Tantadel

julio 13, 2016

El PRI, modelo para no cambiar

Hay organismos políticos que nacen para jamás cambiar, pueden hacer alguna modificación modesta, pero los errores y la ausencia de talento y audacia persisten, son capaces de tolerar el paso de los años. En realidad tampoco, en un sistema presidencialista como el nuestro, los mandatarios son afectos a escuchar el no. En México, dicen los que llegan a los más altos cargos, al Presidente nunca se le dice ese monosílabo incómodo. ¿Cuántos reinos se hubieran salvado de saber aceptarlo filosóficamente? Por añadidura, el nuestro es un sistema monolítico. Eso, tarde o temprano, llevará al PRI a su extinción. Por ahora es un dinosaurio atrapado en el hielo, pieza de un museo de antigüedades. Lo grave es que los demás partidos son su hechura, están cortados por la misma tijera y para colmo, los priistas desdeñados por su aparato, salen en busca del apoyo de otros partidos, de derecha o de izquierda, lo encuentran y triunfan. En nuestra nación (espero siga siendo nuestra) el pluripartidismo es un fastidioso torneo de oportunistas escasos de bagaje ideológico, buscando el empleo bien remunerado.
 Es posible que Manlio Fabio Beltrones no sea mal político y que en caso de haber podido conducir al PRI sin mayores injerencias de poderosos miembros del gabinete o de incómodos legisladores cercanos a Los Pinos, sin las ideas de un hombre que mal conoce al país, Peña Nieto, no hubiera sido derrotado en el anterior proceso electoral. Él tendría que haber pasado por la limpia previa de estados como Quintana Roo, Veracruz o Chihuahua, donde estaba el peor priismo, lo cual es mucho decir. Sin limpia previa, sin buenos candidatos, sin campañas duras, de propuestas serias y autocríticas razonables, hoy la curiosa alianza de ricos y pobres (PAN-PRD, donde uno aportó los cargos y el segundo los votos), estaría sumida en la desesperación y no en el trampolín para dar un salto hacia la presidencia de la República encabezada por un panista.
 El PRI es una oficina de empleos, una agencia, donde los cargos llegan no por los votos ni el talento individual, sino por las simpatías con el presidente en turno. Por ello, y por la atroz corrupción y el desgano en serle de utilidad a la nación, es que los priistas fueron derrotados en 2000 por un hombre realmente limitado en lo intelectual, pero sobrado de audacia. Si pierden en el 2018, no regresarán, no habrá retorno, porque además coinciden con un cierto despertar de la sociedad mexicana harta de partidos camaleónicos. Las izquierdas y las derechas son falsas, el centro es la postura que en nada compromete y tampoco es una tendencia responsable. Con o sin alianzas la búsqueda del poder carece de otro objetivo que no sea el de utilizarlo en beneficio propio. En Veracruz, estado lleno de energía, colocaron a verdaderos pillos, los dos más recientes no sólo fueron casos escandalosos sino que uno, Fidel Herrera, ahora disfruta unas inmerecidas vacaciones en Barcelona a cargo de Relaciones Exteriores. ¿Hay inteligencia, cultura, habilidad política, sentido común en el partido en el poder? Por supuesto que no.
 Ahora el priismo disfruta de una novedad: al frente del ex invencible han colocado, sin mayores discusiones o reflexiones, a Enrique Ochoa Reza, quien está dentro de la línea tradicional que Gastón García Cantú anticipó hace décadas: crítico en su juventud, déspota en su madurez. ¿Cuáles son sus méritos para dirigir un partido que agoniza?, ¿es el experto cirujano que llevará a cabo la compleja operación que requiere el enfermo? Ah, es que quiere parlamentizar el sistema mexicano. ¿No podría antes reconstruir al PRI, sanearlo, darle poder y desde esa postura de fuerza llevar a cabo la transición a un régimen parlamentario y no presidencialista? Los más claros vaticinios lo anticipan como un ariete presidencial para intentar la recomposición, no para transformar radicalmente a un sistema de gobierno que se cae a pedazos. El desmedido poder del presidente mexicano volverá a imponerse y esta vez Ochoa Reza será la víctima y el victimario de un partido inoperante.
 Fue Peña Nieto, quien siguiendo una rutina odiosa, puso a Ochoa Reza en tal cargo. ¿En qué pensaba? Es difícil saberlo, pero evidentemente no en la mejoría de un partido de holgazanes y corruptos que no brindan resultados positivos. En el PRI capitalino colocaron irreflexivamente a una jovencita irresponsable que literalmente ha saltado de partido en partido con el apoyo de mamá: Rosario Robles. Resultados: cero, ninguno.
 El PRI no ha entendido el resultado de los comicios del mes pasado. La ciudadanía fue contundente: basta de corrupción y autoritarismo. No obstante, está dejando que esos gobernadores que perdieron, se blinden para que no los metan a la cárcel. Ni cómo ayudarlos. Solitos cavan su propia tumba.
 Es difícil creer que una persona sin gran experiencia como Ochoa Reza, que ha dado a torcer ambos brazos, ahora, en poco tiempo, sacará al partido y al gobierno de Peña Nieto del enorme bache en que están metidos. Ajeno a la militancia y a los intríngulis del PRI, será incapaz de reinventarlo. El dedazo es inmortal e inmoral, puede funcionar todavía en Morena, pero no más en el partido en el poder. La derrota más estrepitosa le aguarda. Como suele decir mi querido amigo Ricardo Alemán al final de sus excelentes columnas: Al tiempo.

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