Tantadel

febrero 21, 2016

Aventuras y desventuras de una novela mía: Los juegos

“Qué buena partida de madre le diste a la pinche mafia intelectual”

En el principio, yo era cuentista que buscaba en temas clásicos griegos, latinos, renacentistas y fantásticos en general mis materiales. Era feliz. Intempestivamente, en 1966, cuando tenía 25 años, un poderoso editor, Rafael Giménez Siles, y su socio Emmanuel Carballo me solicitaron una novela. Acepté el reto, pero ¿qué carajos escribiría? Miré en torno mío: un medio intelectual francamente ridículo, cursi y opresivo. He allí el tema, dije: satirizaré a los cultos más afamados, reunidos en un grupo llamado La Mafia y escribí en seis meses Los juegos, novela que el año entrante cumplirá medio siglo de haber sido publicada, luego de contrariedades sin límite.
La historia de este irreverente libro es azarosa y está narrada en diversas publicaciones. Jorge Volpi, por ejemplo, en La imaginación y el poder hizo una breve crónica de la polémica suscitada por su aparición. Quienes me la solicitaron al leerla completa se preocuparon por el contenido crítico y el tono contracultural y optaron por rechazarla. Un admirado editor, Joaquín Díez-Canedo, me advirtió paternal: “Queme la novela, le publico otro libro”. No hice caso: Los juegos antes de aparecer era ya un escándalo, pues no dejaba intelectual afamado ni funcionario poderoso con cabeza. Eran además los tiempos en que el presidente de México era realmente intocable, lo ridiculicé también. El término no era usual, pero se trataba de una novela rigurosamente contracultural. Por último, pese a la negativa de las editoriales más importantes de la época, con la ayuda de mis amigos, dirían Los Beatles,
reuní dinero y la sátira apareció como edición de autor. Tres mil ejemplares que se agotaron en poco tiempo. La cuarta de forros fue responsabilidad de José Agustíny la portada estuvo a cargo de su hermano el pintor Augusto Ramírez. Lo recaudado permitió financiar una nueva edición. La Universidad Autónoma de Sinaloa llevó a cabo la tercera edición y, por último, la editorial Nueva Imagen la recogió dentro de las Obras completas de Avilés Fabila. Añado que la empresa editorial argentina Fabril firmó en 1971 contrato para una nueva edición que llevaría prólogo del escritor porteño Juan Carlos Ghiano, pero un nuevo golpe de Estado, y la feroz presencia militar en la Casa Rosada, la impidió.

Es curioso notar que en todo este tiempo apenas han cambiado los nombres de los famosos que fueron objeto de tal crítica sanguinaria. Aquella novela provocó rencores que me han seguido por cinco décadas y afectos que arrancaron con críticas favorables de Rafael Solana y la inclusión en un ciclo legendario del INBA: “Los narradores ante el público”, organizado por José Luis Martínez. En algún momento escribí: “Fue un mal paso que me costó odios y rechazos, pero que gozoso volvería a repetir, pues me divertí mucho redactándola.”
Solana comentó: “Los juegos ha alzado un revuelo que pocas obras literarias han provocado… Aunque tiene este libro sus páginas serias, y hasta tétricas (presos políticos, granaderos, la muerte de Jaramillo), lo que domina en él es la guasa; está escrito, en su mayor parte, con un desenfado humorístico que deleitará al lector; el lenguaje es agilísimo; muy exacto, muy vigoroso, muy a la moda; la reconstrucción de algunas escenas de dolce vita está llena de verismo y de colorido”. Desde Venezuela, Juan Liscano opinó: “Los juegos se trata de una especie de neoesperantismo, en el trato de los personajes, pero con la magia de lo caricaturesco y de lo fantástico, elevada a categoría de crítica del mundo. Es una renovación de la sátira, pero desprovista de todo carácter sentencioso, aunque no de su poder de expresión en sí.” En ExcélsiorManuel Mejía Valera escribió un largo texto, copio unas líneas: “El apego a los recursos inmediatos, el examen de los deslumbradores fantasmas y los pintorescos cortesanos de nuestro ambiente intelectual, la crítica acerba aunque sin acrimonia de una sociedad que René Avilés Fabila juzga apoltronada y de coloridos contrastes, el desolado escepticismo que se advierte a pesar del estilo burlón y coloquial, irónico y leve, tienen en este libro sus más amenas y amargas páginas”. Los comentarios hablados eran mejores. Recuerdo uno: “Qué buena partida de madre le diste a la pinche mafia intelectual”.
Las críticas se multiplicaron a favor y en contra, destaco la muy dramática de una narradora afamada: “Avilés Fabila no debe ser objeto de crítica literaria sino de juicio penal”. Francisco Zendejas me puso El innombrableJuan Vicente Melo fue serio y cariñoso al analizar la novela y el estadunidense John S. Brushwood, en su libro La novela mexicana (1967-1982), la trató con inteligencia y objetividad, igual que Antonio Magaña EsquivelManuel LerínRaúl Leiva y Jesús Arellano, quizás el primer crítico iracundo de Paz y Fuentes. Cuando la novela se hizo cuarentona, el INBA le organizó una fiesta con una mesa redonda en la Sala Manuel M. Ponce, el 20 de mayo 2007, con la participación de Humberto MusacchioCarlos Bracho,Bernardo Ruiz y yo. La UAM optó por realizar otra más y como resultado de ella publicó el libro Once miradas sobre René Avilés Fabila, donde participaron Carlos BrachoCarlos RamírezIgnacio Trejo FuentesBernardo RuizEve GilAndrés de LunaJorge Munguía EspitiaDionicio Morales... Contra los vaticinios, sigo escribiendo, publicando y divirtiéndome; no me ha ido mal, pese a tantos pendejos que me acosan.

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