Tantadel

junio 06, 2016

Las pantallas de la serpiente 4/4

Algunos de los beneficios de la televisión es que permite estar al día en sucesos que transmiten en los noticiarios, enriquecer nuestro lenguaje así como saber cosas que pasan en otros lugares. También, los programas buenos de entretenimiento o los programas de humor son buena terapia para la salud lo mismo que mensajes educativos como “cuida al medio ambiente”, “di no a las drogas” y otros por el estilo, pueden ser benéficos sobre todo para los niños. Recuerdo, en lo personal, mis años de estudios en Francia, la televisión, en manos del Estado, combinaba con habilidad la educación y la cultura con el entretenimiento. En el otro extremo, en largas estancias en Cuba y la Unión Soviética, vi las más tediosas programaciones televisivas, llenas de mensajes sociales y políticos. Una extensión del “Partido”, una maquinaria de control intelectual.
La televisión, en el mundo actual, es una fábrica de ilusiones idiotas, es el excelente medio para transmitir cuentos de hadas ridículos, donde mujeres feas, pobres e incultas, se transforman en justo lo contrario. Millones de seres humanos de ambos sexos y de cualquier edad que pasan horas ante la televisión, nada consiguen salvo información chatarra e historias cursis y ramplonas que nos permiten aspirar a modos de vida ajenos a nuestra realidad, la que debemos cambiar de acuerdo a ideologías y proyectos serios, ajenos, desde luego, al uso del televisor.
La televisión es un medio, el problema es cómo lo utilizan los gobiernos. En una dictadura, se ponen al servicio de los tiranos, en una democracia juegan con los valores nacionales, los pisotean y traen de la mano a otros que pueden o no ser positivos, pero que por lo regular son ajenos a las culturas nacionales. En México todos deberíamos estar hartos de ver modelos guapos, esbeltos, y mujeres hermosas de líneas delicadas que anuncian ropa cara y perfumes afamados. Son invariablemente de una perfección inaudita, rubios, de ojos claros y audaces, cuando tenemos el primer lugar en obesidad del mundo y utilizamos un reducido vocabulario aprendido no de los grandes libros de literatura sino de artistas y bufones televisivos.
En reciente número de la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine aparece un estudio que precisa los resultados de una investigación seria: tener la “televisión encendida hace que la interacción verbal entre los padres y los bebés se reduzca”.

Prosigue: “Algunas de estas reducciones probablemente se deban a que los niños se dejen solos delante de la televisión, pero otras tal vez reflejen situaciones en que los adultos, aunque estén presentes, están distraídos por la pantalla y no interactúan con su bebé de manera discernible. Esta conclusión va directamente contra ciertos programas dirigidos al público de menor edad y que presumen de favorecer el desarrollo de los bebés, pues la conclusión es que, más que ayudar a ello, lo perjudica.
 “Si tenemos en cuenta el papel definitorio que los cuidadores adultos desempeñan en el desarrollo lingüístico de los niños, que se hable o no a los hijos mientras la televisión está encendida podría ser crítico”.
Quienes llevaron a cabo la investigación, “estudiaron a 329 niños de entre dos y 48 meses de edad. Su evaluación les ha hecho determinar que por cada hora de televisión los niños recibían una media de 770 palabras menos que si no estuviera puesta. Los niños escuchan menos palabras de sus cuidadores y esto influía en que terminaban produciendo menos vocalizaciones cuando se hablaba con ellos. La pérdida del estímulo de la conversación normal tenía una incidencia negativa en su desarrollo verbal.
Lo inteligente, pienso en padres de cierta cultura y educación formal, no es poner al niño ante el televisor, sino platicar con él, pero sin hablarle como si el bebé fuera idiota, como explicaba en un ensayo humorístico Jorge Ibargüengoitia, decir zapatos en lugar de papos o voy a subirte al caballito de madera, en lugar de decirle Upa, upa. “Nada puede substituir al contacto y la conversación de los adultos”, concluye la revista citada. Chabelo hizo más daño a los niños que el bíblico Herodes o Hitler movilizando pequeños y adolescente al frente para intentar vanamente contener las oleadas del Ejército Rojo entre 1944 y 1945. Dudo que los niños se hagan más inteligentes merced a los videojuegos, a lo sumo salen menos a la calle a jugar.
Como he señalado antes, la televisión aleja de la lectura y de las conversaciones inteligentes, se producen las desmedidas aficiones por los deportes que a su vez conducen a un nacionalismo del peor estilo. Padecemos programas y series que contienen excesos de violencia y vulgaridad. La programación educativa o cultural es prácticamente nula en la televisión abierta. Los anuncios suelen ser de alimentos y bebidas chatarra o alcohólicas, siempre tipificados por exitosos modelos. Para triunfar en la vida, es necesario usar ropa de tal marca o adquirir un auto deportivo de lujo.
Por todo lo anterior, el rating de TV abierta ha decrecido 23% los primeros 10 días del 2016. Pero sobre todo por el surgimiento del modelo de televisión cerrada o en línea como Netflix. La sociedad depende de cualquier transformación, de la más fácil hasta la más complicada. El problema es que esa sociedad, hasta ahora, ha sido moldeada por la televisión comercial y este tipo de empresas no suele suicidarse.

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