Tantadel

enero 20, 2016

El exitoso capitalismo globalizado

Durante mis años de educación formal en la UNAM, un profesor mío marxista, que hizo un interesante recorrido, de la izquierda al PRI y luego al PRD y ahora coquetea con el PAN y es posible que culmine sus días como candidato “ciudadano”, repetía una frase que me gusta todavía: “El capitalismo no es un humanismo”. Es una idea clave y cierta. El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre y produce variadas contradicciones que nos dividen, hunden y degradan. Las múltiples utopías, desde los griegos clásicos a Marx y Engels, pasando por el Renacimiento y más de un soñador dedicado a la literatura, lo criticaron y en su lugar propusieron distintas posibilidades. Ninguna tuvo éxito. El capitalismo resultó una invención antinatural, obviamente si pensamos en el comunismo primitivo inicial, y con impresionante capacidad para sobrevivir.

Hoy vemos al capitalismo que con el triunfo apabullante se ha hecho más arrogante y supone que el libre comercio es invención de Dios, y en consecuencia imbatible. Penetra como la humedad en todos los rincones y está presente aun en los países que trataron de rechazarlo con utopías justamente: China, Corea del Norte, Cuba, Vietnam… Sin contrapesos políticos, sociales y económicos se ensaña con la población mundial, la que parece no percatarse del sistema que la asfixia, salvo en algunos cuantos casos que al fin de un corto plazo, se suman a la aberración.

Una organización internacional no gubernamental con sede en Londres, de corte humanitario, Oxfam, dio a conocer, ante la proximidad de la reunión anual del Foro Económico Mundial que se lleva a cabo en Davos, Suiza, datos aterradores. Sólo 62 personas multimillonarias concentran la mitad de la riqueza del planeta. Dicho en otros términos, 62 ricos acumulan (información de EFE publicada en Crónica) tanto dinero como posee la suma de alrededor de cuatro mil millones de personas. Pero, vaya consuelo, la brecha ha disminuido un poco y ha mejorado ligeramente aun en aquellos con recursos más limitados. Los muy ricos acumulan juntos alrededor de 7 mil 600 billones de dólares sólo en cuentas manejadas en los paraísos fiscales.

La preocupación de los líderes del orbe, en especial de los países pobres, se traduce en dádivas, en paliar la miseria de los sectores más abandonados, como sucede en México o en Brasil. Sus palabras contra el sistema neoliberal no se traducen en acciones concretas sino en la búsqueda de limosnas para evitar mayores consecuencias del malestar social que prevalece y que no acaba de manifestarse de manera explosiva. Sin embargo, lo asombroso es que sentimos más admiración y reverencia ante los multimillonarios que piedad por los millones de personas que por la noche van a la cama con hambre. La brecha entre ricos y pobres, la contradicción fundamental que señalaba Marx, crece sin freno. La miseria también.

Los políticos que promueven con entusiasmo al capitalismo parten de una premisa que no es tan exacta como suponen: la creación y el apoyo a los súper millonarios se traduce en empleos y mejora las condiciones de vida. Es verdad que existen países en donde la pobreza es mínima, apenas existente, invisible en ocasiones porque el Estado benefactor concede ayudas educativas, hospitalarias y en general procura que las diferencias sean menos ingratas. Pero eso no desaparece las notables diferencias entre quienes todo lo poseen y aquellos que sobreviven con mayor o menor decoro y dignidad.

El problema es que la humanidad ha sido capaz de crear organismos internacionales gubernamentales y más recientemente ha permitido la creación de organismos no gubernamentales para evitar las contradicciones imbatibles y nada consiguen, salvo quejarse y hasta pasar a la historia como benefactoras del planeta, que es depredado con celeridad por aquellos empresarios que mayores ganancias obtienen.

No parece haber límite a la voracidad de los empresarios y hombres y mujeres de negocios. Se trata de acumular y acumular dinero. Todos ellos poseen fortunas que nunca se agotarán salvo que ocurra alguna tragedia que los afecte. La cultura en general es subsidiaria del sistema e incapaz de no digamos criticarla sino de luchar contra el capitalismo, con sus propias armas. Un fotógrafo, por ejemplo, suele encontrar la fama con materiales que reflejan la miseria urbana, la tristeza del campo y en los personajes más humillados de la tierra.

Pero las revistas frívolas donde aparecen los ricos, los de mayor éxito, son consumidas con avidez por aquellos que nunca gozarán de los beneficios que produce el dinero en exceso. Para colmo, es el sistema político de cada país el que busca fabricar millonarios y darles los mejores escenarios posibles. Parten de la premisa de que si hay muchos ricos en extremo, ellos podrán generar riqueza. No lo dudo, pero ¿esto eliminará las diferencias entre unos cuantos multimillonarios y millones y millones de pobres? Imposible, mi profesor tenía razón.

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