Tantadel

mayo 01, 2016

Garro, eternamente calumniada

Ella políticamente era simple, no entendía la maldad del sistema nacional. Se alarmó por las amenazas de Gustavo Díaz Ordaz.

Ignoro cuántos artículos he escrito sobre Elena Garro, acaso más de quince. Ha sido una tarea obsesiva, en especial si sumamos conferencias, mesas redondas, programas radiofónicos. Recuerdo mi discurso de agradecimiento en Puebla, luego de recibir la Copia de la Cédula Real de su fundación, donde señalé que su estado natal debería desatar el magno homenaje que requería su grandiosa obra e intensa personalidad.
Si Elena en vida padeció persecuciones, calumnias, miserias e injurias, luego de su muerte, su poderosa presencia literaria, poblada de novelas, cuentos y piezas dramáticas de inmensa calidad, que llegaron, incluso, a llamar la atención de dos cumbres de las letras en castellano: Borges y Bioy Casares, ha ido imponiéndose aun a sus enemigos más tenaces.
Hace unas semanas, un hombre rencoroso y abominable escribió un par de notas llenas de ofensas. No críticas a su arte literario, iba directo a la persona, a quien le “descubría”, perversiones sin fin. No había cómo responder a páginas calumniosas, ataques personales a la mujer, basados en rumores y chismes que difundieron intelectuales como Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska. ¿De qué la acusaban? De haber delatado a los dirigentes del movimiento estudiantil del 1968. Hay que ser idiota o ingenuo para ignorar que el gobierno mexicano, pese a sus mil pifias, tiene en sus manos el historial de sus enemigos. No hablamos del encabezado por Peña Nieto, sino del bestial de Díaz
Ordaz. Además, los medios repetían insistentemente los nombres de los líderes. SiElena, asustada ante el poder, los repitió, fue un acto ingenuo.

Que Elena era anticomunista, lo sé. Desde que la conocí, en la embajada cubana, en los inicios de la Revolución de Fidel Castro, supe de su escepticismo por el marxismo. Tenía la testarudez de luchar por los campesinos, algo natural en un país que se ha ensañado con ellos. Que no le simpatizaban las grandes figuras de la cultura nacional. ¿Y por qué razón debería profesarles devoción? Son en general perversos. El asunto del 68 la persigue y falsos izquierdistas la ven como un monstruo, mientras que sus detractores llegaron a Buenos Aires acompañando aLuis Echeverría y luego acudieron a Los Pinos a recibir cálidas palabras de Carlos Salinas. Multitud de fotografías que han circulado en las redes sociales lo prueban.
Elena Garro políticamente era simple, no entendía la maldad del sistema nacional. Se alarmó por las amenazas de Díaz Ordaz y luego de permitir la arrebatada carta de su hija a su padre (cuya renuncia a la diplomacia es polémica), ambas huyeron de modo dramático a Europa. Como pudieron sobrevivieron. En París recuperé la relación con ellas. Desde El Búho, en Excélsior entonces, convoqué a darles apoyo, hicimos colectas para ayudarlas, hablamos con dos personajes de aquellos momentos, José María Fernández Unsaín y Emilio Carballido, que las amaban y de esta manera comenzamos el inicio de los trámites (ni pasaporte mexicano tenían) para el regreso. Rosario, mi esposa, y Emiliofueron a hablar con las dos Elenas y de tal manera vinieron unos días a explorar un México enrarecido. Elena fue recibida cariñosamente por un grupo pequeño en Guadalajara; viajamos a Aguascalientes y Monterrey, donde ella habló de su posible regreso. Éste se efectuó meses después, aquí la ayudaría el Conaculta. Pero ya en su patria la pesadilla reapareció y recibía frecuentes ataques, insisto, no a su obra literaria, sino a su persona. La “izquierda” y los lacayos de Paz la señalaron como “traidora”. Quedó confinada en un sórdido departamento en Cuernavaca, sin aire acondicionado y con sus gatos. Murió casi en soledad. La sobrevivió, no por mucho, Helena Paz Garro.
Ya ninguna verá que el valor de sus letras es uno de los mayores logros de la literatura mexicana. Muchos han precisado que luego de sor Juana Inés, es ella la mayor escritora. Pienso y lo he dicho públicamente, que cometimos un error al traerla a México. En París hubiera pasado mejor sus últimos años.
Escribí en Excélsior: “Ayer sábado 22 de agosto de 1998 murió Elena Garro. Fallece poco después de su exmarido Octavio Paz. Como era de esperarse ni su deceso fue una conmoción mediática ni el Presidente de la República asistió a sus funerales. Las deudas médicas —supongo— los cubrirá el CNCA, a diferencia de la enfermedad y fallecimiento de Paz, que corrieron por cuenta de la presidencia deErnesto Zedillo. La vida fue injusta con Elena, pero ella contribuyó para que las cosas siempre fueran difíciles. Nos quedan sus portentosas obras literarias y el recuerdo de una biografía que parece un rompecabezas emocional e intelectual. Algún día aparecerán los críticos que Elena necesita para ser valorada lejos de la relación terrible con Octavio Paz: el poeta que se convirtió en ogro y que nada tuvo de filantrópico, fue un enamorado del poder… 
“No batallará más para conseguir dinero para oxígeno, medicamentos, la comida de los gatos, las cuentas telefónicas… No fue a los mejores hospitales ni la velaron en el Palacio de Bellas Artes, como a Lola BeltránCarlos Monsiváis o a Octavio Paz. Quedó en una tumba modesta. La sobrevive su hija Helena, la que sacrificó carrera y vida por seguir a su madre en un terrible peregrinar, heredera de una tragedia que comenzó hace muchos años, cuando Elena y Octavio se casaron y fueron muy infelices”.

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