Tantadel

febrero 29, 2016

Los juegos: escándalo a mis 26 años

Hace cincuenta años, yo escribía cuentos breves basados en lecturas clásicas, pero surgió un cambio y mi generación pasó a la novela urbana. Me petrifiqué. De pronto el editor Rafael Giménez Siles y Emmanuel Carballo, me invitaron a escribir una novela. Opté por una obra satírica y puse en ella a los más connotados personajes de la cultura nacional y a los políticos más encumbrados. La titulé Los juegos. Al leerla, los posibles editores la rechazaron. Me aferré a publicarla y lo hice con dinero de mis amigos y mío. Su aparición fue un escándalo que hasta ahora me sigue.

Cuando la novela cumplió 45 años de circular a empellones, el INBA realizó una mesa redonda sobre ella y la UAM publicó un libro llamado Once miradas sobre René Avilés Fabila. Nueva Imagen decidió hacer una edición especial, pero antes de llevarla a cabo desapareció. Llevaría prólogo del escritor Roberto Martínez Garcilazo. El año entrante Los juegos cumplirá medio siglo y una editorial destacada ha decidido hacer la edición conmemorativa. El texto de Martínez Garcilazo fue titulado “Vigencia de Los juegos”

 “Hace años (exactamente el 8 de noviembre del 1967) René Avilés Fabila publicó, después de superar cierta tentativa de censura, su novela Los Juegos. En aquellos días, el escritor tenía 26 años y el mundo occidental estaba a unos meses de sufrir la crisis de sentido histórico más importante del siglo XX. La discordia civilizatoria del 1968 en París, Praga y México, significó una quiebra teleológica de los proyectos históricos del capitalismo, del comunismo y de las democracias latinoamericanas. México, en ese tiempo -no es ocioso recordarlo- era un país gobernado totalmente por el PRI; el presidente de la república era una deidad terrena; y la libertad de expresión era prácticamente inexistente. Por esto, la aparición de Los Juegos -primera novela de René- es una suerte de anticipación de la eclosión de las rebeliones culturales que constituyeron una de las mayores crisis de la modernidad.

“Los Juegos, además de ser una descripción detallada de los mecanismos de producción y legitimación cultural, es una doble exhibición del funcionamiento orgánico del sistema político mexicano: por una parte, de las estrategias de grupo para la configuración del canon literario y, por otra, de los procedimientos del estado mexicano para controlar, financiar y asimilar a su proyecto a los intelectuales. Desde esta perspectiva, la novela de René Avilés Fabila es una suerte de puesta en escena de la teoría del campo literario de Pierre Bordieu. En otro ámbito y de manera sobresaliente, esta obra es un conjunto de retratos morales del jefe cultural y del grupo de intelectuales y artistas que se apropiaron del poder simbólico y económico de las instituciones culturales de México en la segunda mitad del siglo XX. En este último aspecto, es importante señalar que estos terribles e inmisericordes retratos de escritores mexicanos, que traza magistralmente René Avilés Fabila, son precursores de los realizados por Juan Manuel de Prada en Desgarrados y excéntricos (2001), siniestra galería de los bohemios miserables (alma y peculio) del tiempo de la guerra civil española. Y, en sentido inverso, producto de la influencia de aquella fascinante colección de semblanzas y esbozos literarios que es Los Raros (1896) de Rubén Darío.

“Por las páginas de Los Juegos, en una vertiginosa y sicalíptica narración que más de una vez nos hace recordar el tríptico El jardín de las delicias, aparecen, bajo los antifaces de ridículos seudónimos, los escritores y los artistas que integraron ese grupo de interés conocido como La mafia; destacándose por encima del conjunto la personalidad de Ruperto Berriozábal: síntesis fabulosa de insaciable seductor, privilegiado junior, cínico publicista, político astuto, y escritor ambicioso desprovisto de límites morales. El personaje Ruperto Berriozábal es polivalente: es un instrumento de crítica cultural; en términos novelísticos, es la representación exitosa del sistema político mexicano; y, finalmente, es el paradigma vital -suma de fantasías sexuales y financieras- de una generación de cultos y semicultos mexicanos cosmopolitas. Los Juegos es una novela contracultural e iconoclasta: devastadora y despiadada que, no obstante su irreverente furor, detiene su entusiasta tarea destructiva para rendir homenaje puntual a dos hombres representativos de la integridad ética: el escritor José Revueltas y el luchador social Rubén Jaramillo. Estas dos figuras ejemplares funcionan en la novela como antagonistas o referencias axiológicas que combaten -por referencia conceptual, porque nunca llegan a interactuar- la frivolidad pecuniaria de Ruperto Berriozábal y su corte. Como toda obra literaria capital, Los Juegos posee otras significaciones fundamentales. Es una sátira que al publicar las relaciones de poder entre el mundo cultural y el estado construye una crítica radical al gobierno, a las instituciones culturales y a la universidad. Pero también, de manera especial, a las agrupaciones políticas y sus manidos discursos retóricos: el PRI, el Partido Comunista, la Cuarta Internacional y la Iglesia Católica. Sin embargo, la dimensión más importante de Los Juegos es su reflexión sobre la condición mexicana.

“René Avilés Fabila es ya un clásico del siglo XX que sobrevivió -por su incuestionable calidad literaria- a las estrategias excluyentes del poder simbólico. Es un escritor de rigor y lucidez crecientes, de 75 años, es el narrador y hombre de letras más importante de su generación y el puente de las generaciones actuales con la memoria de la literatura mexicana del pasado siglo. Su admirable novela sigue vigente porque la circunstancia cambió para seguir siendo la misma en la realidad y en la ficción. ¡Qué inamovible, qué fatídico principio de identidad es éste de la mexicanidad!”

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