Tantadel

abril 15, 2016

Mario Vargas Llosa: una notable vida

En reciente colaboración de Mario Vargas Llosa, publicada en estas mismas páginas, el escritor habla de su vida, de sus ochenta años de edad a la que llega pleno de éxitos, de dinero ganado honestamente, con una bibliografía impresionante, colmado de grandes premios, reconocimientos, homenajes y coronado con el Premio Nobel de Literatura. Una carrera impresionante. Conocedor a profundidad de las letras más soberbias del orbe, las clásicas, ha recorrido puntualmente los caminos de la literatura, el periodismo, el ensayo, el teatro y la investigación. Cada obra suya, novela, cuento, obras de teatro, cada artículo salido de sus manos, es un éxito y realmente no tienen desperdicio. Osado, se ha metido en el turbio mundo de la política y ha salido airoso a pesar de que no pudo derrotar a un charlatán: Fujimori, cuya heredera parece que se alzará con la presidencia de Perú. Sin embargo, dio la batalla y “fracasó”, escribiendo un libro sobre su participación en la política de su país original, hoy es ciudadano europeo y latinoamericano. Es un hombre que se pasea exitosamente por el planeta entero. Su postura es crítica y nada ni nadie le impide poseer criterios que no rayan más que en posturas democráticas. Para colmo, es afortunado en el amor.
En su artículo, brillante por cierto, “Un alto en el camino”, Vargas Llosa hace un veloz recuento de su espectacular carrera, de sus éxitos literarios y de sus pasos por el mundo. Recuerda a quienes lo apoyaron, a los que creyeron en su talento como el editor Carlos Barral (La ciudad y los perros), la celebérrima agente literaria Carmen Balcells, de quien obtuvo traducciones y reconocimientos a sus demás novelas. Habla de los libros que lo sostuvieron a lo largo de su carrera. Son todos claves. El primero Flaubert, quien le deslumbra de manera contundente, luego vienen Balzac, Dickens, Zola, Dostoievski, Joyce, Lampedusa… Piensa, como el poeta mexicano Rubén Bonifaz Nuño, que Los tres mosqueteros es un libro único y maravilloso. Una vida soberbia, la de un hombre que ha sabido lo que quiere y lo ha conseguido. Que habla de temas políticos y amorosos. Recuerdo que en una entrevista que le hice, comencé preguntándole por la política, la que aparece en casi toda su obra, le dio vuelta al asunto y habló de amor, del amor en sus libros.
Rubén Bonifaz Nuño, antes citado, solía decirme: René, hay buena y mala suerte. Nosotros tenemos la segunda, concluía debido a la ceguera que padeció desde su madurez y la que contribuyó a acelerar su muerte. Qué duda cabe. Vargas Llosa ha tenido buena suerte, como apoyo a su enorme talento. En su artículo escribe lo siguiente: “La historia de la literatura está llena de estas injusticias, como que el primer premio Nobel de Literatura se lo dieron los académicos suecos al olvidado y olvidable Sully Prudhomme en vez de a Tolstoi, que era otro finalista”. No hay duda que la fortuna, buena y mala, cuenta en las distintas actividades de los seres humanos. Pero cuando se nació con pésima suerte, uno debe continuar y vencerla. Es cuestión de trabajo, de impulso creador. Kafka no la tuvo en vida, fue un hombre que parecía negado al triunfo. Muerto, llegó el éxito y ahora es considerado una pieza fundamental en la literatura universal, una revolución.
Luego del brillante recuento autobiográfico con motivo de sus ochenta años, edad a la que llega en plena lucidez y perfecta salud. Dice que “Quizás sea un poco optimista hablar del futuro cuando se cumplen 80 años. Me atrevo sin embargo a hacer un pronóstico sobre mí mismo: no sé qué cosas me puedan ocurrir, pero de una sí estoy seguro: a menos de volverme totalmente idiota, en lo que me quede de vida seguiré empecinado leyendo y escribiendo hasta el final”.
Mario Vargas Llosa ha sido además generoso, ha contado sus secretos de escritor, algo poco frecuente en las letras. En libros y entrevistas ha narrado cómo escribió cada uno de sus libros. Esto es, les ha dado armas a los jóvenes para hacer libros como los suyos, ambiciosos, llenos de magia. Queda claro en sus confesiones que el problema se centra en el trabajo, en la ambición de conquistar lectores.
En estos tiempos las ideologías han muerto merced a las puñaladas que les dio el capitalismo triunfante, vivimos en un mundo carente de utopías, ellas quedaron atrapadas en los libros y acaso en los corazones de muchos jóvenes. Vargas Llosa tomó decisiones importantes que a veces no coinciden con quienes ven al librecambismo como una aberración y piensan simultáneamente en los proyectos socialistas como solución. Mario tomó partido político y ha sido de una gran fidelidad. Cree en los procesos electorales limpios y sin duda en la economía de mercado. Uno puede no estar de acuerdo, pero hasta hoy la historia parece haberle dado la razón. El oleaje va y viene todos los días. Por lo pronto, nada, ningún golpe de timón político le quitará los méritos de haber creado una nueva comedia humana, como Balzac.

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