Tantadel

junio 10, 2016

Elecciones: Nadar en el fango

Al día siguiente del pasado proceso electoral, había caras largas y otras que brillaban de entusiasmo. Lo llamativo es que para los políticos todo son éxitos, aun las derrotas. La autocrítica no existe. El PAN resurge, Vicente Fox, convertido en comentarista de medios electrónicos, anticipa el triunfo presidencial de Margarita Zavala. El argumento es sencillo, como lo es el ex presidente: Se cambió el apellido para usar el de soltera, ha trabajado mucho y lo merece. Del otro extremo (ignoro qué tan distante), López Obrador, Lord Gorgojo, como le dicen quienes lo odian, piensa que ella será su rival ideal: carece de cualidades para enfrentarlo. Este hombre que jura creer en que la tercera es la vencida, afirmó que algo de temor le producen jóvenes conservadores, pero impetuosos, como Ricardo Anaya, quien afirma que ya el PAN “ha refrescado el ambiente”, sin mencionar los múltiples apoyos que recibió del PRD. El simplismo tiene su encanto: no suelo ir a las urnas desde que Cárdenas desapareció del mapa político, pero viendo el panorama, por lo menos Margarita Zavala parece una mujer decente, honesta y distante de la corrupción que abruma a la política nacional. Si no fuera por la herencia familiar que me inculcó sabiamente desprecio por el conservadurismo, me tomaría la molestia de ir hasta la urna que me corresponde a depositar mi voto a favor de su discreto encanto burgués, diría Buñuel.
El 2018 es el año I de todo político que se respete y se ame. La confusión es total. Cualquiera puede ser gobernador, senador y hasta Presidente de la República, sin importar qué tan ladrón, mentiroso, inculto y prevaricador sea. Allí está Veracruz: se enfrentaron dos Yunes, ambos igualmente pillos, deshonestos y falsarios. En buena lógica, los dos tendrían que haber perdido. Pero no, ganó el peor. ¿Por qué? Por una razón. Porque el PRI suele ser discreto y conserva en cajas fuertes enormes su corrupción. Pudo despedir a Duarte por ladrón, pero no, este partido, que se niega a morir, lo dejó en el cargo y además premió a quien contribuyó a ponerlo en la casa de gobierno de Jalapa: Fidel Herrera, el que ahora descansa en la muy bella Barcelona, poniendo sellitos en los pasaportes y saliendo en busca de buenos restaurantes como corresponde a su posición.
El PRI perdió. Merecía perder, porque en su absoluta arrogancia jamás ha pedido perdón al país o a un estado o a una modesta población, por sus saqueos, engañar, hacer negocios sucios... No daña a sus mejores hijos, les brinda un desmesurado apoyo. Los cuida. Si en Puebla el PRI hubiera corrido al góber precioso o en Veracruz a Herrera y a Duarte, hoy el PRI habría podido salir a festejar triunfos apabullantes. Optó por dejar a salvo a muchos delincuentes y de este modo hoy es el partido más odiado sin duda. Basta mirar las redes sociales y los medios críticos para comprobarlo.
Sin embargo, aparece Manlio Fabio Beltrones y trata de justificar el ruinoso resultado y se hace líos. En tanto, los panistas gozan el triunfo, en efecto, han renacido de sus cenizas. El PRD sólo obtuvo victorias pírricas. Para ellos no habrá 2018. Eso lo saben los que rodean a Mancera, de allí que sigan la ruta de los independientes, a los que peor les fue. Es posible que presentándose como tal, Miguel Ángel Mancera pueda ser candidato del PRD y de nadie más. El PAN irá, seguro de sus batallas ganadas, sin alianzas, mientras el PRI irá con sus colegas de siempre y sus vicios de siempre, su total incapacidad para analizar el presente y su ceguera para vislumbrar el futuro. De nuevo creerá que el milagro se repetirá. No, esta vez es la última vez que obtienen la presidencia del país. Sé que digo una aseveración peligrosa. Pero de sobra los conocemos y de sobra conocemos el hartazgo del país.
Si el PRI se niega a ver el gran problema que significa la corrupción existente en sus miembros, no tendrá salvación. Necesita meter a la cárcel a muchos peces gordos para recobrar la confianza de la sociedad. De lo contrario, que vaya haciendo más negocios para poder sobrevivir después del 2018.
Los demás se repartirán migajas de un gran pastel. El pleito estará entre Morena, el PAN y acaso el PRD, dependiendo quien sea su candidato y cuál su discurso. Si es el de siempre, pues vayamos arrimándonos a las iglesias, de ellas saldrán los votos que consagrarán al PAN. Es muy tarde para que el PRI dé un giro y arriesgue. Nunca lo ha hecho, por qué demonios tendría que hacerlo ahora, con un montón de derrotados y ganadores suertudos.
Hemos convertido la democracia en un inmenso lodazal al que cada tanto masivamente acudimos a chapotear gozosamente. ¿Creer en el actual sistema político? Imposible.

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