Tantadel

febrero 05, 2016

Oaxaca, ¿paraíso o polvorín?

Posiblemente Oaxaca sea el estado que más he visitado. Me gusta todo, por completo: su folklore y bellas tradiciones, su cocina singular y artesanías. Desde luego respeto a su gente tan llena de talento y sensibilidad. De allí han salido personajes intensos de la cultura y la política. Tamayo, Morales y Toledo, Juárez, Díaz y Vasconcelos. Sin duda es de los puntos de la república que mejor preservan sus tradiciones y su cultura propia, tan peculiar, suave y dulce. Pero desde hace años, lustros, los gobernadores priistas, el priismo en general, a veces disfrazado de oposición, se han empeñado en confundir a los oaxaqueños, explotarlos y faltarles una y otra vez el respeto. Dicho en otros términos, ha ejercido la violencia oficial, la que a su vez crea o produce una contraviolencia que se refleja de modos diversos. No veo ex gobernadores de pocos recursos, al contrario, todos son ricos y prepotentes, salvo Eladio Ramírez. José Murat es un buen ejemplo de político que concluye su mandato y se concentra en mover su enorme fortuna, para colmo, es posible que su hijo sea su heredero económico y político. Por cierto, me parece haber conocido personalmente, y de manera superficial, a muchos de ellos.

En los años recientes, Oaxaca, como Guerrero y Michoacán, han manifestado más agresivamente sus malestares. Del lado estatal, no han recibido las mejores respuestas. Gabino Cué es un ejemplo estupendo de incapacidad e ignorancia política. Es decir, tampoco la “oposición” ha sido brillante y magnánima, sino mediocre y torpe.

Ahora parece avecinarse el turno de Alejandro Murat, por supuesto hijo de José Murat. El joven delfín viene con inmejorables credenciales, las de su padre y las de su mentor Enrique Peña Nieto. Las puertas le han sido abiertas de par en par. Falta saber cómo reacciona el pueblo oaxaqueño.

Alejandro Murat nació político, y recibió sus primeros ejemplos de su poco presentable papá. Pronto llegó a manos de Peña Nieto, entonces gobernador, quien lo puso al frente de Radio y Televisión Mexiquense. Un filme que podría llamarse un oaxaqueño en Atlacomulco. Allí lo conocí y lo vi unas cuatro o cinco veces. Rafael Cardona, Nora Patricia Jara y yo trabajábamos en esa empresa estatal. Lo vi joven, elegante, distinguido y conmigo fue gentil. Una vez nos invitó a comer a los colaboradores del canal 34 y allí supe que su idea de televisión pública era semejante a la de la privada, cuando son cosas distintas y con fines opuestos. En la primera forman y orientan, en la segunda entretienen a través de espectáculos deportivos, programas frívolos y enajenantes. Durante el último festejo de la gesta de independencia del Peña Nieto gobernador, Murat nos invitó a los periodistas que colaborábamos en la emisora a su cargo. Es todo. No volví a verlo y sólo sé de su veloz ascenso por los medios de comunicación.

Ha cruzado por destacados cargos oficiales con seguridad y celeridad. Ahora es candidato a gobernar su estado. El PRI lo adora. Le falta enfrentar a la coalición PAN-PRD, que no parece muy fuerte. El agua y el aceite no congenian, aunque en la realidad mexicana se llevan muy bien. El PRI sabe hacer lo suyo y luego de una farsa bien montada, decidió que la mejor carta era justamente Alejandro Murat. Los demás aspirantes “se disciplinaron y cerraron filas en torno al mejor de los oaxaqueños”. He hablado con amigos del estado y me dicen con una sonrisa que imagino perversa: De tal palo, tal astilla, o hijo de tigre, pintito. No sé descifrar sus dichos populares.

Gabino Cué, como gobernador, es excelente promotor del desastre que padece Oaxaca. Uno de los mejores, sin duda. Al retirarse, como tantos otros en el país de la corrupción, se concentrará en sus negocios a esperar que aparezca otro milagro como el que lo llevó a ser un gobernador por completo inepto y oscuro. Con franqueza, dudo que tenga fuerza para apoyar a Estefan Garfias, uno de los que se mueven por la alianza PAN-PRD. Sin embargo, algo intentará.

Las mínimas diferencias entre el PRI de Manlio Fabio Beltrones y Los Pinos, al menos en este caso, han sido solucionadas por el presidencialismo redivivo, un fantasma que todavía nos asusta con “el petate del muerto”. Va Murat hijo y sólo falta que la maquinaria electoral del PRI oaxaqueño, mermada y dividida por los diversos ex gobernadores, auténticos caciques, logre amalgamar sus fracturas y consigan algo que no parece sencillo: poner a un joven de apariencia metrosexual, al modo de las más importantes personalidades que nos gobiernan, y maneje a un pueblo de recia personalidad, donde un líder natural, Francisco Toledo, un magnífico artista plástico, bien lo representa y lucha cotidianamente para que Oaxaca mantenga su carácter original evitando las modas y las concepciones que nos llegan de la globalización por completo aceptada por altísimos funcionarios como Peña Nieto, Mancera, Nuño y el candidato priista Alejandro Murat.

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