Tantadel

mayo 09, 2016

Los penosos niveles de la política

El Instituto de Tecnologías del Lenguaje de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, Pensilvania, hizo un serio análisis de los discursos de todos los aspirantes presidenciales en Estados Unidos y su conclusión fue que en campaña su “retórica es de secundaria”. Una forma sutil de precisar que son dueños de un lenguaje pobre. Esto en general, en particular, el lenguaje de Donald Trump es de primaria. Es el de un rabioso niño defendiendo un juguete.

Los críticos del magnate norteamericano ya lo sabían y en más de un momento fue señalada su miseria intelectual. Lo grave es que ese hombre cuyo vocabulario es limitado y sus ideas un puñado, es ya el candidato presidencial por el ala más conservadora de EU. De ganar, dicen los especialistas gringos, será uno de los más ignorantes y bárbaros mandatarios que la potencia haya tenido. Pero bueno, aquí vale el refrán de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Hitler obtuvo el poder por una mayoría abrumadora que lo sostuvo hasta que los soviéticos tomaron Berlín.

Obama no ha dejado pasar la oportunidad para señalar que no se puede ni se debe ser frívolo como gobernante. A todos les pidió que sus propuestas sean serias. Imagino que se dirigía en particular a Trump. Hasta ahora, la señora Clinton ha sido prudente y cautelosa, mientras que la mala fama del millonario ha llegado hasta Europa, donde el primer ministro francés, Manuel Valls lo calificó como “mala persona, hombrecito y populista”.

Con sinceridad, hace tiempo que en el mundo no aparecen grandes estadistas. En los años de la Segunda Guerra Mundial, incluso se hablaba y escribía sobre los grandes políticos: Churchill, De Gaulle, Roosevelt y Stalin, hombres que supieron contener la furia fascista. De pronto, en nuestros tiempos, aparece un “salvador” de la política y muchos se apresuran a señalarlo como un talento político, más por la simpatía que despierta que por sus cualidades de gobernante. Su tránsito es efímero, como lo han sido Lula Da Silva y Tabares. Creo que Fidel Castro debe ser juzgado en otro contexto y considerar la situación en que llegó al poder en plena Guerra Fría y con un EU enloquecido a causa del anticomunismo y para colmo sostenido por una potencia con pies de arena.

México no se salva. Basta con escuchar a cualquiera de nuestros políticos para percatarnos de su bajo nivel cultural. Ya vimos el duelo, por llamarlo de alguna manera, entre Fox, retador, y Trump, a la defensiva, fue de un pobre nivel y con una sintaxis deplorable. Los dos gozan convirtiendo la política (que uno supone una actividad seria) en circo. Los compatriotas que se empeñan en gobernarnos pisotean la inteligencia, lo mismo en el poder ejecutivo, que en los dos restantes. Y no sólo con discursos ofensivos sino con acciones bárbaras y poco pensadas.

Tenemos por ahora una aguda miseria intelectual en los gobernantes o en aquellos que aspiran a conducir al país. Lo que llama la atención es la capacidad de los mexicanos en resistirlos. Entre más elementales son, más simpatías generan. Ahora vemos a los “independientes” cabalgar por los pueblos diciendo burradas, prometiendo lo imposible y mostrando su capacidad para enriquecerse. No dejan de llamarme la atención las fortunas que los candidatos a distintos gobiernos estatales manifiestan sin pudor: en Oaxaca un casi niño señala que posee millones y millones de pesos, más ricos son aquellos primos que compiten por controlar Veracruz. Resulta normal en esos hombres enriquecidos al amparo del poder, parte de familias enteras que han asaltado el poder, hablar sin orden, únicamente para intercambiar ofensas y decirse unos a otros: tú eres un ladrón, más que yo.

¿En qué momento también nos ha derrotado la globalización al llenarnos de políticos corruptos e incapaces de conducir con sabiduría pueblos distintos? Lo ignoro, pero para donde uno mire, las cosas están mal. O la pobreza extrema los vulgariza o la riqueza los convierte en déspotas nada ilustrados.

Trump es una buena vara para medir los alcances de nuestros políticos a escala mundial. Podemos aceptar, luego de ver sus éxitos aplastantes, que México pasará muchas dificultades para reencontrar el rumbo perdido. Aquí llama la atención que seamos gobernados por personas con títulos y posgrados, con dominio del inglés al menos, pero ninguno dice o hace algo sensato, inteligente. Nadie soluciona un problema, al contrario, los agudiza, como vemos y sentimos en la contaminada Ciudad de México. Mancera heredó el problema de muchos años, pero, en espera de votos que lo eleven más todavía, se limita a poner parches en una urbe descomunal que requiere cirugía mayor.

Acostumbrados a discursos y promesas mal pensadas y peor dichas, navegamos en el Limbo. Los políticos sirven para dar notas periodísticas y permitir que en las redes sociales sean el hazmerreír colectivo, no para gobernar con tino. Por desgracia, esos bufones causan daños irreparables en la nación.



No hay comentarios.: