Tantadel

julio 04, 2016

El ninguneo en el arte

La crónica
El arquitecto y profesor universitario Antonio Toca es mi amigo aunque poco lo veo (trabajamos juntos muchos años en los inicios de la UAM-X), pero los sábados suelo leerlo en Excélsior. Me impresiona su prosa limpia y aguda, sus conceptos valiosos, su ética profesional. No sólo construye, defiende el arte mexicano. Así lo veo desde el principio de nuestra amistad: como un intelectual distinguido que tiene una clara visión del México que nos ha correspondido en suerte.
 Su pasado artículo lo tituló “Casa O’Gorman: 1929”. En esos párrafos impecables, Antonio Toca valora y revalora el caso del gran artista que fue Juan O’Gorman, hermano del también brillante Edmundo O’Gorman, historiador, a quien traté un poco en la UNAM. Dice Toca: “En México tenemos la pésima costumbre de no valorar las aportaciones de muchos artistas y creadores y de reconocer —una y otra vez— lo que ya se conoce, de llover sobre mojado. En nuestras instituciones se entregan premios, becas y homenajes a gente que ha sido alabada hasta el cansancio y, en cambio, no se reconoce el trabajo valioso de muchos. Una razón —entre muchas— es que resulta fácil hacerlo, pues no se tiene que pensar o decidir, ya que es más cómodo premiar lo obvio, pues además no implica riesgos. En cambio, valorar lo que no es conocido es difícil y complicado y muchos temen asumir esa responsabilidad.”
 Esta conducta que llamamos más frecuentemente “ninguneo”, es ya rutina y la practican por igual artistas, creadores, periodistas, que las autoridades estatales y federales. Sólo contemos los cientos de festejos que han recibido un puñado de artistas no del todo juzgados por la historia. Entre otros, Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis. Al margen, coexisten creadores que por ser críticos o ajenos al poder, poco o nada reciben, algunas migajas. Aquí la lista es inmensa e injusta.
 Antonio Toca señala que el reconocimiento a arquitectos de genio como Luis Barragán, O’Gorman, Enrique Yáñez y José Villagrán, vino del extranjero, “específicamente del libro New architecture in Mexico1937, la primera y más importante valoración de la nueva y revolucionaria arquitectura mexicana, en la que se destacó la obra del joven de 34 años —O’Gorman— que tenía ya una importante y valiosa producción”. Pero, añade Toca, la posición de este último, comunista y trotskista, “que correspondía a su igualmente radical criterio funcionalista en arquitectura, provocó un abierto y extendido rechazo, porque su ideología e intransigencia no eran políticamente correctas”.
 “O’Gorman y otros artistas e intelectuales —escribe Toca— fueron ignorados o combatidos tanto por instituciones públicas como privadas. Sin apoyo, atacado e incomprendido, O’Gorman canceló prematuramente su actividad como arquitecto y se concentró en la de pintor. La única obra que construyó después fue su casa-estudio (1949), una cueva en la que se refugió hasta que tuvo que venderla y que su propietaria —una artista— demolió.” Triste final muy discutido en su época.
 Mejor fortuna corrió la casa-estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo, que en 1931 fue construida por O’Gorman, la cual en 1996 fue reconocida como una genialidad, fue rescatada y apareció, ya tarde, pero en fin, el libro Casa O’Gorman, 1929, “en el que Xavier Guzmán, Víctor Jiménez y Toyo Ito —premio Pritzker— presentan ensayos sobre la importancia que tuvo esta casa en la arquitectura moderna de México.” Antonio Toca concluye su inteligente artículo: “En 1975 conocí a O’Gorman y aprecié su humor y sarcasmo ante la falta de talento y compromiso que veía en muchos arquitectos mexicanos. Su modestia se manifestaba en la valoración que hacía de las obras de Le Corbusier y de Frank Lloyd Wright. El reconocimiento que ahora tiene contrasta con el desprecio que sufrió cuando más necesitaba que se le apoyara. Porque O’Gorman no tuvo becas, premios ni homenajes y demasiado tarde ha llegado lo que tanto merecía.”
 Siempre me he preguntado el porqué de este vergonzoso fenómeno nacional. Hay un pequeño puñado de artistas e intelectuales que a diario reciben un homenaje oficial, los ayudan a recibir los grandes premios internacionales, mientras que en sus modestos ámbitos muchos creadores de talento soportan el desprecio o ninguneo de aquellos que premian una y otra vez a los mismos afortunados de siempre. Y este comportamiento es peor a nivel estatal, donde los creadores tienen que emigrar a la Ciudad de México para recibir algo de atención.
 Lo que personalmente me llama la atención es lo poco que este problema es tratado en los medios de comunicación. Un país con tanta capacidad artística se ve expresado en pocas figuras cercanas al poder, no importa en manos de quién esté. Eso impide ver cabalmente el talento de nuestros artistas. Algunos músicos, cantantes y bailarines, optan por emigrar. La mayoría se queda a padecer angustias y resentimientos, aquellos que no tuvieron la forma de escaparse o encontrar algo de apoyo fuera de su patria. Sólo se toparon con el desdén de los medios y de las autoridades y algo peor, con el egoísmo y la aversión gratuita de sus pares.


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