Tantadel

mayo 31, 2015

Carson McCullers y la literatura sureña 1/3

El corazón es un cazador solitario, su primer libro, la hizo de inmediato célebre. Era la primera piedra de un edificio luminoso

En el Jean-Paul Sartre crítico literario encontramos su deslumbrada admiración por la literatura estadunidense del siglo pasado, tormentoso y atormentado, que acabó dejando millones de muertes y oleadas de destrucción, sueños, utopías y grandes aspiraciones sociales, abandonando asimismo obras fundamentales de la poesía y la prosa. Estados Unidos se llenó muy pronto de figuras memorables, por ejemplo: Edgar Allan Poe,Herman Melville y Mark Twain. De este último, Ernest Hemingway decía que descendía toda la literatura estadunidense, al de en medio, Ermilo Abreu Gómez lo señalaba como el más grande novelista del siglo XIX con Moby Dick. El primero no necesita otra recomendación luego de que Baudelaire lo describiera como un inmenso poeta, un narrador de sumo talento y lo tradujera al francés. Más adelante, el propio Sartre, quien viviera tanto momentos de impulso revolucionario como de conservadurismo implacable y siempre consiguió mantenerse como literato de especial hondura, filósofo original y crítico literario que concentrara su atención en Flaubert y se permitiera rechazar el Premio Nobel (porque pensaba que le restaría independencia, libertad), añadiría a algunos más a su listado de preferencias: el John Dos Passos, de Manhattan Transfer, y el John Steinbeck de Las viñas de la ira.
EU, entre otras cosas, rápidamente se convirtió en un formidable productor de literatura (en este trabajo me concentro en narradores), con figuras que han conmovido y sacudido al mundo como HemingwayFaulknerTruman CapoteHenry Miller y Norman Mailer. Hablemos, por ahora, de una escritora enigmática, de profunda belleza espiritual que nos consta por sus fotografías y de un talento sin par. Comienzo siendo tajante: Carson McCullers es, para mi gusto, dueña de la prosa más hermosa y delicada del inglés contemporáneo, tanto o más, quizá, que Scott Fitzgerald.
Carson McCullers nació en 1917 en Georgia y murió en 1967 en Nueva York. Su primer libro fue publicado en 1940: El corazón es un cazador solitario. Este libro, de extensión modesta, como todo lo suyo, la hizo de inmediato célebre. Era la primera piedra de un edificio luminoso, un edificio que alberga magia y soledad y que tiene una atmósfera misteriosa. Algunos críticos suelen compararla con dos de sus paisanos sureños: William Faulkner y Truman Capote. Se insiste en ponerla como hermana menor del primero y señalan afinidades. La verdad es que son muy distintos. Faulkner posee temas y tratamientos de alta complejidad, el segundo amó tanto al periodismo que lo convirtió en gran literatura y de esta forma la non fiction es un invento suyo. Por su lado, Carson McCullers pulió y pulió sus frases y diálogos hasta hacerlos poesía pura, poesía en prosa, novelas y cuentos poéticos, cargados de una dulce violencia rural. Desde su primera obra, El corazón es un cazador solitario, se convierte en una de las más formidables escritoras de todos los tiempos, en una novelista singular. Esto quiere decir que nació adulta para las letras, que estaba perfectamente diseñada para escribir un puñado de libros perfectos, inobjetables. Pero si así lo quieren muchos críticos, no hay problema, sólo que también sería bueno pensar que el sur los marcó a todos ellos, que existe en efecto una narrativa típicamente sureña, caracterizada por elementos poéticos, de atrasados acentos rurales y precisiones sicológicas que les dio afinidades.
Reflejos en un ojo dorado le sigue, la publica en 1941. Es una obra ya clásica junto con La balada del café triste. Esta segunda novela le permite conformar un mundo de atmósfera melancólica, de nostalgias y amarguras. Miss Amelia se convierte en un personaje de la literatura antiépica, de una soledad interna irrepetible. Vale la pena señalar que este papel en cine lo hizo Vanessa Redgrave y la novela anterior fue llevada a la pantalla por John Huston en 1967 con Marlon Brando y Elizabeth Taylor en los papeles principales.
Insistiría, si he de ser franco y tenaz: el sur de EU, para mi gusto, es más hermoso y profundo en la versión de esta narradora de excepción. La belleza y el talento en Carson McCullers comienzan, explicó un crítico, por los títulos, todos son notables y un tanto extraños. Otro estudioso, Heinrich Straumann, en la Literatura norteamericana del siglo XX insiste en encontrar semejanzas entre Faulkner y McCullers, “no sólo porque ambos son sureños y les obsesiona el problema de la inaprensible naturaleza del hombre, sino también por la preferencia que muestran por sus personajes de mentalidad subdesarrollada o anómala. Carson McCullers tiene, sin embargo, más fuerza en la creación de una atmósfera consistente y pocas veces es confusa en sus elementos. Además, hay en sus obras visión, una búsqueda de algunos valores remotos que, por más grandes que sean las diferencias en otros aspectos, la colocan también al lado de otro escritor: Thomas Wolfe. Alcanzó la fama antes de llegar a los 30 años y cualesquiera que puedan ser las reservas que despierte tan temprana celebridad, hasta ahora Carson McCullers no ha desmentido su eminencia”.

mayo 29, 2015

Los peligros de la libertad de expresión

La actual campaña electoral ha puesto en evidencia la bajeza del sistema político nacional, ha mostrado el verdadero rostro de aquellos que buscan gobernar a México, legislar. Basta verlos en televisión, escucharlos en radio y toparnos con ellos en la desmesurada propaganda que infesta las calles para darnos cuenta de que se trata, en prácticamente todos los casos, de hombres y mujeres sin ética ni preparación sólida. Son charlatanes que buscan llegar a las cumbres para medrar con los dineros de la nación. Los vimos pobres o de escasa fortuna y ahora son ricos. Mienten con facilidad, se calumnian y ofenden entre unos y otros y al final podemos notar asombrados que no hay un programa social, político o cultural, y menos una mínima dosis ideológica. Nos ofrecen cuentas de vidrio, espejitos, basura. Nos han envilecido y en esto los medios de comunicación en su mayoría no han jugado el mejor de los papeles.

La Crónica, mi casa de trabajo, hace un periodismo serio, de investigación. No es un arma disparando a mansalva contra la multitud. Cumple decorosamente con su papel de informar y tiene entre sus colaboradores personas de todos los partidos que se expresan con libertad. En lo personal, quienes me leen lo saben, no simpatizo con ningún partido y en términos generales tengo aversión por la sucia tarea. Trato de mostrarle a los lectores que hemos sido envilecidos por la llamada clase política. Que nos ha degradado de manera infame. Somos una sociedad víctima de un sistema opresor. Como profesor universitario que he sido toda mi vida, suelo hablar de ética y estética en el diarismo. La primera materia sirve para no mentir, para ser responsable y útil a la sociedad. La segunda es para expresarse de la mejor manera posible.

La información que me sirve de base para mis artículos de fondo, la busco en los medios que considero más responsables. Procuro basarme en datos duros, en hechos comprobados. No es una tarea fácil, y en ocasiones irrita a los políticos. Y algo más grave: ofende a los simpatizantes de líderes charlatanes o funcionarios inescrupulosos que usan el poder para sustraer recursos o hacer negocios. Cuentan para ello con la impunidad. Es obvio, en el fondo se protegen unos a otros, en un país que ha tocado fondo en materia de moral y decencia. A diario, dejando de lado todos los problemas que nos hacen ver, ante las miradas severas de otros países, como Estado fallido, vemos las pillerías de funcionarios y políticos. He denunciado a Ebrard, por ejemplo, cuando parecía un hombre ejemplar. Ahora sabemos que es un personaje siniestro, que daña al país, como un alto porcentaje de sus colegas. Pero sin duda los medios se tardaron en “descubrir” su capacidad para mentir y chantajear, su desmesurada capacidad para engañar. Por ello recibí críticas. El tiempo siempre pone las cosas en su lugar.

Todo esto viene a cuento por la alarmante misiva del candidato a la alcaldía de Guadalajara por Movimiento Ciudadano, un partido de dudosa honorabilidad política, Enrique Alfaro, donde “de hombre a hombre” amenaza a La Crónica y anticipa que “si la ley no le da la razón y ustedes no cesan sus ataques, iré personalmente a hacer las aclaraciones pertinentes para que me den la cara”. No es una amenaza velada, al contrario, es aguerrida y con una prosa lamentable. Escribió su carta molesto porque el diario ha publicado con pruebas contundentes algunas de sus evidentes fechorías. Que ello entorpece su carrera política, debió haberlo pensado al momento de hacer negocios turbios. Sin duda hubiera sido más inteligente presentar documentos que muestren lo contrario, que es un hombre honesto, cuya fortuna no proviene de fraudes y engaños. Si eso lo llevó a cabo en Tlajomulco, qué no haría en un municipio rico como Guadalajara.

Sin duda, Enrique Alfaro es, además de poderoso, inestable emocionalmente y violento. Pareciera personaje sacado de un pésimo filme de charros muy machos que a la menor provocación sacan la pistola. Las quejas de los engañados y robados están comprobadas, no son acusaciones falsas, están respaldadas por un responsable trabajo de investigación. Para colmo del ridículo, el político jalisciense concluye su misiva apelando a que en esta casa editorial seamos “hombrecitos” y no se hagan públicas sus amenazas, porque “tendremos consecuencias que ni siquiera imagina”. Político elemental, del tipo que imaginábamos desaparecido, ahora cree que con sus ruidosas palabras temblaremos. Lo dudo. Lo que ha hecho este “político” es mostrar su brutalidad y ha puesto en evidencia su capacidad para vivir insanamente de la política.

Sus palabras caen en una sociedad que busca cambiar, que está harta de los excesos y abusos de los políticos. No son dioses, sino simples mortales con una notable capacidad para enriquecerse al amparo del poder. Allá él y su violencia personal, amparada por familiares, amigos y un partido, como lo es Movimiento Ciudadano, en total desprestigio, el que con el caso Marcelo Ebrard se acabó de hundir en el fango. Me parece que eligió el peor camino para enfrentar a sus críticos. Sin duda, no le han llegado las noticias de un México que despierta de su marasmo y enfrenta con decisión a sus peores enemigos: los políticos.



mayo 27, 2015

Arte y periodismo

Mi pasión por la literatura de Truman Capote arrancó cuando leí A sangre fría, recién publicada y yo muy joven. A partir de ese momento, he tenido una inmensa admiración por el periodista y literato. Siempre me he preguntado cómo un hombre tan lleno de genio y capaz de utilizarlo para escribir algunos de los grandes libros de nuestro siglo sea capaz de dejarse atrapar por las drogas y el alcohol, en detrimento de la belleza física y el talento. Truman Capote estuvo sometido a tratamientos, una y otra vez fue a parar al hospital, sus amigos le abandonaron o desaparecieron, y él no podía detenerse. Su muerte ocurrió el 23 de agosto de 1984. Por alguna razón que no recuerdo llegó a mi poder el cable que anunciaba su muerte y aún lo conservo. Poco antes, en Madrid, había comprado Música para camaleones y leído en el vuelo de regresó a México. Su prosa es perfecta, sus observaciones agudas, cada relato una obra maestra. Es un autor que puedo leer una y otra vez. Desayuno en Tiffany’s, A sangre fría, Otras veces, otros ámbitos, Las musas son escuchadas, son libros que procuro usar como textos con mis alumnos. Más aún, a uno de mis cuentos le puse “Miriam”, en evidente homenaje a Truman por su maravilloso y perfecto relato que lleva este mismo nombre. Y sus declaraciones que tanto escandalizaron (Soy homosexual, soy alcohólico y soy un genio) me encantaban. De su generación admiro a Norman Mailer, pero tal vez me siento más satisfecho con la literatura de Capote.

En la biografía que Gerald Clarke escribió sobre Truman Capote parece no quedar nada fuera, están su infancia, sus años de formación, el éxito, quiénes fueron sus amigos, quiénes sus enemigos, a dónde viajó, cuáles fueron sus amantes y la manera en que escribió algunos de sus más importantes libros. Sin embargo resulta curioso que para narrar su muerte apenas utilice una media docena de páginas y recurra a una serie de observaciones médicas sobre las razones de su fallecimiento. Capote era un ser destructivo y autodestructivo; sus relaciones eran por regla general tormentosas. Avanzó hacia el triunfo a grandes pasos y no supo qué hacer con él, cómo administrarlo. Una sociedad refinada y frívola lo consumió. No tenía sesenta años cuando murió.

“Hepatitis complicada con flebitis y múltiple intoxicación por fármacos diversos”, según el forense que efectuó la autopsia. Clarke habla con timidez de un posible suicidio, no deseaba darse otra oportunidad. Le faltaba mucho por escribir, entre ello un libro prometido, Plegarias atendidas, estaba harto de sus viajes al hospital, de la incomprensión de quienes lo rodeaban y optó por una sobredosis. El biógrafo nos recuerda que antes habían muerto Marilyn Monroe y Montgomery Clift, dos personas que se entendían bien con Capote y también habían desaparecido diversos compañeros de andanzas como Tennessee Williams, a quien por cierto está dedicado Música para camaleones. ¿Para qué, entonces, seguir viviendo? Sin fuerzas para defenderse, se dejó caer en el alcohol y en las drogas, sentía pasión por los fármacos (contemplaba las pastillas como joyas) y más de una ocasión tomó fuertes dosis de coca. Cierto, había tenido éxito y un tanto fastidiado poco esperaba de él, se sabía un clásico de la literatura. A diferencia de la mayoría no le importaban los reconocimientos internacionales, tenía asegurado al público lector, cosa que, por ejemplo, ha perdido más de un premio Nobel con el tiempo. En estas condiciones, si Capote sentía que ya poco o nada le quedaba por hacer, ¿por qué seguir en el mundo de los vivos? Había frecuentado la muerte una y otra vez, en los hospitales parecía morir por minutos y hasta por horas. Lo más infortunado para nosotros, sus devotos lectores, fue que se enamoró de la muerte y se le entregó por completo. Cuando falleció casi nada quedaba de aquel hombre ambicioso, arrogante y atractivo que fue. Sus últimas palabras fueron dos: “Siento frío”. Es claro que junto a él estaba esa dama hermosa y terrible que llamamos muerte y que la humanidad ha preferido darle una apariencia sombría o esquelética.

Tal vez Gerald Clarke olvidó en su intento por reconstruir la vida de Truman Capote, uno de los hombres más fascinantes y talentosos de nuestra época, que desde que comenzó a vivir iba hacia una muerte dramática, poco común. No regresa a sus orígenes, como si se tratara del Ciudadano Kane, llega al final que había vislumbrado desde pequeño. Sólo que para tenerlo, antes había que pasar por una vida intensa y un éxito deslumbrante.


mayo 25, 2015

Sebastián y Goeritz en la UAM-X

Este año se cumple el primer centenario del nacimiento de Mathias Goeritz, cuyo paso por México es estremecedor: sus obras supieron impresionar a diversos artistas nacionales, a Sebastián entre ellos. Curiosamente, la UAM-X tenía planeado rendirle un emocionado y cálido homenaje al escultor nacido en Camargo, Chihuahua, quien es hoy el mayor artista plástico del país y cuyas obras han poblado las grandes ciudades del orbe, pero al final optamos por reunir a los dos: el maestro y el discípulo. Por ello, a partir de hoy, el campus Xochimilco de la UAM presentará una exposición dedicada a los dos memorables artistas. Para presentar la muestra representativa del trabajo de ambos, le he solicitado a dos queridos amigos de esta casa de estudios —que se agiganta— que nos acompañen: Jorge Ruiz Dueñas y Dionicio Morales, ambos poetas y críticos de artes plásticas. El primero es, por añadidura, de los fundadores de la institución y durante su responsabilidad como secretario general se preocupó por acercar la cultura a la universidad cuyo lema es “Casa abierta al tiempo”.

Dentro de las concepciones artísticas de Sebastián, todo es monumental, lleno de magia e imaginación. El reconocimiento nacional e internacional es pleno y en esta nota me limito a señalar su enorme importancia. Su arte es múltiple y sus concepciones enriquecen no sólo a la escultórica, sino también a arquitectos, urbanistas y en general todo aquel que sabe de la importancia del arte en metrópolis complejas, que no han sabido proteger el follaje y las zonas verdes en general. En este caso, el artista sustituye en lo posible y de obras donde la mirada pueda reposar. Así, por ejemplo, en la ciudad de México, La Cabeza de Caballo, popularmente llamada El Caballito, desde muchos ángulos es un respiro estético y un punto referencial: el fastidio de la grisura, la contaminación y un movimiento rutinario e incómodo de vehículos no permite ya más el arte que propone Sebastián. Formas colosales, apoyadas en colores llamativos y estratégicamente colocadas en puntos visibles desde diversos sitios.

Los orígenes de Sebastián son diversos y posibles de rastrear: Mathias Goeritz, el arte cinético, los grandes espacios de su natal Chihuahua, Henry Moore, muralistas como Rivera, Siqueiros y Orozco, Leonardo y Miguel Ángel, la geometría y, por qué no, el arte prehispánico que edificó enormes pirámides, triángulos invertidos y buscó grandes figuras y muros colosales. Sin embargo, sus constantes propuestas hacen de él un artista complejo al que hay que descubrir y redescubrir constantemente. De allí la necesidad de apelar a la crítica y a los que se interesan por analizar al arte. Para conocer los pasos de Sebastián, tan de siete leguas como tan intensos. Cada uno de ellos es una nueva concepción estética. Lo he visto proyectar y trabajar, hacer la maqueta y revisar las descomunales piezas que van a formar parte del rompecabezas. Los ingenieros le dicen que esa estructura no resistirá el peso y la altura. Sebastian les explica las razones tácticas e imaginativas por las cuales no sólo lo soportará, sino será inmune a todas aquellas pruebas que el tiempo y la naturaleza le propongan.

En relación a las nuevas esculturas que realiza Sebastián, Óscar Román comenta: “Nuevamente nos sorprende Sebastián con un grupo de obras por demás interesante en el contenido, el sentido y la intensión. Si bien Cuántica habría sido un redescubrimiento de este gran autor, con la nueva serie Universos paralelos logra transportar los límites y formas, donde la materia se entrelaza como si fuera una ecuación transformándose en movimientos análogos y amorfos que resultan ser un grupo escultórico de gran impacto.
“En esta nueva serie podemos encontrar que las esculturas cobran una tridimensionalidad en donde la materia se une al espíritu y, en esta fusión, se logra un dominio total del movimiento, haciendo que las piezas no sólo se vean en constante dinamismo, sino también como una síntesis formal a partir de la cual el espectador podrá hacer una ponderación que lo atrapará en sus sentidos y emociones, ya que uno de los grandes logros de esta serie escultórica es la invitación a la reflexión”.

Sebastián ha sabido crear una escuela y la ha llevado por todo el planeta, obras suyas se encuentran en muy diversas ciudades. Preocupado por la explicación estética de su trabajo y por abrirle las puertas a multitud de artistas plásticos a través de una fundación que es, como todo lo que hacen su mente y sus poderosas manos, descomunal. Trabaja sin detenerse a reposar. La Fundación Sebastián organiza exposiciones, promueve artistas de todo orden, les entrega premios, existen orquesta y coros sebastianos y en sus bodegas están reunidas cientos de piezas que van integrando uno de los acervos particulares más importantes del mundo.

Nuestra amistad es larga y mi admiración por su actividad creativa muy amplia. A Mathias Goeritz no lo conocí personalmente, pero sus obras originales y hermosas, no siempre de gran formato, me impresionan mucho y más de una me acompaña. Para la UAM-X, es una fiesta artística tener una exposición dedicada a estos dos gigantes de la escultura y aprovechar la presencia de Sebastián para rendirle un homenaje a su originalidad y audacia, a su irrefrenable y descomunal fantasía. El hombre-artista que ha recibido reconocimiento internacional y cuyas obras están en las ciudades más disímbolas, mostrando que es un mexicano que bien entiende la universalidad. El suyo es uno de los mayores esfuerzos por poblar de fantásticas esculturas monumentales que en todos los tiempos se han manifestado por artistas ambiciosos artísticamente hablando. Si en un principio, lo que es normal, sus inmensas obras de arte poblaban las ciudades mexicanas, hoy las encontramos en Madrid, París, Tokio…, como la mejor prueba del talento estético mexicano. Ningún otro artista nacional goza de tanto prestigio internacional como Sebastián, quien hoy nos honra con su visita.

mayo 24, 2015

Cine y literatura

Por más afinidades que haya entre novela y cine, si no hay un excelente guionista, la adaptación terminará en un inmenso fracaso, como la mayoría de los relatos llevados a la pantalla grande.

Desde su nacimiento, el cinematógrafo ha echado mano de la literatura. Novelas, obras de teatro y cuentos han sido utilizados para confeccionar películas. A su vez, la prosa narrativa tomó del cine muchos de sus recursos para modernizarse radicalmente. La novela del siglo XX está en deuda con la cinematografía y al revés.
A pesar de que son lenguajes distintos (el cine son imágenes y movimiento, la literatura, palabras), ambas estéticas insisten en aprovecharse mutuamente. De esta manera, digamos, la cinematografía no deja libro exitoso sin convertirlo en guión y filmarlo, dejando con frecuencia poco de la obra literaria valiosa. Tengo la impresión de que raras veces la película basada en novelas o cuentos consigue superarlos. BalzacTolstoiVerneDostoievskiVíctor HugoDickensAustenHemingway, por citar a unos cuantos de los autores más adaptados, para la pantalla han perdido buena parte de sus altísimos méritos, si acaso supervive el argumento. Al llevar a La guerra y la paz, de Tolstoi, al cine, por más correcta y respetuosa que sea la adaptación, no queda mucho de lo que su autor pretendió decir. Para no perder detalle de la obra maestra literaria habría que filmar muchas horas y pocos espectadores resistirían una rigurosa presentación cinematográfica de la novela épica. Por ello, quizá, se presten más al cine las novelas cortas. Pienso en El viejo y el mar, de Hemingway, o en El gran Gatsby, de Fitzgerald.
De todas maneras —y aunque el novelista narre fascinantes aventuras, sea un autor de acción— no es fácil gozar el texto literario y luego quedar satisfecho con el filme. Cada vez que voy al cine a ver una novela convertida en película regreso con la sensación de fracaso. Aunque no siempre: me emocioné con Muerte en Venecia, de Visconti, por la belleza plástica y el soporte musical de Mahler. Asimismo me gustó mucho Tom Jones, aunque no sobrevivió gran cosa de la novela de Henry Fielding.
Contamos por cientos los autores que han sido francamente vejados por el cine: entre ellos están Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft. Siendo generosos se podrían salvar Los crímenes de la rue Morgue y La caída de la casa Usher, de Poe, y nada de Lovecraft: aun en tiempos de alta tecnología y magníficos trucos, sus atroces invenciones y el terror que inspiran sus relatos no han podido pasar exitosamente a la pantalla.
Algunos especialistas afirman que la novela es el género más afín al cine “por su amplitud de acción, pero sobre todo por su capacidad de manejar libremente el tiempo”. Tal vez. Sólo que por más afinidades que haya, si no hay un excelente guionista, la adaptación terminará en un inmenso fracaso, como la mayoría de las novelas y cuentos llevados al cine.
El teatro, es obvio, está más cerca de la cinematografía que la novela. Por ello, Shakespeare o Tennessee Williams han sido mejor captados que Cervantes y William Faulkner. Pero dentro de la literatura hay un género, el policiaco, que cuenta con un público fiel y esta pasmosa fidelidad ha pasado a las salas cinematográficas.
Desde Dashiell Hammett y su célebre El halcón maltés, asombrosamente interpretado por Humphrey Bogart, y aun antes con películas basadas en las novelas de Arthur Conan Doyle, el espectador-lector y el lector-espectador (de los dos tenemos) han sufrido con sus héroes y odiado a los villanos, pese a que los primeros se han ido haciendo cada vez más rudos y brutales. Ya Mike Hammer era un ser violento y James Bond lo es en demasía. El cine y la televisión lanzaron a Mike Spillane y a Ian Flemming a la popularidad. Sus fórmulas son sencillas: imposible darle armas convencionales a los héroes policiacos ni tampoco tramas fáciles de seguir, a cambio, sexo y rudeza. Sólo Agatha Christie desoyó la nueva manera de conseguir el éxito y siguió escribiendo novelas en las que los héroes son, prácticamente, incapaces de tomar un arma. Como Sherlock Holmes, preferían la inteligencia, la lógica deductiva y los claustros.
Ignoro qué tanto Raymond Radiguet, de haber vivido, estaría satisfecho con los resultados de Claude Autant Lara al llevar a la pantalla El diablo en el cuerpo, una de las grandes novelas del siglo XX, escrita por un joven que no cumplía 20 años, por cierto amigo íntimo de Jean Cocteau, cuyo cine era arte puro. De lo que sí estoy seguro es que el genio de Alfred Hitchcock logró superar el relato Los pájaros, de Daphne du Maurier, y que a cambio la cintaNaranja mecánica provocó malestar en Anthony Burgess.
Hay autores que jamás podrían ir al cine. Algunos son BorgesJoyce y Proust, o el Breton de Nadja. Se perdería la hermosura de sus textos literarios y sus personajes nada ganarían con el movimiento. Tengo la impresión de que Kafka jamás ha sido captado por un cineasta, ni siquiera por Orson Wells. A cambio, es probable que el complejo T. H. Lawrence hubiera disfrutado Lawrence de Arabia, de David Lean, de memorable reparto, basada en su libro Los siete pilares de la sabiduría. Algo semejante pudo ocurrir con Espartaco, filme edificado a partir del trabajo literario de Howard Fast. En fin, el tema es largo y complejo, polémico.

mayo 22, 2015

El humor en la literatura mexicana

En nuestro país el humorismo y la fantasía son géneros ajenos, apenas cultivados. Tampoco aparecen frecuentemente en el resto de América Latina, excepción hecha de Argentina. Me gustaría saber con exactitud por qué razones los latinoamericanos miramos con mínimo respeto al humorismo y a la literatura fantástica. Algunos sociólogos de dudoso paladar artístico afirman que se debe al sentido trágico que padecemos, el que nos obliga a ser realistas y solemnes. Y viéndolo bien, es posible que no estén alejados de la verdad. América Latina es un medio continente infeliz, pero baila, canta, juega futbol, grita eslóganes agresivamente nacionalistas... Está contenta, dicen las encuestas. En realidad lo que trata es de olvidar la compleja situación que la mantiene abrumada: deuda externa, dificultades políticas, inestabilidad económica, ahora el narcotráfico y unas no sencillas relaciones con las naciones del llamado Primer Mundo.

Pero centrémonos por ahora en el humor y hablemos sólo de México. Aquí consideramos al humorismo literario como algo menor, acostumbrados como estamos a escribir dramas y a considerar al mundo un inmenso valle de lágrimas. Y esto también puede ser cierto. No creo que un indígena despojado, obligado a una vida miserable, de explotación perpetua ?si pudiera y supiera leer? apreciaría la lectura de Swift o Bernard Shaw. Antes tendrá que resolver problemas primarios de compleja solución. Claro, esto es un caso extremoso. Miremos a la clase media intelectual, ésa que compra libros habitualmente y va a las universidades, el resultado es parecido: prefiere el realismo, un realismo solemne. Es decir, tampoco sabe reír. Habría que hacer una investigación para saber con exactitud sus preferencias en materia literaria. Mientras tanto, hay que conformarse con tener a la mano una precaria lista de humoristas.

Jorge Ibargüengoitia, sin duda nuestra mejor carta en tales terrenos, decía que invariablemente sus familiares le preguntaban: ¿Por qué no escribes libros serios, deja esas tonterías (imagino que se referían a Los relámpagos de agosto, La ley de Herodes, Maten al león o a sus espléndidos artículos de Excélsior, parte de ellos recopilados en volumen: Viajes en la América ignota). Y ?perdonen la inmodestia? yo he pasado por las mismas: muchas personas, mis alumnos universitarios entre ellos, me interrogan: ¿cuándo escribiré sobre las tragedias de los campesinos mexicanos y la explotación y la miseria de nuestros obreros? Una hermosa alumna uruguaya, en la Facultad de Ciencias Políticas, me recriminó: “En sus libros no está clara la lucha de clases. Tampoco veo las tragedias de los explotados.” Su sectarismo iba parejo con su solemnidad, su belleza fue lo único que me impidió reprobarla.

En realidad sí he escrito sobre temas políticos tangibles, los que siempre son una desgracia. Corrupción, creciente criminalidad, ineptitud de políticos y funcionarios. En Los juegos y en El gran solitario de Palacio, por ejemplo, dos obras realistas, hice algo o mucho de crítica social, sólo que la hice con sentido del humor, utilizando la sátira y la ironía que ?suponía y supongo? llegan más lejos y calan más hondo, sobre todo cuando tenemos lectores avezados. No debemos olvidar lo que significó para la lucha antinazi la película de Charles Chaplin El gran dictador, que pudo ridiculizar a Adolph Hitler y restarle más fuerza que cien obras serias. Me gustaría saber algún día que mi Solitario ha servido para desgastar el terrible presidencialismo mexicano.

No podemos negar el proverbial sentido del humor del mexicano. Por supuesto, existe. Sólo que no se encuentra en la literatura. Se halla en conversaciones chispeantes de cantina, en los letreros de camiones materialistas, en las insolencias que decimos cuando pasa frente a nosotros una mujer guapa; existe embozado para satirizar a la política nacional (y aquí hay cierta razón para el ocultamiento: el Estado ha perseguido a la broma política, a la sátira contra el régimen, a la caricatura graciosa, al chiste porque sabe que desgasta la figura del alto funcionario público y lo vuelve tan falible como cualquier otro). Lo más curioso es que el mexicano, en términos generales, no ha sabido explotar la riqueza humorística que posee, en cuanto se sienta frente a la máquina o frente a la computadora, para estar a tono, se pone trascendente. En efecto, no escribe pensando en posibles lectores o críticos, lo hace, para entablar un diálogo intenso y aburrido con la Historia (con mayúscula, por supuesto). Nadie esquiva el trato con la solemnidad. El humorismo literario está en buena medida, dentro de nuestras letras, en Arreola, en el citado Ibargüengoatia, en Tito Monterroso. También se presenta en José Agustín, Parménides García Saldaña y María Luisa La China Mendoza, y sobre todo en los más jóvenes, generaciones que han sacudido a la “seriedad” y a la solemnidad para tomar las cosas con sentido del humor, con desenfado y naturalidad.

El camino en este sentido ha sido lento. Mientras que en Inglaterra, Francia, Estados Unidos, digamos, el humorismo se desarrolla sin mayores contratiempos, en México padece tortuguismo, pero hay esfuerzos para ir más rápido, dejando de lado la atroz solemnidad, que si bien nos atrae el respeto de las buenas conciencias, nos garantiza el sueño de los lectores. Es un magnífico soporífero con la ventaja de no crear hábito.

mayo 20, 2015

Política mexicana: la farsa crece

A falta de proyectos serios y planteamientos ideológicos, todos los candidatos a cargos de elección se concretan a mentir, a falsear la verdad, a insultar a sus rivales. El actual proceso nos distingue como una nación de políticos demagogos y sin interés real en el futuro de México. Buscan los cargos para hacer fortuna a costillas de una nación desesperada. A toda la larga lista de bajezas y pillerías, ahora hemos descubierto que las esposas de los políticos son multimillonarias, mientras que sus esposos, senadores, delegados, diputados, gobernadores, apenas cuentan con algo de dinero para sus gastos, que siempre son mínimos a pesar de las numerosas propiedades y cuentas bancarias que disfrutan.

El diario Excélsior publicó algunos datos asombrosos. De acuerdo a las declaraciones patrimoniales (de quienes las han dado a conocer, unos cuantos), los políticos apenas tienen algún dinero para sobrevivir, ahí está el caso de Ebrard. En cambio, las cuentas y el número de propiedades de sus esposas son elevadas. Por ejemplo, la esposa de Javier Gándara, candidato panista al gobierno de Sonora, no tiene ingresos y se dedica al “altruismo”. Es, en cambio, dueña de un avión y posee casas en Estados Unidos. La esposa de Ricardo Monreal, uno de los baluartes de Morena, partido que lucha contra la corrupción, percibe de modo enigmático 25 mil pesos al mes y declara tener diez propiedades. Otro caso es el del priista Héctor Astudillo, quien busca el gobierno de Guerrero. Dijo percibir 885 mil pesos anuales y no tiene ninguna propiedad. Claro que no, todas aparecen a nombre de su esposa, quien percibe casi 300 mil pesos mensuales y reporta 12 propiedades. Y así por el estilo en una lista cínica e inmoral.

Sólo pensar que estamos en manos de todos ellos, cuya riqueza siempre está puesta a nombre de las esposas, provoca estremecimientos. Hay, dice la nota periodística, políticos pobres, de escasos ingresos, pero sus cónyuges e hijos cuentan con fortunas inauditas. En Sonora, el gobernador ha sido encontrado dueño de cabellerizas que hubieran humillado a un zar ruso o a un monarca español. Posee cabelleriza con caballos pura sangre con un valor de hasta 60 mil dólares y viven como privilegiados en cuadra maravillosa y que tiene aire acondicionado.

Ahora resulta que los políticos, a pesar de los altos salarios que perciben, de los negocios que al amparo del poder pueden llevar a cabo, carecen de bienes, si acaso sueldos modestos, mientras que sus más cercanos familiares poseen riquezas increíbles. Para qué hablar de los funcionarios del gobierno federal. Nadie vive en la razonable medianía, son todos para colmo ostentosos. Autos de lujo, escoltas, aviones propios, yates, viajes de primera clase, casas lujosas y propiedades extravagantes en EU. Ya sabemos que la familia de un ex gobernador oaxaqueño de apellido Murat cuenta con escandalosas propiedades en Nueva York. Han aparecido datos precisos y la mayoría siguen sus carreras en ascenso. Ello no significa que las complicidades son perfectas y que no hay políticos decentes, van tras el dinero bajo un lenguaje de palabras huecas que siempre hablan de justicia social y de lucha a la corrupción. En otras ocasiones se han mencionado las propiedades de AMLO, cuyo lema es la “honestidad valiente”, y nadie sabe de qué vive. No hay estado donde la corrupción y el autoritarismo no florezca y hasta aquellos que como Graco Ramírez parecían esperanzadores, ahora los vemos manejándose dentro de la más sórdida escuela priista, en la que todos sin excepción se han formado.

El otro despilfarro es la campaña electoral. Millones y millones literalmente tirados al basurero, sin que medie una idea, una postura más o menos razonable o inteligente. Sólo palabrería patética y en este grave contexto, de pillerías y robos a la sociedad, quieren que vayamos a votar. Al parecer no tenemos otra alternativa. Por ello es recomendable asistir a las urnas correspondientes y mostrar nuestro desprecio tachando todas las boletas. Fuimos a votar, pero no lo hicimos por nadie, porque nadie vale la pena.


mayo 18, 2015

¿Lucha armada o vía electoral?

La semana pasada, ante un nutrido grupo de alumnos, profesores y ex combatientes de las distintas guerrillas mexicanas, nos reunimos en la UAM-X para discutir seriamente qué tipo de cambio queremos para México. ¿Cambio pacífico o vía armada? El sujeto de la discusión fue el notable libro de Hugo Esteve Díaz, Amargo lugar sin nombre. Crónica del movimiento armado socialista en México (1960-1990), de la editorial La Casa del Mago. La mesa no se convirtió en un ruidoso y vulgar mitin, sino que fue una inteligente reflexión sobre las experiencias de la guerra de guerrillas y si éstas son una alternativa para transformar el rostro de la nación.

Abrí yo señalando los orígenes de los movimientos guerrilleros. La cerrazón del gobierno absolutista en 1968, la ausencia de democracia y la brutal represión en todas sus posibilidades, no le dejaron a multitud de jóvenes otra idea que no fueran las armas. A la violencia del Estado correspondería la de los jóvenes en armas. La tarea no era sencilla. ¿Dónde entrenar y cómo, dónde obtener armas, cómo enfrentarse a un ejército profesional y con prácticas antiguerrilleras? El entrenamiento se obtuvo en donde se pudo y de igual manera se consiguieron armas. Algunos se prepararon en Corea del Norte, porque ni los cubanos ni los soviéticos dieron apoyo en tal sentido. No era fácil.

Los que arriesgaron la vida, los sobrevivientes, hicieron narraciones pormenorizadas de la violencia que padecieron los movimientos armados revolucionarios. No basta el ejemplo del Che Guevara ni la teoría del foco. Las obras de Giap, de Mao Tse-tung, del Che Guevara, de Taber, y otros manuales guerrilleros, eran insuficientes. A las fuerzas armadas del Estado se sumaban enemigos internos como la brutalidad de algunos dirigentes que con facilidad ejecutaban a guerrilleros porque eran sospechosos de “traición”. A este respecto, Gustavo Hirales, a quien visité varias veces en la prisión de Topo Chico en Nuevo León, donde estuvo varios años, narró la excesiva violencia dentro de los revolucionarios. Fueron momentos complejos, feroces, a causa del temor y de la falta de experiencia bélica.

Joel Ortega criticó a los partidos, semiclandestinos, como el Comunista que se sujetaba perrunamente a los dictados de la URSS. Hizo una exposición de la incongruencia de esa izquierda que, como diría José Revueltas, nunca tuvo vinculación con la clase obrera ni tampoco hizo un trabajo serio con los campesinos, movió sus fichas desde las ciudades. Es grato escucharlo: su ironía y sentido del humor le quita la solemnidad que este tipo de discusiones suele tener.

El eje sin duda, fue el autor de la extraordinaria obra que llena un hueco que va del nacimiento de las primeras guerrillas socialistas a la guerra sucia o de total exterminio por parte del Estado. Alguien que pudo tocar el tema, es Salvador Castañeda, quien como Rito Terán optó por no hablar, sino escuchar entre el público. Me refiero a Hugo Esteve Díaz, autor de la obra citada. El suyo fue un intenso recorrido por las guerrillas mexicanas, las analizó en sus pocos éxitos y en sus muchos fracasos. Su investigación es enorme, y minuciosa, podría decirse que exhaustiva, como prueba añadió una voluminosa bibliografía estudiada y entrevistas realizadas a los combatientes socialistas. Los datos y documentos usados y las fotografías dramáticas de los asesinados dentro de un archivo fotográfico que apoya sus investigaciones.

Al final y luego de las conclusiones, el moderador de la mesa le dio la palabra a los estudiantes que asombrados tomaban nota. No es lo mismo suponer que las guerrillas son un bonito filme a saber que la violencia cobra vidas valiosas con extrema facilidad. Dos jóvenes coincidieron en la pregunta: ¿Hoy son válidas las guerrillas dado que las condiciones siguen siendo difíciles y la pobreza y la corrupción es extrema? Tanto Hugo Esteve Díaz como Gustavo Hirales fueron tajantes: no hay condiciones para tomar las armas, ni internas ni externas. La lucha debe centrarse en la organización de la sociedad, en la crítica a los partidos políticos existentes.

En efecto, la vía armada no es posible en América Latina. Queda la vía electoral, la que ahora utilizan los partidos y dirigentes de izquierda. Sólo falta dotarlos de una ideología avanzada.

La sociedad no respondería, tampoco iría tras de un extraviado político a tomar Palacio Nacional o a asaltar un cuartel militar. Es, pues otro el camino que hoy nos mueve a buscar un cambio radical. Es muy posible que el dramático caso de Ernesto Guevara en Bolivia haya sido una advertencia para anticipar los sucesivos fracasos de los movimientos guerrilleros, fueran urbanos o campesinos.

Por ahora, los jóvenes inquietos, de pensamiento avanzado, deben leer la obra de Hugo Esteve Díaz, un libro impresionante, detallado y conmovedor, que alecciona y al fin nos informa de los muchos movimientos guerrilleros mexicanos, de su heroísmo, arrojo, grandeza y sus errores fatales.

mayo 17, 2015

La fantástica: literatura de mil cabezas

Un ser completo debe conocer todos los sentimientos: amor, odio, compasión, pánico, tristeza, celos, para ser un humano perfecto.

En un cuento magistral de Ray BradburyPilar de fuego, un hombre muerto resucita. Se encuentra con el futuro, hace más de 40 años que los viajes a Marte son comunes. El mundo es distinto. El cadáver ha dormido casi mil años. Vaga por la Tierra. Llega a una biblioteca y allí aventura una petición: pregunta por Edgar Allan Poe. El poeta no figura en los ficheros. Tampoco están Lovecraft ni Derleth ni Ambrose Bierce.
Todos desaparecieron en el gran incendio de 2265. La desolación del resucitado es absoluta. No existen ya el temor, el horror a lo desconocido y a lo sobrenatural, segmento importante del espíritu humano. Significa que una parte destacada de la literatura, la fantástica, se ha desvanecido del orbe, por lo tanto, el hombre está incompleto. Una tragedia. El muerto-vivo no tiene mucho qué hacer en un mundo que desconoce el pavor, que abandonó el arte de aterrorizar.
La anécdota encierra gran profundidad. Un ser completo debe conocer todos los sentimientos y emociones: el amor, el odio, la compasión, el pánico, la tristeza, los celos, para ser un humano perfecto. Con tal alegoría Bradbury demuestra, aunque sea parcial y metafóricamente, la importancia del género fantástico.
La literatura fantástica es tan antigua como el hombre. Su origen se pierde en los tiempos: “Figura —dice Lovecraft— como un ingrediente del primitivo folklore de todas las razas, y cristalizó en las más antiguas baladas, crónicas y escrituras sagradas”. Primero es oral, refleja la debilidad humana, lo inexplicable, el miedo a lo desconocido. Luego, al aparecer el lenguaje escrito, se recogen leyendas, historias fabulosas y aparecen seres imaginarios. Se convierten, en suma, en la creación más pura, en la mejor y más completa forma de la inteligencia literaria. Existe algo de innecesario en buscar sutiles diferencias entre lo irreal, lo maravilloso, lo sobrenatural…, cuando todo es posible englobarlo dentro de una sola y rica palabra: fantasía, y darle al género la amplitud que exige y que los teóricos de la materia, enfrascados en discusiones mínimas, estériles, se niegan a darle.
La literatura fantástica no siempre es inspiradora de terror. En ocasiones, como en El fantasma de Canterville, de Wilde, lo ironiza. También descubre nuevos planetas o se recrea con la invención de complicadas tecnologías. En ella lo mismo aparecen demonios y vampiros que temibles y espantosos seres de otros mundos.
Esta literatura recoge o inventa toda una larga serie de personajes y mitos, símbolos y alegorías. Por ejemplo, los fantasmas, los vampiros, el hombre lobo, los demonios, las brujas, los seres invisibles. Luego, cuando los métodos policiacos son desarrollados en la sociedad burguesa para tratar de eliminar la contradicción entre “buenos” y “malos”, hecho que mitiga la lucha de clases, que provoca la aparición del criminal y su brutal respuesta: la justicia, el género se enriquece con autores, pese a las ironías de Lukács, como Conan Doyle o Agatha Christie, ampliando las posibilidades descubiertas por Allan Poe.
Finalmente, la ciencia-ficción captura el espacio y el futuro, los más avanzados y sofisticados aparatos (robots, computadoras, máquinas del tiempo...) y abarca planetas y universos desconocidos. Por ello, porque todo lo anterior es parte de una sola gran familia que ha ido marchando junto con la humanidad, a menudo algunos teóricos mezclan los nombres de WalpolePoeVerneWellsShelleySturgeonLovecraft. No olvidemos que Bradbury, en el prólogo de Cuentos espaciales, se mira heredero natural de todos los escritores fantásticos, sin importar su especialidad. Jacques Sadoul (Historia de la ciencia-ficción moderna) considera una certeza: “Digamos simplemente que la ciencia ficción es una rama de la literatura de lo imaginario, al lado de lo fantástico…”
La literatura fantástica recoge asimismo seres fabulosos y monstruos: desde antes de la Grecia clásica ya hacía mezclas de hombres y animales, le concede a los humanos características de dioses, les otorga el viejo anhelo de la inmortalidad. Es una literatura para la que no existen barreras.
Con frecuencia la literatura fantástica es simbólica y moralista. Vemos constantemente enfrentados al bien y al mal, como en Poe y en Jacques Cazotte. O dándole rienda suelta a los fenómenos de la mente y sus complejidades, como en el Stevenson del Dr. Jekyll y Mr. Hyde o en el Gautierde La muerte enamorada.
Las pasiones, los sentimientos y los problemas que mueven en parte a la humanidad son temas centrales del género que nos reúne. Lo humano está presente en la literatura fantástica. Sólo que no con la obviedad de cierto realismo; en aquélla privan las alegorías, los símbolos, la sensibilidad, la cultura y la inteligencia. Contra lo que algunos dicen, la fantasía no es sinónimo de evasión. Conlleva un compromiso más hondo.

mayo 15, 2015

Un Papa razonable y un comunista con sentido del humor

El dirigente marxista Raúl Castro, le dijo en el Vaticano al papa Francisco: “Soy comunista, pero si sigue así, volveré a rezar”. La broma vino en función de la contribución del guía espiritual del catolicismo para disminuir las tensiones entre Cuba y Estados Unidos. No dejemos de lado que ambos son latinoamericanos y que entienden, mejor que los líderes de las grandes potencias, que los tiempos han cambiado. La globalización se ha impuesto y los horrores del capitalismo se extendieron hasta parecer naturales, pero no lo son. Si antes los marxistas querían transformar profundamente el mundo, según lo expresó el propio Marx, hoy, en Cuba al menos, quieren vivir dentro de sus propias reglas, sin ser hostilizados permanentemente por los norteamericanos. Imagino además que los isleños desean que EU les regrese la obsoleta base naval de Guantánamo, a la que convirtieron en lugar de dolor y muerte, centro de torturas, sin que nadie protestara ni exigiera respeto a los derechos humanos.

Está demostrado que es posible coexistir sin compartir las mismas ideas o similar religión. Cierto, tampoco es fácil como se puede observar en Medio Oriente, pero en esa zona hay explicaciones complejas y es imposible dejar de lado que las tropas norteamericanas han devastado países enteros y una vez destruidos se encargan de los beneficios de la reconstrucción, y eso con un presidente, Obama, que sin mayores méritos goza del Premio Nobel de la Paz.

Cuba nunca agredió físicamente a EU, se defendió de la histeria anticomunista que prevalece en esa arrogante nación, cuya forma de vida ha terminado por imponerse. Hizo las críticas naturales y defendió el derecho que tienen los países a seguir la ruta política que quieran. El socialismo cubano nació en plena Guerra Fría, y para sobrevivir tuvo que aliarse a la Unión Soviética para garantizar su existencia. Los cubanos hicieron frente a una invasión armada y a un bloqueo que no cesa del todo. Fueron víctimas de una de las más extensas agresiones mediáticas de la historia. El Che Guevara murió intentando ampliar la guerrilla y la liberación de otras naciones africanas y latinoamericanas y Fidel Castro envejeció y su organismo de poderoso pasó a ser delicado. Cuba está dispuesta a sobrevivir manteniendo su actual régimen, ya liberalizado. Lo ha probado. No es terrorista, como los estadunidenses dicen cuando alguien no está de acuerdo ni con su expansionismo ni con su brutalidad, enfermedades crónicas con las que nació y que se llama Destino Manifiesto.

Falta mucho por hacer en Cuba. ¿Cómo recibirán a los cubanos que se formaron capitalistas en Miami ahora que puedan regresar a la isla? ¿EU querrá de nuevo controlar la economía cubana e imponer su estilo de vida, lleno de diversión prosaica, elemental? ¿De nuevo tendrá la idea de que Cuba se convierta en una especie de Las Vegas? Falta mucho por hacer en tal sentido. Cuba es hoy una isla en medio de un mar capitalista, saturada de pillerías y de corrupción. ¿Cómo solucionará la llegada de posibles santos que tratarán de catequizar de nuevo a los comunistas, qué harán aquellos que tienen una educación científica ante la avalancha de representantes del buenazo de Francisco?
Por lo pronto, si Raúl Castro dice que irá a misa como acto de gratitud por la intervención del Papa en el largo conflicto con la potencia imperial, irá y está bien. El pueblo cubano no debe seguir soportando miserias porque una vengativa potencia así lo quiere. Muchos siguen pensando en que la religión (en plural) es el opio del pueblo. Pero ello no le ha restado popularidad. En nombre de Dios, el que sea, se han cometido y se siguen cometiendo crímenes atroces. Ojalá que las religiones y las potencias sepan vivir juntas y en paz. Total, cada quien vive como quiere, piensa como le da la gana y le reza al dios que le convenga.