Tantadel

junio 20, 2016

¿La CNTE hará una revolución violenta?


Los integrantes del grupo magisterial llamado la CNTE, una minoría en comparación al número de maestros que existen en México, está en movimiento perpetuo aprovechando que las autoridades no son ni capaces ni medianamente inteligentes y decididas. Desde hace un tiempo pelean contra las reformas que el gobierno intenta llevar a cabo. Lo hace con una violencia inusitada, desconocida en el país. Paralizan carreteras, hacen manifestaciones violentas, agraden a quienes aceptan los planes oficiales que intentan renovar la pésima educación nacional, llevan a cabo acciones de desconcertante vandalismo, disponen de recursos económicos que no les pertenecen, atracan oficinas y, para colmo de colmos, tienen a miles de niños abandonados en escuelas patéticas, descuidadas y abandonadas.

El principal culpable es sin duda el sistema. Ha permitido que los problemas crezcan sin tratar de solucionarlos gradualmente y ahora lo tratan de hacer de golpe. El estado de abandono de la educación pública contrasta con el éxito de las escuelas privadas. Los sueldos también y en consecuencia el prestigio de un magisterio al servicio del país ha disminuido. Recuerdo a mis abuelos y a mis padres, todos maestros de primaria, la dignidad con la que vivían, tenían respeto y como nadie contribuyeron al desarrollo nacional.
La tecnocracia los ha ido empujando a la miseria y el éxito de la globalización neoliberal ha dado al traste con aquellos notables proyectos educativos que poseía la SEP. Hoy dicha dependencia es una cueva de ineptos e insensibles. Funcionarios que jamás han impartido una clase ni analizado los caminos pedagógicos.
Pero lo que llama la atención es la brutalidad de la CNTE. Hace unos pocos días la explicaron sus dirigentes: Buscamos un estallido social en todo el país. Y precisan: “La lucha por la derogación de la reforma educativa ya nadie la para.” Sus palabras indican que mal leyeron a los clásicos del marxismo o que hablan sobre ideas que escucharon. Si tratan de hacer una revolución violenta, que modifique la estructura del país, están perdidos. En tiempo de Lenin ésa fue la táctica. Llevar a cabo brotes de inconformidad y provocar una reacción en cadena que llevó a proletarios y campesinos, intelectuales, a eliminar al zar y a la nobleza, tomar el poder y establecer una novedosa manera de conducir a una nación. Buscaron, y así lo indicaba el periódico subversivo de los comunistas, una chispa que incendiara el país y llevar a cabo una violencia revolucionaria. Pero en ese momento, 1917, las condiciones en Rusia eran las adecuadas para que el país se levantara en armas. Nacional e internacionalmente los soviets tenían a su alcance los elementos que permitieron llevar a cabo una magna revolución dirigida no por maestros de rudimentaria inteligencia y nula capacidad teórica. Eran Lenin, Trotsky, Stalin y cientos más que al poco tiempo triunfaron, pero fueron incapaces de llevar a buen puerto la revolución.
Los maestros de la sección 22, si realmente suponen que con sus tácticas de grosera ingeniería política lograrán un “estallido social” en México, están equivocados. El subcomandante Marcos trabajó intensamente en un levantamiento armado, formó un ejército de decididos indígenas, preparó a cientos de ellos y le declaró la guerra al Ejército mexicano. Contó con la simpatía de millones de connacionales y hasta en los medios de comunicación, tradicionalmente al servicio del poder, hubo palabras de entusiasmo. El país estaba harto del sistema opresivo. Fue, en suma, un movimiento armado que no llegó a ningún lado y hoy apenas recordamos a Marcos, su lenguaje arrojado e innovador y sus acciones audaces. Ni siquiera sabemos dónde se halla y cómo sobrevive. Recibió la solidaridad internacional y no hubo más cambios que, adelante, los mexicanos llevaran al poder a un hombre en verdad limitado e inútil, a Vicente Fox.
Es evidente que son muy pocos mexicanos quienes están satisfechos con la situación actual, pero ninguno está decidido a ir a las armas para seguir a un grupo de maestros vándalos sin ideología real y de una total incapacidad intelectual. Saben destruir unas oficinas de gobiernos pueblerinos, detener el tránsito de calles citadinas y hasta allí. No lograrán que haya el anhelado estallido social. Hartan y fastidian, se hacen detestables, no tienen programa y sí aprovechan los dineros que están a la mano para ellos mismos. Contra la certeza leninista de que una chispa puede incendiar un país, no muestran más que una conducta criminal de bajo rango. Mal hace López Obrador en adherirse a esa causa que grita y altera sin resultados importantes a un puñado de ciudades. Le quitará votos y no lo hará crecer, verá que la tercera no es la vencida porque se hizo de aliados lamentables.
Si realmente creen en la sección 22 que ellos son la chispa que encenderá el fuego revolucionarios, no estaría de más leer a los clásicos del pensamiento revolucionario que encabezara Marx. Ellos simplemente son un malestar para la SEP y para muchos ciudadanos. Pero de eso a llevar a cabo una revolución violenta parta detener el capitalismo neoliberal, hay una enorme distancia. Basta con mirar el planeta y en especial reflexionar sobre México. No hay condiciones para un cambio como el que dicen pretender. La situación es más compleja, pero si apenas saben leer un libro de texto gratuito, es difícil pedirles que lean marxismo. Por ahora están más cerca de Hitler que de Lenin.

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