Tantadel

marzo 28, 2016

El peligroso efecto Donald Trump

A estas alturas del proceso electoral norteamericano, ya sabemos lo suficiente de los más sólidos aspirantes a suceder a Barack Obama. De un lado está Hillary Clinton, una demócrata de mucha experiencia política, la que incluso vivió en la Casa Blanca ocho años, es inteligente y talentosa. Ya antes quiso llegar a la presidencia de Estados Unidos, pero el ímpetu de Obama la detuvo. Sin embargo, ocupó un alto cargo en los primeros años de la administración del actual mandatario. Una mujer de ese altísimo rango y profunda conocedora de los secretos de la política exterior e interior de su país, la hacen la aspirante ideal. Se supone que cada vez que un demócrata ocupa la Casa Blanca, a los mexicanos nos va bien. Habría que definir “bien” en este caso.

Pero del lado opuesto a la señora Clinton avanza un auténtico troglodita: Donald Trump. Sin militancia política, por ahora es el dueño de los republicanos, ningún otro candidato de tal partido posee la popularidad de este millonario extravagante. Con suma facilidad ha logrado enamorar a toda la extrema derecha estadunidense que, por cierto, no es poca. Si bien antes era admirado por sus humoradas y sus excesos, por eventos como el concurso de Miss Universo, ahora es apreciado como salvador de la patria que Dios ayudó a conformar tan exitosamente. El Destino Manifiesto se ha visto avanzar con lentitud y no con la celeridad de antaño, cuando, por ejemplo, cañoneó Tokio casi al mismo tiempo que le arrebataba, luego de una veloz guerra, la mitad del territorio a México. Ahora Dios estimula a Trump para que detenga a los emigrantes y su país prosiga su avance hasta llegar a la cúspide, pero ahora sin mayores rivales.

En principio Trump vapuleaba solamente a los mexicanos. Eran su blanco ideal. Llegó al extremo de proponer la creación de una especie de muralla china a lo largo de la amplia frontera que ambos países compartimos y además tendríamos que pagarla nosotros. Pero el voto latino, donde se hallan millones de mexicanos de origen, empieza a preocuparle, no obstante, siguen en la mira.

Ahora los atentados en Bruselas le han dado nuevos argumentos para mostrar su aversión por los que no son países aliados del suyo. Los atentados de Bélgica le revitalizaron el fatigado discurso y ahora desea cerrarle las puertas también a quienes vienen de naciones sospechosas de no ser admiradores de los valores norteamericanos. Al mismo tiempo, ve a los mexicanos, sean o no narcotraficantes, como enemigos a quienes hay que eliminar sin miramientos.

Al menos en México, blanco principal de las aversiones del millonario Trump, ha habido respuestas, algunas atinadas, otras no tanto, pero los nacionales le responden y hasta lo convirtieron en Judas y en diversos puntos quemaron su efigie. El gobierno de Peña Nieto no ha hecho ni las críticas adecuadas ni ha hecho llegar sus preocupaciones en caso de que gane el desquiciado empresario metido a político, por sus virulentas declaraciones contra México y los mexicanos que viven y trabajan en territorio norteamericano. En tanto, Trump ya descubrió que así como los judíos en Alemania en la década de los treinta, eran un exitoso punto para sus desahogos, los mexicanos le son de enorme utilidad para atraer el voto de una población conservadora, fascistoide, a darle el poder que requiere para triunfar y, como Hitler, llevar a cabo sus promesas de campaña.

Durante su parada en Buenos Aires, Obama fue cuestionado sobre las palabras del candidato republicano. Pudo hacer un discurso incendiario y poner las cosas más claras en su país, prefirió minimizar el asunto afirmando que era muy difícil, cuando no imposible que el millonario llegara a la Casa Blanca. En México, Vicente Fox, no dejó pasar la oportunidad de usar duras palabras contra Trump. Aquí tuvieron algún eco. Dudo mucho que les preocuparan a los norteamericanos, menos a Trump, quien apenas debe tener alguna información sobre nuestro pintoresco ex presidente.
Sin la menor duda ya es tiempo que los actores políticos rivales de Donald, hablen con la verdad y usen un lenguaje claro para advertirle a la potencia y al resto del mundo los riegos que el planeta pasaría si llegara al poder. A muchos gobernantes del mundo desarrollado debe preocuparles la estabilidad internacional, pues no es lo mismo que un país diminuto, más o menos del tamaño de Puebla, como Irán tenga armas nucleares, ni siquiera tiene cohetes apropiados para lanzarlos. El caso es que en EU hay un arsenal inmenso y muy sofisticado, para destruir al planeta. De allí que sea necesario detener a Donald Trump. Como bufón de los medios ya estuvo bien. Es el momento de reflexionar qué haría un hombre demente como él cuando le entreguen el mando del ejército más poderoso que ha contemplado el orbe en miles de años.

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