Tantadel

enero 27, 2016

Madero, ¿héroe, espiritista o ambas cosas?

El espiritismo a México llegó tarde y de modo restringido sin duda a causa del fanatismo católico y del poder de la Iglesia. Sin embargo, llegó en el momento preciso, cuando más le dolería al conservadurismo y a la tiranía de Porfirio Díaz, y penetró a don Francisco I. Madero.

Madero abraza con entusiasmo el espiritismo, lo hace suyo, en lo sucesivo, serán una sola entidad. Gradualmente se convierte en experto, un médium perfecto debido a su sensibilidad y a la firmeza de sus creencias. En el libro La revolución espiritual de Madero editado por el gobierno de Quintana Roo, están las comunicaciones espíritas de Madero de 1901 a 1908, documentos que habían permanecido prácticamente desconocidos a causa de los pruritos religiosos de sus descendientes y al acartonamiento de la historia oficial. Ahora sabemos que Madero estaba especialmente dotado para ser espiritista. Cito al propio héroe: “Después seguí desarrollando mi facultad, al grado de escribir con gran facilidad. Las comunicaciones que recibía eran sobre cuestiones filosóficas y morales, y siempre eran tratadas todas ellas con gran competencia y con belleza de lenguaje que me sorprendía y sorprendía a todos los que conocían mis escasas dotes literarias. Estas comunicaciones me hicieron comprender a fondo la filosofía espírita, y sobre todo su parte moral, y como en lo íntimo me hablaban con claridad los invisibles que se comunicaban conmigo, lograron transformarme, y de un joven libertino e inútil para la sociedad, han hecho de mí un hombre de familia, honrado, que se preocupa por el bien de la patria y que tiende a servirla en la medida de sus fuerzas. Para mí no cabe duda que la transformación moral que he sufrido la debo a la mediunmidad, y por ese motivo creo que ésta es altamente moralizadora”.

En esas sesiones fantásticas y desmesuradas (que  tal vez podrían ser un anticipo de la escritura automática de los surrealistas), Madero trabó contacto con dos espíritus: Raúl, su hermano fallecido de niño, y  José, quien fue sustantivo en su vida y, por extraña coincidencia, en la del país. Madero fue lanzado a una lucha política y moral que transformaría a la nación en su conjunto, que la sacudiría de principio a fin, de extremo a extremo. De esta manera, siempre guiado por espíritus redactó un libro que fue fundamental en México, La sucesión presidencial y más adelante el Plan de San Luis, fue perseguido por la dictadura y lo hizo un gran rebelde, tenaz y bondadoso, pero capaz de levantar a un pueblo en armas y realizar una gesta soberbia: la Revolución Mexicana, un movimiento cuya magnitud lo aterró y paralizó: una vez caído el dictador supuso que México sería otro, sin considerar que la estructura política y económica, y en especial militar, quedaban intactas cuando deberían ser destruidas.

Sabemos bien qué ocurrió: Entre Huerta y Henry Lane Wilson, el embajador norteamericano, y una turba de miserables traidores acabaron con su vida de la peor forma, la de él y la del vicepresidente José María Pino Suárez y otros patriotas. El crimen provocó la furia de las mayores fuerzas que su llamado había hecho nacer: Villa, Zapata, Carranza y Obregón quienes demolieron al ejército federal y acabaron con la estructura que consolidó Díaz en treinta años, eliminaron injusticias y barreras, México avanzó, luego de la lucha de facciones y la Constitución de 1917.

Los medios de comunicación existentes, a los que les había dado por vez primera la libertad de expresión, se ensañaron con él como nunca antes lo habían hecho con un jefe de Estado, la mayoría de ellos tiranos y dictadores, hombres sin escrúpulos y seres ambiciosos sin sentido ni sentimientos políticos.

Lo importante de Madero no fue su trabajo espiritista sino que dentro de esa extraña tarea, que para 1910 había entrado en decadencia, pudiera vislumbrar el futuro de un pueblo, lo orientó y lo guio. Es muy posible que sin él no hubieran surgido figuras de la talla de Villa y Zapata, ni que Carranza hubiera convocado a lo mejor del país a redactar un gran documento constitucional en 1917.

Otros grandes políticos se nutrieron de manera distinta: Napoleón en la Revolución Francesa, De Gaulle y Churchill en la lucha contra el fascismo, Trotsky en el marxismo, Madero prefirió hablar con espíritus, los que le anticiparon la tarea que le esperaba, la de ser un apóstol revolucionario de principios e ideales generosos. Fue, en apretada síntesis, un alma iluminada, un ser afortunado que creyó encontrar en el más allá las respuestas para solucionar los problemas y dificultades de México. Sin Madero, sin esos espíritus que se comunicaban con él, es probable que no hubiera habido revolución o que ésta se retrasara o que otras fueran sus características, menos épicas, menos grandiosas, las que produjeron una espléndida literatura, murales maravillosos y música distinguida.

Será, como se dice en las páginas introductorias del libro citado, que Madero efectivamente haya escuchado voces de espíritus o simplemente se escuchó a sí mismo, atendió a sus propios pensamientos de libertad, democracia y bondad, el caso es que fue el autor de páginas gloriosas, dignas y valerosas de la historia patria y eso lo lleva a la calidad de apóstol, héroe y mártir, de personaje memorable, que estuvo a la altura que el país exigía, y para que el movimiento rebelde tuviera éxito y se convirtiera en una epopeya del siglo XX, fue capaz de ofrendar su vida.

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