Tantadel

julio 31, 2015

Los derechos de los periodistas en Quintana Roo

Hace unas semanas, en Cancún, se llevaron a cabo mesas de discusión sobre los derechos de los periodistas. Fuimos invitados, entre otros más, Jorge Meléndez, Rogelio Hernández López y yo. Por razones personales, el primero y yo no pudimos asistir. A través de internet tuve información de lo ocurrido en esas pláticas valiosas. Sin embargo, hace unos días, notando que la polémica sobre el tema en Quintana Roo se intensificaba entre periodistas y autoridades, solicité mayor información. Recibí el proyecto llamado Ley para la Protección Integral de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas del Estado de Quintana Roo, objeto de la discusión, algunos documentos y una carta personal que me permito reproducir para dar una idea del problema.

“Estimado maestro René Avilés Fabila, le comento sobre el trabajo que he realizado respecto a la Ley de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas para el Estado de Quintana Roo.

“Hasta el día 24 de julio de 2015, nadie o muy pocos compañeros periodistas sabían sobre la Ley en que estábamos trabajando. De los amigos a los que en algún momento se les invitó para colaborar y hacer un trabajo digno, pocos apoyaron la propuesta para participar y otros no la creyeron importante y por tanto no se sumaron.

“Después de algún tiempo, varios colegas se retiraron de tan compleja tarea, sin percatarse de su importancia. Más adelante otros se retiraron y nos fuimos quedando más solos. Graciela Machuca Martínez, corresponsal de Ricardo Rocha en Detrás de la Noticia y dueña de una revista mensual Maya sin Fronteras, con ya diez años de publicarse, contactó a Rogelio Hernández López, quien desde dos años atrás nos estuvo asesorando para realizar la propuesta de la ley citada. La idea era que reporteros, periodistas, fotoperiodistas y articulistas, entre otras figuras, se sumaran, pues consideramos importante su participación en los trabajos y discusiones de la mencionada ley que, aunque está concebida para Quintana Roo, puede ser un ejemplo positivo.

“Los sucesos que anteceden en Quintana Roo, antes de la entrega de la Propuesta de Ley, como es el caso de los artículos que escribe Lydia Cacho, en El Universal antes de que la despidieran, muestran una gran saña contra Quintana Roo; es también el caso de Pedro Canche y que ha sido la bandera de Artículo 19, para denostar al estado -le invito a que vea quién está al lado de Darío Ramírez: Lydia Cacho. Un caso más es el de la revista Luces del siglo y Norma Madero, quien fuera la directora. Fue una publicación que era referente para el quehacer periodístico en el Estado, pero desde que el compañero Agustín Ambriz llegó a la misma, ésta se vino en picada e inventaron mil ataques que supuestamente se gestaban desde el gobierno estatal. De lo anterior, el mismo Rogelio Hernández López, le puede ampliar aún más el panorama.

“Sobre el asunto de Pedro Canche: Es inaudito que quien venga a investigar realmente vea tantas contradicciones. En su muro de Facebook se describe como historiador, corredor de arte, periodista, representante maya...

“El 24 de julio de 2015, en Por un periodismo libre. Mirada Interactiva A.C., vimos la posibilidad de entregar la Propuesta de Ley para la Defensa de Personas de Derechos Humanos y Periodistas en el Estado de Quintana Roo, pues no teníamos por qué entregarla como vulgarmente decimos en lo oscurito. Es una Propuesta de Ley que no tiene el sello particular de ninguno de los que participamos en su elaboración, ningún artículo o apartado está dedicado a uno de nosotros, es más, puedo asegurar a usted que si se hubiese aprovechado por el gobierno, no tendrían mucho qué juzgar.

“Le mando la Propuesta de Ley que fue entregada. También la Ley del gobierno Estatal y que es en la que estamos luchando para que se tomen puntos y artículos de la nuestra, antes de que se suba al pleno el próximo 3 de agosto. Al mismo tiempo, la carta de la Casa de los Derechos de los Periodistas e información adicional. Atentamente, Antonio Cabello”.
Sin duda habrá que conocer íntimamente tanto la ley que proponen como el trasfondo del problema. Es un tema importante que si bien ha nacido en Quintana Roo, puede ser de suma utilidad para otros estados.

julio 30, 2015

Los vaticinios de Fidel Castro

Sin duda Fidel Castro es la figura política más destacada del siglo XX. Su papel inicial como revolucionario, como audaz guerrillero y luego, una vez que su movimiento triunfó, como estadista enfrentado a la mayor potencia de la humanidad, Estados Unidos, lo hizo controvertido. Para muchos era un hombre a seguir, el promotor del sueño marxista en América Latina y en el llamado tercer mundo, para otros un dictador. Sobrevivió al derrumbe del bloque socialista que en mucho lo apoyaba y hoy, enfermo y fatigado por décadas de intensas y desiguales luchas, sigue allí, detrás de su hermano Raúl, intentando rescatar el sueño que tuvo en su brillante y audaz juventud. Sus mejores y más leales amigos como Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara fallecieron en plena lucha. Fidel se quedó sólo.

Pero así como pudo mantener viva la esperanza de la Revolución Cubana en plena Guerra Fría, ha logrado mantener a flote a la maltrecha isla a pesar del largo embargo y las presiones del capitalismo norteamericano, de una disidencia poderosa y de la caída del socialismo. En sus mejores momentos, su inteligencia e ironía irritaban al enemigo yanqui. En estos momentos EU ha recuperado algún nivel de cordura y entre sus guerras de rapiña, sus deseos de hacer un mundo a su medida, y la terquedad cubana, al fin arrancan los intentos para restablecer buenas relaciones entre ambos países antagónicos. El primer paso ya fue dado y han comenzado a funcionar las dos embajadas. Lo que nunca alguien pudo imaginar, las relaciones diplomáticas directas han comenzado.

Un periodista agudo recordó que en los momentos más complejos y enconados entre Cuba y EU, a Fidel Castro le preguntaron si algún día volvería a tener amistad con la potencia imperialista. Este detalle fue recordado en La Opinión, Argentina, “gracias al periodista y escritor argentino Pedro Jorge Solans, quien rescató el dato en un reciente viaje a la isla caribeña mientras realizaba un reportaje sobre las nuevas relaciones entre el país del norte y la isla.”

Cuenta el diario que “corría el año 1973, cuando Richard Nixon juraba su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos de América y terminaba la guerra de Vietnam, Fidel Castro participaba en una de sus habituales reuniones con periodistas cuando el reportero inglés, Brian Davis, le preguntó: ‘¿Cuándo cree usted que se podrán restablecer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, dos países tan lejanos a pesar de la cercanía geográfica?

“Fidel lo miró a los ojos y respondió con voz fuerte: ‘“Estados Unidos dialogará con Cuba cuando tenga un presidente negro y haya un Papa latinoamericano”’.

Obviamente los periodistas rieron de lo que consideraron una buena broma, y al fin algo imposible de llevar a cabo. EU estaba muy lejos de tener un presidente no blanco y América Latina, más bien el mundo, negaba la posibilidad de que hubiera un papa latinoamericano. Las risas y la incredulidad campearon. Cuántos años han pasado de aquél momento irónico. El capitalismo está triunfante y bien lo representa un político negro, mientras que un argentino, como argentino era el Che Guevara, es el jefe del catolicismo. EU y Cuba ahora se acercan con cautela, Cuba sabe que el monstruo no ha cambiado para mejorar sino para mantener y hacer crecer el capitalismo. Fidel sabe que su deber histórico es intentar al menos detener el avance de la economía de mercado en Cuba. Tal como hace más de cincuenta años, Cuba es el único país comunista de América Latina y uno de los pocos que han mostrado resistencia ante el embate del neoliberalismo más poderoso y arrogante que nunca. Pudo destruir al socialismo y sus restos poco a poco van entrando al aro. Lo que no indica que las contradicciones hayan acabado. El capitalismo es inalterable en su rapiña y en el mejor de los casos busca salidas parciales para paliar las diferencias sociales y las contradicciones entre quienes todo lo tienen y los que apenas poseen lo mínimo indispensable. Problema que padecen aquellas naciones que se jactan de ser gobernadas por Estados de bienestar, por regla general monarquías.

Esperemos que las cosas entre Cuba y EU marchen. Pero asimismo esperemos que haya otro buen vaticinio de Fidel Castro.

julio 27, 2015

¿Queda algo por privatizar?

El triunfo a escala planetaria es de la economía de mercado, de lo que muchos con indignación denominan capitalismo salvaje. ¿Por qué sería lo contrario ahora que el socialismo se ha derrumbado estrepitosamente y algunos países en vano tratan de quitarse el peso de sus reglas? Es cierto: el capitalismo no es un humanismo, es un sistema que funciona a base de la explotación de una minoría sobre la mayoría. Sus valores son sencillos. Un grupo de multimillonarios son capaces de generar multitud de empleos. Pero no hablan de la concentración de la riqueza y de la forma inequitativa en que ésta es distribuida. La fuerza poderosa que el neoliberalismo ha alcanzado le permite imponer sus reglas. Aquí y allá. Grecia, por ejemplo, tiene un gobierno de tendencia izquierdista y con exigencias naturales, fue doblegada. Tendrá que “apretarse” el cinturón, privatizar todo lo que sea posible, exprimir a sus habitantes y someterse.

Para desgracia de unos y alegría de otros, en Cuba, pasará algo semejante. Dependerá de la capacidad y la fortaleza de lo que queda de los sueños de aquellos que hicieron una revolución pensando en un modelo más generoso, soñando con imponer un modelo socialista. En China y en Vietnam, ocurre otro tanto. Los procesos capitalistas avanzan extrañamente con la participación del Estado, el que jamás se extinguió, es un Leviatán brutal que olvidó a los que imaginaron que con el tiempo y los avances revolucionarios desaparecería para quedar en una modesta maquinaria que administraría esa especie de paraíso proletario donde las clases sociales desaparecerían. Sólo queda, como país comunista, Corea del Norte. Pero dudo que pudiera ser un modelo a seguir. Hay allí una dictadura hereditaria criminal.

México es un país que se ha prestado, no sin resistencia popular, a la absorción de lo público por lo privado. Luego de una revolución violenta y de clara orientación popular, comenzó a declinar. La lucha de caudillos, ocurrida una vez que fue creada una constitución avanzada, se ocupó de eliminar rivales hasta que Plutarco Elías Calles sobrevivió y se hizo el jefe máximo. Con Cárdenas hay un paso adelante, vuelve a los orígenes y la revolución alcanza su punto más alto. Las preocupaciones sociales afloran y la nación se sacude ante las expropiaciones. Por razones complejas, nacionales e internacionales, al concluir el mandato de Cárdenas, arranca el camino hacia la derecha. Es gradual y lento, pero es seguro. La revolución se torna palabrería hueca y se establece una dictadura de partido. Pero no vivimos solos en el mundo y los sucesivos gobiernos van cediendo lo ganado con el hoy manido llamado a la modernización. Recuerdo al historiador Gastón García Cantú ante el presidente Fox, señalándole que en lugar de pensar en privatizar Pemex, debería llevar a cabo una seria reestructuración, eliminar la corrupción y poner la empresa no en manos de particulares sino en la de expertos ingenieros y administradores nacionalistas. Fue una plática absurda. Fox no escuchaba, era un empresario que tuvo la fortuna de dormir en Los Pinos seis años. El resto lo sabemos.

La tendencia privatizadora no comenzó con el PAN en el poder, sino con el propio PRI, ya distante de las preocupaciones sociales de los revolucionarios de 1910-1917. Se preocupó por “modernizar” al país privatizando lo posible. Hoy no existen límites. Nos explican que la única posibilidad de salir del atraso y la pobreza es poner en manos de particulares los recursos naturales.

Pero quizás eso no sea tan grave como suponer que debemos hacer sacrificios, tan drásticos, pero menos ruidosos como los que la economía del euro le impone a los griegos. Que es posible que cohabiten la economía de mercado y ciertos métodos marxistas, que a China le ha funcionado. Lo que se esconde en ese gigante detrás del Partido Comunista es una fuerza especulativa que poco considera a los habitantes. Una dura burocracia controla la producción con resultados positivos, pero a costa de la libertad y la democracia. La partidocracia mexicana se ha uniformado y nadie piensa en seguir otra ruta que no sea la de la libre empresa. Al coro político se han sumado sin escrúpulos los medios y los intelectuales. Se piensa en arreglar la casa ruinosa, pero a nadie se le ocurre modificarla profundamente.

Durante la época de Adolfo López Mateos había alguna resignación pudorosa: “Somos de izquierda dentro de la Constitución”. Las voces de los progresistas defendían la esfera de lo público, era lo correcto y criticaban a los ricos y voraces empresarios. Parecía una actitud sincera. No, simplemente pavimentaban el camino que nos ha llevado a donde hoy estamos. No deja de ser llamativo que nuestros indignados quieran reformas, dejando intacto al sistema que ahora es un fantástico productor de multimillonarios, algunos altruistas, pero voraces al fin. Tenemos a la vista tiempos donde ya hasta el agua será controlada por empresas privadas. No por el Estado.

julio 26, 2015

Esculapio, el enemigo de todos*

Fue educado para la medicina: conoció todos sus secretos y se familiarizó con aquellas plantas que tenían propiedades medicinales y logró técnicas de curación insólitas. Su inteligencia era excepcional y pronto se hizo un hombre sabio que fue más allá de su tiempo.

La medicina tiene a Esculapio como su dios. Dios de la medicina y la curación, protector de los sanadores y de los grandes médicos desde los tiempos de la Grecia clásica.
Esculapio fue hijo de Apolo y una guapa mortal, Corónide. Cuenta la historia que la mujer, su madre, era insaciable, no se conformó con los amores de Apolo y lo engañó. El castigo fue despiadado: la deidad mató a la adúltera y el hijo fue entregado al cuidado del centauro Quirón.
Esculapio fue educado para la medicina; conoció todos sus secretos y se familiarizó con aquellas yerbas y plantas que tenían propiedades medicinales y logró técnicas de curación insólitas. Su inteligencia era excepcional y pronto se hizo un hombre sabio que fue más allá de su tiempo y anticipó el futuro. A su paso fue dejando oráculos o santuarios donde se practicaba la medicina. En ellos, los enfermos esperaban el restablecimiento de la salud. Son, pues, un remoto antecedente de los hospitales o sanatorios como los conocemos. El más afamado de todos fue el templo de Epidauro, donde por siglos se dieron curaciones asombrosas. Esculapio es un héroe asombroso, citado por Homero, Píndaro, Hesíodo y por Aristófanes en su comedia Pluto.
Jamás perdió el espíritu aventurero y se unió a los argonautas, encabezados por Jasón, en la búsqueda del fantástico vellocino de oro. Nunca la historia de la humanidad registra a un grupo de hombres de semejante valor y capacidad para actuar ante los conflictos y la adversidad. Una celebérrima epopeya donde la acción individual tiene menos importancia que la empresa común, algo que anticipa las ideas de Marx y que ponen en tela de juicio el grandioso papel que el inglés Carlyle le concede al héroe.
En ese viaje memorable, los conocimientos de Esculapio aumentaron llegando a tal nivel que se sintió por encima de los dioses: ¡claro!, podía sanar a su antojo y así evitar la muerte. Cuando consiguió dar con la fórmula para resucitar a los difuntos comenzó la metamorfosis. En un principio, regresaba de la muerte a los hombres más valiosos como Tindáreo, Himeneo, Hipólito y Glauco, pero más adelante resucitaba a cualquier cadáver que se encontrara o le pusieran al frente, sin importar su origen o las acciones que en vida llevó, si merecía regresar del más allá o seguir entre los muertos.
En mucho se adelantó al milagro que Jesucristo hizo al revivir a Lázaro. Se hizo, en consecuencia, todavía más arrogante y jactancioso, pues tenía en sus manos uno de los poderes de Zeus. Fue cuando las deidades del Olimpo se preocuparon seriamente. De todas, la más irritada era Hades, quien le rogó a Zeus su intervención. Así fue, pese a la oposición de Apolo: un rayo fulminó a Esculapio. El afligido padre consiguió al menos que su hijo se convirtiera en símbolo de la medicina en reconocimiento a sus facultades, una especie de dios menor o semidiós, aunque ya sin el poder de la resucitación.
¿Qué sucedió exactamente, que la historia y la mitología ocultan con celo?
El poder de Esculapio había llegado a ser atroz: ¡halló la anhelada inmortalidad! Eso le permitía competir con los dioses. Zeus fue sensato (Hades tenía razón y Apolo estaba hablando como un padre): y dijo: —No podemos despoblar un mundo para sobrepoblar el otro.
Esculapio entonces pasó a ser una tediosa deidad de hospitales y sanatorios a la que poco le rinden culto. En realidad, al final de su existencia, Esculapio era odiado por todos, menos por Apolo.
A la larga, y esto lo vemos hoy, en pleno arranque del siglo XXI, y en contra de un agudo Malthus que veía saludable la existencia de las enfermedades y las guerras para evitar la sobrepoblación. Me refiero al fascinante trabajo deThomas Robert Malthus (1776-1834), Ensayo sobre el principio de población, donde entre otras cosas aconseja la limitación de los matrimonios y nacimientos para evitar un mayor empobrecimiento de las clases desprotegidas, libro que pudo ser escrito bajo el influjo del crítico y ácido humorista Jonathan Swift (1667-1745), particularmente por Una modesta proposición para evitar que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres y para hacerlos útiles al público.  Zeus, simplemente, alargó el terrible final: los adoradores de Esculapio han seguido en su trabajo para sanar y prolongar la vida de los hombres, merced a ello, el infierno no crece con rapidez, porque los pecadores logran prolongar cada vez más su muerte y eso tiene un agobiante efecto multiplicador en el planeta.
No está de más señalar un dato curioso, ocurrido más adelante a un adorador de Esculapio: Hipócrates. Fue un insuperable alumno, estudió a fondo sus investigaciones y trabajos, y durante todos sus años de vida, le rindió culto puntual; sin embargo, nunca gozó del aprecio del dios quien no le permitió conocer la fórmula de la inmortalidad: Hipócrates era, para el gusto de la deidad, de un exagerado patriotismo y para colmo un sentimental.

julio 24, 2015

Cuba y EU, ¿buenos vecinos?

Me formé políticamente al amparo de la naciente Revolución Cubana. Fueron años extraordinarios. Acababa de ingresar al bachillerato y tuvimos que salir a las calles a manifestar nuestra solidaridad con Cuba que era agredida en Bahía de Cochinos. Los universitarios fuimos en busca del general Cárdenas, él podría aconsejarnos. Fue parco y nos aseguró que los revolucionarios vencerían a los mercenarios reclutados por la CIA y fue exacto. La sorpresa fue mayúscula cuando cercados por la incomprensión del continente, Cuba fue aislada por EU. Luego vino la crisis de octubre que puso frente a frente a las armas nucleares soviéticas y a las norteamericanas. Fueron 57 años de acosos y privaciones. La Revolución representaba una salvación, era además apoyada por la Unión Soviética y la Guerra Fría gradualmente se calentaba. El resto se dice fácil, pero no se explica tanto. La Revolución Cubana fue perdiendo el impulso. Murió Ernesto Guevara. El bloque soviético se derrumbó y el triunfo aplastante del capitalismo en su fase superior arrasó con lo que queda de lo que fue el socialismo real o realmente existente. Los países que afirman ser comunistas son un híbrido de preocupaciones sociales y economía de mercado. Más la segunda que las primeras. Actualmente Cuba muestra que la última etapa del comunismo es el turismo.

   Ahora que EU mira el mundo con serenidad y se percata de que su enemigo actual ya no son los fascistas ni los comunistas, sino los árabes, piensa que es tiempo de reanudar relaciones diplomáticas con su antes enemigo mortal y ahora ondea en Washington la bandera cubana, mientras que en La Habana pronto harán lo mismo con la norteamericana. ¿Así de sencilla es la situación? Claro que no. Faltan las reclamaciones, las presiones del conservadurismo estadunidense, que incluye a los herederos del exilio de Miami y del otro lado, Cuba desea ver que le reintegren la antigua base naval de Guantánamo, hoy una prisión donde campean la tortura, las violaciones a los derechos humanos y poderosos restos del viejo imperialismo que hoy pareciera desvanecerse.

   Del otro lado, los norteamericanos exigen el pago de las empresas nacionalizadas por Cuba y, desde luego, rechazan la exigencia cubana de regresar Guantánamo a Cuba. Esta base carece de valor estratégico. Si antes fue un punto de abastecimiento para barcos de guerra norteamericanos, desde hace décadas dejó de tener valor militar. Un misil atómico puede ser disparado desde el Pentágono o desde un submarino nuclear en aguas del Mediterráneo para golpear más a los castigados países árabes. Ni siquiera es posible decir que es una prisión de alta seguridad para terroristas, algo ridículo, pues Cuba jamás ha llevado a cabo acciones violentas contra EU, sería exponerse a una invasión semejante a la que sufrió Irak o Afganistán, más grave acaso si tomamos en cuenta la cercanía de Cuba con territorio norteamericano.

   Faltará tiempo para que los EU entiendan que los países pueden seleccionar la ruta que deseen, o tal vez jamás la superpotencia lo comprenda. Sabe que es la nación elegida (el destino manifiesto) y que su inmenso poderío militar y económico lo respaldan. En consecuencia, no es fácil que las relaciones diplomáticas avancen. Pero ya el primer paso fue dado, lo siguiente es cuestión de negociarlo con dificultades. Antes el apoyo soviético contaba, hoy Rusia no llegaría tan lejos como para zanjar sus dificultades con las potencias occidentales. Cuba sigue sola y para colmo las dificultades internas aumentan de manera natural: los cubanos ya no quieren más miserias, más sacrificios, de sobra han pagado su cuota revolucionaria. Ya saben que el socialismo no es fácil de instrumentar, de llevarlo de la utopía a la realidad, sobre todo en una isla pequeña, con carencias y necesidades.

   Cada norteamericano, demócrata o republicano, blanco, negro o mestizo, sabe del potencial de su país y eso los hace arrogantes y a tomarse en serio como país diseñado por Dios para llevarnos a la felicidad. Cuba no tiene mucho en qué apoyarse. El espíritu revolucionario ha venido a menos, nadie aspira a ser el hombre nuevo ni desea seguir haciendo sacrificios. Internet agrava la situación, ahora los cubanos tienen mayores fuentes de información y del mismo modo más deseos de vivir dentro de una democracia burguesa con libertades.

    Sin embargo, restablecer relaciones diplomáticas es un buen paso para ambas naciones, para la pequeña isla que retó al mayor gigante de la humanidad y para el gigantón que en vano quiso estrangular a una isla no mayor que Florida. Un diplomático gringo declaró que ahora serán “buenos vecinos”. Esto recuerda que durante malos años, EU nos llamó buenos vecinos. Los mexicanos reaccionaron diciendo que nosotros éramos los buenos y ellos los vecinos. Esperemos que la inesperada reacción norteamericana sea para bien de un pueblo que ha bregado mucho por su modo de vida.

julio 22, 2015

Marco Aurelio Carballo, entre el periodismo y la literatura

Marco Aurelio Carballo, a quien conocí cuando él se formaba como reportero en el Excélsior del polémico Julio Scherer, donde yo ocasionalmente publicaba algún material cultural, solía preguntarme sobre mi formación literaria. Deseaba ser literato y en esos años pocos o nadie hablaba del nuevo periodismo, la sana y natural mezcla del periodismo y la literatura. Nos fuimos haciendo grandes amigos. La salida de Scherer alteró el rumbo de muchos diaristas. Unos cuantos lo siguieron para formar Proceso, la mayoría buscó en otros espacios.

El grueso de los grandes reporteros caminaron con Manuel Becerra Acosta para fundar un periódico brillante e inteligente: el Unomásuno. Entre los 33 que lo constituyeron quedé yo, sostenido sobre todo por la amistad de Marco Aurelio Carballo. Allí estuvimos algunos años, no muchos. Poco a poco y luego de un gran éxito, cayó en pésimas manos y aquellos que firmamos el acta constitutiva nos fuimos no sin antes publicar nuestras renuncias en la revista Siempre!, donde Carballo era muy querido y respetado por Pagés Llergo; hoy el diario es una sombra.

En esos vaivenes periodísticos, Marco Aurelio escribía una novela y cuentos que no solía mostrar. En algún momento tuvo a bien enseñármelos. Seleccioné un puñado, los que más me gustaron, y se los di a una editora argentina que hacía modestos y cordiales libros. Ése fue el arranque del Carballo literato. Comenzó a publicar novelas y relatos, sin dejar de acometer las tareas que su vocación original le exigía. De tal forma obtuvo el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Nacional Pagés Llergo.

Marco Aurelio nació en 1942 en Chiapas y siempre vivió muy ligado a su estado. Cada tanto iba a impartir talleres literarios, los que el tiempo le permitía. Marco Aurelio sentía que había comenzado a escribir literatura tarde y lo imagino así porque es casi de mi edad, es decir, por derecho pertenecía a la mal llamada generación de la Onda. Tuvo tratos con todos ellos aunque la mayoría habíamos empezado a escribir en la adolescencia. Pero a cambio, su tenacidad era sólida: siempre estaba leyendo buena literatura y escribiendo con una prosa fluida y natural, acaso producto del largo trabajo periodístico. Publicó más de una docena de libros, entre crónica, entrevista, novela y cuentos. Obtuvo asimismo diversos premios literarios, entre ellos destacan: el Premio Chiapas de Literatura Rosario Castellanos y el Premio Nacional de Novela Luis Arturo Ramos. La crítica señaló que Polvos ardientes de la Segunda Calle, Mujeriego, Diario de un amor intenso y Muñequita de barrio, son sus mejores obras.

Hombre hosco, a veces poco tratable e incorruptible, con sus amigos solía ser generoso. Cuando aceptaba ir a alguna reunión era seco, cortante. Pero tenía un sentido de la lealtad enorme. No me sorprende que ahora seamos sus amigos de unas cinco décadas quienes lo reconozcamos como un gran escritor. Rafael Cardona, muy cercano como Fernando Macías Cué, a Carballo, siempre me bromea por la poca ayuda que le di para que desarrollara su parte literaria: René, nos quitaste a un notable periodista para convertirlo en escritor de literatura. La verdad es que Carballo sumaba la realidad inmediata a la literatura (le gustaba el uso de la primera persona del singular) y su placer era utilizar una prosa de belleza notable y muy cuidada.

Juntos recorrimos media república. Nunca estuvimos juntos en el extranjero, por él y Patricia, su esposa, pude conocer al fin a Elena Garro en París y contribuir en las gestiones para que la mejor escritora de México pudiera regresar a casa, a morir entre nosotros.

No es fácil pensar en Marco Aurelio Carballo sin pensar en su generosidad y sentido de la honestidad, mucho menos imaginarlo sin Patricia Zama, su magnífica compañera. Mañana jueves, en el Hotel Geneve, a las 11 de la mañana, sus familiares y amigos estaremos para reconocer en Marco Aurelio Carballo a un gran periodista y escritor que finalmente consiguió dominar ambos oficios y en ambos probó su talento.

julio 20, 2015

El antes y el después en México

Crónica publicó una excelente y amplia nota de Bertha Hernández sobre Gilberto Bosques. Pese a que en su memoria se han dicho infinidad de palabras positivas, dudo que haya muchos mexicanos que lo recuerden. En mi caso fue uno de los personajes legendarios que poblaron mi adolescencia. Por notable coincidencia, en Puebla una empresa periodística nos entregó un reconocimiento a cuatro hombres y una mujer por distintos méritos. Uno de ellos fue Gilberto Bosques (1892, Chiautla, Puebla-1966, México, DF), que sus descendientes  recogieron.

Es una pena que sean unos cuantos en un país de más de 120 millones de habitantes, quienes hagan un esfuerzo por mantener en la memoria a cientos de grandes figuras que surgieron, luego de la Revolución Mexicana, en todas las manifestaciones de la vida pública, las artes, las ciencias y la política. Fue un fenómeno asombroso. De pronto pintores de la magnitud de Diego Rivera, Orozco, Siqueiros, Tamayo, Frida Kahlo o de escritores como Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán y José Vasconcelos o de músicos como Carlos Chávez, Silvestre Revueltas y Moncayo poblaron el nuevo rostro de México, ejerciendo una larga serie de transformaciones positivas que incluso influyeron fuera de México, entonces visitado por infinidad de figuras internacionales. Hoy basta dar una mirada crítica (sin las simpatías o antipatías personales) para analizar el después, el hoy. Gobiernos pésimos, gobernantes apenas letrados, sostenidos por recursos de las modernas tecnologías y partidos abyectos sin ideología alguna.

En el campo de la diplomacia, bueno. México dejó de ser potencia con un prestigio adquirido por méritos intelectuales e ideológicos, para dar prioridad a los amigos del mandatario en turno. No más figuras como Isidro Fabela o Gilberto Bosques. Este último se formó en las filas de Francisco I. Madero, desde el inicio se convirtió en un decidido revolucionario que siguió tenazmente al promotor del nuevo movimiento. Ya formado como maestro, opta por la defensa de Veracruz, invadido en 1914 por los norteamericanos, y de allí en adelante la carrera de Bosque está siempre vinculada a los movimientos más positivos. Me parece oportuno -dentro de este complejo, fascinante y vigoroso pasado- destacar que Gilberto Bosques, en apoyo a las grandes tareas revolucionarias, estuvo cerca del secretario de Educación José Vasconcelos y más adelante del general Cárdenas. Con ambos personajes legendarios e irrepetibles, llevó a cabo un trabajo memorable que hoy parece borroso o de plano inexistente.

Bosques fue un hombre que supo ver el peligro del naciente fascismo, luego de pasar por la dirección del diario oficial El Nacional, del que Carlos Salinas se deshizo, y luego de participar en los trabajos de la expropiación petrolera, arrancó la parte medular de su carrera, la de un diplomático que salvó cientos de vidas que huían de la barbarie de las tiranías de Alemania, Italia y España. Fue Gilberto Bosques, remacha Bertha Hernández, “quien ya había recomendado al gobierno mexicano romper relaciones con el eje Berlín-Roma-Tokio”. Por su lucha antifascista él y su familia sufren prisión en Alemania. Pero ya había cumplido parte de su misión y puesto a salvo a cientos de españoles que huían de la brutal dictadura de Franco y judíos que trataban de poner distancia entre el escandaloso antisemitismo del fascismo.

Todavía en la Cuba prerrevolucionaria, Gilberto Bosques se vinculó a quienes ya luchaban por la libertad de la isla: Fidel Castro y los suyos. Una vida de epopeya y de gran utilidad en el México grandioso que agonizaba lentamente, luego del gobierno del general Cárdenas.
Hoy sólo las artes sobreviven, dejaron una profunda huella y los nuevos creadores siguen avanzando con o sin el apoyo gubernamental. La política se ha envilecido y es abiertamente de derecha, lo mejor que podemos hallar son personas desesperadas que están situadas en una suerte de centro-izquierda, pero que no quieren mayores cambios o transformaciones sino pintar la decadente fachada del capitalismo actual. Un centro que significa cero grados de la política y una izquierda que le basta tener un poco mejor el feo edificio que han edificado nuevas generaciones de políticos y funcionarios, sostenido por el impulso triunfal del neoliberalismo, es decir, la versión capitalista de nuestra época.

Recuerdo que durante la entrega del reconocimiento mencionado, estaban descendientes de judíos y españoles, cuyos padres habían llegado a México merced al apoyo valeroso de Bosques. Fue un momento emotivo y de nostalgias para un puñado. Afuera del amplio recinto ya otros personajes y otras ideas, en todos los casos mínimos, sin estatura moral e intelectual, carentes de motivos ideológicos, más dispuestos a obtener un jugoso empleo que a defender grandes causa, se agitaba.

Hacen bien aquellos que nos traen de nuevo a personajes legendarios como Gilberto Bosques porque así la memoria de los mexicanos no será tan débil. ¿Qué nos pasó? ¿En dónde fracasamos tan estrepitosamente?

Literatura y periodismo

En la década de los sesentas comenzaron a aparecer en EU escritores que preferían trabajar en diarios y revistas. Tom Wolfe acuña el término Nuevo Periodismo para señalar a la mezcla de dos lenguajes: el periodístico y el literario. Esto aparece como una novedad asombrosa y así lo deja ver Ryszard Kapuscinski en su libro Los cinco sentido del periodismo. En el México del siglo XIX, ante los inauditos hechos políticos, una multitud de literatos se convirtieron en periodistas para mejor dar la batalla, primero, contra el conservadurismo y más adelante contra la invasión estadunidense y la intervención francesa. Algunas de las mejores características del Nuevo Periodismo, la ironía, el buen humor, el lenguaje coloquial y una sintaxis audaz, se dieron en la segunda mitad del siglo XIX. Escritores como Ignacio Ramírez, El Nigromante e Ignacio Manuel Altamirano convirtieron el acartonado periodismo en ágiles notas que estaban más cerca de la creación que del informe de hechos precisos. Durante la Revolución Mexicana ocurrió otro tanto. De este modo fue apareciendo nuestro Nuevo Periodismo. La llamada Novela de la Revolución Mexicana contiene tantos elementos autobiográficos que resulta imposible no ver la mezcla de periodismo y creación literaria. Algunas obras como Memorias de Pancho Villa de Martín Luis Guzmán son falsas autobiografías y la mayor parte de las novelas de José Vasconcelos no son más que autobiografías. Hay, pues, deliberada combinación de géneros con tal de lograr obras maestras.
Los antecedentes pueden remontarse muy atrás. Hay quienes citan El diario del año de la peste de Daniel Defoe (1722), como precursora y los tenemos que van a dos libros de rapiña: Las cartas de relación de Hernán Cortés y La crónica de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, ambos vistos como tareas de “comunicadores”. Kapuscinski hace su lista e incluye a poetas como Eliot y Wordsworth y narradores como Balzac, Dostoyevski, Orwell y Malaparte. Ello equivale a dar como hechos informativos o periodísticos, seguramente históricos, libros de memorias, diarios, crónicas de viajes, autobiografías, etcétera. En tal sentido, Michel Tournier los separa y explica que los anteriores son parte del género documental. Pero yo considero que muchos de esos libros “documentales” con frecuencia son parte de la ficción del escritor, de su imaginación, a veces en forma deliberada, otras como resultado de recuerdos imprecisos o borrosos. La historia es asimismo inexacta por más que la consideremos una ciencia. Por siglos aceptamos la existencia del ave Roc sólo porque el llamado padre de la historia, Herodoto, la citaba en sus Nueve libros de historia. Pero sabemos que la historia es variable y sufre modificaciones según las simpatías personales del “científico social” que analiza al personaje: no es lo mismo el Benito Juárez de Francisco Bulnes o de José Vasconcelos que los de Héctor Pérez Martínez o Ralph Roeder. Para los primeros es un canalla, para los segundos un héroe impecable. Ello nos lleva a una complejidad mayor que produce una riqueza que debemos explotar sin miramientos. Hace algunos años dicté una conferencia magistral en una universidad estadunidense, el tema era discutible y fascinante: la autobiografía como literatura, como ficción. En este trabajo lo central era despojar de precisiones a los géneros escritos y darles una atractiva ambigüedad o una falsedad definitiva. No es posible confiar en libros autobiográficos que han sido escritos en la vejez o en diarios de mitómanos (los artistas suelen serlo), pero sí creer en ellos por su belleza. La autobiografía y sus variantes padecen egocentrismo y un deseo de verse a sí mismos como ejes de todas las acciones, lo cual es normal. Churchill pasó de la política al mundo de la historia y enseguida, gracias al premio Nobel, a la literatura.

julio 17, 2015

Las revoluciones fracasadas

No cabe duda: la Revolución Mexicana fue a la larga un fracaso rotundo, poco queda de ella. Su principal herencia está en las artes. Las otras revoluciones épicas han terminado sin la grandeza esperada. Por ahora, aunque muchos las siguen anhelando, no llegarán. No hay condiciones para ello. El victorioso capitalismo salvaje las redujo a meras utopías. 

   Veamos. Menos conocida que 1984, Rebelión en la granja (Animal Farm), de Orwell, es la patética metáfora del destino de las revoluciones triunfales que luego de mil hazañas y logros magníficos terminan en un callejón sin salida.

   Desde la Revolución Francesa hasta las del siglo XX, la mexicana, la rusa, la china y la cubana, por citar las más importantes, todas fueron emotivas historias de mayúsculos movimientos populares que intentaron cambiar el curso de la historia y obtener beneficios para la libertad y la democracia. Sin embargo, esas transformaciones sociales, por más que sean invocadas y sus conquistas constituyan avances en diversos aspectos, fracasaron inevitablemente.

   La revolución soviética, que despertara las esperanzas de millones de personas, igual que la de los animales de Orwell, concluye en desilusiones. La anhelada transición del socialismo al comunismo jamás llega y el Estado, en lugar de desaparecer, se fortalece y sigue siendo represor. Trataron de eliminar las clases sociales y algunas contradicciones, pero en su sitio surgió una burocracia autoritaria de poderío draconiano.

   En México, la Revolución trajo consigo innegables innovaciones. Sólo que pronto se desvió de los orígenes y en la actualidad sus principios son meras frases en la retórica oficial, gastadas y sin sentido. Florece la corrupción y las injusticias predominan. Una partidocracia mantiene férreo control y la distribución de la riqueza es por completo desigual.

   Ciertamente, cada movimiento social significa progreso en todos los aspectos. Pese a la paralización o a los retrocesos, algunos cambios logran sobrevivir. Napoleón asfixió a la Revolución Francesa, pero su ejército imperial marchó por toda Europa destruyendo a la vieja aristocracia. Su paso impetuoso por Ulm, Egipto, Marengo, Austerlitz, le permitió, como lo ha señalado el historiador E. Tarle, dar “terribles golpes a la estructura feudal”. Las luchas napoleónicas, pese a todo, son el afianzamiento de la burguesía, que aparece agresiva y ávida de poder. Los sueños populares de la república universal, libertad, fraternidad e igualdad no se llevan a cabo. No obstante, l’ancien régime se derrumba en la ruta del emperador que surgió de una hermosa y dramática revolución.

     George Orwell, escritor y anarquista británico, fue un combatiente. Rebelión en la granja es mucho más que una sátira al estalinismo, es sin duda la representación del fracaso de todas las revoluciones que hemos conocido. En China, masas campesinas  tomaron el poder en aras del marxismo-leninismo y lo convirtieron en estalinismo. Pronto Mao Tse-Tung se divinizó y creó una burocracia autoritaria. Los chinos hoy buscan angustiosamente un “decoroso” camino hacia soluciones capitalistas (“Una patria, dos sistemas”), niegan la solidaridad proletaria y el internacionalismo. El Estado y el partido son brutales explotadores. Como en Orwell, una vez que el proceso revolucionario llegó a un clímax, la degeneración comienza. Los animales se vuelven oportunistas y chovinistas, los vicios reaparecen, los errores se hacen comunes, la corrupción se entroniza y la revolución es traicionada o frenada para ir a la inversa de lo que Lenin calculó para vencer los obstáculos: se camina más hacia atrás que hacia delante.

   Orwell nos da con Rebelión en la granja la infausta realidad de las revoluciones. Es una obra amarga en donde la ironía no produce sonrisas, sino dolor. Como Swift y en las fábulas clásicas, utiliza a los animales para mostrar las imperfecciones humanas y el modo en que éstas se reflejan en sus creaciones sociales. Sus frases célebres, como aquélla de que todos son iguales, pero algunos son más iguales que otros, nos conducen sin remedio a una atroz visión de la malograda propuesta marxista: la sociedad sin clases ni explotadores, sin contradicciones, en donde los beneficios se distribuyan equitativamente. Habrá que ver en esa obra de Orwell la parodia a todas las revoluciones, en especial aquéllas que se realizaron en nombre de Marx y Lenin. El nuevo hombre es una falacia.

   Rebelión en la granja es una luminosa novela política, una caricatura amarga. No es posible pensar que sólo es la ridiculización del estalinismo, es también la historia del fracaso de todas las revoluciones. Lo he dicho varias veces. La tragedia es que ahora Marx y Engels forman parte del socialismo utópico. Cualquier intento subversivo, como el de Grecia, de inmediato es sujetado por el neoliberalismo galopante.

julio 15, 2015

La segunda fuga del Chapo Guzmán

Parece título de una novela escrita por el español Jorge Semprún: La segunda muerte de Ramón Mercader, obra memorable. No lo es. Entonces es como un filme donde Clint Eastwood logra fugarse de Alcatraz poniendo fin al mito de que era un lugar a prueba de escapes, realmente de alta seguridad, un islote rodeado de un oleaje agresivo, y un complejo sistema de seguridad. Tampoco. Es una mancha más en un sistema político corrupto hasta la médula. No se fugó un reo común y corriente, se fugó un legendario criminal de una prisión de “alta seguridad”. Es evidente que tuvo cómplices y recibió ayuda de sus compinches y de autoridades y policías deshonestos. Para colmo, el tipo desaparece justo en el momento en que el presidente Peña Nieto era recibido en París por el presidente Hollande y ambos estaban rodeados por empresarios y políticos de la zona del euro atentos a la visita del mexicano. Las palabras del mandatario nacional eran esperadas como algo equivalente a vengan a México, inviertan, hay seguridad y el país es incorruptible. La fuga de un delincuente de alto rango, fue un balde de agua helada para la comitiva que recibía y la que llegaba.

El discurso de Peña Nieto fue una abigarrada y extraña mezcla de elementos políticos y económicos. Por un lado explicaba problemas de seguridad nacional, por el otro persistía en la invitación a invertir en México, un país que garantiza reformas políticas gentiles con los empresarios dispuestos a venir hasta nosotros. Al momento de escribir estas líneas, los hombres de negocios y los políticos europeos, seguían dudando de las palabras del mandatario nacional.

No cabe duda, en otra situación, la fuga de un criminal era sólo eso. Ahora sí tenemos un récord de talla internacional, algo que nos puso en la mira de todos los medios del mundo, justo cuando Peña Nieto llegaba a la zona euro para mostrar el naciente poderío mexicano o más bien para invitar, al menos a Francia, a invertir. El criminal que seguían los norteamericanos, la Interpol y todo el sistema policial mexicano, logró escaparse por segunda vez, una hazaña que estimulará las mentes de pequeños criminales. La delincuencia se anotó un triunfo. México podrá recapturarlo o hasta matarlo, pero ya conmovió al mundo y no sólo puso al descubierto el poderío del narco, sino también las debilidades del sistema político mexicano, incapaz de contener maestros revoltosos y de mantener tras las rejas a un criminal de alto peligro.

Peña Nieto podrá decir lo que quiera en su descargo. Es obvio que no fue un golpe maestro de sus muchos enemigos y rivales, lo peor es que coincidió con un momento crucial. Ya es posible leer y ver la cantidad de diatribas y acusaciones contra el presidente mexicano. De inmediato regresó al país el secretario de Gobernación. Pudo haberse quedado en París. El daño estaba consumado. El Chapo Guzmán consiguió lo que ningún político de oposición había logrado. Darle (las palabras no son mías sino de un periodista al servicio del mundo oficial) con un torpedo en la línea de flotación y con ese solo impacto sacudir (qué importa el mundo) a los mexicanos. La bomba tuvo efectos políticos y ya se aprecian desde el día en que se fugó: las redes sociales de inmediato comenzaron su tarea demoledora. Ya tendremos algunos narcocorridos circulando clandestinamente y nuevos émulos del Chapo Guzmán.

Con rigor, el asunto es complejo, lo que cuenta es que el Presidente y su equipo, sus hombres de mayor confianza, no han hecho su trabajo; México es una casa con goteras y hoyos por todos lados. La corrupción es permanente y no ha sido tocada en serio. No es tampoco únicamente culpa de ese viejo anquilosado llamado PRI, lo es de todo el sistema político actual. Ya han pasado por el poder, aparte de los consabidos priistas, perredistas y panistas y las cosas siguen igual o peor si consideramos el caso Chapo Guzmán.

La guerra desatada contra el narco no es tan sencilla, pero aparte veamos la debilidad de un gobierno que no pudo llevar a cabo reformas a fondo, y que un grupo de mitoteros ruidosos tienen en jaque a un gobierno en su conjunto. Y mientras al Presidente se le pasa el rubor de las mejillas y el Chapo consigue ponerse a salvo de una búsqueda amplia y tenaz, los ciudadanos pierden la confianza y el mundo nos regresa a la condición de tercermundistas incapaces de tener la casa en paz.

Las potencias dictan la política internacional, ya vimos el caso griego, ahora exigirán, so pretexto de luchar contra el narcotráfico, mayor injerencia en la lucha que el gobierno mexicano lleva contra el crimen organizado. Para los mexicanos comunes, aquellos que saben de la incapacidad del sistema político mexicano y no les agrada, existe un héroe más. Si Chaplin se hizo glorioso asentándoles patadas en el trasero a los policías y en general la cinematografía norteamericana nos ofrece bandidos émulos de Robin Hood, pues ya tenemos que Malverde, el santo de los narcos, le ayudó al Chapo a fugarse, sólo que lo hizo aprovechando la corrupción nacional. La espléndida obra de ingeniería que su gente llevó a cabo para que su jefe escapara, debe ser considerada como una maravilla de talla internacional.

julio 13, 2015

La UAM-X, casa abierta a la gran música

Ayer domingo, esta casa editorial, La Crónica, informó ampliamente las tareas que lleva a cabo la Secretaría de Cultura del GDF, cuyo titular, Eduardo Vázquez, es una persona que sabe del tema a profundidad y que toma en serio su tarea. La amplia nota explicaba que próximamente abrirán dos nuevas sedes de las Fábrica de Artes y Oficios, las que conocemos como Faros, un nombre más adecuado por la imagen luminosa que brindan. Uno en Aragón y otro en Milpa Alta. Se trata de proyectos ambiciosos educativos y culturales que cubran las amplias zonas donde estarán situados, explicó Eduardo Vázquez. El segundo adquiere mayor relevancia porque se trata de un proyecto en una zona semirural, donde hay que proteger la cultura originaria y sus valores propios y al mismo tiempo acercar a sus habitantes a otras manifestaciones de índole cultural.

Funcionario dedicado a difundir la cultura, partiendo de una amplia y adecuada definición, Eduardo Vázquez trabaja en una enorme ciudad que requiere de ambiciosos proyectos culturales para contrarrestar el mundo de la frivolidad y los espectáculos comerciales. En tanto coordinador de Extensión Universitaria de la UAM-X, tarea que me ha sido encargada por segunda ocasión, he tenido que buscar acuerdos y convenios para satisfacer la creciente demanda cultural de alumnos y profesores de la institución. Fui al INBA y obtuve una reacción positiva gracias a su titular, María Cristina García Cepeda, bien conocida como Maraki. Enseguida solicité una cita con el secretario de Cultura del GDF y asimismo la conseguí.

Ya el IPN nos había prestado su excelente orquesta y, en vista de los buenos resultados para la comunidad universitaria, y a falta de una estructura de orden musical, le solicité a Eduardo apoyo en tal sentido. Le dije que finalmente la nuestra es una universidad capitalina y pública por añadidura. Sin mayores problemas, me mandó con su equipo y luego de un par de sesiones cordiales, pudimos firmar un convenio entre la secretaría a su cargo y la rectora de la UAM-X, Patricia Alfaro Moctezuma. Vale la pena añadir que también la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo nos envió a su prestigiada orquesta sinfónica; el Coro de la Escuela de Bellas Artes de Toluca nos permitió escuchar una muy buena interpretación de Carmina Burana de Carl Orff, que tuvo un éxito impresionante; y la Secretaría de Marina, cercana a nuestra institución, nos mandó generosamente a dos de sus notables grupos artísticos.

Merced al convenio con la Secretaría de Cultura, nuestro campus ha sido inundado con sus excelentes orquestas y grupos musicales y dancísticos. La semana pasada tuvimos, antes de dar por concluido el trimestre escolar, la presencia de la extraordinaria y legendaria Banda Sinfónica de la Ciudad de México. Un éxito rotundo. Para el siguiente trimestre, nos ofreció generosamente la Secretaría de Cultura capitalina, tener un gran espectáculo cultural cada quince días, adicional a las actividades que realiza la Coordinación. Más imposible.

Resulta interesante en nuestro caso porque desde hace más de cuatro décadas que hemos soñado con tener una gran actividad cultural dentro del campus y simultáneamente invitar a quienes viven alrededor del campus Xochimilco a participar de sus actividades. A los conciertos que hemos ofrecido con el apoyo de la secretaría de Cultura del DF, ya comienzan a llegar personas del exterior, lo que hace realidad nuestro lema: Casa abierta al tiempo. Justo durante el concierto de la Orquesta Típica de la Ciudad de México, cuya existencia ya tiene más del siglo, se acercó un grupo de señoras ajenas a la UAM a darnos las gracias por permitirles escucharla. Pudimos informar a los interesados en la música a través de las redes sociales, en especial de Facebook.

También, con el apoyo de Héctor Sosa y del INBA, está por aparecer nuestro séptimo disco de Grandes Voces de la Ópera en México. El más reciente, con la voz de la notable soprano Alicia Torres Garza, lo presentamos en la Sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes.
Desde estas páginas de un diario sensible a los temas educativos y culturales, quiero agradecer a todas las instituciones citadas y en particular a Eduardo Vázquez y a Marcos Rascón, el decidido apoyo que nos han dado. Ahora sí, la UAM-X puede presumir que cumple a cabalidad las tres funciones sustantivas obligadas: la docencia, la investigación y la difusión de la cultura.

Tendremos raquítico presupuesto para educación y cultura, pero por solidaridad no paramos, lo que repercute en actividades que permiten elevar el nivel espiritual de la comunidad y del entorno.

Cómo es Dios y cómo el diablo

Las interpretaciones que sobre el ser divino realizó el arte occidental lo muestran perfecto; nadie en el cristianismo lo pensaría deforme

Aunque muchos han afirmado haber visto a Dios, es obvio que se trata de exageraciones místicas. Lo suponemos de belleza superior dentro del concepto occidental. La Biblia explica que hizo al ser humano a su imagen y semejanza. Para los artistas plásticos es el prototipo de la perfección: rubio, barbado, de ojos azules. Su hijo, Jesucristo, es distante de alguien nacido en lo que hoy denominamos Oriente Medio. Pero es hijo de Dios y admirable en consecuencia. No sabemos con precisión científica cómo es, sin embargo, lo suponemos deslumbrante, acaso luminoso. Un musulmán tiene la certeza de que nadie ha visto a Dios, de allí que su religión carezca de representaciones. Una mezquita está vacía, impera el espíritu de Alá, a diferencia de las iglesias y conventos cristianos atiborrados de deidades hermosas, como griegos y latinos vieron a la mayoría de sus divinidades. Simplifican: si Cristo es hijo de Dios tiene que ser perfecto, nadie en el cristianismo lo interpretaría deforme.
Sandro Botticelli, en la Versión del Magnificat, pintó a un encantador niño Jesús, en brazos de su distinguida madre, rodeados de personajes bíblicos de trazos delicados; sus ropajes son lujosos, distantes de lo que realmente debió ser el nacimiento en un pesebre. La devoción de la Iglesia fue estimulando, tanto la belleza de la corte celestial como las elegancias de los protagonistas divinos. Vírgenes, santos, ángeles, mártires, arcángeles, discípulos de Jesús, él mismo y, desde luego, su padre, siempre adornados. Vista en detalle, La última cena, en la visión de Leonardo, destaca la presencia física de los comensales, incluso, Judas Iscariote no luce mal pese a la cercanía de la traición. El recorrido iconográfico por las grandes catedrales, modestas iglesias, museos, galerías y conventos nos convencen de que la fealdad es ajena al cristianismo. Jesús es perfecto, desde niño-sabio que doblega a los expertos, hasta su atormentada muerte temporal. La resurrección aumenta su hermosura. Un sufrimiento ennoblecedor y un trágico halo de primor sombrío. Es la herencia de la visión griega, de la exquisitez. Los cristianos, poco imaginativos, la duplicaron, puesto que los romanos la hicieron suya y es bajo la grandeza imperial de Roma que surge el cristianismo. Pruebas de ello son obras de El GrecoRafaelLeonardoCarpaccio y Correggio, donde Jesús y su madre son sublimes. Sin defectos.
Dios es belleza infinita y bondad desbordada y su antítesis, el demonio, evidentemente es de extrema fealdad y perversión total. Se llamaba Luzbel y era, como su nombre indica, un bello ángel, tanto que osó equipararse a Dios y éste lo castigó dándole una fealdad inimaginable. En realidad, no sabemos cómo representarlo pese a las pistas que hallamos en textos bíblicos. Le conceden distintas formas: lo equiparan a un dragón, le ponen cola, cuernos y ojos malvados. La imaginería aquí es extensa y realmente ingenua. A los antiguos, sin duda, les aterrorizaban sus representaciones, ahora un filme de ciencia-ficción o de espanto, merced a los efectos especiales, logra figuras horripilantes.
En Florencia, existe un mosaico de Coppo di Marcovaldo, titulado Hell: allí Satanás posee cuernos de toro y de sus descomunales orejas brotan sendas serpientes que muerden a dos víctimas. El ser demoniaco devora un cuerpo humano y con las manos mantiene a dos más. Uno puede verla durante largo rato y más que asustarse, admirarla. El célebre Giotto ha dejado su versión del infierno en una obra que se conserva en Padua, donde coexiste con el cielo en un muro donde uno luego de aburrirse mirando el orden y las poses celestiales, pasa al averno. Se nota recargado por la cantidad de pecadores que siempre serán más que los santos. Pero si uno fija la atención en los detalles, ninguno es espantable. Dragones, serpientes y monstruos que apenas estremecen a niños y beatas.
El fuego provoca pánico a cualquier ser vivo. En este caso, hay un demonio en Pisa, El juicio final, que sacude al espectador. Como en una versión del infierno de Andrea Orcagna, en Florencia, donde una especie de lobo monstruoso muerde la cabeza de una pecadora cuyo rostro no refleja dolor sino piadosa resignación.
Para alimentar mi necesidad de terror, regreso al Lucifer que Fra Angélico pintó y permanece en Florencia, en el Museo de San Marcos. Negro, lúgubre, con cuernos pequeños y tímidas llamas, devora y mutila cuerpos humanos. Su mirada amarillenta inspira respeto. En la parte superior, diminutos diablos estimulan el fuego de varios calderos donde pecadores hierven para siempre. Aunque el infierno y el cielo sean invenciones, en el arte permanecerán por siglos. Los demonios suelen ser, como los animales fantásticos, una mezcla de diversos seres zoológicos, como la serpiente que invita a Eva y Adán a desobedecer a Dios en la obra de Masolino da Panicale, exhibida en Florencia, en Santa María del Carmine: un reptil cuya cabeza es femenina. Más que terror, inspira morbo, en nuestra época sería una aberración circense o una perversa práctica de laboratorio.
Pobre Luzbel, ha sufrido mucho y tiene la eternidad al frente.

julio 08, 2015

Tres libros de Andrea Montiel, tres

Andrea Montiel nació y vivió entre artistas e intelectuales. Es poeta principalmente, pero gusta también de promover la cultura, no importa que antes de escribir sus primeros versos haya estudiado psicología. Con frecuencia son actividades que se complementan y se ayudan. Así al menos la veo yo, sensible al arte y enamorada de las letras, desde hace muchos lustros. Primero la leí, su libro Temporal sin tiempo, editado por la UAM en 1985, lugar donde desde su fundación trabajo como profesor, y supo conmoverme. Más adelante, no mucho más la conocí porque además teníamos que conocernos, los nombres de algunos de sus familiares me eran, me son, admirables. Así es que comparto la opinión de un querido amigo desaparecido, Eduardo Césarman, quien por razones culturales, la entendía mejor que yo: “Andrea Montiel es psicóloga de profesión, poeta por vocación y una gran mujer por destino”, palabras que escribió en el prólogo de Para recordar la lluvia.

En esta ocasión Andrea nos presenta tres plaquetas: En el solsticio de verano, durante las lluvias vesperales (edición bilingüe, español/francés), Desde el olvido y Para recordar, la lluvia.

En la primera la poesía se dirige hacia la figura paterna. En esta obra Armando Montiel Olvera, conocido por su trabajo como compositor, pianista y director. Andrea, dice el pianista Raúl Herrera Márquez, “nos conduce por el arduo recorrido de tres fases de la pérdida: la inminencia de la muerte ineluctable, el doloroso desenlace y, finalmente, la añoranza y el consuelo”. Los poemas son dolidos para la escritora y dolorosos para sus lectores. Su voz alcanza registros muy altos.

Para recordar la lluvia, es igualmente una obra conmovedora donde la poeta le canta a la abuela, a Eugenia, “la bien nacida” y en este poema hay delicadas referencias al pasado histórico. Dicho en palabras de la misma Andrea, mantiene “la tradición del hablar en estos versos y estrofas a la manera de las romanzas y cantos sefardíes” y cada tramo de su vida es anticipada por una eficaz repetición de los dos primeros versos y dos más que la precisan: “Eugenia, la bien nacida/ era el nombre de mi abuela/ parida al final del siglo/ buen mazal que tuvo ella…”

Con versos plenos de nostalgia, Andrea reconstruye sus recuerdos y los extiende a su madre, a Rosa: “Que no me manquen las fojas/ ni me manquen las ideas/ que hoy quiero hablar de mi abuela/ de mi abuelo y la de mi madre.” Pero el eje de este poema es Eugenia, la que salió de Turquía, llegó a Cuba y descendió del barco en Veracruz, después fue a Barcelona, “donde guerras padeció”. Finalmente, “Tras sus espaldas los mares/ la casa, el llanto y el cielo/ hasta que de tanto en tanto/ en México se quedó./ Esta patria le dio techo…”

En Desde el olvido, dedicado a su madre, Rosa Rimoch, soberbia soprano, Andrea le declara su total admiración, pero ese amor va intercalado con palabras tristes, es evidente que esa pérdida la afectó de manera muy profunda, diría inimaginable. Existen varios testimonios emotivos y desgarradores del sufrimiento que la muerte de su progenitora ha provocado en varios escritores. Suele ser un momento punzante. Yo mismo tuve que escribir un libro para paliar al fallecimiento de la mía. Lo mismo ocurre en Desde el olvido.  Al inicio la historia de Rosa duele: “Mujer niña de nadie/ hija de la guerra/ perseguida por la muerte./ Mujer libre andarina/ dueña de tus sueños/ y el templo de tu alma./ Naciste con luz del candelabro de los siete brazos/ y por años te guiaron las seis puntas de la estrella de David./ La música encauzó tu vida/ tu voz/ tus manos tenues/ y Cristo clavado en tu mirada se conjugó a tu origen.”

Los recuerdos de Andrea sobre su madre son momentos muy bellos, lo más fascinante es que de pronto dialoga con ella, se dirige a ella, sigue viva. Acaso por tal razón, casi al final de la hermosa obra, escribe: “Pétalos de Rosa por ti madre/ para celebrar tu vida/ para festejar tu muerte.”

Orgullosa de sus orígenes y de los suyos, sus familiares más entrañables, Andrea Montiel logra retratos magistrales de todos ellos. De allí que la notable escritora Angelina Muñiz-Huberman, precise en las páginas introductorias lo siguiente con su prosa elegante: “Andrea Montiel hace honor a sus antepasados al continuar con el amor a una lengua más poderosa que el correr del tiempo. Su verso fluye a la manera tradicional y las palabras de dulce pronunciación se convierten en imágenes de un preciado álbum de familia…”

Ernesto Sábato y Mario Vargas Llosa han dicho por separado que escribir sobre sus fantasmas, sus temores y penas, alivia, logra ahuyentarlos. Lo dudo. Al leer la bella poesía de Andrea Montiel, percibo un intento de recuperarlos, de tenerlos vivos, junto a ella. Sin duda los ha inmortalizado, pero su dolor se mantiene porque ellos viven sí a su lado, pero en un mundo intangible el que con frecuencia no basta ni calma el dolor.

Confío en que las tres obras que hoy presentamos, pronto se fundan en una sola para tener una idea más profunda de ese “álbum de familia” que menciona Angelina Muñiz-Huberman.

julio 06, 2015

Gustavo Sainz, hasta pronto

Me percato, al saber del fallecimiento de Gustavo Sainz, que soy parte de una generación que como tal no existió. Los que nacimos alrededor de 1940 y anhelábamos ser escritores, fuimos agrupándonos sin más ánimo que escribir e intentar dejar huella. Teníamos cosas en común, no nos gustaba el sistema. El nacionalismo nos agobiaba y tratamos de quitarnos de encima multitud de valores idiotas, cuando comenzamos a actuar. Era natural que nos hiciéramos amigos, intercambiáramos libros y sueños. Pero qué distintos éramos. Con el tiempo, al grupo original, se fueron sumando otros y unos más dejaron de escribir para convertirse en algo distinto al ideal común.

A Gustavo lo conocí en 1962, a través de José Agustín, mi más antiguo amigo, con quien mayor tiempo he compartido. Ellos dos y Parménides García Saldaña parecían entenderse bien. El orden de aparición no importa, pero vale la pena decir que surgieron La tumba, Gazapo, Pasto verde y pronto el éxito llegó a la generación. El Centro Mexicano de Escritores, tan arrumbado, como muchos de esa generación que Margo Glantz tuvo la pésima humorada de calificar de la “Onda”, permitió verdades y falsedades y la existencia de modestas leyendas que ahora veo desmesuradas. La mayoría de nosotros, los que ya nos frecuentábamos, pasamos por esa prodigiosa escuela de escritores.

Lo que es un hecho es que consolidamos la literatura urbana que hasta ese momento aparecía de manera esporádica, en casos aislados: El sol de octubre de Rafael Solana, La región más transparente de Carlos Fuentes, Casi el paraíso de Luis Spota, fueron al decir de Gustavo, un golpe que aceleró su desarrollo. Enseguida aparecieron Juan Vicente Melo, García Ponce, Ibargüengoitia, Del Paso y otros más. Era obvio, la literatura rural agonizaba y las ciudades crecían impetuosas con temas intensos y atractivos personajes. Nosotros éramos citadinos y nos fue fácil hallar nuestras tramas. Irreverentes e irónicos, rompimos con el lenguaje formal que era típico en la literatura mexicana. Pero fracasamos en dos cosas: una, consolidarnos como grupo generacional; dos, defendernos de las críticas excesivas que aparecían con regularidad, en un medio hostil, que José Agustín y Gustavo Sainz parecieron derrotar.

La última vez que escuché entre nosotros la palabra generación, me la dijo Gustavo Sainz durante una reunión literaria. Hay que apoyar a la generación, precisó. Pero poco o nada hicimos por ayudarnos.

Mi vida académica la inicié en la UNAM, en Ciencias Políticas. Impartía materias vinculadas a la ciencia política y la historia universal. Gustavo era el jefe de la carrera de Periodismo, ahora Comunicación. Me pidió (era un hombre lleno de ideas originales) que me cambiara con él y que entre ambos podíamos enseñar literatura a los que deseaban ser periodistas culturales. Diseñó rápidamente un programa breve y complicado, él impartiría literatura latinoamericana y yo europea. Los cursos duraban un año. De esa manera estuvimos un tiempo, intercambiando las materias que bautizó con sentido del humor como “Literatura de la abundancia y Literatura de la pobreza”. Al mismo tiempo, ya narrador exitoso, hizo una o dos antologías y me puso en ellas, un acto de generosidad no frecuente en este país.

Pero México no es fácil y Gustavo cayó en alguna de las pavorosas trampas del sistema. El escándalo lo obligó a no trabajar más en el INBA, desde donde solía ayudar a sus mejores alumnos, y salió de México. El resto lo sé por relatos de José Agustín y algunos breves encuentros que tuve con Gustavo en EU.

Además de ser complejo, el país sigue los refranes con devoción y le tocó a Gustavo aquello de santo que no es visto, no es adorado. Se nos fue olvidando. Mi último encuentro con él ocurrió en la FIL de Guadalajara, iba solo, sin el séquito que solía amarlo. Nos saludamos y le pregunté lo obvio: ¿qué andas haciendo? Aquí, me respondió, jugando al hombre invisible. Pese al éxito de algunos de sus libros, la burocracia cultural lo había olvidado, acaso por las mismas razones que lo arrojaron de México.

De su grave enfermedad me informaron dos de sus alumnos que también fueron míos: Arturo Trejo e Ignacio Trejo Fuentes. Pensé que era una exageración: ¿Alzheimer avanzado? Pregunté a varios amigos comunes y nadie supo darme datos confiables. El jueves pasado en Puebla me alcanzó la noticia: había muerto. Recordé nuestro arranque literario, las pláticas iniciales. Cierto, no supimos ser una generación pese a que fue nuestro propósito. Nos separamos y tengo la impresión de que ya quedamos pocos de aquellos muchachos chiflados que comenzamos a escribir entre fines de los cincuenta y principios de los sesenta.

Leer algunas notas sobre Gustavo, algo que hacía tiempo no veía, saber que no recibió los premios que merecía, me confirmó que la fama en México, como la memoria, son muy frágiles.

julio 05, 2015

José Revueltas, el terco revolucionario

Mi admiración venía más del cuentista que del novelista, pero sobre todo de la profunda reflexión marxista.

José Revueltas no fue propiamente mi maestro de política, de marxismo concretamente, a pesar de que lo veía con Olivia, su primera esposa, desde niño, cuando esa pareja y mis padres eran amigos entrañables. Las discusiones políticas que les escuchaba no estaban a mi alcance. Marx,EngelsLeninTrotskyStalin eran difíciles de entender.
El conocer a Revueltas desde pequeño, me hizo acercarme a su literatura, al mundo sórdido y profundo que supo crear, el que arrancó con una novela carcelaria, Los muros de agua y concluyó con otra del mismo orden, El apando. Mis profesores formales de política los tuve en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales: Enrique González PedreroVíctor Flores Olea yEnrique Semo, entre otros. Con ellos consolidé mi incipiente marxismo aprendido como autodidacta.
Efraín Huerta escribió un minipoema: “A mis viejos de marxismo/ no los puedo entender. Unos están en la cárcel, otros están en el poder.” Los míos, a mi regreso del posgrado en París, habían modificado sus posturas políticas y estaban en el PRI, lo que era usual. Mi decepción fue grande.
Había escuchado de sus labios auténticas peroratas sobre las ventajas del comunismo y de la Revolución Cubana que iniciaba retadora y con fuerte apoyo internacional. Del “gran viraje”, me enteré en una fiesta que dabaArnaldo Orfila Reynal cuando recién publicaba los primeros títulos de Siglo XXI, uno era una antología, Literatura joven de México, donde estábamos incluidos varios integrantes de mi generación.
Allí le comenté a Sergio de la Peña (con quien más adelante iría a la Unión Soviética), que había establecido contacto con grupos guerrilleros en Francia y que veían posible (craso error) otra revolución socialista en América Latina, en México.
Consideremos que Ernesto Guevara había sido asesinado en Bolivia y que las fuerzas contra guerrilleras, estimuladas por Estados Unidos, se fortalecían. Con la ingenuidad que te concede una larga estancia fuera de México, iba a acercarme a González Pedrero, pero Sergio me contuvo: ahora es senador priista, muy cercano a Echeverría.
El panorama era peor que cuando me fui del país luego del 68. Pero quedabaJosé Revueltas dando batallas perdidas. De nuevo lo busqué, así como antes lo hice cuando formó la Liga Leninista Espartaco. Pepe ya estaba al margen, vivía con Emma, su última compañera, en Insurgentes. Lo visitaban sus amigos, los últimos, los que conoció en los meses del combate estudiantil que culminó el 2 de octubre. Recuperé al amigo de mi padre y en ese departamento oí sus últimas reflexiones políticas.
Revueltas me había publicado mi segundo o tercer libro en una época de difícil economía personal, una biografía de Albert Schweitzer, en la SEP. Juntos estuvimos en manifestaciones de apoyo a Cuba. En esos momentos me había reintegrado al Partido Comunista. Roberto Escudero lo dijo como acusación delante de Pepe, alejado por completo de lo que consideraba una burocracia al servicio de la URSS. José repuso: Si René cree que el combate es posible en el PC, que lo dé.
Los encuentros con Pepe fueron muchos y cariñosos. Me acerqué a él para que viera mis primeros cuentos, alrededor de 1962, los que notó “bien escritos”, pero no “comprometidos”. No entendí. Tengo todos sus libros autografíados en primeras ediciones. Mi admiración venía más del cuentista que del novelista, pero sobre todo de la profunda reflexión marxista que hizo en el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza.
Cuánto admiré su sencillez y humanismo, su devoción por las causas revolucionarias y su eterna lucha por saber dónde estaba el camino hacia la toma del poder. En sus últimas reflexiones, como Jean-Paul Sartre, veía en la unión estudiantil-obrera el surgimiento de la chispa que desataría la revolución vaticinada por Marx y Engels.
Hoy nos movemos políticamente en la nada, rodeados de expriistas que se dicen “izquierdistas” y dentro de un mundo globalizado por el capitalismo salvaje, donde apenas caben las derruidas ideas socialistas. Al final,Revueltas era escéptico. Cuando murió lo lloré en la agencia funeraria; de allí llevamos su cuerpo a la UNAM y luego al Panteón Francés.
Lo que sucedió, el forcejeo entre sus admiradores y los burócratas del PRI encabezados por Bravo Ahúja, secretario de Educación enviado porEcheverría, lo he contado en otras páginas. Yo iba a despedir a Pepe, pero en la pugna con el priismo lo hizo Martín Dosal y muy bien. Mis recuerdos carecen de orden, así lo pensé cuando me vi en las fotografías que algún periodista tomó mientras cargábamos el ataúd por las últimas calles hacia la cripta familiar. Era un cortejo modesto y adolorido, triste.
No fue mi maestro formal, pero cuántas enseñanzas revolucionarias y éticas me dejó, aquel intelectual de genio que su contraparte generacional, Octavio Paz, calificó como un hombre puro.