Tantadel

junio 01, 2016

Las pantallas de la serpiente 2/4

Hoy el mundo está regido por un sistema político económico: el neoliberalismo, un capitalismo moderno y globalizador. En éste, las reglas las imponen de muchas formas las grandes empresas informativas. Son capaces de contribuir poderosamente a elevar o derribar a un mandatario. El socialismo marxista, el que tuvo el control de los medios de producción y de comunicación en varios países, yace sepultado bajo muchos metros de tierra y roca. No es fácil que resurja a pesar del vaticinio del propio creador: en las naciones los movimientos sociales quedan bajo el mando del flujo y el reflujo. Dicho sin imágenes políticas, es como el oleaje que va y viene. La marea socialista no regresará y si lo hace después del desprestigio en que metieron a las ideologías de izquierda en Europa, Asia y América Latina principalmente, tendrán un rostro distinto. Nuevas reglas.
Mientras tanto el modelo capitalista y su tabla axiológica crece y se difunde a través de las pantallas. El viejo Estado surgido de la Revolución Mexicana poco puede hacer para contener la avalancha que llega desde cualquier teléfono celular, tablet o computadora. Internet y todo lo que implica nuevas tecnologías son parte del proceso, son hijos del sistema o instrumentos que sirven para esparcir la mediocridad y ahuyentar el espíritu crítico. El arma preferida por el sistema, sin importar el partido en el poder, es la televisión. Es el medio ideal para esparcir mensajes demagógicos y promesas falsas. No olvidemos que Vicente Fox, el hombre que cometió la hazaña de dominar a un partido, Acción Nacional, y echar al PRI de Los Pinos, no era más que un producto de la televisión, donde el rating es todo y la vulgaridad e ignorancia es evidente.
En la actividad política, la televisión juega un papel de primera importancia. Por ahora le sigue internet. No hay funcionario que rechace una llamada de cronistas televisivos. Y para ellos, sobre todo si son de Televisa y luego de TV Azteca, el tiempo deja de importar. Televisión es política de masas. Para qué moverse de un sitio a otro. No importa que el mediocre que mal entrevista, interrumpa con necedades o de plano le diga, como si el funcionario no tuviera trabajo, permítame ir a un corte, regresamos en tres minutos. Así, por ejemplo, el secretario de Educación Pública se arrellana en un sillón a esperar a que pasen los anuncios, mientras el conflicto magisterial crece y los niños pierden parte de su precaria educación.
Las dimensiones de Televisa son colosales. Según fuentes de internet, posee a grandes rasgos multitud de medios electrónicos, es uno de los principales participantes en el negocio de entretenimiento a nivel mundial. Está involucrada en la producción y transmisión de programas de televisión, señales televisivas de recepción libre y de pago —por cable y satelital—, distribución internacional de programas de políticos, televisión, publicación y distribución de revistas, producción y transmisión de programas de radio, espectáculos deportivos y entretenimiento en vivo, producción y distribución de películas, operación de un portal de internet, participa en la organización del llamado Teletón con supuestos fines de altruismo ruidoso. Encabeza la lista de mayor concentración de medios de comunicación a nivel mundial y ocupa el tercer lugar, entre los países de la OCDE, que más caros ofrecen sus servicios. En este marco, el mercado de telecomunicaciones en México está dominado por el Grupo Televisa, es también dueño del equipo de futbol América, polémico e importante por sus muchos campeonatos obtenidos.
Ahora cada vez menos personas suelen ver canales abiertos, prefieren buscar programas, filmes y series en la televisión de paga. Pero el daño está hecho. Son muchas las generaciones que se formaron viendo TV comercial, sobre todo Televisa. Si esta empresa fue edificada sobre el modelo estadunidense, las empresas que la siguieron lo fueron sobre el modelo Televisa. El problema es que hoy quienes mal conducen las televisoras públicas, se ven invadidos por la enfermedad llamada rating. Todas quieren ganar audiencia y no les importa comportarse de manera comercial. La cultura para ellas es aburrida, carece de ganancias, es el criterio que comienzan a utilizar también las autoridades estatales. No es extraño que al candidato priista, Murat, al gobierno de Oaxaca, en su paso por Televisión Mexiquense se haya preocupado por el frívolo rating. Busquemos diversión a raudales, olvidemos los problemas sociales con muchos goles. Fomentemos el deporte, la cultura es peligrosa. El daño hecho por la televisión comercial en México es posible advertirlo a simple vista y no es indispensable leer obras magistrales como La civilización del espectáculo, donde Mario Vargas Llosa se ve obligado a dar la batalla por la cultura de mayor envergadura, por el arte y en contra de la puerilidad.
Hace años, Azcárraga padre decidió que uno de sus canales, el 9, tendría programación cultural y educativa y firmó un convenio con la UNAM. La duración de tal proyecto fue reducida. Resulta obvio que ninguna televisora comercial tiene buenas relaciones con el arte. Al contrario, es visto con desdén. Y aquí coinciden con el mundo de la política dominado por hombres y mujeres de escasa cultura, con frecuencia ignara pese a los títulos académicos que ostentan.

No hay comentarios.: