Tantadel

septiembre 30, 2015

¿Ayotzinapa, crimen de Estado?

Hace unos días publiqué en la revista Emeequis, un largo artículo sobre los estudiantes desaparecidos. Lo titulé “Ayotzinapa, crimen de Estado”. Luego he podido ver una discusión sobre el complejo término Estado. Unos lo usan para sólo acusar al gobierno de Peña Nieto, otros para salvarlo. Tengo la severa impresión de que no queda clara la definición y cada quien la utiliza a su antojo.

Estado, del latín status, es según un diccionario normal, no especializado, una forma de gobierno, por ejemplo: un Estado republicano. Asimismo es una nación o grupo de ellas, sometidas a un solo gobierno, un buen ejemplo es Estados Unidos en cuyos dominios hay toda suerte de nacionalidades y algunas lejos del territorio propiamente norteamericano: Alaska, Hawái, el Estado Libre Asociado de Puerto Rico… Para los marxistas por lo regular es un monstruo nacido para proteger la propiedad privada y mediar entre las clases sociales antagónicas, sin eliminarlas. Es un instrumento de poder de la clase dominante, en consecuencia una aberración que debe desaparecer. De manera semejante piensan los anarquistas. Basta un simple recorrido por la historia para probar la afirmación de ambas corrientes revolucionarias. Las primeras formas de Estado estuvieron en manos de poseedores de esclavos. Y más adelante, el estado feudal fue destinado para que la nobleza mantuviera dominados a los campesinos y a los siervos. El Estado actual, según precisa Engels es un instrumento para llevar a cabo la explotación del trabajo, controlado por un sistema capitalista, el que parece ya algo natural.

El estado no existió siempre. Es creación humana para proteger la propiedad privada, luego de salir del comunismo primitivo. Ha sufrido varias transformaciones a lo largo de la historia, pero en todos los casos es una máquina opresiva. En nuestra realidad, en un mundo globalizado y dominado por el capitalismo, es una entidad sobrepuesta y poderosa que domina a la sociedad. Marx decía en la Crítica de la filosofía hegeliana del derecho, que la burocracia es el formalismo de Estado de la sociedad civil. Es la conciencia del Estado, la voluntad del Estado, la fuerza del Estado en cuanto es una corporación… Por tanto una sociedad particular, cerrada, en el Estado.” Como tal, pone a salvo los medios de producción en manos de particulares y mantiene las contradicciones. La libertad es puramente formal, palabrería en boca de los políticos, en México apabullantemente demagogos y charlatanes.

El estado es para Lenin la organización política de la clase económicamente dominante que tiene por fin salvaguardar el régimen económico existente y reprimir las resistencias de las otras clases. Concluye el revolucionario ruso: “El Estado es una máquina destinada a mantener la dominación de una clase sobre otra”.

Por gobierno deberíamos entender al grupo o autoridad que conduce al Estado. En el caso mexicano, algo común en otros países del mundo, el poder lo comparten los partidos políticos y no es propiedad de un grupo o partido en particular. Es un conjunto gelatinoso, la suma de todos los partidos, con notable ausencia de participación de las clases desposeídas y oprimidas. El Estado está conformado por los partidos que nos controlan, y que en jerga mexicana llamamos “partidocracia” y se ha convertido en la fuerza que se reparte el poder del gobierno, sin considerar los reales interés del pueblo, para fortalecer el sistema económico y político existente. Es, en apretada síntesis (el asunto es más complejo), el Estado, monárquico, republicano, parlamentario, existe para mantener la situación en manos de una clase dominante y no permitir que las contradicciones estallen.

Eso entiendo por Estado. No veo sólo al PRI y al presidente sino al conjunto de partidos y políticos que mantiene las cosas bajo control. No hallo a los revolucionarios que tratan de eliminar tal situación, al contrario, todos, desde el PRI hasta Morena, pasando por el PRD y el PAN, se asocian en términos reales y acuerdan de diversos modos, distribuirse el botín. Ayotzinapa está en esa lógica, no hay malos ni buenos, sino una perversa conjunción de intereses de baja estofa, empeñados en mantener al país como está, como un sistema capitalista dentro de un bien organizado sistema, una pieza más del capitalismo global.

Con este alegato, que requiere mayor debate y espacio, señalo que el crimen de los 43 jóvenes y muchos más que no han provocado tanto ruido, es responsabilidad no sólo de los distintos niveles de gobierno sino de todo el sistema en su conjunto, esto es, del Estado mexicano. Tan culpables son unos como otros, todos aquellos que por las razones que sean, participan en la distribución del poder. Marx lo dijo de otra manera, no debemos buscar sus orígenes, sino su transformación.

La desaparición de docenas de personas de todas las edades es culpa del Estado y dentro están todos los partidos y todos los niveles de gobierno. El gobierno federal es una parte, es la que da la cara, atrás de él, están miles de tortuosos seres que tienen lazos severos de complicidad, aunque no lo parezca. El problema es que las clases como la obrera o el campesinado, no han logrado convertirse en una fuerza capaz de oponerse a los partidos y dirigentes establecidos que sólo quieren su parte del perverso poder. No será sencillo que los dolientes de Ayotzinapa se conviertan en un partido distinto, ya tienen lazos con algunos de los existentes.

septiembre 28, 2015

Un Papa avanzado

Poco he escrito sobre los papas. Que recuerde, una vez, cuando vino Juan Pablo II e invitaron a “cientos de artistas e intelectuales” a un encuentro con el pontífice. Yo acudí acompañado de varios amigos atendiendo una invitación de sus representantes en México. Fue en el sitio que hoy ocupa el almacén de bibliotecas que existe en la Ciudadela. El que hablaría ante su Santidad, fue el muy distinguido Dr. Silvio Zavala, entrañable amigo y colaborador del suplemento cultural El Búho, que fundé y dirigí por unos trece años. El discurso completo del Dr. Zavala justo fue publicado en tal suplemento. Y la ceremonia fue tan larga como inútil. Aún veo actrices notables del cine mexicano saltando la valla para acercarse al Papa, otras lloraban y lo perseguían como si fuera rock star y una hermana del presidente López Portillo cargaba una pesada cruz de madera, mientras caminaba entre la muchedumbre implorando salvación. Eso lo reseñé en Excélsior y Margarita Michelena, talentosa poeta y católica en serio, lo comentó con sentido del humor. Eraclio Zepeda tuvo un saludo afortunado: felicitó a Karol Wojtyla por su lucha contra los fascistas.
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Pero ahora el discurso papal ha variado seriamente. Francisco ha hecho positivas e inteligentes declaraciones desde que asumió el cargo. Ha tocado temas espirituales y al mismo tiempo ha hecho oportunas reflexiones sobre lo terrenal y ha sido crítico de un sistema globalizador injusto a todas luces. Bien vistas las cosas, supo coadyuvar a que el reloj histórico se normalizara entre Cuba y EU, la brutal potencia. Ve con claridad los grandes males del planeta, tanto en materia ambiental, como en lo relativo a la criminalidad y a las desigualdades que genera el capitalismo.

En materia de narcotráfico, ha dicho: “ha penetrado los distintos niveles de la vida social, política, militar, artística y religiosa, generando una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones.” En otra parte fue más lejos y atacó el problema con la agudeza que no tienen los líderes políticos de las potencias. “El narcotráfico por su propia dinámica va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción.” Completó la idea señalando que: “Es una guerra asumida y pobremente combatida.”

Sin duda el papa Francisco tiene una mirada clara sobre la globalización y la manera en que ha sido llevada a cabo. “Los organismos financieros internacionales -dijo en la ONU- han de velar por el desarrollo sostenible y la no sumisión asfixiante de estos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia.” Aquí podríamos ver el lamentable caso de una Grecia a la que las potencias no le permiten respirar con libertad, la han doblegado brutalmente.

Sobre el tema del medio ambiente, preocupación más de las personas progresistas que de los líderes políticos y económicos del mundo, precisó: “Los seres humanos somos parte del ambiente. Vivimos en comunión con él, porque el mismo ambiente contempla límites éticos que la acción humana debe reconocer y respetar.”

Más directo, fue el papa Francisco al tratar el tema de los migrantes. Les señaló a todos aquellos países que rechazan a los migrantes provenientes de naciones que ellos mismos han explotado con salvajismo, que todos de una u otra manera somos descendientes de migrantes. Para ello señaló el caso norteamericano, el suyo propio como argentino descendiente de italianos, se reunió con niños migrantes. En fin, sus pasos iniciales han causado una auténtica revolución social en todo el mundo. Ningún Papa ha sido tan claro como él, pero sobre todo nadie ha sido tan audaz y progresista como él. Quizás por ahora no goce de la popularidad de otros papas, pero la historia, como van las cosas, le dará un sitial de honor, reservado a aquellos que dan la batalla por los pobres, los maginados, los desamparados. El mundo tiene países inmensamente ricos y asimismo absolutamente miserables. La justicia no acaba de llegar al planeta. Cada día está peor, guerras salvajes, presiones de gobiernos ricos y empresas voraces. En este caos brutal que amenaza la seguridad internacional, la voz del papa Francisco, en efecto, es una voz de inteligencia, lucidez y justicia. Un hombre especial realmente preocupado por los seres humanos y no más los santones que pasan sus días invocando deidades.


septiembre 27, 2015

Autobiografía de un agnóstico

La literatura ha convertido a la vida y la muerte en arte y será, en consecuencia, siempre un hermoso e inasible tema


La muerte suele llevar un orden lógico. No me correspondió: en lugar de la extinción de mis abuelos, la primera de mi familia en fallecer fue mi hermana Leonora, de doce años de edad, cuando yo apenas tenía seis. El dolor no fue por ello menos intenso. No la vi morir, supe la noticia por mamá, quien durante días entró y salió de casa sin hablar, a toda prisa, sin detenerse a comer, pálida. Una mañana se vistió de negro y cuando regresó en medio de un llanto abierto le narró a su madre, mi abuela, la historia de la terrible y larga agonía de Leonora. Invisible, yo la escuchaba. Esa tarde lloré y lloré el resto de mi vida.
En lo sucesivo, la muerte se reordenó: siguió mi bisabuela materna. Yo le decía mamá Ita. Una mañana me despertaron y arreglaron. De la sala llegaban murmullos que al rato supe eran rezos. Había muerto sin sufrimientos, silenciosamente, durante el sueño. Dejó una maleta con vieja ropa negra y pocos recuerdos que muy rápidamente se diluyeron en la memoria familiar. Era parecida al retrato de la madre de James Whistler.
Cuando estaba por cumplir veinte años fallecieron, en menos de doce meses, mis abuelos Sadot Fabila Montes de Oca y Luz Hernández de Fabila. El primero, víctima de un monstruoso cáncer en pleno rostro. La gradual pérdida de la belleza física lo alteró y los dolores le quitaron los deseos de vivir. Murió desfigurado, invocando a un Dios sordo. Su esposa se enterró con él y físicamente murió también de cáncer seis meses después. Sin mucha experiencia vital y con dosis de romanticismo, pensé que ella había fallecido de amor, al no soportar la soledad. En 2000 ocurrió lo temido: la súbita muerte de mamá. Me lastimó muchísimo, pero los escritores tenemos la fortuna de descargar el sufrimiento a través de la literatura e hice El libro de mi madre, una suerte de mínima y adolorida biografía.
Apenas traté a mi padre, tuve a cambio, tres madres: mamá Ita, mamá Luz y mamá Menta, como le decía a mi madre biológica, y en ese orden murieron.
Jamás creí en el tránsito a otra vida. Menos en la transmutación del alma. Cuando pienso en esta última, la veo como metáfora del arte, de la cultura y uso ambas como sinónimo de espíritu, con el mismo sentido. Nunca pude imaginar —ni aun queriéndolo— a mi hermana o a mis abuelos habitando en otros cuerpos ni logré pensar en que sus almas o espíritus habían ido a parar a un lugar ideal donde impera la luminosa figura de Dios. Leonora ni siquiera fue bautizada, así que en caso de existencia del Dios católico y de las atroces reglas que los seres humanos escribieron para rendirle un despiadado homenaje y darle un imperio brutal, estaría en un aterrador limbo.
“Herederos de las viejas doctrinas —escribe Federico Ortiz Quesada—, Sócrates yPlatón afirmaron que el alma tiene otra vida después de la terrenal…”. La filosofía en este sentido es una elegante forma de perder el tiempo. Quizá por ello Karl Marx decía, en Las tesis de Feuerbach (XI), que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Dicho en otros términos, si los filósofos habían buscado el origen de la vida, él sentía la obligación de transformarla positivamente. La literatura a su vez ha convertido a la vida y la muerte en arte y será, en consecuencia, siempre un hermoso e inasible tema. Lo científico es un cuerpo que comienza a consumirse en el momento en que nace y a corromperse en cuanto la vida lo abandona.
No vi morir a mi hermana, pero su alma o espíritu ha sobrevivido en mí. Cuando supe que las antiguas perpetuidades del Panteón Civil habían caducado, imaginé que sus restos desaparecerían, hice infinidad de trámites y los saqué de un ataúd destruido por el tiempo. Tuve un momento de turbación cuando un hombre rústico, acostumbrado a la muerte, dio con el féretro, lo abrió con rudeza y yo pensé que Leonora podía estar momificada. No. Estaban los huesos descarnados, trozos de tela infantil, un cráneo pequeño con una dentadura perfecta y mechones de pelo rizado (inconfundibles para mí). Era lo que quedaba de una belleza de doce años que adoré. Su alma, su espíritu, vivirá dentro de mí hasta mi muerte.
Mi madre me dijo que Dios no existía, que los humanos, para explicar fenómenos extraños, lo inventaron y que también lo produjo el temor que la muerte inspira. Dios es un intento de perpetuarse, de alcanzar la inmortalidad: está inspirado en miedos y debilidades. El hombre es Dios o es el Diablo, su antítesis maligna. Las religiones son su más acabada obra y es un trabajo perverso que ha conseguido más daño que bien.
¿Qué nos da la religión, la creencia en un ser supremo y todopoderoso? Realmente sólo la posibilidad de imaginar la inmortalidad, algo que con el paso de los siglos será fastidioso y se pasará a la situación inversa, a buscar la muerte, a crear un Dios que conceda de manera misericordiosa la muerte definitiva. Ser enterrado con todo y alma. No hay mayor aberración que la inmortalidad, y así lo ha probado la literatura. Se nos promete, en esencia, un eterno aburrimiento, compartir la soledad de Dios y vivir siempre bajo reglas establecidas, precisas y rígidas, que sólo pueden indicar tedio.
Abajo, en la tierra, el hombre ha buscado sin cesar la democracia, ¿no resulta patético que su última voluntad sea vivir eternamente en un reino autoritario, bajo la égida de uno solo, en la monarquía de monarquías?

septiembre 25, 2015

Políticos bicicleteros

No sólo en materia de corrupción los mexicanos somos de los mejores del mundo, tenemos uno de los primeros lugares, también en demagogia, en charlatanería tenemos lo nuestro. Basta escucharlos hablar para saber que mienten, exageran y tratan de convencernos con mentiras y estupidez. Antier decidieron mostrarle al mundo cuan ecológicos son y para no contaminar y hacer algo de ejercicio, muy poco, por cierto, optaron por dejar sus lujosos vehículos y caminar o tomar el Metro o llegar a sus tareas nada productivas en bicicleta, a pie en taxi. Los fotógrafos, muertos de risa, se dieron vuelo retratándolos, los reporteros ironizando a funcionarios ridículos. No sólo pude verlos en las agudas notas de La Crónica, sino que vi a más de uno en el Centro Histórico.

Una de las notas (de Luciano Franco, Blanca Estela Botello y Omar Flores) arrancaba con marcada ironía: “Diputados de todos los partidos llegaron ayer a la Cámara baja en bicicleta, Metro y Metrobús, en cumplimiento de un acuerdo cameral, logrado días atrás por consenso y sin la menor dificultad, para prescindir por única vez en el año de los lujosos vehículo en que habitualmente se desplazan, en el Día Mundial sin Automóvil”. Imagino que en EU, Obama salió de la Casa Blanca caminando y que en Londres la reina optó por utilizar triciclo para no ser menos que los legisladores mexicanos.

Las fotografías son grotescas. Ricardo Anaya, César Camacho y Miguel Mancera (bien entrenado a causa de los dos mil maratones en los que ha participado) y cientos más de altos funcionarios se dejaban ver sonrientes, alardeando de excelente condición física, con ropa formal o deportiva, pero de lujo, caminando o en bicicleta. Mancera se llevó las palmas y seguro conquistó votos de ingenuos al llegar al Museo Tamayo en taxi eléctrico. Todavía tuvo tiempo de afirmar que sólo los vehículos autorizados a circular son aquellos de uso social como patrullas y ambulancias.

Pero toda esta faramalla para impresionar a tontos tuvo buen fin. El regreso del trabajo ya no fue en bicicleta, sino en lujosas camionetas. Los reporteros gráficos consiguieron excelentes tomas de senadores, diputados y toda clase de zoología política ya en sus hermosos transportes de gasolina: camionetas Rouge, Acadia, Navigator, Suburban y Cadillac. Obvio, con choferes bien vestidos y sus respectivos guaruras.

Los equipos de prensa de los políticos corrían entre los periodistas que cubrían el acto demagógico y explicaban cuánto tiempo llevaban pedaleando. Los ciclistas eran los más sonrientes. Hubo diputados que llegaron a caminar hasta tres calles para llegar exhaustos a dormir en sus respectivas curules. La mayoría vestía elegante traje, distinguidos cascos modernos y bicicletas de bellas líneas modernas. Todos sonreían ante los desconcertados ciudadanos que suelen caminar o utilizar el Metro. Iban felices, como a un gozoso día de campo. Muchos pensaban, estoy seguro, en sus futuros gloriosos, el asambleísta olvidaba sus fraudes y se veía ya como legislador federal, el diputado, igualmente deshonesto, como senador. Y así todos en las desconcertantes caravanas de políticos ineptos en sus tareas al servicio de México, pero orgullosos de pasar unos minutos sin contaminar al pobre DF.

Pero tuvieron cuidado, la ciudad capital no es segura y todos ellos traían encima relojes, joyas y carteras abultadas, así que, por ejemplo, el secretario de Seguridad Pública (explica Ruth Barrios Fuentes), Hiram Almeida, viajó en Metro hacia sus oficinas; durante todo el trayecto fue custodiado por sus guardaespaldas.

Para variar, la policía desvío el flujo vehicular y ello produjo no pocos problemas a los que habitualmente usan transporte público o simplemente caminan a diario hacia sus trabajos. Mancera hizo severas críticas a quienes no entienden el cambio climático, sólo lo sienten. Sin pensar un segundo en que todos aquellos políticos convirtieron de nuevo en una fuente de contaminación al Centro al provocar embotellamientos. Los rumores de que habría manifestaciones por los crímenes de Estado cometidos el año pasado, donde todos los partidos tienen dosis de responsabilidad, hizo pesado el tránsito habitual y todo ello fue una enorme molestia para los peatones.

Pero ya pasó todo el problemón. Los políticos sólo volverán a dejar sus costosos vehículos dentro de 365 días. Como ven, la ciudad capital al menos está a salvo de emisiones contaminantes. Un logro de diputados, asambleístas y senadores. Vale la pena añadir que el impetuoso panista Ricardo Anaya y su coordinador de la bancada derechista, Marko Cortés, partieron a su penosa ruta bien escoltados por unidades de la policía capitalina, esos que en serio contaminan y que nunca son usados para perseguir rufianes, sino para protegerlos.

¿Qué hemos hecho los mexicanos para tener una clase gobernante demagógica y con una marcada charlatanería?

septiembre 23, 2015

El PRI, fábrica de perredistas

Podremos acusar al PRI de todos los males del país, señalarlo como el responsable de los problemas internacionales, pero hay algo en su favor y no es positivo: en este partido se forman los cuadros que alimentan a los demás. No sólo ello, es el principal proveedor de caudillos formados en el PRI. Desde Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Camacho, hasta Marcelo Ebrard, Arturo Núñez… Ahora, estamos observando el proceso para ungir dirigente máximo de las corrientes perredistas a Agustín Basave, en su momento un connotado priista que de pronto descubrió que su organismo estaba conformado por personas corruptas y decidió irse al PRD, en donde encontrará también corruptos, pero hay una plaza de dirigente nacional en sustitución de Carlos Navarrete.

El pasado domingo el Congreso del PRD aprobó una propuesta, imagino que previamente discutida en sus aspectos positivos y negativos, desconcertante para su militancia y en general para esa masa gelatinosa que se proclama de “izquierda”. Habrá alianzas con el muy conservador PAN. No importa que sea la derecha y que durante lustros se hayan mofado de algo que no se concretó plenamente salvo en el mundo de las posturas reaccionarias: las “izquierdas” se referían con brutal ironía al PRI y al PAN como PRIAN. ¿Cómo llamaremos a esta nueva relación perversa y meramente electoral que vamos a presenciar? ¿PRAN, acaso? Mejor esperemos que las voces populares la califiquen.

Detrás de esta alianza, que en rigor es antinatural, sólo encontramos motivos electorales y en ningún caso afinidades ideológicas, de fondo. El PRD o lo que queda, siempre se ha visto de “izquierda”. Hasta Marcelo Ebrard, hoy prófugo del PRI y de la Justicia, como su amigo Manuel Camacho, que se proclamaron de centro, incluso formaron un partido con esa idea eje, luego, al fracasar, pasaron a las filas del PRD donde una y otra vez se vieron a sí mismos como “izquierdistas”. Vaya historia la de esos políticos oportunistas. Se mofaron del PRI y del PAN y en más de un momento llegaron a acuerdos con ambas fuerzas. Ahora, PAN-PRD a la baja, con la necesidad urgente de conquistar votos y no hacer mal papel ante Morena y el PRI, hablan de alianzas “casuísticas” y “excepcionales”.

Pero centremos el tema. Cárdenas fundó y conmovió a la sociedad con su salida del PRI. No fue el primero, pero no era cualquier militante de tal partido, era el hijo del general Cárdenas, cuyas posturas políticas siempre fueron avanzadas, progresistas. Con el ingeniero Cárdenas salieron un puñado y pronto formaron una fuerza notable de la que poco queda. De este modo, mientras el ex priista Agustín Basave llega a dirigir al PRD, el ex priista Cárdenas salió del partido que él formó y permanece distante de todas las fuerzas políticas, aunque sí observa sus movimientos.

La llegada de Basave no es desconcertante, es natural, ¿a dónde más podía ir?: a Morena, imposible, al PAN, tampoco. Al PRD, quien en medio de su peor crisis interna, lo recibe con los brazos abiertos y además no ve mal las alianzas con el PAN para derrotar al PRI.

Lo anterior no es noticia, como tampoco lo es el hecho de que la gente deje de tener confianza en el sistema político nacional. Los políticos mexicanos carecen de ideología, se orientan por los cargos administrativos o legislativos y los mueve el aprecio por el dinero. Escuchar a estas alturas los términos derecha, izquierda, centro o alguna de sus posibles combinaciones es para morir de risa.

Una alianza entre la derecha y la supuesta “izquierda”, a ninguno de los dos partidos le convendrá, al contrario, provocará burlas y repulsa. Para el proceso electoral siguiente, al PRD le convendría ir con un candidato “independiente” como Mancera, por más que se esté hundiendo. Lo que debió discutir el congreso del PRD hubiera sido una plataforma ideológica, puntos claros, acuerdos entre sí para que la nación lo vea como una alternativa de izquierda seria y moderna. Por ahora, las alianzas con el PAN, quizás le den algunos votos ocasionales, pero acabarán de sumirlo en un lodazal. En este contexto, los perredistas podrán llegar a acuerdos con el PAN, pero no con Morena, ya su líder se los anticipó, así que ahora veremos una ridícula agrupación de panistas y perredistas, los que antes se despreciaban y se ofendían con los peores insultos.

Basave puede llegar a ser no sólo un simple dirigente sino convertirse en un caudillo del PRD y para derrotar al partido padre y madre, el PRI, no tendrá escrúpulos para reunirse con la derecha más evidente y lograr repetir la hazaña de Fox: echar al PRI de Los Pinos. Pero es un hecho que con su ingreso al alicaído partido supuestamente de izquierda, contribuirá a su desprestigio personal y al sistema de partidos nacionales, en donde todos saltan de uno a otro con tal de conseguir empleo bien remunerado y algo de dudosa notoriedad.

La pregunta es ¿qué harán los militantes del PRD que creían tener suficientes méritos para dirigir a su partido? Seguirán sin duda las pugnas internas. Las tribus, por más que incursione un recién llegado que no pertenece a ninguna corriente y que pocas o ninguna lucha ha dado por dicho organismo, no dejarán que las manipulen de forma tan tosca. La militancia tendrá que gritar sus derechos.

septiembre 21, 2015

Intelectuales y sociedad

Hace algunos años, un impetuoso Carlos Fuentes declaró que los intelectuales ya no representaban a la sociedad. Con rigor, él mismo no era capaz de hablar por ella. Las preocupaciones sociales y políticas se fueron gradualmente extinguiendo hasta desaparecer de la voz y acciones de artistas plásticos, literatos y músicos. Ahora las preocupaciones intelectuales están centradas en el mercado y, como de costumbre, en el poder para gozar de los favores que éste dispensa: becas, premios, reconocimientos, homenajes oficiales…

Por otro lado, los gobernantes se han vuelto ágrafos y sordos. Recuerdo que en una época afortunada de Sogem, José María Fernández Unsaín, rodeado de escritores como Juan Rulfo, Rafael Solana y Luis Spota, solía invitar cada tanto a algún funcionario de alto rango, a un político señero, para conversar con escritores. Uno de los últimos en acudir fue Luis Donaldo Colosio, quien en algún momento habló en respuesta a una pregunta de Vicente Leñero, de la tradición de tener intelectuales convertidos en diputados, senadores y diplomáticos; es decir, que no se limitaran a ser artistas sino que contribuyeran al desarrollo del país aportando su inteligencia y cultura. Ninguno reaccionó favorablemente. Ya el Estado gozaba de un avanzado grado de descomposición. Si Amado Nervo, Federico Gamboa, Alfonso Reyes, Jaime Torres Bodet, Silvio Zavala y Octavio Paz fueron dignos representantes de México, un país con un proyecto propio, desde hace tiempo que se desvaneció. Bien vistas las cosas, carecemos como nación de una política internacional inteligente, valerosa y que nos dé prestigio. El presidente en turno va tratando en vano de cubrir huecos en un mundo globalizado. Pero definitivamente, el país no goza más de su antigua reputación de buen actuar diplomático. Carecemos de personalidad.

No dudo que muchos intelectuales deseen altos cargos diplomáticos, más para hacer con calma sus obras que para trabajar en función de México. Piensan en la posible tranquilidad de una embajada en un país decoroso y punto. Con honrosas excepciones, el país tiene pésimos embajadores. En el Reino Unido tenemos una joya: Diego Gómez Pickering, inculto y nada profesional. Esto es, si antes los diplomáticos de carrera y los intelectuales de peso hacían brillantes papeles, hoy son motivo de ironías, de burla.

No cabe duda que México es un país enfermo, lo han desmejorado los políticos. Y la ausencia y distancia de los intelectuales con el poder ha agravado la situación. Los partidos políticos buscan deportistas, gente de la farándula y supuestos activistas sociales no afiliados a ningún organismo. Esta ruta ha dado lamentables resultados. Miguel Ángel Mancera, por ejemplo, como “independiente”, consiguió la votación más alta para gobernar el DF. Hoy, igual que Peña Nieto, está en picada. Si aspira a la presidencia, tendrá que hacer modificaciones profundas en su actitud e intentar que la desbalagada “izquierda” recupere peso.

López Obrador se hizo rodear de intelectuales, le fueron de gran ayuda, los premió, los trató bien aunque en el fondo, como político elemental que es, los despreciaba y es posible que sólo los tolere por su aportación mediática. Cuando Enrique Semo fue secretario de Cultura, estuve dentro del consejo cultural que formó. Éramos 16 y AMLO nunca quiso recibirnos para orientar nuestro trabajo en beneficio de la ciudad capital. Alguno de sus más cercanos admiradores, un narrador famoso, lo comparó con Vicente Fox, por su desdén a la cultura.

Para qué hablar del actual mandatario o de cualquier político de prestigio, todos son distantes de la cultura. Una de dos: o son realmente personas que oyen hablar de arte y sacan el revólver o no saben de la importancia de conversar con hombres y mujeres de amplia cultura y clara visión nacional e internacional. Luis Echeverría solía hablar con los miembros más distinguidos de la comunidad intelectual. Jorge Luis Borges, el nombre que jamás ha podido pronunciar correctamente Vicente Fox, lo mencionó como un presidente con el que habló de literatura. Dentro de mis muchos recuerdos, tengo uno en casa de Emilio Portes Gil, un presidente decoroso en épocas complejas; ya retirado, nos invitó a Juan José Arreola y a mí, aún joven, a cenar, para mi sorpresa fue un torneo ejemplar entre el escritor y el político de viejo cuño: hablaron toda la noche de poesía. Algo semejante me ocurrió durante un encuentro en Detroit, en un homenaje a Diego Rivera, con Mario Moya Palencia, y con un testigo de lujo: Dolores Olmedo. El funcionario mexicano habló largamente de Sabines y recordó sus mejores versos, Los amorosos.

Los intelectuales y políticos van por sendas opuestas, se desdeñan mutuamente, salvo en el caso de los intelectuales orgánicos que ahora lo son en función de los beneficios materiales que puedan obtener y no, como Reyes o Torres Bodet, por ser útiles a la nación. Eso no es tan grave, lo que alarma es que ningún intelectual sea capaz de dialogar inteligentemente con la sociedad. No la representan.

septiembre 20, 2015

La perversa conversación de literatos

El sentido del humor no es propiedad colectiva sino privilegio de algunos, significa un desafío cultural e inteligente.

Uno de los mayores narradores del siglo XX y lo que va del XXI fue Truman Capote. Desde joven se propuso revolucionar la literatura, lo consiguió y en ello dejó la vida. Modificó muchas reglas establecidas edificando nuevos paradigmas. Fue de los creadores de lo que ahora es una frase hecha: Nuevo Periodismo, término popularizado por Tom Wolfe, cuya obra se hizo una suerte de Biblia de la fusión de literatura y diarismo, aun para muchos, en cajones distintos. Sin embargo, Capote denominó Non fiction a su obra A sangre fría, algo que, imaginaba, borraría del mapa literario a la novela tradicional.
Truman le gustaba ironizar, burlarse de los colegas, actores y actrices afamados. Le era natural ser sarcástico. Hacía bromas en las conversaciones entre pares y por escrito en miles de cartas y recados. Nunca pudo resistir la socarronería, no le importaba perder un amigo o ganarse la aversión de naciones completas: “¿Qué tenía Córcega de malo? Todo, y los corsos en particular: reúnen las peores cualidades de los italianos y los franceses. Ya te los puedes imaginar”.
Gerald Clarke, su mejor biógrafo, recopiló su correspondencia y la tituló Un placer fugaz, frase del propio Capote. Es posible disfrutar de su infame buen humor en una traducción española, que para lectores mexicanos o argentinos se convierte en otra cosa y pierde fuerza. La ironía española, como bien se lo dijo Borges a Bioy Casares, es muy tosca.
En su celebérrima Anthologie de l’humour noirAndré Breton señala: “Il serait temps, dit Freud, de nous familiariser avec certaines caractérisques de l’humour. L’humour a non seulment quelque chose de libérateur, analogue en cela à l’esprit et au comique, mais encore quelque chose de sublime et d’elevé…”.
El voluminoso libro póstumo Borges, a cargo de Daniel Martino, donde Bioy hace un recuento pormenorizado de cientos de encuentros cordiales conJorge Luis, muestra un juego irónico que se hizo costumbre sin duda hiriente, pero sana y liberadora. Lo mismo le toca a Alfonso Reyes y Quiroga que a Ortega y GassetSabato y la Mistral. Ni siquiera las deidades quedan fuera de sus dardos: “Si comparas la muerte de Sócrates y la de Cristo —le dijo Borges a su entrañable Bioy— no hay duda de que Sócrates era el más grande de los dos. Sócrates era un caballero y Cristo un político que buscaba la compasión (…) con su efecto teatral falsamente grandioso de ‘perdónalos, no saben lo que hacen’… o maldiciendo una ciudad donde no le llevaron el apunte, no parece un individuo muy admirable”.
Con frecuencia los grandes y más cultos escritores (Wilde y Shaw en Gran Bretaña, Salvador Novo en México, por citar al azar un puñado) estaban dotados de extrema ironía y sabían utilizarla. Hay niveles de perversión que alteran a las buenas conciencias y divierten a las personas sagaces. Por desgracia, las bromas habladas se pierden como rimas de Bécquer (“los suspiros son aire y van al aire”), las palabras escritas suelen mantenerse y hacerse frases comunes. Las pugnas entre Novo y Luis Spota fueron célebres, según me cuentan, y arrancaron cuando el primero dijo que al serle presentada la mamá del novelista, saludó: ¿Spota? Mucho gosto. Más adelante, en represalia, Luis hizo un juego de palabras con los títulos de algunas obras del poeta y dramaturgo: A qué la culta dama, que de pájaros en la poesía mexicana se las sabe todas…
Muy joven, José Agustín escribió una suerte de poema sobre Carlos Monsiváis, que concluía: “Monsiváis a dónde vais ni lo sabéis ni lo buscáis.” Ello arrancó las diferencias entre el celebérrimo y todopoderoso Monsi y nuestra generación, la que Margo Glantz tuvo el desatino de llamar de la Onda. Lustros después escribí un largo artículo sobre el don de la ubicuidad de Carlos que jamás fue aceptado por ninguna publicación: Pesadilla de otoño o para documentar la biografía de Carlos Monsiváis. Lo subí a internet y allí fue muy leído; para mi sorpresa la reacción no me fue desfavorable.Carlos podía tener el aprecio del poder y de sus amigos, no el de todo México.
El sentido del humor no es propiedad colectiva sino privilegio de algunos, significa un desafío cultural e inteligente que con frecuencia va dirigido a personas que disfrutan de una amplia e insana reputación y provocan miedo.Chaplin lo utilizó para ironizar al dictador que todo el mundo temía: Hitler.Woody Allen, a la idiotez humana.
Jonathan Swift, a quien mucho admiro, escribió a propósito de su literatura: “El fin principal que me propongo en todos mis trabajos es vejar el mundo antes que divertirlo, y si pudiera cumplir este designio sin perjudicar mi propia persona o mi fortuna, sería el más infatigable escritor”.
Disfruté personalmente la memorable conversación de Borges, dos veces lo visité en la Biblioteca Nacional de Argentina, entonces en la calle México. Le escuché ironías magníficas, algunas las he transcrito en diversos libros. Luego leí una más en la citada obra de Bioy: “Bianco: ‘Le dije a Octavio (Paz) que yo no podía hacer un número de Plural con los jóvenes escritores argentinos. Primero porque no los conocía…’ Borges: ‘Y después porque los conocías”.

septiembre 18, 2015

Desgracia entre Egipto y México

El penoso incidente ocurrido en Egipto a un grupo de paseantes mexicanos le ha dado al gobierno de Peña Nieto y en general a la clase política mexicana un buen motivo para tender una nube de humo sobre los habituales problemas del país: la corrupción, la ineptitud oficial, la incapacidad de los partidos y los legisladores, en fin, la totalidad de aquellos que nos gobiernan. En principio, no hay datos exactos. Dos muertos, seis desaparecidos, luego fueron ocho los muertos, tenían permiso para acampar, no lo tenían, comieron en zona prohibida, los organizadores del viaje dicen que contaban con autorización oficial, el gobierno egipcio dice que no. Peña Nieto manda al avión presidencial para regresar a los muertos y a quienes sobrevivieron. Los medios están indignados y en general la opinión pública. Los mexicanos con posibilidades de viajar suelen hacerlo con cautela y ahora resulta que en Egipto, no lejos de El Cairo, el poderoso ejército y la aviación de tal nación atacan con brutalidad a un grupo de turistas confundiéndolos con terroristas. El embajador de Egipto en México, con algunas dosis de ingenuidad o perversión, dice que los turistas estaban dentro de una zona de operativos antiterroristas, mientras que sus paisanos, los guías de la caravana de viajeros, muestran los permisos que las propias autoridades les concedieron para hacer el recorrido que resultó fatal. El gobierno mexicano exige una explicación, ya que la pérdida de vidas es irreparable.

La situación es grave. Sin embargo, hay una parte ridícula: los legisladores, diputados, senadores y asambleístas, para hacerse notar, demandan la creación de comisiones de la verdad, derechos humanos hace otro tanto... Los perredistas y los panistas imaginan que Egipto está en México y los segundos quieren que Relaciones Exteriores presione para “que no haya impunidad”. Y en todos los casos, los legisladores piensan y hablan como si el asunto fuera doméstico y no un serio problema internacional. Un panista repite frases que de sobra conocemos: “caiga quien caiga”, otro del PRD pide que una comisión estudie el caso. No se dan cuenta que ya el gobierno de México está trabajando y que no será fácil que Egipto reconozca sus errores y menos con las sandeces que dicen los legisladores mexicanos. Las leyes y las costumbres, el estado de alerta en que viven esos países no es poca cosa, son otras las reglas, son naciones donde los derechos humanos no cuentan gran cosa, a menos que los muertos sean norteamericanos o europeos.

Lo grave es que la situación en Egipto es voluble. Son por ahora ocho muertos y 6 heridos ciudadanos mexicanos, resultado del salvaje ataque. ¿Es posible que la incapacidad del ejército egipcio sea tal que no pudieron contar en varios días el número de muertos? Como si fuera poco, la diplomacia egipcia está peor que la nuestra y nos dice que hay similitudes entre la lucha contra el narcotráfico que ha traído miles de muertos, como allá ha habido bajas a causa del terrorismo. En verdad los egipcios son ingenuos. Qué justificación tan banal. Las fuerzas armadas de ese país árabe son poderosas y están bien equipadas. ¿Cómo es posible que se hayan confundido tan fácilmente y hayan imaginado que una modesta caravana civil extranjera estaba en realidad formada por temibles terroristas?

Peña Nieto tiene que ser duro, no es posible que esos “errores” cuesten vidas de pacíficos turistas mexicanos que fueron a conocer Egipto, país de cultura ancestral y por lo visto ahora con carencia de sentido común.

No dudo que los egipcios tengan pérdidas colaterales como las hay en México, pero si todo estaba organizado por una agencia turística, ¿cómo es posible que el poderoso ejército, bien armado y capacitado, dueño de modernas tecnologías, se haya equivocado y asesinado a visitantes extranjeros?

Relaciones Exteriores debe ser exigente y no sólo hablar con el embajador egipcio aquí, sino demandarle al gobierno de Egipto una satisfacción y el reconocer que sus aviones ametrallaron gente inocente. No sólo exigir reparaciones, que, insisto, son irreparables, sino incluso llevar el caso a la ONU y llegado el caso ver qué sanciones internacionales es posible obtener para castigar tan reprobable acto de salvajismo.

Esperemos que la inexperiencia de la canciller y del propio Peña Nieto sea capaz de hacer los severos reclamos que el país le exige a Egipto.

septiembre 14, 2015

Donald Trump: de payaso a fascista

Por todo el mundo se comentan las perversiones del multimillonario miembro del Partido Republicano Donald Trump. Pero hay algo que sus comentaristas, críticos o afines, no acaban de entender. Los peores tiranos comienzan con una palabrería ofensiva y terminan masacrando pueblos enteros. Allí está Adolfo Hitler y sus discursos incendiarios contra las minorías en Alemania, fueron creciendo de intensidad y terminaron en una de las peores masacres de la historia: millones de muertos y muchos países destruidos. Dicho con otras palabras, su gusto por el racismo, su extremo nacionalismo y su perfecta estupidez, han logrado conmover y atraer a su causa a millones de norteamericanos en cuyo interior se agitan las ideas más siniestras del mundo. Trump nos está mostrando de qué está hecha la más grande potencia militar y económica del mundo. Ello es preocupante, en especial para los mexicanos que hemos tolerado sus toscas intervenciones, el robo de grandes extensiones territoriales y las frecuentes humillaciones de parte de la potencia vecina.

Si antes parecía ser un rico extravagante, dedicado a promover concursos de belleza, hoy se muestra tal como es: intolerante y racista. Emigrante en un país de emigrantes, sólo ve una cultura anglosajona donde el blanco debe dominar con fuerza a los demás. Prometer muros, exportaciones masivas, cárceles para aquellos que llegan a construir porque no tuvieron oportunidad de hacerlo en México, es aterrador y amenazante. Junto a él, los Bush son liberales, ya que uno de ellos, Jeff, tiene hasta el mal gusto de hablar español, pues su esposa es de origen mexicano.

La mayoría de los analistas internacionales y expertos en EU piensan que no ganará las elecciones presidenciales y menos con su discurso rústico y majadero, como el que ha usado para descalificar a la señora Hillary Clinton. Pero el hecho de que su popularidad crezca, debe preocupar al resto del mundo. No es que piense que al final pueda ganar Trump, sino que los genes fascistas viven cómodamente dentro de millones de norteamericanos y en esa nación viven y disfrutan la cultura del rifle y la cultura de la violencia. ¿Cuántos largos periodos EU ha vivido en paz, sin invadir, bombardear o castigar a un país que pone en entredicho sus valores? Sus acciones favoritas son violentas, como el modo de vida en EU resulta aguerrido por más que sea un país consumista de productos chatarra y figuras y juegos simplones.

Leo en una fuente seria de internet algo que muestra a Trump y a millones de norteamericanos ante un espejo: “La ira de Trump sigue llenando la panza de la actualidad en EEUU. Su caballo de batalla favorito es la inmigración: amenaza existencial para la América blanca, resentida y de bajos ingresos que le da su apoyo. Sin especificar cómo, el precandidato presidencial quiere deportar a los 11.3 millones de personas sin papeles que viven en el país, arrebatar la ciudadanía a los bebés nacidos allí y levantar un muro de casi cinco mil kilómetros en la frontera con México ‘para mantener a los ilegales fuera’.

“Algunos le han acusado de incitar al odio racial, como Randy Blazak, profesor de la Universidad de Oregon, criminólogo y experto en crímenes de odio: ‘Trump explota el fanatismo cortés que yace bajo la superficie de América’, explica a este diario por email. Hay una larga tradición de odio a los inmigrantes como forma aceptada de fanatismo. Trump ha dado permiso (a los votantes) para expresar comentarios racistas y ha sido recompensado por ello. Blazak aclara que los ataques de Trump se dirigen sobre todo a ‘gente marrón’, que designa a latinoamericanos, indios o árabes.

“Y sin embargo, la paradoja: Donald Trump es fruto genuino de la inmigración. Es hijo, nieto y esposo (en dos ocasiones) de extranjeros que llegaron a Estados Unidos buscando un futuro mejor. Mire adonde mire, Trump no tiene escapatoria: está rodeado por inmigrantes.”

Lo que me parece grave es que la súper potencia, armada hasta los dientes, tenga en ese bufón multimillonario a un vocero de los turbios intereses de millones de norteamericanos que piensan en que son la nación dominante, que es posible invadir al país que quieran o regresar a sus países de origen a millones de extranjeros que han ayudado a edificar su poderío.

Lejos de pensar que Donald Trump es un bufón y que no llegará lejos, es necesario empezar a preocuparnos. Está despertando a aquellos que tienen encerrado a ese ser racista y belicoso que todo norteamericano posee en el fondo. Es increíble que, según datos del Washington Post, Hillary Clinton sólo aventaje a Donald Trump por tres puntos. Esto es inaudito y nos demuestra que los mexicanos debemos estar no sólo intranquilos sino alertas.

septiembre 13, 2015

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Aquellos que doblegaron pueblos vecinos y los humillaron exigiéndoles tributo, fracasaron en tomar el bosque.

Los ruidosos pájaros visibles
En una amplia, hermosa y enigmática zona arbolada donde dominaban altos pinos, vivían grandes parvadas de escandalosas aves que nadie consiguió ver. El ruido producido por millones de gargantas era insoportable y ahuyentaba a cualquiera otra especie animal e incluso a los seres humanos. Por siglos, el México prehispánico tuvo esa extraña variedad en las faldas del volcán Popocatépetl, cuyas frecuentes exhalaciones amenazan desde tiempos remotos a muchos kilómetros de tierra fértil y buen clima. Las primeras tribus errantes americanas evitaban tal sitio, en consecuencia, los animales aéreos prosperaron. Una de ellas, la azteca, que buscaba dónde establecerse, se percató del fenómeno, decidió dar un rodeo y seguir su paso hacia la tierra prometida: un valle en cuyo centro estaba un lago pasmoso: mitad agua salada, mitad dulce.
Fundada Tenochtitlan, los aztecas comenzaron su brillante desarrollo, sometieron a civilizaciones cercanas y enviaron sucesivas expediciones al bosque poblado por los pájaros ensordecedores para extender sus posesiones territoriales. Nada lograron. Aquellos que doblegaron pueblos vecinos y los humillaron exigiéndoles tributo, fracasaron en tomar el bosque. El ruido, aun a distancia, era de una enloquecedora sonoridad. Finalmente enviaron a un sordo a explorar y recabar información. El hombre ingresó al centro donde se producía el escándalo. Cuando estaba convencido de la inutilidad de su tarea, decidió sentarse a reflexionar. Al nada ver en los árboles, entendió que el barullo no era sino el demencial parloteo de aves invisibles. Hurgando el suelo con las manos, recogió algunas muertas: lo sorprendió que fueran como aquéllas que solían volar sobre el naciente imperio o “la región más transparente del aire”, como lo calificara Alfonso Reyes. Tocándolas con desconcierto y temor, notó que el tamaño era mayor que el de las guacamayas que traían del sureste. Condujo los restos a la corte. El emperador mostró su asombro ante lo que no veía, pero sentía en las yemas de los dedos y le ordenó al sordo que se hiciera acompañar por hombres con el mismo impedimento y regresara a recoger el mayor número de aves posibles. Había tenido la extravagante idea de mandarse hacer un penacho con las plumas que conjeturaba más bellas que las de águilas y pavorreales. Únicas en el mundo.
De regreso, la comitiva de sordos puso a los pies del emperador varios costales, quien agradeció garantizándoles sustento por el resto de sus existencias. De inmediato dio instrucciones para que, con el más puro y delicado tacto, artesanos habilidosos trabajaran sin reposo e imaginación estética durante semanas. Al final, le llevaron un penacho que nadie lograba ver salvo las correas de suave piel del armazón, pero que imaginaban grandioso. Con delicadeza tres guerreros tigre, tres doncellas y un sacerdote se lo colocaron en la cabeza. El emperador solía recibir a los enviados de otras culturas portando orgulloso el penacho de plumas transparentes. A los visitantes no dejaba de parecerles una extravagancia azteca y más de un diplomático adulador tuvo palabras de admiración por aquella suerte de corona real que no lograba ver.
Al llegar los españoles con su tecnología de hierro, pólvora y caballería, destruyeron en pocos lustros una nación poderosa y magnífica. Cronistas y evangelizadores supusieron que la historia del penacho invisible era una leyenda o una herejía y jamás escribieron sobre la inusual información. Inadmisible porque las culturas americanas estaban sembradas de cuestiones asombrosas. De los ruidosos pájaros invisibles nadie ha sabido algo. Simplemente se desvanecieron, acaso espantados por una cultura brutal comandada por un Dios cruel. O quizá, siendo realistas, algunas severas emanaciones de vapor y cenizas del Popocatépetl (el guerrero velando el sueño eterno de su pareja, Iztaccíhuatl) hicieron que las aves buscaran tierras menos hostiles. Los extraños seres invisibles fueron un capricho de la naturaleza o acaso creaciones fantásticas de dioses imaginativos. Del penacho intangible sólo es posible remachar lo cierto: se convirtió en polvo invisible que el viento esparció por el país que estaba formándose.  
El sultán que perdió el trono por amor
El sultán de Turquía estaba desconcertado: era el primero en ser destituido de su cargo en una acción de autoridades civiles y religiosas, con amplio respaldo de la población otomana. La causa era una y simple: al estar perdidamente enamorado de una sola mujer, desechó al resto de su inmenso harem. En los países islámicos vecinos había regocijo por la defenestración. ¿Qué harían los demás sultanes si otros imitaran el ejemplo? Un desastre. Rechazar a cientos de hermosas y sensuales concubinas era una decisión deplorable. La siguiente sería tolerar que las mujeres caminaran por las calles sin burka. El sultán marchó al exilio sin más compañía que la esposa que había seleccionado por puro amor.
Pobre hombre, aunque buen gobernante, padecía el peor de los defectos: ser monógamo por naturaleza.

septiembre 11, 2015

Ahora sobre el Víctor Roura, editor

Periodista y literato, Víctor Roura ha sido siempre un editor. Editó por lustros la sección cultural de El Financiero y allí hizo periodismo cultural de altísimo rango. No somos pocos quienes lo consideramos uno de los mejores en una nación que ha brindado notables ejemplos de tal especialidad. Hace algún tiempo, Roura salió del diario en el que prácticamente vivió y se lanzó a un proyecto personal: el resultado es La digna metáfora. No una sección, sino una revista cultural de amplio formato y excelentes materiales. Aparte de digna, es una muy hermosa metáfora, ojalá que en este país mal gobernado y con planes (aquí tiemblo de terror) para la SEP y la creación de la secretaría de cultura, tenga una larga y buena vida.

Pero Víctor Roura es inquieto e inquietante y ahora ha arrancado una colección de literatura en Ediciones El Ermitaño, de Alejandro Zenker. Sirvan estas líneas para agradecerle a mi querido Víctor que uno de los libros iniciales sea mío: Cuentos de hadas amorosas. Relatos eróticos y, espero, humorísticos. El volumen físicamente es hermoso y sin duda original. Su formato novedoso y bien cuidado. Por ahora, no hay escritor más contento que yo.

El problema de Víctor Roura, como el mío, es que el periodismo cultural en México más parece un espécimen en extinción que un arte vigoroso. Lo poco que tenemos a la mano es flojo y poco crítico, con frecuencia informativo y se ocupa, como ha sido tradición mexicana, de elogiar a los amigos, a las gastadas celebridades, sin dar oportunidad a los autores, viejos o jóvenes, que refrescan las letras nacionales.

Si antes México en lo cultural fue dominado por grupos y mafias integradas por glorias nacionales, lo que padecemos ahora son chiquimafias. Pequeños grupos que se unen en busca del éxito y consecuentemente de poder. Ocupan cargos políticos o diplomáticos e invariablemente se las ingenian para obtener premios y más premios metálicos, en su mayoría provenientes del poder. Forman grupos (a diferencia de los antiguos, unificados en torno a principios literarios o a generaciones inquietas y preocupadas por el arte), que aman los viajes y el gozar de becas y reconocimientos a granel.

Roura ha preferido ir a contracorriente. Es, a diferencia de los intelectuales dominantes en la burocracia, discreto y de una asombrosa sencillez y generosidad. En octubre próximo, la UAM-X tendrá a Víctor Roura hablando de su intenso trabajo literario y periodístico que ha hecho toda su vida. Será para nosotros un honor, tenerlo y escuchar de sus grandes batallas por la cultura nacional, dadas casi en soledad.

Roura sabe que los tiempos han cambiado para empeorar y trata de mantener su estilo de trabajo: limpio, agudo y sobre todo crítico. Durante los años que estuvo en El Financiero, supo formar literatos y periodistas especializados. Entre los estudiantes de Comunicación es un hombre respetado, que ha tejido su propia biografía a base de un trabajo intenso, honesto y transparente.

Ignoro cómo le va con su revista cultural del mismo modo que ignoro cómo lo tratará la vida como editor. La verdad es que algo me preocupa y no es tanto su periodismo como su literatura. La suya es una sutil e inteligente mezcla de géneros periodísticos y literarios. No son ya tan nuevos sus resultados, ha corrido mucha tinta desde que Tom Wolfe, Norman Mailer y Truman Capote inventaron el Nuevo Periodismo, pero en los textos breves de Roura la inteligencia, el sentido de la ironía y la cultura se combinan para producir un arte singular. Me gustaría que en su conferencia prometida nos hable de cómo logró manejar a su antojo dos fórmulas que por siglos imaginamos distantes, en cajones diferentes.

Cuando mi libro estuvo listo, Víctor me habló por teléfono para decirme emocionado que ya lo tenía en las manos. No supe cómo agradecerle su gesto desprendido. Ahora lo hago por escrito. Cuando “competíamos” en cuestiones de periodismo cultural, yo en Excélsior y él, muy joven, en El Financiero, jamás pensé que me ayudaría en un momento difícil, no sólo para mí, sino para multitud de narradores y poetas que trabajamos lejos de la burocracia y distantes de las adulaciones. No fuimos rivales, sino colegas en distintos medios. Ahora no sólo somos colegas como siempre, sino que él es mi editor y amigo.

Hasta hoy no he tenido que recurrir a las editoriales, a ninguna, fui afortunado, ellas me llamaron. Nuevos narradores tocan a sus puertas, yo me mantengo en mi medio, las universidades públicas, a veces editan algunos libros míos, viejos o recientes. Lo que ahora he visto en Víctor Roura es un acto de caballerosidad inaudito en un país que disfruta viendo las pugnas artísticas, cómo suben unos y otros descienden sin que medie la crítica literaria, sino la feroz enemistad.

septiembre 09, 2015

Víctor Roura: la devoción por el periodismo

Son tantos los años que conozco y he leído a Víctor Roura que ignoro la cifra. Siempre lo vi agudo, culto, inteligente y algo desconcertante: sencillo, ajeno a los ruidos publicitarios. Él estaba y está en lo suyo: lo que podemos llamar adecuadamente nuevo periodismo. Literato asimismo, Roura, ha sabido mezclar el periodismo y su rudeza, con una hermosa prosa, salpicada de erudición. Por más de veinte años hizo la mejor sección cultural de México en un diario para personas más interesadas en las cifras y los valores que en las artes. Fue inexplicable pero allí estuvo mucho tiempo, promoviendo a nuevos autores y dándole a la crítica un sentido desconocido en México: sus mejores valores: la ética, la profundidad y sin duda la estética. Es un placer leerlo.

En la UAM-X, donde tenemos la carrera de Comunicación, ensayos suyos como Cultura, ética y prensa, fueron lecturas obligatorias para los alumnos. Yo mismo trabajé con trabajos de Víctor Roura y para hacer todo más sencillo, solíamos leer El Financiero, donde aparecía diariamente su sección. Nunca he visto a un periodista más riguroso. Todo lo cuidaba con esmero y sus propios artículos y relatos son excelentes.

El texto mencionado es un lúcido encuentro de dos géneros, la literatura y el periodismo. Pero va más allá, con ejemplos serios, respetables, con el apoyo de otros trabajos como los de Manuel Vázquez Montalbán, Emmanuel Carballo, Raúl Trejo Delarbre y Ernesto Villanueva y citando pruebas de autores clásicos, Balzac, Dickens, Sainte-Beuve, Sthendal y más, sostuvo los méritos del gran diarismo. Le preocupa lo que en México llamamos el ninguneo y que es práctica cotidiana, le molestan las mafias, las que en nuestro país son quienes se reparten y comparten los premios y se pelean entre sí por la cercanía al poder, esté donde esté. Víctor, pues, ha dado una larga lucha por los principios del gran periodismo. Pero lo destacado es que no sólo los recomendó sino que los ha llevado a la praxis como muy pocos.

Sabe que no se trata de hacer periodismo únicamente con las grandes figuras, muchas formadas al amparo del poder. Le preocupan los que arrancan, los que inician su viaje al centro de la literatura, de la pintura o de la música. Porque hay, en efecto, un “secreto profesional, que el periodista debe guardarse para sí como algo íntimo, inviolable: un acto arcano personal. Este asunto, por supuesto, también puede provocar efectos contrarios, como la banalización que ejerce la prensa frívola acerca de los idolillos y millonarios del jet set cobijada por el secretillo a voces… O bien puede ser manejado, como efectivamente se hace, por periodistas venales que no dudan en desprestigiar a quien se le ponga en el camino con tal de sacar tajada económica de su oficio…”. Es verdad, ese tipo de prensa se preocupa más por el ruido que provoca el escándalo de un artista plástico o un intelectual afamado, que por la obra que vale la pena de un joven que arranca. Los medios nacionales se dejan orientar por todo aquello que significa éxito comercial, no necesariamente talento artístico y lo peor es que de ellos se alimentan los poderosos, el sistema político.

La voz y el trabajo de Víctor Roura han sido tenaces e inalterablemente justos, equilibrados. Sus colaboradores, hoy en el mundo digital, a donde se ha mudado, son plurales y ninguno tiene la obligación de ser uno de los favoritos del sistema. Estamos ante un hombre que ha cumplido con sus valores y promesas. Hace poco le hablé para decirle que la UAM-X deseaba hacerle un reconocimiento a su obra periodística, sólida y consistente, limpia, me rechazó con gentileza y hasta con humildad. No, René, hay otros que lo merecen más. Espero algún día convencerlo que asista al menos a una mesa redonda sobre su infatigable trabajo periodístico y literario. Por ahora, me limito a un puñado de palabras que se limitan a describir velozmente a un hombre que ama su oficio y lo practica pese a las adversidades, que es ajeno a la corrupción en cualquiera de sus formas. Al margen del poder y de los poderosos, ha hecho un periodismo limpio y una literatura memorable. Que sabe ser crítico. Y digno.