Tantadel

diciembre 30, 2015

Nacionalismo y capitalismo a la mexicana

Un sociólogo francés prestigiado escribió hace poco: “Actualmente todo proceso de modernización significa occidentalización”. Es verdad, es el rumbo que han tomado los países de Oriente o el que buscan los países africanos de mayor desarrollo. El camino lo han determinado las nuevas tecnologías que han revolucionado desde las industrias hasta la vida cotidiana. No quedan más que restos de otras propuestas de modos de vida, el consumismo, y desde luego las pequeñeces diarias están dentro de los procesos considerados como formas de avance que antes parecían múltiples y opuestos al capitalismo occidental. Hoy, en lugar de una antigualla es un avanzado modelo para que el planeta avance. ¡Qué espanto!

Las mejores pruebas que podemos brindar en un país como México, de extremo nacionalismo, son las fiestas decembrinas. Todo en ellas tiene un sabor a cultura norteamericana. Las imágenes de los santa closes, los árboles navideños, los villancicos ¡todavía cantados por Bing Crosby! en lujosos almacenes comerciales. El Centro Histórico de México, el Zócalo, donde antaño floreció sin llegar a cuajar la prodigiosa cultura azteca, hay una pista de patinar sobre hielo, para no tomarse la molestia o realizar el gasto de viajar a Nueva York, al Rockefeller Center y las piñatas tienen forma de personajes de filmes norteamericanos.

Sin embargo, dentro de un inmenso mural, del que sólo he dado un par de imágenes, es imposible reprender al país. Quizás la parte más delicada de nuestro nacionalismo sea criticar a la selección de futbol mexicana, el Tri, como le han puesto los cronistas deportivos. Eso es pecado mortal. No hace mucho un colega periodista en una estación radiofónica me pidió que me definiera. Lo miré y le pregunté si en verdad deseaba mi respuesta. Asintió. Bueno. Soy agnóstico en tierra de creyentes, marxista donde mandan los capitalistas e internacionalista en un medio de un inaudito nacionalismo. Luego de la sorpresa, y ya sin grabadora, mi amigo me preguntó si todo eso era real o estaba yo alucinando por tantos festejos navideños. “Con razón pocos te quieren”, pensó o yo mismo imaginé que con su silencio estaba pensando justamente eso.

Todo es soportable, hasta las pistas de hielo de los perredistas, pero hay algo peor que querer parecerse a EU. Hasta hace unas décadas el nacionalismo parecía auténtico y legítimo. El amor patrio era roto cuando la familia salía de compras y no adquiría nada nacional. A menos que los automóviles sean marca Sánchez o Pérez y los televisores no vengan de Corea, China, EU, Alemania o Japón, ni los más simples utensilios como el jabón, rasuradoras, celulares (ya son comunes) y las pastas dentífricas sean Made in Tlaxcala.

En estos días todo lo que veo es una urbe que se siente parte de EU: modas, filmes exitosos, juguetes, tecnologías que sufren modificaciones cada tercer día, carteles descomunales con un Santa Clos bebiendo Coca-Cola o anuncios que te invitan a comer hamburguesas o hot-dogs. Star war en cientos de salas cinematográficas. Para colmo, las grandes empresas de vinos, cervezas y licores son dueñas de los más afamados tequilas y mezcales. En fin, para qué arruinar las fiestas navideñas.

Durante los primeros años de mi carrera en Ciencias Políticas de la UNAM, los maestros, casi todos marxistas que terminaron en el PRD, luego de pasar por el PRI o el PAN, nos enseñaban las brutalidades del capitalismo norteamericano: Tiran a las cañerías millones de litros de leche para encarecerla, es la cultura del desperdicio. Contra ese modelo hay que luchar, concluían. Pues hemos perdido. El sábado, Crónica notificaba elementos asombrosos en un país donde hay hambre: Según datos oficiales, cada año desperdiciamos diez millones de toneladas de alimentos y lo que se vende, arroja, en días como estos, más de tres millones de toneladas de basura. La contaminación en la ciudad capital es incontrolable a menos que soplen vientos severos. El día 25 de diciembre los niños trataron de estrenar sus juguetes en la calle: imposible, era día de contingencia ambiental. Hasta la pista de hielo del Zócalo fue cerrada.

Sin embargo, no todo está perdido, ahora, estimulados por el gobierno federal, hay baratas y buenos fines todo el tiempo, como en EU que existen “Viernes Negros” para sacar a la venta productos feos o corrientes que no salieron. Padecemos grandes rebajas de pretemporada, luego vienen las de postemporada y más adelante las nocturnas y eso sin contar los días festivos donde todo invita al consumismo. Leí de un señor mexicano que presume más de cien pares de zapatos y en casas de zonas residenciales, donde moran dos o tres personas, cuatro a lo sumo, cuentan con seis, siete o más autos.

Pobres de mis maestros, el futuro y la globalización nos alcanzaron y nos instalaron en un capitalismo impiadoso que pese a sus tremendas contradicciones parece gustarnos al grado de hacer ahorros para en lugar de ir a Six Flags, echarse un viajecito a Disneylandia.

diciembre 28, 2015

El viejo e irritante sistema de partidos

Si todavía aceptamos como algo valioso y quizás único la idea de un solo partido, una vez que las clases sociales hayan desaparecido, significa que vamos a contracorriente histórica. El tiempo desechó una idea brillante, parte de una utopía. La humanidad no está hecha para ser regida por partidos únicos. Lo vimos de otra manera durante las monarquías absolutas y su famoso derecho divino, lo volvimos a ver en el comunismo ruso y el fascismo alemán e italiano. Lo vimos en México durante la larga noche priista. Llegó a tales niveles la desesperación que la ira popular estalló en votos sin precedentes para Cuauhtémoc Cárdenas y principalmente para Vicente Fox.

Los países anglosajones viven una realidad de ensoñación: el bipartidismo; en Inglaterra la lucha entre dos bandos igualmente conservadores y en Estados Unidos, la repartición del botín presidencial entre republicanos y demócratas, lo que un maestro mío de la UNAM, llamaba la guerra de la Pepsi-Cola contra la Coca-Cola. Parecen distintas bebidas, en el fondo son semejantes, casi lo mismo. Desde hace algunos años, en la superpotencia se gestan nuevas posibilidades electorales, tarde o temprano aflorarán.

España es todo un caso. Por siglos estuvo supeditada a la monarquía, luego apareció la República, no duró mucho tiempo, volvió la monarquía y finalmente regresó la República para ser aplastada brutalmente por la tiranía fascista de Franco, quien dejó en sus delirios finales, a un rey que resultó más bondadoso (salvo con los elefantes que asesinaba) que democrático. De este modo fue instalado un sistema monárquico conducido por un soberano decorativo, con una costosa nobleza, y un presidente que o bien sale del Partido Socialista Obrero Español o del Partido Popular. Aunque España goza de aceptables niveles de vida, la pluralidad inquieta a sus habitantes. Más todavía, naciones como Cataluña y el País Vasco muestran sus inconformidades con el reino español. Ni se sienten monárquicos y menos españoles: son solamente catalanes y vascos, con idioma propio, historia propia, bandera propia, himno propio, les falta la total autonomía, la que los partidos tradicionales rechazan.

En México hay también una decidida tendencia al multipartidismo. El monopolio priista fue mellado por la fundación del PAN, en 1939, pero es hasta el 2000 que aparecen otras fuerzas y de allí nuevos partidos. Por lo pronto ya no hay absoluta mayoría. Los partidos necesitan de las alianzas para ganar. Todas, aquí, son inauditas, escandalosas. El PRD, por ejemplo, fue formado por ex priistas, ahora mismo lo conduce otro. De hecho, es un organismo que ha estado casi siempre en manos de quienes se formaron en el PRI: Cárdenas, Ebrard, López Obrador y Agustín Basave. Los perredistas siempre se vieron a sí mismos como la “izquierda” porque su núcleo estaba formado por los viejos comunistas, socialistas y trotskistas. Sin embargo pesaron más los de origen priista. Hace algunos meses, le pregunté a Enrique Semo, notable académico marxista, Premio Nacional de Ciencias y Artes, autor de muchos libros, qué le había pasado a la izquierda histórica. ¿Dónde se extravió? Su respuesta, que aquí he consignado, fue escueta y no necesita más explicaciones. Tiene razón mi profesor y camarada. Se perdió cuando el priismo, resentido y oportunista, se sumó al proyecto que desde hacía años buscaban las fuerzas progresistas: conseguir la unidad de los más avanzados, marxistas o no. Su llegada y control sobre el PRD y en general por lo que ahora llamamos izquierda, fue desastrosa. En esos tiempos sólo existía un PRI, ahora hay muchos, tantos como partidos padecemos y ninguno está en la izquierda.

Por años, los perredistas se vieron como la “izquierda”. Al PRI y al PAN los miraban como lo que son, partidos no de centro sino de derecha. Pensaron que eran lo mismo y ambos detestables. Los bautizaron como PRIAN. Pues bien, ahora resulta que no hay tal, que el PRD ha formado alianzas con el PAN y ambas fuerzas, quizás no sus bases, sí los dirigentes, hablan de afinidades ¡ideológicas! y propósitos comunes para gobernar democráticamente, repartiéndose el botín.

Por ahora seguimos en manos de tres partidos mayores y uno que arrancó con fuerza en el DF, el principal bastión opositor al PAN y al PRI: Morena. Ninguno realmente convence y no hemos tenido la oportunidad de hacer surgir, como en España, partidos novedosos, de jóvenes con nuevas ideas, como Podemos, que obtuvo en las recientes elecciones parlamentarias, 69 curules y Ciudadanos que ganó 40 escaños. Nada mal en un reino bipartidista, donde PP y PSOE se repartían el poder.

España ha mostrado el camino de la pluralidad real, con fuerzas ideológicamente conformadas y sin ambiciones personales. Podemos y Ciudadanos, hasta hoy, son parte de un movimiento en verdad popular, que busca nuevas posibilidades para su país y no seguir la ruta de los partidos exhaustos, decadentes. México, por desgracia, no está en los umbrales de tales modificaciones que han sorprendido e inquietado a toda la Europa por completo metida en viejos modelos. Sin duda en España predominarán las alianzas para formar los gobiernos, pero con una monarquía cansada y tediosa, únicamente para las páginas de sociales, es posible que crezcan las nuevas fuerzas políticas y decidan lo inteligente: crear una república multipartidista.


diciembre 27, 2015

Julio Cortázar, modelo para armar 1/2

Rayuela no es una contranovela en términos clásicos, tampoco es una obra convencional.

Los cuentos y novelas de Julio Cortázar están construidos como fantásticas mansiones que alguien habita por razones inusuales. Las diseñó pequeñas comoCasa tomada, para que seres enigmáticos y ciertamente peligrosos despojaran a los dueños en medio de un ambiente terrorífico. También hizo monstruosos y laberínticos planos de una magna casona para que los lectores concluyeran la construcción. O tal vez estemos hablando de un rompecabezas, puzzle, que se llamó Rayuela. En este caso, el arquitecto nos proporcionó, además de los planos, un instructivo para no extraviarnos en la complejidad del edificio. Se trata de hacer una casa a gusto de cada lector, combinando los capítulos y sin recurrir al ordenamiento de la lógica formal. El autor desaparece, los personajes nos dan asombrosos datos, pero de ninguna manera tenemos la obligación de seguirlos. La Maga y Oliveira cuentan una serie de historias y nos describen un aparentemente perturbado escenario, donde uno puede extraviarse. De ser así, tampoco hay problema, tal posibilidad estaba prevista y entonces el lector podrá vagar por las páginas que un imaginario Cortázar escribió. Pero si se prefiere la edificación de escaleras y en particular sobre la manera de subirlas o bajarlas, enInstrucciones para subir una escalera podremos encontrar todo al respecto, según se baje o se ascienda.
Para muchos, Rayuela es una contranovela o una antinovela, si se prefiere. En realidad definirla no es prioritario. Lo maravilloso es sumergirse en ese mundo cortazariano tan coherente y lleno de posibilidades. El surrealismo está presente, como en otros textos suyos, y también encontramos elementos narrativos tradicionales. Pero, de pronto, nos damos cuenta de que los personajes —como en el caso de Axolotl— somos nosotros ya metamorfoseados. La inteligencia y la imaginación delirante es parte de una larga serie de sucesos lúdicos y a veces fantasmales, vomitar conejos, por ejemplo. Rayuela no es una contranovela en términos clásicos, tampoco es una obra convencional. Es algo más complejo y difícil de clasificar de acuerdo con la crítica académica. El lector sólo compra los planos para construir la casa a placer. Sin embargo, existen diversos peligros: en estas edificaciones hay cronopios y famas —seres prodigiosos de un bestiario asombroso y temible— que acechan a los posibles habitantes y sobre los que nunca sabremos lo suficiente. Más aún, amenazan con salir de las páginas y quizás agredirnos.
Un buen retrato de Cortázar lo proporciona Ivonne Bordelois en el diario argentino La Nación: “Generacionalmente, Cortázar representa el último embate de la vanguardia latinoamericana, cuando trastrueca el género narrativo en ese proyecto extraordinario que es Rayuela, una obra que debe tanto, por su capacidad de transformación del lenguaje y de las técnicas narrativas, a autores tan diversos y opuestos como GombrowiczMarechal y Joyce. Con los autores contemporáneos comparte el propósito de hacer de la literatura un objeto de la literatura, pero se aleja del acostumbrado cinismo posmodernista, y de las consignas que imponen lo light y lo cool como mandamientos supremos de la estética moderna, por su apasionamiento indomable y su búsqueda permanente de lo absoluto. Cortázar concibe la literatura, en la huella de los románticos alemanes y los surrealistas franceses, y en el ámbito de las teologías heterodoxas del hombre nuevo, como una experiencia capaz de transformar al hombre a través de una revolución radical de lo imaginario y del lenguaje. Lo interesante fue su manera de cuestionarse a fondo, a través de las dos revoluciones a las que se adhirió, la surrealista y la socialista, sin traicionarse nunca a sí mismo. Siguió así un camino solitario entre opciones erizadas de dificultades, rupturas y malentendidos. Lo llamaríamos, sin desmedro ni ironía, un utopista crítico y un memorable maestro, pero también lo recordamos como un mentor irreverente, defensor leal y valiente de autores incómodos o aparentemente marginales, como MarechalMartínez Estrada y Pizarnik; un permanente vigía de lo desconocido, y un escritor imprescindible en el mapa de nuestra literatura.”
Cortázar amaba París y era un mago de las letras que gustaba del jazz, como lo probó al incluir en sus relatos a Thelonius MonkLouis Armstrong y Charlie Parker. Nació en 1914, mismo año en que nacieron Bioy CasaresPaz y José Revueltas. Emergió europeo, en Bruselas, y pasó su niñez y adolescencia en Buenos Aires; allí, como es normal, se sigue siendo europeo, pero con acento porteño, se usa el lunfardo, se halla placer en el tango, los bifes, el vino tinto y en la admiración por Borges. Ya mayor, bajo la presión peronista, Cortázar sale de su apreciada Argentina, para radicar en París y casi al final de su vida adquiere la nacionalidad francesa, sin dejar de ser profundamente argentino, como MarechalErnesto Guevara.
Carmen Balcells lo hizo aparecer como parte de un movimiento llamado boom. Pocos supieron qué era y muchos no lo tomaron en serio, como el propio Cortázar. Él fue simplemente fiel a sus ideas y a su literatura. Su ideología era cercana a la Revolución Cubana, y la precisó en su poema Poli-crítica a la hora de los chacales. Su arte pertenecía a la estirpe de los mayores literatos.

diciembre 23, 2015

Sacrificios humanos y canibalismo

Para muchos, seguramente para la mayoría, los sacrificios humanos son aborrecibles. Pero ésta es una mirada tardía. En su momento, ninguna sociedad los rechazó, ni siquiera cuando se trataba de canibalismo. En la medida en que los pueblos fueron desarrollándose los sacrificios desaparecieron o, mejor dicho, fueron sustituidos por otro tipo de asesinato, el de la conquista. Los persas, los romanos, los hunos, los mongoles o héroes como Julio César, Alejandro Magno, Napoleón o villanos como Hitler, dejaron a su paso tantos muertos como nunca pudieron sacrificar los aztecas en cien años. Si vemos las cosas dentro del mundo actual, más vidas se perdieron, más sangre fue derramada en nombre de religiones que predican la paz y el amor, que aquéllas que fueron sacrificadas en aras de creencias severas. El sacrificio humano fue parte de un ritual religioso que gradualmente evolucionó hasta desaparecer. O fue sustituido por guerras e invasiones hechas por las potencias.

Nigel Davies escribe en su obra Sacrificios humanos que “en esencia, el sacrificio humano era un acto de piedad. Tanto el sacrificador como la víctima sabían que el acto era necesario para salvar al pueblo de calamidades y al cosmos de derrumbarse”.

Davies no deja de tener razón, todavía a fines del siglo XIX y principios del XX en algunas islas del Pacífico, hoy bajo dominio norteamericano, solían sacrificar doncellas para que los dioses fueran favorables o para aplacar la violencia de volcanes en erupción; a nadie le asombraba la muerte de las jóvenes mujeres. Era una costumbre benéfica para la sociedad. Uno siempre imaginará que la víctima sufría intensamente los instantes previos a la muerte, pero no es así, es imposible comparar el temor de una persona al pie del cadalso, antes de sufrir el peso de la cuchilla de la guillotina o la brutal descarga eléctrica o las balas de un pelotón de ajusticiamiento o la cámara de gases o la asfixia de una soga en el cuello, con los sentimientos de alguien que marcha hacia su muerte para que sus dioses sean generosos y propicios. Mucho más adelante, en nuestra época, vimos pilotos de combate japoneses llamados kamikazes ir gozosos hacia la muerte y a vietnamitas, musulmanes, palestinos e iraquíes dar su vida por la libertad o por la causa en la que creen.

Es ridícula, en consecuencia, tanta estupidez y gazmoñería de aquellos que ven la cultura azteca como criminal y bárbara: actuaron conforme a sus tiempos y a sus valores, del mismo modo que ingleses, españoles, alemanes, franceses, portugueses o norteamericanos han masacrado en nombre de sus respectivos imperios a millones de nativos, compatriotas, colonizados e invadidos en nombre de la fe cristiana, de la “libertad”, la “democracia” y “civilización” o por necesidad de mayor espacio.

El canibalismo es algo distinto. Diego Rivera habló largamente de lo nutritivo que resultaba la carne humana obtenida en alguna morgue, en este caso, una simple carnicería. Escandalizó, ciertamente, pero nadie lo refutó en términos científicos. Era sin duda una broma.

Hay un recuerdo que no me abandona: cuando yo era adolescente, doña Eulalia Guzmán, quien había asumido la defensa de lo prehispánico como un castigo doloroso, le decía a mi padre, también historiador, con mucha aflicción: Nunca, profesor Avilés, los españoles vieron un sacrificio humano en estas tierras. Eran prácticas abandonadas para esos años.

El sacrificio humano era ocasional y con frecuencia los prisioneros de guerra eran ejecutados, lo que equivalía en cierto modo a sanciones y castigos. La Santa Inquisición, que nada tuvo de santa y sí mucho de inquisitorial, en cambio, en nombre de Cristo, asesinó y torturó a miles y miles sólo por sospechar que eran herejes o blasfemos.

El canibalismo sigue apareciendo de vez en cuando en los países de mayor desarrollo económico. De pronto la policía descubre que alguna persona fue devorada como parte del ritual de un hombre desquiciado, la noticia sale en algún diario y obtiene más lectores o alguien escribe un libro que resulta premiado. Es decir, el canibalismo sigue teniendo un resultado, eso sin contar que disminuye aunque sea un poco el exagerado incremento de población que nos ahoga. El cine lo fomenta.

El sacrificio humano nunca es un acto de canibalismo, y éste es una simple y brutal acción gastronómica para paladares muy distintos de los nuestros y culturas diferentes. En lo personal, jamás me comería a un semejante.

Esto nos conduce al mundo de las grandes ideas. Hasta la fecha, Malthus continúa vigente. Sin embargo, en algo falló su teoría. Todas las corrientes de pensamiento moderno, el marxismo incluido, han satanizado al pobre Malthus por sus afanes de querer llevar a cabo un desmesurado control de la natalidad, de intentar la hazaña de ponerle un alto a la fatal consigna de creced y multiplicaos. La población humana crece de manera geométrica, es exacto y allí vemos los resultados: un mundo semidestruido y en vías de extinción.

Si el sacrificio humano es algo obsoleto (ya ninguna deidad los demanda), no ocurre lo mismo con el canibalismo; éste podría ser una loable solución para mejorar la calidad de vida de la humanidad. Los sobrevivientes —tal vez— podrían convertirse en personas útiles y educadas, capaces de crear una cultura universal sólida, distinta a la que hemos padecido todos estos milenios. Pero no lo tomen en serio. Es Navidad, seleccionen pavos y lechones.


diciembre 21, 2015

La libertad, ¿existe?

En el siglo XVIII los revolucionarios descubrieron que el hombre nacía libre y que enseguida lo sujetaban con cadenas. Jean Jacques Rousseau lo dijo y todos lo aceptaron. La libertad en consecuencia es un hecho social, para conseguirla basta con eliminar las cadenas. Ello sería el resultado de códigos inteligentes. Pareciera poca cosa, pero la empresa es gigantesca. Cada letra del código nos limita. Hoy en día la poca libertad que tenemos es por omisión, porque en Estados Unidos, Francia, Rusia o Cuba, las autoridades olvidaron nuestro número de registro. Si alguien dispone de cierta libertad, no es más que a causa de un descuido, una simple negligencia, explica Georges Henein. Lo interesante sería ver cómo desaparecen las omisiones legalmente. El hombre más afortunado, el multimillonario, es un descuido de la policía y vive angustiado en espera de que (y parafraseo a Trotski) le cambien el smoking por un traje a rayas de presidiario. Recuerdo mis años escolares, donde un maestro de economía nos decía: Sí, hay libertad de empresa y uno, si tiene mil millones de dólares, puede poner el negocio que quiera. El intelectual y el artista, a su vez, se imaginan libres, dicen que las ideas no pueden ser objeto de persecución. Están en su derecho ingenuo de así creerlo, pero su pensamiento ha sido secuestrado por decisiones ajenas a su voluntad y se limitan a repetir conceptos e ideas, valores que otro les puso en la cabeza como si fueran chips en computadoras.

¿Regresar, pues, a la naturaleza? Aunque es una constante que cada tanto aparece en las mentes simplistas como las de los hippies, no es la solución. La ciencia y la modernidad nos han colocado cadenas mucho más pesadas y han creado nuevas dependencias. Marx insistía en que era necesario adueñarnos de la naturaleza para ser libres, nos evitaría ser esclavos de la ciega necesidad, precisaba. Ahora podemos ver que no basta el dominio de la naturaleza. Ella misma está sujeta a la peor esclavitud: al dominio de la mano del hombre que es capaz de modificar a gran escala ecosistemas, destruir bosques, enfangar lagos y desaparecer ríos. Quien encuentre fuera del materialismo dialéctico, esperanzas libertarias, fallará sin remedio o al menos chocará con las tesis de pensadores como Marx.

Para este pensador, vivir en una sociedad comunista era la posibilidad de ser libre por entero, libre para seleccionar su actividad favorita (sin regirse por reglas de mercado, donde el trabajo no es una mercancía) o para ir de una a otra y finalmente dedicarse al arte, a la creación. Ésa es una hermosa parte de la utopía marxista. La realidad es distinta: uno trabaja donde puede, no donde lo desea. Se imparten clases en la UNAM porque resulta imposible dictarlas en Harvard o si consigue una plaza en tal universidad, fue al precio de entregar parte de su bagaje cultural o de aceptar las condiciones impuestas por mentes conservadoras, es decir, reducir su campo de libertad ideológica.

Madame de Staël hurgó más profundamente en el espíritu humano para escribir lo siguiente: “La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo”, idea que comparto a plenitud. Para ser por completo libre, según Madame de Stäel, uno tendría que dejar de amar y ello no es posible. Mucho más lejos que la aguda Madame de Stäel, el Marqués de Sade nos propuso alcanzar la plena libertad a través del más violento erotismo. La propuesta asustó aún a los más radicales revolucionarios de su tiempo: siempre hay una infausta moral que nos limita e impide que la libertad sexual aparezca proporcionándonos segundos o minutos de intensa sensación de libertad. Como castigo a tal osadía, Sade fue prisionero de asilos y cárceles y pasó tras las rejas más tiempo que fuera de ellas. 

Jean Paul Sartre y su compañera Simone de Beauvoir vivieron obsesionados por la idea de libertad. Para ellos era un problema fundamental. Hurgaron en el marxismo, pero el ejemplo que tenían a la mano, la versión estalinista era insuficiente. Hoy muchos pensadores la buscan inútilmente en el sistema que ha resultado vencedor, el capitalismo. Sin embargo padece tantas contradicciones indisolubles que resulta una tomadura de pelo pensar que la libertad plena está allí, donde todo se rige por la economía de mercado, lejos de leyes que consideren la libertad humana un premisa fundamental. La libertad todos la queremos y la vemos como el valor supremo, pero en realidad suponemos que es hacer lo que a uno le venga en gana, mientras que el Estado se desgañita haciendo leyes “justas” que sólo satisfacen a sectores pequeños pero de mucho peso material. No existe partido que no hable del concepto, pero tampoco existe un partido que la conozca y la practique como un valor social de alto rango. Es usada como mero pretexto para atraer votos.

La libertad es una utopía, un sueño hermoso que se ha convertido en pesadilla. No existe: la sociedad, apoyada poderosamente por las religiones, se ha encargado de eliminarla al someternos a toda clase de reglas. Ni siquiera nos queda la propuesta sexual de Sade. Mucho menos cuando tenemos oculto a nuestras espaldas a un Big Brother inquisidor o un voyerista ensimismado impidiéndonos la realización del acto liberador.

Libertad es una palabra muy utilizada y apenas practicada.

diciembre 20, 2015

Cervantes engrandecido

Nadie más lejos de la academia que el autor de El Quijote, un hombre formado en la guerra, en las tabernas y en las prisiones

El escritor más sobresaliente del castellano en nuestro tiempo, Jorge Luis Borges, hizo rectificaciones fundamentales para el análisis y comprensión del más afamado escritor de todos los tiempos del castellano, Miguel de Cervantes Saavedra: “Ningún otro destino fue tan dejado de la mano de su dios como don Quijote. Ninguna otra conducta de novelista fue tan deliberadamente paradójica y arriesgada como la de Cervantes...” El trabajo de BorgesLa conducta novelística de Cervantes, incluido en El idioma de los argentinos, aclara errores en la obra del español, errores que considera achicadores, es decir, que le restan méritos y valores. Vale la pena aclarar que, en efecto, Cervantes ha marchado triunfal por los siglos acompañado de la idea simplista de que sólo se trata de un texto que critica los escritos más ramplones de caballería (recordemos que salva, por ejemplo, Tirant lo Blanc, al señalar que “es éste el mejor libro del mundo”) o de una parodia. La obra es el arranque de toda literatura moderna castellana y ha logrado darle a Cervantes el honroso papel paterno de toda la literatura subsecuente, algo que en inglés sólo puede atribuírsele a Shakespeare, contemporáneo del escritor español. Parafraseando a Mario Vargas Llosa, podría señalar que Cervantes es uno de los primeros grandes suplantadores de Dios —FieldingBalzacDickensFlaubertTolstoiJoyceFaulkner— que pretende crear una realidad total.
Recuerdo que en una larga plática con Borges en Buenos Aires, en la Biblioteca Nacional, situada entonces en la calle México, me preguntó qué leía en ese momento: le repuse que UnamunoPérez Galdós y Azorín. Hizo alguna referencia sobre lo provinciano de la literatura española junto a las letras francesas, alemanas e inglesas. Quedé desconcertado. Mucho más adelante, del mismo modo que al Borges, acusado por periodistas frívolos, como racista, no era posible encontrarle una línea probatoria, descubrí su profundo manejo del Siglo de Oro, el que utiliza para disminuir la soberbia española y probar, merced a su enciclopédica cultura, que “la tradición española no es tradicional, como los tradicionalistas pretenden” y al mismo tiempo decir de Cervantes algo más allá de los lugares comunes a los que los pésimos críticos literarios nos han acostumbrado sobre la hidalguía y la bondad del Quijote, la panza de Sancho y la flacura de Rocinante que cabalga por todos los lugares del planeta.
La trascendencia de Don Quijote y la de Cervantes, para muchos una misma deidad, está en que fue el cronista de una locura y de un loco triste, que acepta su soledad, del mismo modo que Sancho acepta una ínsula en el prodigioso reino de la imaginación. El amor en este libro no es tal, es exactamente desamor.Cervantes y Shakespeare van a ser los historiadores de la imposibilidad de ser felices a través de la pareja perfecta. La eterna búsqueda del desamor es también parte de la desesperada locura del Quijote. De este modo, la literatura española arranca impetuosa hablando de tragedias que parecerían mover a risa cuando con toda severidad lo hacen para introducir al lector sensible en la tristeza. De todas las lecturas que he hecho de Don Quijote ninguna me ha hecho feliz ni me ha dado una sola sonrisa: verlo embestir molinos de viento me pone inalterablemente angustiado, me aflige la flacura de Rocinante, la torpeza inaudita del escudero Sancho Panza, los esfuerzos de Dulcinea por mitigar la locura del héroe huesudo y viejo, achacoso, y los amores imposibles del ingenioso hidalgo de la Mancha. Sus reflexiones solitarias son las mismas que se hizo Cervantes. En suma, es un libro inmensamente desgarrador.
Lo leí por vez primera en una edición de Jackson, ilustrada por Doré, en cuatro volúmenes, regalo de mi madre en plena adolescencia. Luego detesté la explicación cervantina en boca de mis maestros de literatura durante la secundaria y el bachillerato y al fin volví a reencontrarme con Cervantes por dos razones: una relacionada con Faulkner, quien contaba a un periodista que cada año volvía a la lectura de Cervantes; la otra era porque en París, en épocas de estudiante de posgrado, encontré en una librería de obras en español, la pequeña edición de Austral y la releí antes de viajar a España.
Sin embargo, conservé siempre la idea del Cervantes académico, del que hablaba Américo Castro o que estaba en boca y pluma de profesores angustiantes y tediosos filólogos que solían hallar toda suerte de interpretaciones. Esta versión por fortuna se derrumbó cuando entre nosotros, un escritor insolente y magnífico,Ricardo Garibay, me repitió lo que había dicho en un programa radiofónico:Cervantes debe ser puesto a salvo de los académicos, él no era sino un borracho blasfemo, jugador, pendenciero y soldado de fortuna que perdió la mano izquierda “de un arcabuzazo” en la batalla de Lepanto. Nadie más lejos de la academia que Cervantes, hombre formado en la guerra, en las tabernas y en las prisiones, en compañía de hombres rudos e ignorantes, al que le faltaban dientes a causa de los excesos y que —yo añadiría— no escatimaba elogios a los poderosos con tal de salir de la miseria y conseguir éxito literario, el anhelo de todo escritor, bueno o malo. Leemos las andanzas del Quijote de Cervantes desde hace más de quinientos años, ¿haremos otro tanto con los autores que pueblan nuestra literatura con pomposo éxito y una vanidosa presencia en los medios de comunicación que jamás existieron en el siglo de oro?

diciembre 18, 2015

Gastón García Cantú

El pasado miércoles, durante el cordial desayuno de fin de año de Crónica, quedé sentado junto al talentoso Raúl Trejo Delarbre. Tuvimos una plática rica en matices y de pronto apareció el nombre de Gastón García Cantú. Un intelectual por mí querido y amigo de muchos lustros. Leyó el original de mi novela Réquiem por un suicida y recibí consejos suyos que me orientaron mejor. La conversación me dejó pensativo. Recordé que el Centro de Estudios Filosóficos Vicente Lombardo Toledano hizo una antología de sus memorables ensayos y me pidió el prólogo, un texto que no alcanzó a leer el historiador y ensayista. Tomo de ese extenso trabajo un fragmento para recordarlo como un brillante mexicano que hoy no figura en la lista de los notables de la cultura oficial.

La muerte de Gastón García Cantú produjo una oleada de dolor y de sentimientos encontrados: no es posible sustraerse al fallecimiento de un mexicano excepcional, notable por su obra y su vida ejemplar. Las reacciones fueron diversas y en ningún caso hubo desinterés. Los medios dieron la noticia y periodistas y escritores externaron opiniones que reflejaban la pérdida irreparable que el país había sufrido. Entre las muchas opiniones y comentarios destaca la del científico Eduardo Césarman, quien dijo que Gastón había sido un profundo y rendido enamorado de su patria: “tenía una profesión: amar a México”. Ello, añado yo, no es poca hazaña entre tanta ruina moral como padecemos. En efecto, México fue su gran pasión, quienes lo conocimos y estuvimos cerca de él por diversas razones, lo sabemos. Le preocupaba en consecuencia el avance de la derecha, la globalización, la prepotencia norteamericana y el desplome de los valores nacionales. Para argumentar, inalterablemente recurría a su poderosa inteligencia y a su conocimiento de la historia. Si en esta materia su lucidez era poco común, en literatura llegaba a niveles sorprendentes. Era, en esencia, un crítico literario. Es verdad, su atención se centraba en el estudio del pasado para analizar el presente y vislumbrar el futuro, pero no podía poner distancia con sus orígenes literarios. No olvidemos que Gastón arranca su camino hacia la notoriedad con un libro de relatos francamente hermoso: Los falsos rumores. No sólo ello, su amistad con el poeta Rubén Bonifaz Nuño estaba justamente cimentada por el entusiasmo de ambos hacia dicha manifestación artística. Su prosa excelente y de enorme elegancia prueba que nunca abandonó el respeto por las letras. Recuerdo un desayuno hace muchos años donde estábamos Rubén y yo con Gastón. La plática se centró en la literatura del siglo XIX y principios del XX. Fue un día mágico. Gastón habló como pocas veces (lo he consignado en mi libro de memorias Recordanzas) de novelas y poemas. La mañana dio paso a la tarde, oscureció y en la noche Gastón nos había dado un repaso por el mundo desconcertante y prodigioso de las letras. Rubén y yo, como en la conocida broma de Jorge Luis Borges y Juan José Arreola, pudimos intercalar algunos silencios.

Gastón era un hombre generoso, distante de envidias y muy pasional. Creía en la palabra impresa. Si en el ensayo vemos la presencia de un hombre profundamente nacionalista que analiza con frialdad los hechos, en el periodismo era demoledor. Argumentaba con profunda cultura y encontraba con agudeza los defectos del sistema. Sabía que el fundamento del periodismo es la crítica y allá iba con irremediable inteligencia. Más de una vez se vio envuelto en grandes polémicas y por ese periodismo honrado y agudo, siempre crítico, Gastón se alejó de amigos y colegas, se creó enemigos y también amigos y admiradores que lo miraban desde la distancia que él permitía.

La obra de Gastón es formidable y supone un gran número de páginas, páginas de inteligencia, cultura y devoción por la patria. En tal sentido, nunca estuvo lejos de un pensador de la estatura de Vicente Lombardo Toledano, como él, poblano ilustre, como él, decidido enemigo del imperio y sus atrocidades, como él un hombre en búsqueda de un México más justo y equilibrado.

Gastón García Cantú trató a las grandes personalidades del país. Su relación con Fernando Benítez fue intensa y sólo se acabó porque el primero estaba distante de la frivolidad del segundo. Con Alfonso Reyes fue asimismo una relación próxima, pero en este caso, Gastón veía a Reyes como el maestro de las letras que fue, al hombre sabio y bondadoso, mientras que con otro personaje, Jesús Reyes Heroles, lo ligó el afecto y la admiración (ambos habían escrito obras fundamentales de la historia), pero lo distanciaba la adicción al poder del brillante funcionario. En la polémica con Fuentes, no recibió más que majaderías.

Gastón nació en Puebla en 1917 y murió aquí el 3 de abril de 2004. A pesar de diversos estudios formales, podría decirse que fue autodidacta brillante y agudo, libros como Utopías mexicanas, El pensamiento de la reacción mexicana, El socialismo en México en el siglo XIX y Las intervenciones norteamericanas en México lo convierten en un clásico de la historia. Como periodista fue certero, su trabajo en México en la cultura (Novedades) y en La cultura en México (Siempre!) y más adelante sus artículos editoriales en Excélsior y Proceso lo muestran como un analista crítico del sistema, inteligente y apasionado. Su cultura estaba al servicio de la reflexión política y sus artículos y ensayos eran de enorme profundidad. Vale la pena releerlo.

diciembre 16, 2015

La actual “izquierda”, ¿tiene proyecto cultural?

El Fondo de Cultura Económica publicó en 1975 un libro significativo: Los partidos políticos de México, junto al PRI y al PAN, estaban presentes el Partido Comunista Mexicano y el Partido Popular Socialista. Por el PCM escribió Arnoldo Martínez Verdugo. En su participación hizo un recorrido por la larga y difícil historia del comunismo mexicano. Entre sus páginas se encontraba un capítulo en el que vale la pena detenerse: “Por una educación democrática y socialista. Acceso de las masas a la cultura y al arte”. Es probable que el texto hoy parezca simple. No obstante, refleja el esfuerzo de la izquierda comunista por darle al país un amplio proyecto cultural. La revolución socialista resolvería la crisis de la educación y los problemas del arte y la cultura. Se hablaba de un Estado revolucionario que nunca llegó y por el que cientos y cientos, miles, sufrieron persecuciones, cárceles y aun la muerte.

La obra precisaba lo siguiente: “El acceso de los trabajadores y el pueblo a la cultura y el arte es una necesidad del desarrollo social. El Estado revolucionario tiene el deber de poner los medios principales de difusión al servicio de los trabajadores para ese fin, impidiendo que sigan siendo, como lo son hoy, medios de manipulación ideológica y degeneración cultural y social en manos de la oligarquía y del capital financiero internacional. Una medida indispensable en este sentido es la nacionalización de la radio y la televisión.

“La nacionalización de la radio y la TV y las tres formaciones en la educación, abrirán un amplio campo a las actividades culturales, a las manifestaciones artísticas en general. Los intelectuales y artistas, hoy sometidos al mercado de elites, encontrarán múltiples canales para relacionarse con las masas. Serán éstas el mejor sostén de la creación, la ciencia, las artes y las letras. De esta relación nacerá un sistema de cultura popular ?centros destinados a la formación y difusión cultural y artística? que será impulsado y desarrollado con todos los medios de que disponga el Estado.”

Pensábamos los militantes del PCM que la idea para las masas trabajadoras era un arte y una cultura de alto rango, sin caer en las formas elementales contrarias, como es, por ejemplo, que el arte baje su nivel para que sea comprensible a la mayoría. Los escritos de comunistas como el de Adolfo Sánchez Vázquez y de personajes de la talla de Trotski abogaron por dejar de lado la postura de poner las artes al servicio del Estado.

Imposible olvidar el célebre manifiesto “Por un arte revolucionario independiente”, fechado en México, DF, el 25 de julio de 1938, firmado por André Breton y Diego Rivera y probablemente redactado por Trotski con apoyo del creador del surrealismo. Su repercusión fue significativa, sobre todo por sus aportaciones al análisis serio de una estética marxista derivada no de las aficiones personales de los dirigentes sino del conjunto de la obra de Marx, de su método y sus grandes intenciones.

Las palabras de Martínez Verdugo encierran una larga historia: la de un partido que se preocupó por las artes y la cultura porque en su formación en 1919 participaron numerosos intelectuales y artistas. Para desgracia del PCM, lo que nunca tuvo fueron masas obreras. Sin embargo, en la parte estética, el viejo PC mostró mayor coherencia que otros organismos similares. Siempre existió la idea de definir políticamente la línea cultural, darle un amplio sentido social y poner las mayores expresiones artísticas al servicio del pueblo, de las masas trabajadoras. Entre los recuerdos personales de mis casi veinte años de militancia en dicho organismo, las tareas que el Comité Central asignaba en mi célula eran las de diseñar una política cultural. En este trabajo estuve cerca de personajes como Juan de la Cabada, Enrique Semo y Raquel Tibol. Lamentablemente las células de intelectuales y artistas eran inestables, el propio Comité contribuía a crear cierto desorden al cambiarnos de responsabilidades con ligereza.

Si el pensamiento socialista en México tiene una larga y hermosa historia (al respecto vale la pena releer El socialismo en México, de Gastón García Cantú), es la Revolución Mexicana la que permite un mayor avance. Definida por Jesús Silva Herzog y por los historiadores soviéticos N. M. Lavrov, M. S. Alperovich y B. T. Rudenko como un gran movimiento democrático burgués de acentuadas características nacionalistas y antiimperialistas, con celeridad encontramos uno de los mejores caminos artísticos y culturales. La personalidad recia de Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros es prueba de ello. Su escuela estética, para 1924, es ya una realidad y la convierten en credo político. En ese año, por ejemplo, el Sindicato de Obreros Técnicos Pintores y Escultores crea El Machete, una publicación legendaria dirigida por Rivera, Siqueiros y Xavier Guerrero. Poco más adelante se convertiría en el órgano del Partido Comunista. Si aceptamos los datos que muchos historiadores del tema ofrecen, El Machete llegó, en sus mejores momentos, pese a las persecuciones, a un tiro de 50 mil ejemplares semanales. El impulso cultural fue intenso dentro de una estética marxista.

Pero no vayamos más lejos, si las “izquierdas” actualmente no tienen ningún proyecto económico social propio, menos una política cultural progresista. Lo triste es señalar que la “izquierda” de hoy votó por una propuesta del PRI para crear una secretaría de cultura con minúsculas, sin pies ni cabeza.

diciembre 14, 2015

Estado, cultura y negocios

México ha sufrido profundas transformaciones y el proceso ha sido tan veloz que nadie parece percatarse que muchas son retrocesos. Hablemos de la cultura que estimula el gobierno. Era poderosa y eficaz, el suyo era un propósito loable y había nacido de una profunda revolución social. Por años funcionó, con altas y bajas. En momentos estuvieron al frente de la educación y la cultura figuras monumentales como José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet o Agustín Yáñez. Pero el sistema fue colapsando y pocos se percataron. Si antes los presidentes eran distantes y hasta críticos con la empresa privada, ahora trabajan para los empresarios. El colmo es que el Senado le haya entregado la Medalla Belisario Domínguez a un multimillonario, Juan Bailleres, que puede “amar” a México por los dineros que le ha proporcionado, pero cuyas empresas han contaminado y explotado a trabajadores.

Hablar de cultura y negocios era inusitado. Hoy es común, en las universidades privadas forman profesionistas para obtener recursos para proyectos y empresas culturales. No hay dinero sólo en las artes plásticas, lo hay en todos los rubros porque así lo demandan los nuevos tiempos, lejos de ideologías sociales y dentro de las concepciones capitalistas. Pero si observamos bien las cosas, en tiempos remotos los nobles, con frecuencia adinerados, solían proteger a los escritores, músicos y literatos. Aquel fenómeno fue calificado como mecenazgo y resultó sumamente provechoso para el desarrollo de las artes. La Iglesia católica se especializó en cuidar de las haciendas de los grandes pintores y de los músicos sobresalientes, porque tenían un fin concreto: promover la religión entre el mayor número posible de personas. Las grandes catedrales tuvieron murales soberbios y cuadros sublimes y en sus interiores la música de Bach, Vivaldi o Mozart, conmovía a los fieles.

En México, se prefirió, luego de la Revolución Mexicana, darle al Estado poderes para promover las artes. Esta tarea quedó en manos de la naciente Secretaría de Educación Pública y más adelante en el Instituto Nacional de Bellas Artes. En países socialistas, mientras existieron, mantuvieron una tenaz situación al respecto. Las autoridades estimulaban la creación o la frenaban, según sus intereses políticos. Eso retrasó el avance artístico. La cultura se hizo panfletaria y la libertad de creación se vio dañada. El arte al servicio del Estado fue un desastre en términos generales. Acaso hubo avances musicales, pero eso se debió al carácter abstracto de tal arte.
En México se agotó el arte con mensaje protegido por el Estado. Fueron muchos los artistas plásticos y literarios que rompieron con esa escuela que encabezaron Rivera, Siqueiros y Orozco, orientando a muchos pintores y grabadores. Fue Carlos Mérida, pintor de origen guatemalteco, amigo personal de Klee, Picasso y Modigliani, el primero en caminar hacia el caballete y el abstraccionismo, antes de que la generación denominada la “Ruptura” hiciera de lado al arte con mensaje social.

El resto es complicado y al final los caminos del arte fueron muchos y diversos y el Estado agotó su papel rector de la cultura a pesar de que Conaculta es una fuerte realidad y Peña Nieto creó una Secretaría de Cultura. Al margen de esta situación o quizás por ella, no han sido muchos los empresarios poderosos que han decidido “apoyar a las artes”. Carlos Slim, Jumex y Banamex, por ejemplo, actúan en tal sentido, pero los resultados son discutibles e insuficientes. Es importante que, dentro de un mundo globalizado en el que ha triunfado, no sin resistencias, el capitalismo, se sigan los ejemplos que le han dado prestigio a países como Gran Bretaña y EU, donde los grandes museos y las mayores salas de conciertos, son el resultado de empresarios o patronatos de personas que han logrado hacer grandes fortunas y al mismo tiempo saben el valor de la cultura. En la entrada de esos sitios casi siempre hay una lista de benefactores o de agrupaciones privadas que mantienen la vida y el trabajo de esos recintos. No hay necesidad del Estado. Incluso la edificación o ampliación de un museo, es obra de particulares.

En esta nueva era, en pleno siglo XXI, México se debate en esta discusión. ¿Es tiempo de finalizar y de estimular a los empresarios para apoyar la cultura? ¿México sería mejor receptor de recursos e inversiones si se le ofrece al turismo, una larga cadena de empresas culturales y educativas? ¿No es tiempo de mirar a un Estado exhausto, en pésimas manos? Lo inteligente es fijarse en el futuro y apoyarse en los países que han tenido éxito en esta idea de invertir en cultura. No se trata de comprar cuadros para tener en casa, que es posible hacerlo, sino de impulsar al país promoviendo la cultura. Juan Bailleres, para sus propios fines creó el ITAM, para estimular la economía liberal, que no es precisamente un humanismo.

Llevo a cabo estas reflexiones ya que ha sido creada la Secretaría de Cultura sin una política cultural y considerando que la IP trabaja en cuestiones culturales. Creadores y consumidores tardarán en digerir la nueva situación.

diciembre 13, 2015

Mitos y otros cuentos inquietantes

El problema es que todos los días, cuando intentaba el retorno, un tren infinito le impedía el paso.

Una aclaración innecesaria
En El fogonero, de Franz Kafka, a punto de desembarcar en Nueva York, el joven Karl Romann olvida en el camarote su paraguas. Para regresar a recogerlo le pide a un conocido de viaje le cuide la maleta que contiene sus escasas pertenencias.
La historia de Karl es bien conocida y tiene, podríamos decir, un final afortunado a causa del encuentro  con su tío al que, justamente, va a buscar. Pero ¿y la maleta?, me ha preguntado un amigo inquieto y enamorado de las simplezas. Kafka no dice dónde queda o si la recogen. Es obvio que la respuesta deliberadamente se la ha dejado al lector. Existen varias posibilidades. A) La maleta es robada por el tipo que quedó a cargo de ella. B) El encargado se toma tan en serio su papel que opta por quedarse junto a ella el resto de su vida, pues Karl y su tío han dejado el barco y Kafka el relato. C) Lo más natural: la maleta se queda por allí, al garete, se extravía y alguien muchos años después la encuentra y descubre que es propiedad de Karl, un personaje de Kafka. Lo único que le asombra es que en el interior hay un ejemplar de El fogonero. D) En otra parte del relato que no llegó a escribir Kafka, Karl regresa a buscarla, pero se da cuenta que de nuevo ha olvidado su paraguas, va por él y otra vez se encuentra con el fogonero y con Schubal, con la tripulación del barco y con su tío, Edward Jacob, quien podría ayudarle en “una brillante carrera” en caso de que logre sustraerse a las páginas condenatorias de Kafka y ya no repita más el círculo en que ha caído.
Idea inquietante
Leí un artículo provocador. El autor desarrolla una idea desconcertante: después de Borges, la literatura deja de existir.
Regreso al hogar
Apreciable lector, el siguiente relato breve tiene dos opciones, seleccione la de su agrado.
1: No tenía prisa por regresar a casa, me esperaban una esposa insufrible, dos hijos latosos y un perro que sólo al verme gruñía agresivo. Por ello decidí cederle el paso al impetuoso ferrocarril. Fue una decisión afortunada, se trataba de un tren infinito y en consecuencia me quedé del otro lado de la ciudad para siempre.
2: Tenía prisa por regresar a casa, me esperaban una maravillosa esposa, dos hijos encantadores y un perro que me adoraba. A pesar de mis deseos, fui respetuoso con el ferrocarril y no traté, también por precaución, de adelantármele y le cedí el escandaloso paso. Fue una decisión desafortunada, se trataba de un tren infinito y en consecuencia me quedé del otro lado de la ciudad para siempre.
Pero si usted ha quedado insatisfecho con ambas posibilidades, brindamos una tercera:
3: No quería regresar, le eran detestables tanto su esposa e hijos como la casa, pero, amante de la legalidad y el orden, necesitaba recuperar sus documentos de identidad, credenciales, pasaporte, licencia para conducir, tarjetas de crédito y chequera, olvidados en el escritorio. Se propuso, entonces, pasar rápidamente y sin consideraciones o formalidades recogerlos. El problema es que todos los días, cuando intentaba el retorno, un tren infinito le impedía el paso.
Mitos
“Georg contempló la imagen terrible de su padre.” Franz Kafka: “La condena”
—Padre, al fin he podido encontrar la forma de quitarte de mi vida. Tantos años de tortura, soportando tus regaños e ironías, a veces tus golpes, tus bromas pesadas y las ofensas que destilabas en cada conversación. No fuiste, como la mayoría, un padre justo y equilibrado; al contrario, fuiste duro en exceso, diría que brutal. De muy niño me golpeabas con facilidad, en la juventud pusiste todos los obstáculos para que yo pudiera tener los amigos que me diera la gana, las novias que deseaba. Fui a una universidad a estudiar la carrera que tú deseabas y no la que más convenía a mi vocación de escritor. Me condenaste al mundo nauseabundo de los negocios y ello me hizo un hombre inseguro, retraído y tímido ante la voracidad de banqueros, empresarios y mercaderes. A la fecha (tengo ya cuarenta años) sigo soltero, en espera de la mujer que me acepte con un padre que se entromete en mi vida diaria. Pero al fin puedo darme la vuelta y encontrarme con un mundo mejor, dejar de lado mi cobardía, rehacer en lo posible mi vida, darle algo de sentido. Sí, padre mío: basta cerrar con fuerza la cubierta del ataúd y dejarte en manos de los enterradores que te esperan sonriendo con absoluta discreción.
Una realidad desconocida
Hace poco leí una penetrante investigación sobre grandes personajes de las letras inglesas del doctor Lewis Huxley, sin parentesco con Aldous. El trabajo hace notar la relación de intensa amistad que hubo entre Sherlock Holmes y Bernard Shaw, hombres opuestos en apariencia, pero que estrecharon sus afinidades, el gusto por la música y el entrometimiento en las vidas ajenas, por ejemplo. Fueron amigos de muchas veladas, a grado tal que el segundo le obsequió al primero un violín Guarnerius en perfecto estado, le ayudó en pesquisas detectivescas, cuando Watson viajaba y Holmes retribuyó a Bernard con más de una opinión positiva para concluir alguna obra de teatro. De ello el doctor Lewis Huxley deja innumerables pruebas y añade una observación definitiva y enigmática: quien ocultó la simpatía, afinidades y aprecio entre ambos personajes fue Sir Arthur Conan Doyle.