Tantadel

marzo 14, 2016

Médico en su casa, ¿una novedad?

Me encanta México. Siempre tiene una novedad viejísima. Dicho en otros términos, cada día los políticos lo reinventan imaginando partir de cero cuando sólo repiten errores o aciertos del pasado añejo. El populismo desatado y ramplón de Andrés Manuel López Obrador, lo tomó prestado del hombre que lo conformó políticamente: Luis Echeverría. No basta que AMLO pida perdón porque se formó dentro de esa polémica institución, su conducta autoritaria y demagógica, que lo lleva a chocar con su propia familia, es el natural resultado de sus años iniciales en la política. Priista una vez, priista siempre. Si no, pregúntenle a Marcelo Ebrard o a Agustín Basave.

 Hace poco, en una cordial plática con el director general del ISSSTE, José Reyes Baeza, nos dijo a un grupo de periodistas que estudiaba el programa de Miguel Ángel Mancera, “Médico en su casa” para llevarlo a la práctica en la institución a su cargo, en la que yo, curiosamente estoy desde hace más de cincuenta años. Me permití hablar. Me parece que no estamos considerando que el ISSSTE tuvo ese programa, audaz y novedoso hace décadas. Y añadí. En 1962 comencé a trabajar como maestro de secundaria. Desde luego, me concedieron los generosos beneficios de aquella época. Con ese dinero me casé, puse mi primer departamento en la colonia del Valle y cada vez que me enfermaba, bastaba solicitarlo para que en minutos llegara a mi domicilio un médico que me analizaba y recetaba y hasta me proporcionaba ciertos medicamentos elementales. El resto, si era de gravedad, ocurría en la clínica que me correspondía o en un hospital, dependiendo de la enfermedad. Para colmo de la generosidad del viejo ISSSTE, entonces llamado Pensiones, fue que me prestaron dinero para un automóvil, cada tanto me daban préstamos de corto plazo y al final compré la casota que tengo con otros dineros que la institución me prestó con auténticas facilidades y ridículos intereses. Todavía se sentía en México el viento social que trajo la Revolución. Pero en efecto eran los restos. Hoy dependo de que, en caso de enfermedad severa, el cargo está por cuenta de la UAM, mediante gastos médicos mayores. Me atienden en Médica Sur o en el hospital Ángeles.

 Es decir, Mancera nada inventó, simplemente retomó una excelente medida del Estado mexicano. Lo único que necesita el ISSSTE es retomar ese servicio de atención médica en casa y ver cuál sería la adecuación que requiere para la situación actual.

 Es evidente que el desmesurado crecimiento de México, producto de varios fenómenos complejos y todos relacionados con la miseria y la falta de educación de excelencia, es culpable de los descuidos actuales. De nada sirve la palabrería oficial. Peña Nieto o algunos de sus colaboradores a diario nos indican que avanzamos impetuosamente. La realidad es terca y lo niega, aunque la macroeconomía sea como la literatura, la religión y la estadística, una mentira piadosa.

 Estamos atrapados por años de errores, descuidos y retrocesos. De Cárdenas a López Mateos podemos ver un México que con dificultades avanzaba, pero lo hacía. Se daban logros, conquistas. Los funcionarios eran con frecuencia profesionales y tenían dosis de patriotismo. Incluso los había honestos y sinceros. Hoy es un país distinto. Vuelvo a mi ejemplo. Vivo bien de la UAM. Pero un profesor que recién ingresa, no podrá llegar a los niveles que tengo a menos que opte por ingresar a la política, cualquiera que sea el cargo o el partido. Por eso los ex rectores suelen buscar empleo en el gobierno en lugar de regresar a la academia, a la investigación y a la docencia, con amor.

 Mi hermana hace unos días estuvo enferma, víctima de ese mal que la hoy presidiaria Elba Esther Gordillo, jamás pudo pronunciar y hasta alcanzó celebridad porque ante el presidente Fox, campeón de la ignorancia, en vano intentó decir H1N1. Necesitó Tamiflu, imposible comprarla en cualquier farmacia. Pero llamó a un amigo suyo y a través del servicio que hoy presta Mancera y lo hace presidenciable en serio, llegó una señora muy formal y seria, le dio la dosis prescrita y hoy está como nueva.

 ¿Todos estos servicios son invento del actual sistema político o en su momento fueron el orgullo del sistema? Lo mismo sucede con la educación que hoy está hundida. Mis padres fueron maestros de primaria, vivieron dignamente y sin problemas serios. Mi padre fue parte de la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito, cuando la dirigía Martín Luis Guzmán y Jaime Torres Bodet era el titular de la SEP. Los escuché debatir problemas pedagógicos complejos y de pronto hablar en francés por causa de un autor de esos lares. Hoy no podemos decir nada favorable, si acaso estremecernos ante la presencia de la CNTE y de su violencia bestial o llorar ante la ignorancia de los que sí quieren impartir clases y someterse a los exámenes necesarios. Tengo amigos y amigas de esta índole, que además aprueban satisfactoriamente. Pero ellos ponen su parte, su trabajo personal. El Estado no hace la tarea y no la hace porque está incapacitado. Necesita “Médico en su casa”, cirugía mayor.

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