Tantadel

marzo 06, 2016

En la ruta de Rubén Darío

El afrancesamiento es algo natural. De París surgen las grandes vanguardias estéticas. Es el eje del mundo cultural.

Hace años, ingresé, recomendado por Lepoldo Zea, a la Société Européenne de Culture, con sede en Venecia, y orientada por Norberto Bobbio. Comenzaba la globalización y el mundo, ya sin socialismo, se veía en una lucha entre globalizadores y globalizados. Los procesos de esta índole son naturales y dependen del poderío de quien domina. Vi en el marxismo una manera de globalizar, pero terminó en desastre. Mi discurso de ingreso causó revuelo: fui crítico del estilo globalizador imperante. En la siguiente reunión volví al tema utilizando como eje a Rubén Darío. Tomo ideas de esa segunda intervención mía en la SEC. Así entiendo la universalización.
En 1900, Darío, formado en América Latina, fija su residencia en París y se vincula estrechamente a los artistas e intelectuales franceses. Es ya un prestigiado poeta, un renovador, en el que confluyen las presencias bien asimiladas del parnasianismo de Baudelaire, el simbolismo de Banville y el pintoresquismo de Gautier. Dentro de todas estas notables influencias francesas, persiste el romanticismo de Victor Hugo. Estamos en presencia ya de un poeta vinculado a Europa, concretamente a la luminosa Francia de principios del siglo XX. El afrancesamiento es algo natural. De París surgen las grandes vanguardias estéticas. Es el eje del mundo cultural. Para ese momento en las principales ciudades del orbe, la arquitectura, la pintura y las letras resienten la saludable cercanía con lo francés. La Gran Guerra terminará con ese reinado, pero Europa, con Francia, en el centro, seguirá manteniendo su peso a través del dadaísmo y el surrealismo. Muchas de las grandes revoluciones estéticas vendrán de Europa: escritores como JoyceKafka y Proust proponen nuevas formas y tratamientos literarios; Rolland y Malraux muestran un arte comprometido de gran envergadura, distante del realismo socialista que practicaron los soviéticos; Simone de Beauvoir se erige como símbolo de un feminismo inteligente; Sartre y Camus arriesgan al entrar en los complejos reinos de la filosofía, la literatura y del activismo. De nuestro lado, un inmenso narrador como Alejo Carpentier, heredero de la cultura universal, funde con inteligencia los grandes mitos políticos y culturales europeos con los americanos; Alfonso Reyes encuentra en Grecia los más hermosos materiales para darnos una obra formidable. Más adelante, Rubén Bonifaz Nuño renovará la métrica tradicional al tiempo que traduce al castellano de modo ejemplar a Catulo y Homero.
En aquella época el idioma dominante era el francés y no hay escritor que no busque seguir la ruta de Darío. Es el eterno viaje a Ítaca de Chopin y Liszt, de Hemingway Gertrude Stein, de Wilde y Joyce. Sin embargo, en la misma medida en que decrece la influencia europea a partir de 1945, aumenta la de EU. Roto el aislamiento a causa de la guerra de 1914-1918, con un poderío ya considerable, la cultura estadunidense va desplazando a una Europa que se bate en retirada, que busca recuperarse económicamente, pero olvida la tradición de vincularse con América Latina. La misma España, una vez rechazada por despótica, amada y detestada, no ha sabido recuperar su peso dentro de pueblos que se hicieron bajo su duro amparo. Hoy, a nadie le cabe la menor duda, México, Chile o Argentina, están más íntimamente ligados a EU que a una Europa absorta en sus propios problemas y asimismo deslumbrada por el poderío estadunidense.
En 1962 aparece en México una generación significativa (nacida alrededor de 1940) que algunos denominan la “Onda”. La encabezan Gustavo SainzParménides García Saldaña y José Agustín. En principio es posible caracterizarla como un grupo plenamente urbano. A diferencia del anterior, el de Juan García Ponce yJuan Vicente Melo, sus preocupaciones y amores literarios ya no están sólo en la Europa de Musil y Thomas Mann, están en la pujante cultura de EU. José Agustín, desde sus primeras entrevistas, acepta influencia de escritores de esa nación: NabokovSalingerJoseph Heller y Henry JamesSainz tiene evidentes aires de John UpdikeParménides escribe en espanglish sus dos mejores libros que llevan claras alusiones a la música popular de EU: El rey criollo y Pasto verde. Él y José Agustín son expertos en rock, que se impone de manera arrolladora. De toda esa generación, sólo Jorge Arturo Ojeda y yo permanecimos fieles a la vieja idea de viajar a Europa en busca de un apoyo más firme para nuestro trabajo. En mi caso hay semejante peso entre lo europeo y lo estadunidense. Amo a Flaubert, pero no podría haber escrito una novela como Tantadel sin la lectura de El gran Gatsby, de Fitzgerald. Los escritores mexicanos tienen hoy con pocas excepciones, más relaciones con instituciones culturales y educativas de EU que con Francia o España, pese a sus prestigiados premios. Nuestros viajes a universidades de EU son frecuentes y la primera ambición de cada poeta o narrador nacional es ser traducido al inglés.
Sin embargo, lo esencial es insistir sin demérito de nuestra importante relación con Estados Unidos, en retomar los elementos que han hecho muy grande a Europa, sin desdeñar los valores propios. Debemos volver a la ruta de Darío, pensar en la idea de latinidad que han tenido pensadores de nuestra América, o en la admiración que VasconcelosReyes y Carpentier mantuvieron por los países europeos. Ello significa construir una nueva cultura, más intensa, y ligarla a la que hoy EU posee, finalmente también tiene raíces europeas.

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