Tantadel

enero 25, 2016

Alianzas, una nueva enfermedad

La política mexicana se ha hecho más que una ciencia, una patología. El transmisor fundamental es el PRI, la manera en que condujo por décadas al país y la manera en que la oposición fue naciendo y desarrollándose bajo su amparo. Sé que son palabras fuertes, pero basta con mirar detenidamente los últimos setenta u ochenta años para comprobar que su caso es único. México ha transitado, por ejemplo, de la “dictadura perfecta” analizada con vehemencia por Mario Vargas Llosa, a una suerte de dictadura aún más inteligente y sutil, igualmente odiosa: la tiranía de la partidocracia.

Los partidos, todos hechos a imagen y semejanza del PRI, en manos para colmo de ex priistas de no muy buena reputación, pueden tener diferencias aparentes, en el fondo concuerdan: todos oprimen a la sociedad y para ello coinciden en lo fundamental: el célebre gatopardismo: cambiar para seguir igual. O cambiar no para ser semejantes sino empeorar. En la tarea de democratizar y hacer que México avance, el PRI no tiene salvación, sus muchos epígonos, como el PAN, el PRD, Morena, el Verde Ecologista y demás, son sus mejores colaboradores.

Ahora, en vista del creciente desprestigio, el sistema hace dos discutibles aportaciones: las alianzas y los candidatos “independientes”. Males que se complementan para hacer una auténtica estafa nacional.

Las alianzas no son ninguna novedad, en Francia, por ejemplo, los partidos Socialista y Comunista fueron juntos en varias ocasiones tras el poder. Tuvieron éxito y no aparecieron los grandes cambios políticos, sociales y económicos. En el campo internacional fue más visible el atraso. Pero eran alianzas digamos naturales. Como en Chile para que Salvador Allende triunfara y llegara el socialismo marxista por la vía democrática, electoral. En México, lo grave no es que sean antinaturales, sino que se llevan a cabo con fines perversos, sólo electoreros. Por regla general, El PAN y el PRD, llevan a cabo alianzas para, eso dicen, sacar al PRI. No obstante, al ponerse ellos, queda una mescolanza peor que la que llevan a cabo PRI y Verde Ecologista, partido que nació apoyado por Acción Nacional. En Puebla, por ejemplo, y ésta es la regla habitual, los extremos aparentes unifican votos, masacran sus “ideologías” y apabullan al antiguo régimen, con un candidato que viene del más rancio oficialismo priista.

Ahora las alianzas PAN-PRD se multiplican bajo la órdenes de un pequeño caudillo berrinchudo y pretencioso: Agustín Basave, formado, obviamente en el PRI y cuya estructura digamos ideológica es la de un panista común y corriente, pero con mal carácter. El PRD, a la baja ya sin López Obrador, caudillo que ha ganado varias batallas y también formado en el PRI, convirtió a la “izquierda” en puro cascarón, el mayor sueño priista desde los tiempos de Manuel Ávila Camacho, dejó de ser la “izquierda”. No más PRIAN, ahora hay que buscar las nuevas siglas que permitan ver los despojos de dos partidos que hoy han perdido identidad.

El único principio que mueve tales alianzas es el rencor, al no obtener los cargos anhelados dentro del ex invencible, buscan mostrarse ante el país como “independientes” o “ciudadanos”. La ciudadanía que está harta del PRI, vota por ellos, no obstante, en la mayoría de los casos, fracasa, porque en el fondo es más de lo mismo pero con ropajes diferentes. En todo caso, cada instituto político quiere pintar su estado o municipio o al propio país con sus colores usuales, sólo que no buscan en ningún caso oponerse al sistema, a la globalización ni al capitalismo salvaje que nos consume material y moralmente.

La corrupción, una actividad tan antigua como la prostitución y la comunicación, florece: ningún partido, ninguno, está libre de ella. A veces es velada, cautelosa, otras es cínica, pero siempre surge al amparo del irresistible poder. Para eso es el servicio público, para hacer negocios, para enriquecer el erario personal de cada político. La mejor frase al respecto es la muy conocida de uno de los mayores soportes del fantasmal Grupo Atlacomulco, Carlos Hank González: Político pobre, pobre político. O la idea generalizada de que si hay por allí uno decente y honrado, es pobre y en consecuencia es idiota. La corrupción no es un invento nacional, pero de qué manera se ha extendido en México. Las alianzas, las candidaturas “independientes” o “ciudadanas”, no son más que formas sofisticadas de llegar al poder y desde allí, acrecentar la hacienda familiar.

Las alianzas no son salvadoras ni tratan de encontrar soluciones a los muchos problemas de la patria, son para acceder al poder y desde allí tener la posibilidad de hacer negocios.

Políticos con pretensiones de vocación social, terminan sus días como dueños de toda suerte de negocios e inversiones. Y algo peor, como Ernesto Zedillo que de arrogante presidente de México, pasó a asesor de multinacionales. Puede no importar, el caso es que es un hombre con información de seguridad. Eso es lo grave.

La nueva patología, la de celebrar alianzas a toda costa, no es más que un mal que se suma a la lista de los ya conocidos.


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