Tantadel

abril 17, 2016

De la Onda gruesa a la respetabilidad (I)

La generación a la que pertenezco ha sido calificada de la Onda. Sin embargo, ninguno de nosotros, los que caemos dentro de esa denominación incierta, la acepta o está de acuerdo con ella. Ni José Agustín ni Parménides García Saldañase clasificarían como escritores de la Onda, pese a que este último hizo un libro llamado En la ruta de la onda. Con frecuencia me preguntan si soy de la Onda. AJosé Agustín y a mí el año antepasado, en Atlixco, luego de la ceremonia en donde nos entregaron, como homenaje, copia de la Cédula Real de la fundación de tan encantadora ciudad, un reportero nos hizo la misma interrogación y mi amigo casi lo mata. Nunca fue una propuesta literaria, era una reunión de amigos gozosos.
Alrededor de 1960, César H. EspinosaJosé AgustínAndrés González Pagés,Alejandro Aura y yo, entre otros, creamos una revista: Búsqueda y a modo de subtítulo retador le pusimos “Algo se rompe, negamos todo aquello que no hicimos nosotros”. Ignoro a quién se le ocurrió la sandez, pero supongo que reflejaba nuestra absurda posición ante las letras y el país, creyendo que estábamos inventando la lucha generacional. En esa publicación aparecimos juntos por vez primera los que hoy somos considerados una generación, un grupo de edad parecida, caracteres similares e intereses afines. Estuvimos, además de los citados, Elsa CrossAlberto BojórquezGerardo de la TorreJorge Arturo Ojeda y Gustavo Sainz.
Salíamos de la primera etapa del rock: Bill HaleyChuck BerryFats Domino,Buddy Holly, desde luego Elvis PresleyJerry Lee LewisLittle Richard y docenas de músicos jóvenes que lograban sacudirnos física y mentalmente. Leíamos a KerouacFerlinghetti, Ginsberg, a la SaganEvtushenkoNabokov,Salinger... Escritores innovadores y rebeldes, como en el cine lo habían sidoJames Dean y Marlon Brando. La Revolución Cubana despertaba nuestra imaginación política. En nuestras reuniones, José Agustín declamaba Aullido deGinsberg y terminaba aterrorizando con alaridos a todos. El alcohol, para muchos de nosotros, fue importante, como después lo fueron las drogas. Hoy bebemos menos, ocasionalmente, y ya unos cuantos, imagino, consumen drogas.
Después vino Juan José Arreola y acabó por reunirnos a los integrantes de esa generación nacidos entre 1938 y 1944, en un taller literario y alrededor de una revista legendaria: Mester. Allí conocí a Jorge Arturo OjedaRoberto Páramo,Argelio GascaLeopoldo AyalaJuan Tovar y Eugenio Chávez. En sus orígenes fue una muy amplia generación, muchos quedaron en el camino y otros, comoMarco Aurelio Carballo y Rafael Ramírez Heredia, llegaron tarde. Con simpleza, la literatura mexicana de 1962-63 era dividida por los críticos como arreolista y rulfiana, y dentro de alguno de estos dos grupos inexistentes teníamos que caer.
Nos tocó, por la cercanía con Juan José, ser de los primeros, pese a que Agustínestaba terminando De perfil, yo escribía fábulas y Gerardo confeccionaba relatos de contenido social. De todos esos jóvenes, sólo Raúl Navarrete parecía estar y sentirse bien etiquetado como rulfiano. Fue mi compañero en el Centro Mexicano de Escritores; su carácter, estilo, temática y físico lo dejaban como producto de la influencia de Juan Rulfo. Tiempos interesantes aquellos antes de la Onda, cuando las letras nacionales estaban regidas, según los críticos, por dos colosos.
La presencia de Arreola fue benéfica. En lugar de imponernos sus puntos de vista literarios, estimuló los de cada uno de nosotros. Pronto aparecieron De perfil yGazapo y con ellos nuestros problemas. La música fue cambiando y el rock comenzó a ser más complejo, con letras más imaginativas e inteligentes. Aparecieron los Beatles, los Rolling Stones, DylanJoplinHendrix, Procol Harum. Algunos militamos en el Partido Comunista. Jóvenes con intereses diversos. Yo llegué a la Facultad de Ciencias Políticas, Agustín se fue un tiempo a Cuba para participar en el proceso revolucionario, Jorge Arturo estudió letras; Roberto Páramo, arquitectura. Cada quien buscó su camino. Especialmente después del último número de Mester, cuando consideramos que un ciclo había concluido. Quedaron acaso algunas nostalgias. No fuimos cerrados ni tan solidarios como la generación anterior. José Agustín y yo hicimos referencia a los ataques recibidos, pero no tuvimos arrestos para frenarlos y fuimos onderos según Margo Glantz y, según Monsiváis, responsables de la plebeyización de las letras nacionales.
En 1969, Xorge del Campo decidió hacer una antología con los escritores que consideraba representativos de esa generación aún no conocida como la Onda. Nos pidió textos a GerardoAgustínChávezTovarPáramoCross, a mí y creo que a nadie más. Para llevar a cabo el proyecto, la editorial Siglo XXI recurrió a Glantz para prologarlo. Fue ella quien decidió con “dolo” (el término es suyo) que un libro llamado Narrativa joven de México necesitaba la presencia de sus alumnos de Punto de Partida. De este modo poco ortodoxo (o, tal vez, mucho en México) entraron NavalOrtuño y Farill. Ninguno siguió en la literatura.
En dicha obra apareció el término Onda ya sistematizado y, al parecer, analizado. Por Onda había que entender irreverencia, antisolemnidad, rebeldía, literatura urbana, capacidad de reírse de uno mismo, acercamiento epidérmico al sexo, el ligue, la presencia del rock, argot citadino, puntuación tradicional cero y el uso de mayúsculas, diagonales y cursivas con intenciones lejanas de las habituales. Estas características identificaban a quienes estábamos en la antología de Xorge del Campo y Margo Glantz. Premisas falsas. Margo apenas había leído nuestro trabajo.

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