitas, aplastan pueblos enteros.

Ignoro si se trata de pensar en una nueva revolución, de lo que estoy seguro es que el actual edificio mexicano es por completo obsoleto. No es tolerable escuchar los llamados de líderes que piensan que su mensaje es divino (y anacrónico) o de partidos anquilosados como los existentes, que suponen tener alguna novedad o acaso, sí, su cinismo y desfachatez. Nada nuevo proponen. Ninguno de ellos. Si la sociedad está harta de los restos de la revolución que surgió esperanzadora hace poco más de un siglo, debe comenzar por concluir que no existe más, quedó atrapada en las páginas de una historia épica, y que debemos poner el reloj a la hora exacta, para romper con los propósitos siniestros del capitalismo en los tiempos de la globalización.

marzo 09, 2015

Votar o no

La democracia mexicana está en pañales y no parece avanzar, superar sus taras, sino al contrario, estancarse. Si antes, con palabras de Mario Vargas Llosa, era la dictadura perfecta, bajo la tutela casi divina del presidente en turno, siempre del PRI, ahora, luego del ruidoso fracaso del PAN en Los Pinos, hemos llegado a ver al país realmente controlado por una tiranía perfecta: el sistema de partidos grotescos que en nada se parecen a los que estudiaron Duverger y más adelante Bobbio.

No hay mucho que señalar: allí están, los vemos actuar y todos están plagados de vicios y defectos, parecen luchas entre sí, pero lo hacen bajo la misma lógica perversa, obtener el poder y utilizarlo para enriquecerse. Todos dicen buscar algo nuevo y tener en sus filas personas no contaminadas. Las listas de sus candidatos “ciudadanos” muestran lo contrario y más perversión de la que imaginamos. Del más viejo, el PRI, al más joven, Morena, van en pos del poder con mentiras y turbias ambiciones, rodeados de políticos profesionales gastados y con un discurso barato que miente incesantemente. Nadie tiene las manos limpias.

En este torneo de falsedades, es difícil saber qué partido es el peor. Me parece que todos comparten el primer lugar. Sin embargo, el dilema y la discusión persisten y está en la mesa de los ciudadanos: deben votar o de plano ignorar a los partidos que sirven para dilapidar el erario. Unas voces dicen que no, que es perder el tiempo, otras piensan que se debe votar para no dejar que uno u otro obtengan el triunfo. Como sea, alguien ganará y ese alguien estará manejando buena parte de la población mexicana, aunque no esté en juego la presidencia de la república. En consecuencia debemos reflexionar cuál es la mejor línea a seguir.

Votar, dicen muchos jóvenes, significa hacerle el juego a la dictadura de los partidos, los que siempre se ponen de acuerdo en lo sustancial que es su fortaleza y con ello la repartición del dinero, primero en la lucha electoral y luego ya con los cargos en las manos, los ilimitados recursos que el poder político concede al facilitar no sólo enormes dietas sino la posibilidad de llevar a cabo negocios con el gobierno. Votar en todos los casos es darle al partido de su elección, las posibilidades de llevarse todo o buena parte del paquete económico. Nadie del mundo político quiere cambios reales, desean modificar, en el mejor de los casos, la fachada. ¿Qué proponen? ¿Cuál es la ideología de cada partido? Todos tienen ocurrencias, mucha demagogia, alguna oferta incompleta, malas bromas, tomaduras de pelo. El caso es que ni del PRI ni del PAN o del PRD y menos del Verde o de Morena o de Movimiento Ciudadano hay propuestas serias. Con sólo ver los candidatos, analizar sus historiales, escucharlos, es suficiente para no votar por ninguno.

Sin embargo hay que hacerlo. No tenemos por ahora ninguna otra posibilidad por más que los jóvenes la imaginen. Lo que debemos hacer es concentrarnos en fortalecer a la sociedad, ése es el único partido que puede enderezar el rumbo. El problema es que tenemos una sociedad que apenas despierta y lo hace con pereza y falta de posturas críticas y algo más, no tiene proyecto ni dirección. Es decir, habría que empezar por desnudar a los partidos existentes. La pregunta es cómo. ¿Votar acaso por los candidatos menos malos, los que han robado “poquito” o no han utilizado mucho el cargo para hacer negocios? Es una posibilidad en lugar de hacerlo por partidos. El problema es que a la larga los partidos se beneficiarán de tales sufragios. Ver el historial con lupa de cada aspirante a cargos populares es una solución. Pero en eso también han mentido: allí está el inaudito Marcelo Ebrard que jura ser pobre, carecer de auto y vivir en un departamento rentado, cuando defraudó con Mario Delgado al Metro.

En fin, la dictadura perfecta, encabezada por los partidos políticos ha logrado someternos, doblegarnos. ¿Cómo salir del gravísimo atolladero en que nos metió la democracia al estilo mexicano, tan corrupto como desvergonzado?

En lo personal votaré por candidatos, aunque sé que ello ya es un peligro para el país, pero eso sí, en Tlalpan no votaré por Sánchez Torres, ni por Higinio Chávez, ni por la Sheinbaum, porque ya sabemos la clase de corruptos que son. En cualquier circunstancia, no acudir a las urnas es posiblemente peor, hay que demostrar nuestro repudio con el voto de castigo. Ya hace tiempo que no hay condiciones para otras vías que no sean las electorales.

marzo 08, 2015

Entre la piel y el deseo amoroso

El amor es fundamental para el arte: están íntimamente ligados, abrazados

El amor ha poblado novelas, cuentos, dramas y poemas. Es el gran tema universal, resulta inagotable. Los escritores, de una u otra manera llegan al amor y a los sentimientos y pasiones que produce: enemistad, celos, encono, odio, ternura, masoquismo, sadismo. Los problemas de la pareja son múltiples, variados y complejos. Algunos escritores los tratan con pasión, otros por necesidad expresiva, pero no hay gran libro, aun en los de aventuras y policiacos, que no incluya una historia amorosa. Los excelsos, Homero,Shakespeare y Cervantes, son memorables y de matices infinitos.
Dentro de la literatura amorosa existen cumbres, cito un puñado al azar: Scott FitzgeraldEl gran GatsbyLeón TolstoiAnna KareninaGustave FlaubertMadame Bovary. Algunas se tornan plenamente eróticas: Geoffrey Chaucer,Cuentos de CanterburyJohn ClelandFanny HillDaniel DefoeLas aventuras amorosas de Moll FlandersD. H. LawrenceEl amante de lady ChatterleyHenry Miller,TrópicosRaymond RadiguetEl diablo en el cuerpoAnaïs NinPájaros de fuego.
En estas páginas célebres las descripciones eróticas juegan un papel importante. Son momentos en que el lector presta mayor atención. Lo curioso del fenómeno es que pocos suelen considerar las dificultades del escritor, quien estuvo ante un tema milenario, cuyas palabras descriptivas se han gastado a fuerza de repeticiones.
Ovidio y Longo trataron a profundidad el amor. La Biblia, tan plagada de amenazas, sangre y castigos, no logra sustraerse al tema y Las mil y una noches posee una fuerte carga erótica. ¿Tendríamos que citar el Kama-Sutra o a las inevitables obras del Marqués de Sade? El primero es un dulce y distinguido, tedioso, catálogo sexual, con la elegancia oriental, donde los baños y las sedosas telas, la gastronomía y la lujuria se mezclan para invitar a la pareja a sostener un eterno diálogo lúbrico. El segundo es un grandioso intento por encontrar la libertad a través de los mayores placeres eróticos, donde la violencia carnal le descubre al individuo la posibilidad de una vida nueva y más libre e insólita.
El amor es fundamental para el arte: están íntimamente ligados; abrazados, podría decirse. El amor es visual, pero con frecuencia comienza cuando la piel es rozada por una mano, en el momento en que los dedos recorren un brazo, un seno, las piernas. Durante ese primer contacto, la excitación arranca con fuerza y la pareja se sumerge en la pasión y al final en la ternura. Pero si la piel es parte distinguida del sexo, la lencería, las telas finas y las medias suponen un avanzado grado de sofisticación y fetichismo.
Uno de los libros más acosados por la censura fue sin dudaEl amante de lady Chatterley, una obra clásica que ha sido llevada varias veces al cine. El propio Lawrence —quien por cierto vivió un tiempo en México y aquí escribió una novela fascinante, La serpiente emplumada— tuvo que defenderse de las persecuciones que en Europa recibió su afamado libro. Sus defensas, hoy, son tan seductoras como la novela.

En las páginas de la polémica novela, Lawrence escribe, refiriéndose a uno de los primeros encuentros entre lady Chatterley y el guardabosque Clifford, que se convierte en su amante:
“Depositó cuidadosamente las mantas, y dobló una para la cabeza de ella. Luego se sentó un momento en el taburete, y la atrajo hacia él, abrazándola estrechamente con un brazo y tocándole el cuerpo con la otra. Ella notó su entrecortada respiración, su sorpresa de hallarla completamente desnuda, bajo la delgada falda.
“—Ah, qué delicia es tocarte— dijo él acariciándole la delicada, cálida y secreta piel de la cintura y las caderas. Acercó la cara y le frotó la mejilla contra su vientre y sus caderas una y otra vez.
“De nuevo le extrañó un poco aquella especie de arrobamiento de él. No comprendía la belleza que él hallaba en ella, ni el éxtasis que sentía. Es necesario la pasión para comprenderlo.”
Poco después, el guardabosque y la hermosa dama se entregan al amor. A juzgar por la delicada descripción de ese encuentro, la pasión arranca con el toque de la epidermis. Allí está el punto clave, el que con frecuencia en el arte y en la vida real desata furiosas pasiones amatorias. Algún siquiatra advertía: “mucho cuidado, la excitación y las inevitables relaciones sexuales comienzan por un simple roce de pieles”. Otro más, señaló que el beso, ese frotar de labios cautivante, prodigioso, es el primer canapé del banquete.