Tantadel

febrero 22, 2016

El reposo del viejo guerrero amoroso

Uno de los libros, de los que he podido leer, más lleno de nostalgias por el pasado amoroso, es Descanso de caminantes, del célebre Adolfo Bioy Casares, en cuyos brazos de hombre apuesto, elegante y distinguido también estuvo nuestra legendaria Elena Garro. La voluminosa obra es sui géneris: no se trata de memorias o autobiografía ordenada cronológicamente y tratando de velar o disfrazar a los personajes mencionados. Es un libro construido con ideas, fragmentos de las ideas literarias del autor, opiniones, críticas ácidas, pero sobre todo de nostalgias de un exitoso don Juan que al llegar a la vejez se duele por la imposibilidad de mantener un diálogo pasional con las mujeres. En esencia es un rompecabezas que uno ordena a placer, aunque de pronto aparezcan fechas.



Las fotos que conozco de Bioy Casares lo muestran como he dicho arriba, de porte aristocrático. Fue mucho más que el mejor amigo de Jorge Luis Borges hasta que apareció María Kodama, era ya uno de los grandes narradores del castellano y un hombre de ingenio filoso que no podía controlar, como se muestra en el aludido libro. Algunas citas lo muestran un tanto desdeñoso con las mujeres sin las que jamás hubiera podido vivir. En lo político, prevalecía un ilimitado desdén hacia los gobernantes. En su libro autobiográfico Descanso de caminantes, Bioy Casares, por ejemplo, escribe: “29 julio 1976.Confesiones de un mono viejo. Las muchachas han cambiado. Las de ahora se acuestan conmigo resignadamente. Ya no son las entusiastas de antes.” O: “28 de agosto 1976. Una mujer fiel. Me dijo: ‘¿quién tiene ganas de acostarse conmigo? -fuera de vos, se entiende- ¡nadie!’”. Y unas líneas más: “Un enamorado de las mujeres. ‘Mándenme una chica cualquiera. Yo le encontraré encantos para quererla y es claro, a la larga, exigencias, amarguras y estupideces que tarde o temprano me pondrán en fuga’”. “Es copiosa la lista de héroes que fueron a la guerra para huir de una mujer.” “Soy inconstante a largo plazo. Después de cinco años, me harto un poco de cualquier mujer y a los diez años no la aguanto más.” “Debió de recibir una buena noticia, porque ayer tenía el pelo blanco y hoy apareció completamente rubia.”

En política hay una clasificación contundente: “Revolución. Movimiento político que ilusiona a muchos, desilusiona a más, incomoda a casi todos y enriquece extraordinariamente a unos pocos. Goza de firme prestigio”.

Conmigo las afinidades son asombrosas, Bioy escribe: “La vida es difícil. Para estar en paz con uno mismo hay que decir la verdad. Para estar en paz con el prójimo hay que mentir”.

A través de frases telegráficas, de anécdotas chispeantes, opiniones políticas conservadoras, ironías a sus contemporáneos, Bioy hizo una extraña autobiografía en la que poco aparece su ilustre amigo Borges, acaso para hacer alguna referencia indispensable luego de cuarenta años de intensa amistad. La tarea final para la publicación de este libro memorioso la dejó Bioy Casares para Daniel Martino, quien fue el editor. En la página inicial, Bioy justifica plenamente la brevedad de sus historias autobiográficas. Contrasta esta manera de contar su vida con el repudio que en Borges provocaban justo las brevedades.

El libro de Bioy puede ser leído de un tirón, así lo recomiendo yo, pero no cabe duda que está planeado para abrirlo en cualquier página y solazarse con una prosa irónica, la de un espíritu refinado y erudito. Sus desprecios o raros afectos son siempre puestos ante nosotros con naturalidad. Sus juicios literarios son demoledores porque son los de un hombre extremadamente culto y crítico por naturaleza. México requiere un Bioy Casares.

A Bioy se le conoce básicamente como un narrador, cuentos y novelas que lo han llenado de prestigio, pero en este libro, como en el que escribió sobre sus memorables cenas cotidianas con Borges, asistimos a la invención de un nuevo género. Definirlo es complicado. No encaja más que en este ser enigmático que por décadas pareció vivir a la sombra de su mejor amigo.

En la cuarta de forros hay algunas claves: “Dentro de este orbe diverso y casi inclasificable, los cuadernos que Bioy decidió reunir poco antes de su muerte bajo el título común de descanso de caminantes destacan con nitidez por su asunto y por su estilo: en ellos impera la evocación, a menudo crítica, de la propia conducta, a la luz de una escéptica coherencia que -más allá de la creciente preocupación por los síntomas de la decadencia física- nunca cede a la melancolía…”.

Las letras mexicanas, tan necesitadas de grandes autores, podrían romper la monotonía de los textos autobiográficos o testimoniales luego de la lectura del Bioy Casares memorista. Otra faceta notable del autor que hizo cumbres literarias, como La invención de Morel, El sueño de los héroes o El diario de la guerra del cerdo.

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