Tantadel

mayo 06, 2016

México: de la política a la farsa

Siempre la política ha producido figuras chuscas, voluntaria o involuntariamente. Los personajes dramáticos son pocos, particularmente en México, pobre país que busca desesperadamente salir del hoyo en que tantos años de priismo nos han metido. Primero padecimos con el “priismo revolucionario”, luego con la transición de una cierta izquierda populista y ahora con el abierto neoliberalismo del PRI, el que finalmente le ha impreso sus peores defectos al resto de los partidos. Para ser severos y precisos: nos gobierna una serie de partidos que han hecho suyos esos vicios, donde campea la corrupción, exacerbados por sus propias transas. Lo grave es que millones de mexicanos imaginan que son organismos con posturas serias y por los que vale la pena votar. Ya son pocos aquellos que piensan en un cambio radical del sistema, a lo sumo, desean pintar y repintar una fachada desastrosa. No pienso, desde luego, en modificaciones violentas, ésas se mueven en otras naciones más agobiadas que la nuestra.
Pero estamos llegando al fondo de la ridiculez. Mucha gente supone que si los partidos políticos son inmundicia pura, debemos volver los ojos hacia un grupo de listos que se hacen llamar independientes. Son en su mayoría personas que han medrado en otras organizaciones y al no hallar más el acomodo que suponen merecer, se ponen el disfraz de personajes ajenos a los partidos. La inmensa mayoría, es obvio, provienen del PRI y priistas siguen siendo: con sus pocas virtudes y sus muchos vicios. Pero están logrando atraer a muchos simpatizantes, ingenuos que no miran lo que hay debajo de la nueva etiqueta. La desesperación nos lleva a creerlos en verdad ajenos a la podredumbre política realmente existente.
Si antes teníamos Broncos o Castañedas o periodistas disfrazados de seres limpios, como Ferriz, en estado de pureza política, ahora ha aparecido una nueva generación de “independientes”, más decididos y dispuestos a encontrar nuevas formas de sobrevivencia, ya saltaron al circo de tres pistas aspirantes a cargos de elección popular apoyados por actos de soberbias payasadas. El empresario de Chihuahua, Enrique Terrazas, decidió para ir en pos de un empleo de elección popular, disfrazarse de la figura cinematográfica de ciencia-ficción: Wolverine. Con largas garras convertidas en filosos puñales y una apariencia no distante del actor Hugh Jackman, de la saga X-Men, quien recorrer las calles de la capital de Chihuahua pidiendo el voto para ser alcalde. Por ahora es un bufón, pero podría ser una nuevo Cuauhtémoc Blanco, notable futbolista que accedió a pasar del deporte a la política morelense con resultados ridículos y desastrosos. Si bien fue capaz de hacer goles espléndidos que le ganaron inmensa popularidad nacional e internacional, ahora se cubre de abucheos al no saber explicar quién fue Benito Juárez.
Dicho de otra manera, parafraseando una expresión genial de Marx, repetida mil veces: de la tragedia pasamos a la farsa. A su paso, el Wolverine norteño fue dejando risas, docenas de cámaras y celulares accionaron para hacer memorable en las redes sociales y en los medios de comunicación tradicionales al nuevo producto de un sistema político incapaz y que está por tocar fondo. Nos movemos en un terreno pantanoso, de lodo, corrupción y de nulos resultados, como los que padecemos en la Ciudad de México, merced a una larga cadena de malas decisiones que ahora han estallado en contingencias ambientales y en un mayor daño al organismo humano. Lo que nos faltaba: Hollywood en la patética política nacional. Ya podemos ver que otros “superhéroes” se suman a su campaña plena de lamentable sentido del humor. Pronto veremos a Batman o a Superman, solicitando el voto para ser diputados, senadores o lo que requieran sus negocios.
En Zacatecas, un candidato más que afirma ser “independiente”, Marco Antonio Flores Sánchez, que busca la gubernatura protegido por las siglas del Partido Encuentro Social, recorre el estado con un chaleco antibalas para protestar por la violencia en su estado y seguramente en buena parte de México. Por si las dudas, va acompañado por escoltas armados y algo peor, suele, en lugar de discursos con falsas promesas, concluir los mítines y las marchas cantando dos temas de su repertorio musical: “Esta noche cena Pancho” y “Amor de la vida alegre”. Debo aceptar mi total ignorancia ante estas canciones, pero según las notas a mi alcance, Flores Sánchez recibe salvas de aplausos y muchedumbres lo siguen.
¿Qué continúa? ¿Realmente importa? La política ha degradado al país y lo peor es que aplaudimos a este tipo de farsantes que buscan acceder a los cargos públicos a través de payasadas auténticas.
A su vez, El Bronco descuida su estado, pero recorre el país afirmando que lo hace para estimular las candidaturas “independientes”, cuando en rigor busca la Presidencia de la República, Nuevo León fue sólo una estación, va a lo grande y hasta un bloque de “independientes” ha formado. Me encantaría asistir a sus reuniones, hace falta aprender alta política.

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