Tantadel

febrero 26, 2016

El sistema de partidos tiene una base: el PRI

El refrán dice: para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo. El periodista Alejandro Páez recurre a la variante lógica: “Ex priistas, la cuña de PAN-PRD para vencer al PRI”. Allí, en esa nota, explica que “la alianza antinatura recurre a ex tricolores para pelearle al PRI las gubernaturas que están en disputa este año, y con miras a las presidenciales del 2018. En contraste, ninguno de los aspirantes priistas ha militado en algún otro partido”. Más claro, ni el agua, dice otra expresión popular.
Por lustros, la supuesta izquierda bautizó al PAN y al PRI con las ridículas siglas: PRIAN. Con rigor, no estaba lejos de la verdad: Las diferencias entre unos y otros son mínimas, quizás, como en algún célebre caso sudamericano, se distinguen panistas de priistas por la hora de ir a misa. Pero de pronto el PRD se cargó, como antes el PRI histórico, a la derecha y decidió que era lógico vencer al enemigo común mediante alianzas y de tal manera surgió la hermandad “izquierda-derecha”. Ahora, con rencorosos jefes de partido, tanto el PAN como el PRD han logrado acuerdos para tratar de arrebatarle al antes invencible el poder al menos de algunas gubernaturas. Imagino que ahora a Mancera o a cualquier otro perredista les resultará difícil calificarse de izquierda. La verdad es que ya no importa tal clasificación. En México podríamos decir: la derecha son todos los partidos y no mentimos.

Desde que apareció el PRD, se ha alimentado de ex priistas. La lista es larga y escandalosa. Fastidia la noticia de la salida de un notable priista del instituto donde se formó o deformó para ir por lo regular al PRD. Dicho en términos más claros: este partido se ha convertido en un basurero a donde van a parar los más conspicuos ex priistas. ¿Podemos hablar de ideología, de principios políticos? Lo que es evidente es la búsqueda afanosa de poder.

Ahora hay docenas de promotores de un nuevo y más agresivo virus: los “independientes”. Volvemos a lo mismo. Por regla general son priistas insatisfechos, que no alcanzaron el empleo prometido o el que esperaban y van a buscarlo a la nueva e inmoral alianza PRD-PAN. Agustín Basave, entusiasta promotor de las alianzas contra el PRI, fue naturalmente un priista que se desilusionó al no alcanzar los empleos que pensaba merecer. Su odio enfermizo es visible. Ahora busca en diversos ex priistas a los imaginarios “independientes” que pueda ganarle al partido madre y padre, el estado que está en pugna. En Veracruz, por ejemplo, va el muy ruidoso priistas-salinista, Miguel Ángel Yunes, ya distanciado de ellos por la alianza PAN-PRD en busca de ganarle al muy desprestigiado PRI veracruzano.

José Rosas Aispuro es la posible salvación para Durango. Él, cobijado por perredistas y panistas hermanados, pretenderá ganar el gobierno de tal estado. En Oaxaca otro ex priista, José Antonio Estefan Garfias, quien acaba de renunciar al PRI, es propuesto para enfrentar al delfín por partida doble, Alejandro Murat, de Peña Nieto y de su propio padre, el ex gobernador Murat.

Por más que los paladines de la democracia al estilo mexicano nos griten que en los “independientes” está la salvación de México y así el ingreso a la democracia, lejos de la partidocracia, lo que vemos es un reacomodo de ex priistas que se alinean con el PRD-PAN, para arrebatarle al PRI algunas posiciones dentro de la república. Es posible que así sea. Pero eso no indica que haya una lucha abierta y transparente entre partidos y hombres y mujeres sin militancia partidista. Todo se limita a cambios en el tablero. Pero todos los que buscan las gubernaturas son desechos del PRI. ¿Podemos verlos como “independientes”? Claro que no, son la misma basura reciclada, con corbatas y chamarras de distinto color al tradicional.

No hay duda que esas extrañas alianzas y esos raros ejemplares que dicen ser “independientes” son más de lo mismo. No veo a ningún aspirante a un alto cargo de elección popular que realmente sea ajeno a los partidos y haya salido de la sociedad.

Pero por lo pronto, los partidos existentes, en especial el PRI, saben que tienen sobre ellos un riesgo: si no sale como producto de un “dedazo”, sabe que es posible declararse “independiente” y conseguir el cargo bajo otras siglas. Veremos qué sucede. Por ahora sólo está claro que la partidocracia carece de escrúpulos con tal de seguir en el poder. No importa bajo qué colores, el asunto es llegar a gobernador, senador o a simple diputado.

El destino de los “independientes” está por verse. Lo que ahora tenemos al frente es un montón de priistas resentidos buscando el poder bajo siglas diferentes; ello nos habla claramente de falta de principios ideológicos. No hay más que un evidente y sórdido pragmatismo que mueve las piezas políticas de México. Es todo. El grupo que están en formación para promover “independientes” es un globo que pronto estallará dejando pedacitos multicolores que llenarán basureros.

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