Tantadel

junio 17, 2016

Gobernar con minorías sobre mayorías

Nunca he visto tanta alharaca por victorias lamentables ni tanto llanto por derrotas bien merecidas. El PRI mostró su incapacidad para seguir funcionando con sus añejos métodos. El presidencialismo a la mexicana es un platillo que a pocos les hace gracia. Mientras que la gritería de panistas y perredistas coreada por el clero convertido de nuevo en activista político hace temblar la disposición de tolerar los matrimonios gay. El siguiente paso de los curas será impulsar a un demente a disparar contra los homosexuales en algún bar, en memoria del asesinato del general Álvaro Obregón. La presencia de la virtual alianza PAN-PRD-alta jerarquía católica es muy peligrosa dada nuestra historia.
El cuadro es frágil y no amerita tanto grito. Veamos el panorama político reciente. Los gobernadores triunfaron con porcentajes mínimos en todos los casos, lo que muestra el desinterés de sus respectivos electores. Con dificultades ganaron sobre contendientes tan lamentables como ellos con márgenes mínimos. Apenas obtuvieron una quinta parte de los sufragios de aquellos con facultades para hacerlo. En Oaxaca ganó el PRI con el 20.9% del padrón. Y lo mismo les ocurrió a Antonio Gali (20.6 %) y a Miguel Ángel Yunes, cuya “espada flamígera” se hace sentir en todo el país, con 19 % de la lista nominal. Marco Antonio Mena con el 21.8%, Carlos Joaquín con el 24.6 %, Francisco García con el 24.9 %, Martín Orozco con el 22.8 %, Javier Corral con el 19.9 %. Pero todos gritan de euforia con el apoyo reducido de bases. Sigamos. Rosas Aispuro con el 24.4%, Alejandro Tello con el 22.2 %, Quirino Ordaz con el 19.2 % y el de “mayor éxito” Omar Fayad Meneses con el 25.3%.
Si analizamos los datos, veremos que los gobernadores recién llegados tienen buena parte de rechazo o desinterés en sus respectivos estados. Son corruptos o pésimos políticos o ambas cosas. Pero claro, en la democracia, nos dicen los sabios expertos, se gana con un voto. El caso es que ahora tenemos nuevos gobernadores que gritan de euforia con el apoyo mínimo de la ciudadanía de sus respectivos estados, la que mostró su rechazo al no acudir a votar. Ninguno realmente convenció a las mayorías.
El PRD es el peor situado, pues sus “triunfos” se los debe a su antes enemigo, el PAN. Van, pues, de comparsas leales y disciplinados, orientados por su gurú Agustín Basave. Si bien les va, obtendrán cargos menores y la satisfacción de clamar que ganaron, cuando en realidad los gobiernan panistas.
La suma total de los votos obtenidos fue curiosa, el fracasado PRI consiguió un total de 14 millones 111 mil 936 votos. Atrás suyo va el glorioso PAN al conseguir el 21.73 % de los votos, un poco más en donde fue aliado con el PRD, lo que prueba que el amor-pasión entre PAN y PRD es un hecho visible, tanto que ya hablan de enfrentar al PRI en todos los procesos que le siguen, incluido el presidencial.
La realidad es que, a menos que Morena siga creciendo fuera de la CDMX, lo que no es fácil, volveremos a un “bipartidismo” bizarro. De un lado el PRI y sus aliados de siempre, del otro el PAN con los suyos, entre los que se encuentra un PRD que intenta conservar algo de su antiguo poderío al menos en la capital de México.
Los resultados no fueron favorables para la partidocracia, cada fuerza política a duras penas consiguió arrastrar a porcentajes reducidos de votantes. La sociedad mexicana comienza a salir del letargo en que está sumida. La realidad es que el PRI gobierna 15 estados, el PAN 10, el PRD 5, el PVEM 1 y un independiente que suele hablar con extrañas imágenes. Ah, se me olvidaba, el PRI mantiene, hasta hoy, la Presidencia de la República.
En tal contexto ya los futurólogos y los encuestadores tienen poco qué ofrecernos, ahora ya saben que son falibles, que calculan con raras metodologías las peticiones de sus mejores clientes: los partidos políticos.
La partidocracia que tan mal papel ha hecho y seguirá haciendo, muestra con sus acciones iniciales que más que gobernar a sus entidades, las ven como sitios donde hacer negocios y desde luego, cobrar venganza, como en el caso de Miguel Ángel Yunes, quien ahora disfrazado de panista, lanza amenazas a sus contrincantes. Manlio Fabio Beltrones conserva un ligero tono optimista, para eso le pagan, ve a su partido victorioso, él y nadie más. Pero lo mejor es que ninguno de esos partidos, incluyendo al PRD, es capaz de llevar a cabo una severa autocrítica y salir a las calles a combatir como lo hizo al inicio. Más todavía, ninguno, salvo Morena, lo hará. Es el estilo de López Obrador y si bien nunca ha ganado la Presidencia, siempre pone en jaque a los demás partidos que suelen ser timoratos y cobardes. Ninguno arriesga. Ninguno se mezcla realmente con el pueblo, se limitan a los medios de comunicación y a los discursos organizados.
Sin duda, en el siguiente proceso electoral habrá una mayor actividad, pero toda ella será falsa, repleta de mentiras, proclamas y promesas grotescas. Y será peor aún, la de 2018, que incluye la Presidencia de la República.
Realmente en las pasadas elecciones nadie ganó y todos perdimos, en especial nosotros, los ciudadanos. Hay que repensar a México, así no va a ningún lado.

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