Tantadel

abril 29, 2016

Automóviles y política capitalina

Cuando Manuel Camacho puso en movimiento la idea del Hoy No Circula, la gente pudiente se apresuró a comprar uno o dos automóviles nuevos. Así que la solución fue amarga, un remedio demencial. Pero, hombre ducho en la demagogia, hizo que los medios imaginaran que era una medida correcta. En pocas semanas la ciudad estaba peor. La contaminación aumentó y el tránsito se hizo complicado. Vivimos desde entonces en una compacta nube de polución que nos protege del aire limpio.
Pero Manuel Camacho se enojó con Carlos Salinas y dejó el partido oficial en ese entonces y pasó al “centro” y formó un partido con tal idea, con su fiel escudero, Marcelo Ebrard, hoy prófugo, en un exilio dorado, en París. En su turno, López Obrador siguió creando las condiciones para que la hoy Ciudad de México, fuera la que mayor número de vehículos tuviera al menos en el país. Marcelo no fue la excepción y siguió con tal política que desde el principio no mostró ninguna solución.
Ah, pero llegó el “ciudadano” Miguel Ángel Mancera, el primer gran “independiente”, y fue más lejos, asesorado por una mujer disfrazada de ecologista, Tanya Müller, que dijo hagamos de  la capital un pueblote bicicletero y listo.
Pero un día la gran capital comenzó a dar muestras de graves enfermedades. Hablaron hasta los científicos y señalaron la cantidad de personas muertas anualmente por la atroz contaminación. Las alarmas sonaron y Mancera, en cuya mira está la Presidencia de la República, tomó decisiones “serias” e hizo que el Hoy No Circula fuera más severo: dejarán de circular un millón de vehículos diarios. Los capitalinos se molestaron y se hicieron críticos del político que había alcanzado la jefatura de la Ciudad de México con la más alta votación en mucho tiempo. Ahora el hombre busca una solución en los oscuros recovecos de la política nacional, cuando todo está en la corrupción. Corrupción de la policía, corrupción de los verificentros, corrupción en la burocracia capitalina… Algo que fácilmente es comprobable, pero que carece de solución, ese defecto o vicio nacional, es nuestro principal enemigo. En México, el ochenta por ciento se levanta a extorsionar al prójimo y el veinte por ciento restante a intentar no ser despojado o transado por la inmensa mayoría. El Estado en su conjunto está entre el ochenta por ciento que se ocupa de la lucrativa corrupción.
Si cuando López Obrador y Marcelo toleraban el desmesurado crecimiento de vehículos automotores y poco se preocupaban del transporte público, muchos imaginaban que algo había de sucio y turbio detrás de malas políticas, hoy hay más claridad. Con las nuevas disposiciones, informan los medios, la venta de autos usados se ha disparado, crece la demanda en un poco más del diez por ciento. Se trata de librar el No Circula. Entonces resulta relativamente sencillo adquirir una carcacha en pésimo estado para contar con un número de placa que pueda ser utilizada uno o dos días a la semana. La Asociación Nacional de Comerciantes en Automóviles y Camiones Nuevos y Usados señaló que son los autos compactos y viejos los que mayor demanda tienen hoy en día.
Recuerdo cuando empezó el Hoy No Circula con Camacho, que de manera un tanto accidental, un ex compañero mío de la UNAM me invitó a comer a su residencia. No la conocía, era impresionante y para colmo y humillar más mi pobreza, en el amplio garaje estaban estacionados siete coches, todos modernos, casi nuevos. ¿Pues cuántos son de familia?, pregunté. Cuatro, repuso mi amigo, pero para evitar el No Circula compré algunos más. Ésa fue entonces la solución y no parecía tan grave porque no todos eran tan ricos como mi compañero de estudios.
Pronto comenzaron a facilitarle más las cosas a su majestad el automóvil. Puentes, ejes viales, segundos piso y para no dejar las cosas en el transporte privado, llegaron los taxis de la empresa Uber, cuya ventaja es doble: te lleva a casa borracho, pero seguro. López Obrador solamente dejó de mejorar la calidad del Metro, más aún, como decían algunos periodistas con sentido del humor: No construyó un metro de Metro.
Se puede suponer que en el lapso que viene de Manuel Camacho a Mancera: existe algún compromiso o ventaja con las armadoras de autos y camiones. No es posible que todas las soluciones pasen por la compra de coches nuevos o viejos. Piensa mal y acertarás. De alguna manera discreta, los titulares de la Ciudad de México reciben una “mochada” por los miles de autos que las agencias logran vender. Con ese dinero, salen los gastos para las campañas. Alguna vez, un ex alumno mío que llegó a delegado me dijo que el negocio sucio estaba en tres rubros discretos: el ambulantaje, la prostitución y los giros negros. No lo sé, le creo. Pero hoy me temo que tendremos que incluir como dineros mal habidos a las comisiones que entregan, para apuntalar campañas políticas, los productores y vendedores de coches y camiones, los concesionarios de las fotomultas, los verificentros y muchos etcéteras que sería ocioso enumerar.


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