Tantadel

julio 25, 2016

La CNTE o el triunfo de la minoría


Salvo el caso de la Revolución Francesa, donde el pueblo en su conjunto se levantó en armas contra la nobleza, no sé de otros casos donde la mayoría se haya hecho del poder. Siempre lo han conquistado grupos no muy fuertes ni muy numerosos. En Rusia los bolcheviques no superaban en activistas a los mencheviques y gracias a la habilidad de Lenin, el triunfo fue para los primeros. En México un puñado de hombres decidió alzarse en armas contra un enemigo poderoso, bien armado y entrenado, y lograron el apoyo popular. En China una fila de comunistas desarrapados y con hambre, recorrieron el inmenso país para culminar venciendo a japoneses y a chinos nacionalistas. En Cuba, Fidel Castro con una docena de guerrilleros fue capaz de derrotar ampliamente al ejército de Batista que contaba con dinero y armas norteamericanas.
 Hablamos de un fenómeno poco común, podríamos decir que anormal, pero por regla general las minorías asustan pero no tienen forma de vencer a un gobierno organizado, no con facilidad. La guerra de guerrillas o el foco, presupone una larga y tenaz lucha, ganarse al pueblo y poco a poco convertir en ejército a los brotes armados. Hoy en día nadie puede imaginar que tal tesis tendría resultados exitosos, pero siempre hay ilusos que piensan en imitar los procesos iniciales de las guerrillas exitosas.
 En México los gobiernos padecen un complejo poco estudiado que podría llamarse de culpa y bajo la presión de las redes sociales, los derechos humanos, la estulticia gubernamental y otros factores semejantes, grupos de maestros sin mayores conocimientos teóricos sobre el fenómeno han salido a formar focos “guerrilleros” por toda la república, principalmente en la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero. Atacan con piedras, con botellas de gasolina, con machetes, emboscan policías, maltratan a la gente, castigan poblaciones enteras al cerrar el paso a los transportes de abastecimiento, bloquean calles y carreteras y nada ocurre. Las autoridades los dejan crecer y crecer y la CNTE que era un puñado, ahora convoca a miles de simpatizantes.
 Violan las leyes, todas, pero las autoridades locales y federales piensan que se gastarán y terminarán por desaparecer. ¿No es tiempo ya de frenar los actos vandálicos? Al parecer no. Miguel Ángel Mancera, Enrique Peña Nieto y demás gobernadores no toman ninguna decisión porque vienen las elecciones presidenciales y temen que haya voto de castigo. Mientras tanto, las organizaciones agresivas crecen, aumentan sus acciones, se esparce su llamado, siempre mentiroso y apoyados por estudiantes aguerridos y mal informados, por personajes como AMLO (quien ha llegado al punto más alto de popularidad gracias a sus discursos incendiarios e irracionales en un país inquieto) se desarrollan. Su campo de entrenamiento es el país. En realidad ya estamos en situación de ingobernabilidad.
 Los comerciantes pierden, los empresarios pierden, los estudiantes entran con facilidad en huelgas o paros, los trabajadores pierden horas en llegar a sus casas a través de calles cerradas y para colmo nada pasa cuando el vandalismo ocasiona muertos y los derechos humanos responsabilizan, para justificar sus buenos sueldos, a las autoridades. La ley duerme el sueño de los muy justos. El país tiene graves huecos en la economía y la CNTE recorre el país a placer, atacando comercios, secuestrando autobuses que al final incendian. ¿Quién los financia? Visto desde fuera, México presenta un panorama aterrador.
 Pero en el discurso político apenas se registran esas monstruosidades y mientras las autoridades “dialogan” y piden respeto a las leyes, los bárbaros de la CNTE cosechan buenos frutos, ganan en experiencia casi de guerrilla urbana y tienen aterrorizados a las diversas policías y al mismo Ejército a quienes les brindan pistolas de agua y rifles de dardos. Nadie quiere la represión, lo que buscan es respeto a las propiedades de los demás, a su derecho de transitar libremente.
 Lo que ve el ciudadano que va a su oficina o regresa a casa, es una serie de problemas que lo agreden y sabe que nadie lo defenderá. En Chiapas, en cuanto entraron seguidores de la CNTE, los nativos los echaron a patadas. Los problemas del sector más atrasado del magisterio no son los de ellos.
 Lo que ocurre, meditando en ese caso del Sureste de la nación, es que las autoridades están propiciando encontronazos entre vándalos y ciudadanos. Un día no serán suficientes las quejas ni las mentadas de madre que les propinan a los miembros de esa sección disidente. Como en otros países, habrá resistencia a lo que en México se ha convertido en pan diario. No pasa un día sin una marcha, un plantón, el incendio de autobuses, el robo a almacenes y la humillación a quienes sí están de acuerdo con la reforma educativa.
 El gobierno no supo instrumentarla, dialogar con el grueso de los maestros. Muy al estilo nacional la impusieron, allí están los resultados, ahora en vano llaman al magisterio en su conjunto a desatorar el problemón. En todo caso, habría que ofrecer al turismo nacional e internacional, la violencia de la CNTE. Desde autobuses blindados, los visitantes pueden ver el gozoso desmadre que arman para mantener sus excesivos privilegios.


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