Tantadel

enero 10, 2016

Philip Roth: literatura, erotismo y música

La obra está concebida como novela de amor audaz, pero las historias contadas están rodeadas de elementos musicales.

Philip Roth nació en Nueva Jersey en 1933. Fue por muchos años profesor de literatura inglesa. La fama le ha llegado no como académico, sino como novelista. Quizás El lamento de Portnoy sea su obra más famosa, pero ninguna de las escritas por él ha sido ignorada por la gran crítica. Ha conquistado grandes premios estadunidenses, entre ellos el Pulitzer, un galardón de hecho consagratorio que en su momento obtuvieron HemingwayFaulkner y Truman Capote. Está multitraducido y es mi eterno candidato al Nobel.
Su fascinante novela El animal moribundo cuenta la vida erótica de un viejo profesor. La historia puntual de sus amores, en particular de uno, el que ha sacudido sus sentimientos y pasiones más que otros. Cualquiera que haya dado clases en una universidad sabe las posibilidades de que una joven se enamore de sus conocimientos o de su obra o de su personalidad o de todo ello junto.
El profesor de literatura de Roth, David Kepesh, tiene una cualidad más: es un apasionado de la música y un aceptable pianista, cuya pasión es interpretar las sonatas de Beethoven. El maestro de literatura es divorciado y tiene tácticas de combate amoroso que resultan, para la mentalidad estadunidense, avanzadas. Por ejemplo, no se vincula con las mujeres sino hasta el final de sus estudios para evitar la acusación de acoso sexual. Como amante es insuperable, su experiencia y capacidad de aceptar lo novedoso, lo diferente, lo hacen un hombre sumamente atractivo a los ojos de las jóvenes estudiantes.
El centro de acción, entonces, no es la universidad, sino su propia casa a donde suele llevar a las jóvenes para hacer el amor lujuriosamente. Allí despliega su cultura y sus conocimientos musicales. “Fuimos a mi piso y ella me pidió que pusiera música. En general, le ponía música fácil. Tríos de Haydn, la Ofrenda musical, movimientos dinámicos de las sinfonías de Beethoven, adagios deBrahms. Le gustaba en especial la Séptima de Beethoven, y en veladas sucesivas cedía en ocasiones al impulso irresistible de levantarse y mover los brazos juguetonamente, como si ella y no Bernstein estuviera al frente de los músicos”.
En realidad, los conocimientos musicales en la novela tienen un sentido literario: conducen al amor. Se trata, en principio, de una obra erótica, salpicada y enriquecida por la música. Y si uno es capaz de escuchar a Mozart e imaginar el departamento en penumbra del profesor Kepesh, lleno de libros y obras de arte, y a la pareja en una compleja relación entre una joven y un viejo, la lectura podrá ser disfrutada con mayor intensidad. Es una obra poco común para el lector mexicano.
Dentro de tal contexto, el viejo profesor insiste en los aspectos musicales, va más allá y dice, cuando está ante una obra compleja: “Toco algunas piezas muy difíciles. Intermezzi de BrahmsSchumann. Un arduo preludio de Chopin. Practico un fragmento de una muy complicada y sigo sin tocarla bien, pero trabajo en ella. Cuando le digo a mi profesora, exasperado: ‘No puedo hacerlo bien. ¿Cómo resuelve usted este problema?’, ella me responde: ‘Tóquelo mil veces’”.
Como es posible observar a simple vista, la música en este libro no es un adorno, tiene un sitio profundo, le da un sentido a la vida del profesor de literatura. Ama la música y, aunque sabe que no tocará profesionalmente, comparte sus conocimientos con sus amantes.
Uno supone que así fue siempre y no sólo con la hermosa Consuelo Castillo, joven de origen cubano. La obra está concebida como novela de amor audaz, pero las historias que allí son contadas están rodeadas de elementos literarios y musicales, lo que significa que son importantes en el libro, que el autor lo concibió de esa forma, para leerlo imaginando también las notas de Chopin o de Schumann y versos armoniosos dentro de las páginas. La crítica hace énfasis en la parte erótica, sus momentos más brillantes capturan la atención de los lectores, pero si uno hace el esfuerzo por escuchar la música citada, la novela adquiere una mayor profundidad y se hace más rica la lectura. No sólo se trata de un viejo recordando sus pasiones, sino que ese hombre y las mujeres jóvenes que lo amaron aumentan en dimensión y estatura.
El animal moribundo tiene la audacia de vincular el amor y el sexo con la literatura y la música, un logro de Roth. Quizá no era la meta que se había propuesto el autor, pero las exigencias de la escritura llevaron la historia a un punto donde era necesaria la intervención de la música, sin ella no hay amor-pasión posible. La novela hubiera perdido fuerza por más que las partes eróticas lograran conmovernos.


No hay comentarios.: