Tantadel

marzo 02, 2016

Adolfo Castañón en Cortazar

Hace unos días leí el tomo II del Diario de Alfonso Reyes (1927-1930), cuya edición estuvo a cargo del notable hombre de letras Adolfo Castañón. Leer y volver a leer las cosas cotidianas, a veces grandiosas, en otros momentos sencillas que le sucedían al más extraordinario polígrafo mexicano, es aprender literatura, alta política, elegante diplomacia, la historia a fondo. Es, en suma, ver la belleza humana de forma más profunda. Con estos diarios, imagino, concluye la odisea de un escritor que amó a su profesión con pasión inusitada. Reyes es una de las cumbres de la inteligencia, es adentrarse en los laberintos y vericuetos de un hombre que Jorge Luis Borges reconoció como su maestro.

Pero lo más impresionante es que el trabajo de Adolfo Castañón está regido por la lucidez y la brillantez del maestro. Introducción, notas, fichas e índice es obra de un aventajado discípulo que opera con las reglas impuestas sin ninguna presión más que la erudición que sólo Reyes supo dominar: inteligencia y cultura. Antes de concluir el prólogo (Rubén Bonifaz Nuño, lo calificaría como palabras preliminares), Castañón escribe: “Estas breves y ceñidas páginas del Diario dejan una impresión de vértigo y movimiento abrumador. Son una cala, una vislumbre de la velocidad mental y física que llevaba en vilo a Reyes por el mundo, como haciéndolo flotar sobre el suelo a fuerza de trabajar y prodigarse, como él mismo dirá a propósito de José Martí.” Pero si pensamos que esos diarios velozmente escritos fueron confeccionados mientras el sabio hacía diplomacia de alto rango, prodigaba poemas, piezas dramáticas y ensayos brillantes, podremos imaginar que don Alfonso había nacido para ser parte íntima del arte literario. Acaso la misma literatura. Finalmente, leer los Diarios de Reyes es adentrarse en una época fascinante en la que el autor no pierde detalle. Escritos con muy hermoso estilo, nos dejan ver que los textos testimoniales son también arte, poética.

Sobre Reyes la bibliografía es abundante y por regla general exaltante. Las páginas que Castañón ha vertido sobre uno de sus maestros, asimismo emocionan y nos obligan a amar más a las letras del afamado hombre que nació escritor. Las palabras que Adolfo Castañón ha escrito no sólo sobre Alfonso Reyes sino acerca de Cervantes y de otros ilustres escritores, poetas, narradores o dramaturgos, nos enriquecen y llenan de orgullo.

El Municipio de Cortazar, Guanajuato, durante la “XIX Feria del Libro Primavera de Letras Cortazar, 2016”, le entregará el 11 de marzo el Premio Primavera de Letras al admirable Adolfo Castañón por sus aportaciones al estudio de Miguel de Cervantes, un autor inagotable. Es un honor por partida doble: una distinción más en la abultada lista de premios y reconocimientos del intelectual mexicano y un gesto de aristocracia literaria para Cortazar, que de tal forma recuerda el aniversario luctuoso del autor de la mayor obra literaria del castellano y posiblemente de todas las lenguas, sólo semejante a Shakespeare.

Al agudo Adolfo Castañón no es posible imaginarlo más que entre libros, hablando de literatura. Es un hombre afectuoso, sencillo; utiliza su inteligencia y sabiduría para edificar, no para destruir. En tal sentido es un alumno aventajado de Reyes. Adolfo nació en la Ciudad de México en 1952. Su vida entera la ha dedicado a la lectura y a reflexionar en las mejores obras literarias. Estudió Letras y por años estuvo en el Fondo de Cultura Económica. En lo personal he sentido por él una gran admiración y un profundo respeto. Por desgracia, nuestros rumbos no han coincidido y más que conversar con él he mantenido un diálogo intenso con sus ensayos, poemas y críticas. Es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 2003 y ha ganado el Premio Villaurrutia por su devoción a las letras y su fidelidad asombrosa a los grandes maestros, a quienes ha sabido analizar y mostrárnoslos plenamente.

Fui invitado por las autoridades de Cortazar a entregarle el galardón. Por razones ajenas e incómodas, no me será posible asistir a un emocionante acto literario que le daría realce a mi carrera. Sin embargo, quiero desde estas líneas felicitarlo de todo corazón y decirle lo mucho que lo aprecio. Espero tener la oportunidad de hacerlo. Recuerdo algunos breves encuentros y por mínimos que hayan sido, me dejó siempre la idea de que sus palabras calmas y suaves me enriquecieron. No conocí a Reyes. O mejor dicho, lo conozco a través de sus obras. Durante mis primeras clases como maestro en la UNAM, impartí clases basándome en diversos de sus resplandecientes y lúcidos libros. Ahora también disfruto leyendo a Adolfo.

No estaré físicamente en Cortazar acompañando a Adolfo Castañón, pero le anticipo desde aquí unas palabras de lector agradecido, que ha encontrado en él un entrañable maestro y en las autoridades de Cortazar un municipio que respeta la cultura, algo no fácil en estos tiempos complejos y frívolos. A todos los abrazo con cariño y respeto.

Adolfo estimado, agradezco profundamente tus libros. Felicidades, eres un gran cervantista, un erudito, como señalan las autoridades de Cortazar. Asimismo eres un devoto de todos y cada uno de los grandes escritores que nos han hecho mejores y más humanos, un notable transmisor de sus enseñanzas. Recibe mi sincera e invariable admiración.

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