Tantadel

febrero 19, 2016

Las enseñanzas del Papa


El papa Francisco se ha ido y la ciudad vuelve a la atroz normalidad. Pero las huellas de su paso serán imborrables para creyentes y agnósticos. Pusieron en evidencia el nuevo México, el del neoliberalismo y el demencial dominio del sistema mexicano sobre la sociedad. Ya no hay Estado laico, los políticos carecen de valores y decencia, tampoco tienen ideología, únicamente los valores del pragmatismo que los lleva a seguir a cualquiera que les dé reconocimiento, dudosa fama y dinero. Los mexicanos se comportan como una sociedad ávida de emociones materiales, carente de espiritualidad. Su catolicismo es de selfies, gritos y ruegos personales. Finalmente, a falta de espacio, sólo podemos hacer notar que no avanza, retrocede y pierde valores por los que muchas generaciones de mexicanos brillantes dieron una lucha titánica.

El Papa entre los mexicanos es una suerte de objeto sagrado al que se le piden favores y bendiciones y les regresan conductas sórdidas. Hasta políticos y narcotraficantes le pidieron una señal salvadora de Dios. Sus palabras estuvieron bien, es posible utilizarlas en cualquier mitin callejero. Los hipócritas están en cualquier partido, al fin quedó claro que son una falacia y que son uno solo. No hay ideologías, más bien nos domina una religiosidad que nunca ha impedido las mentiras, la falsedad, el robo, la corrupción. Todos los pecados se cometen a diario por millones de mexicanos y basta con la confesión y absolución para partir de cero nuevamente.

El Papa no es experto en México, se formó en un país donde la población indígena no pudo florecer como en Mesoamérica y ya con los europeos la acabaron en una lucha que llamaron civilización contra barbarie. Pero en México hay una enorme bibliografía que arranca con obras hechas por los propios conquistadores y los misioneros que acompañaban a la ruda soldadesca. La destrucción no es necesario buscarla muy lejos: debajo de la Catedral, en el Centro Histórico están las tumbas y los espíritus de una enorme civilización: la azteca. ¿Cuántos quedan, dónde están? Desparecieron a causa de la cruz y la espada, las encomiendas, la esclavitud. En donde los europeos encontraron habitantes originarios, los masacraron, los pusieron en reservaciones, o bajo encomenderos salvajes. Acabaron con creencias, culturas magníficas, religiones politeístas. A cambio les dieron una religión de castigos severos, de milagros esperanzadores que no llegan y finalmente ahora son tratados como seres en zoológico, sin la dignidad y el respeto que merecen.

Fue la Iglesia de Francisco la que contribuyó para que los indígenas fueran exterminados, sometidos y despojados. En lugar de escuelas los obligaron a construir templos. Es bueno pedirles perdón pero no en abstracto. Hay datos, hay cifras. El Papa no es culpable de la conquista de América, es tan sólo un descendiente de los conquistadores, por eso quizás era necesario explicar el crimen. Existen culpables. La evangelización fue brutal como la conquista armada. La Inquisición fue de una ferocidad sin límite. El daño está hecho. Nos quedamos con restos de esa antigua grandeza que ahora parecen apreciar más los extranjeros. La nueva religión, la que trajeron los conquistadores, ha sido fundamental en el sometimiento de una nación que ahora aplaude y llora cada vez que viene un Papa.
Lo peor está por venir, ya no hay Estado laico, se desmoronó en horas. A cambio tenemos políticos que vieron en la presencia de Francisco no al representante de Dios sino a un personaje capaz de atraer votos. Era vergonzoso ver a los actuales políticos arrodillarse o peor aún correr con un ayudante cámara en mano, para que quedaran pruebas de su catolicismo inquebrantable y su fe en Dios, la que no se traduce más que en pillerías y pésimas gestiones administrativas.

Pues sí, el Papa es un hombre de buen corazón, no un Borgia, sus intenciones eran y son generosas, posiblemente espirituales. Pero la clase política y empresarial que lo recibió con júbilo pensaban más en sus arcas y fuentes de poder que en una nación atrasada y explotada. Antes decíamos Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Ahora habrá que incluir al pequeño y sagrado Vaticano. Seguimos lejos de Dios, por más palabras santas que pronunciamos durante casi una semana, cuando reinó la hipocresía. El Papa regresa a casa y recordará que hasta lo jalonearon y le pusieron ridículos sombreros de charro, que saludó y aceptó elogios ilimitados de políticos incapaces y pillos. Nosotros nos quedamos aquí, con nuestros explotadores, reunidos en partidos políticos que pueden tener siglas diversas pero sacados del mismo basurero de la historia. En miles de casas habrá fotos de Francisco y en las residencias de los políticos que nos mal gobiernan habrá altares religiosos con una nueva futura deidad: el Papa Francisco. La gran lección papal fue la de mostrarnos cómo son los políticos y empresarios que dominan a la nación.

No hay comentarios.: