Tantadel

julio 01, 2016

La renuncia de Beltrones

Si los trabajos de los abuelos del PRI para reorganizar a México fueron loables y dramáticos, funcionaron en buena medida, hoy no sirven más. No es que actualmente existan mejores partidos: todos están hechos a su imagen y semejanza, hasta los más recientes o los que están más decididos a vencerlo. Los padecemos, son perversos, carecen de ética y de proyectos nacionales. Buscan el poder y el dinero. Viven para engañarnos y lo permitimos.
Muchos pensamos que la derrota que Vicente Fox le infligió al PRI, le impediría el retorno a Los Pinos, pero el caso es que el Revolucionario Institucional supo regresar, sin duda, porque las opciones de los mexicanos no son muchas. El PRI es un asco, el PAN, el PRD, Morena y demás no son diferentes, sólo mienten y engañan con un lenguaje apenas distinto.
El PRI perdió la agresividad que digamos con optimismo todavía poseía en la época remota de Adolfo López Mateos. Díaz Ordaz fue quien le dio el tiro al partido que lo condujo a la Presidencia. Quienes lo siguieron han sido afortunados, ninguno tenía los méritos para dirigir un país enorme, con grandes masas de pobres, millones en condiciones de extrema miseria, con sólo demagogia y corrupción. Al oficializarse el viejo partido “revolucionario”, dejó atrás los sueños y esperanzas de quienes fueron a la lucha armada. Con desfachatez, encaminó sus pasos hacia la derecha, nunca dejó de falsificar la realidad y jamás se atrevió a llevar a cabo una transformación profunda. El partido se hizo cínico, comodino y como siempre toleró la corrupción dizque para evitar escándalos que lo hicieran perder “prestigio”. Dos periodos panistas después, la historia le dio otra oportunidad, la que actualmente vivimos y ninguno ha dado un paso para rehacer el partido, modificar positivamente el rumbo del país, ponerlo a salvo.
Ahora, en las pasadas elecciones, la sociedad les anticipa el castigo que viene: perderán la Presidencia. Esto al parecer lo sabe Manlio Fabio Beltrones y algunos periodistas críticos y no complacientes. Nadie más parece percatarse. En su renuncia al cargo, Beltrones dejó un mensaje que, a decir verdad, era cifrado a sus compañeros. Al recuperar la tradición presidencialista, el organismo es más una fábrica de empleos que parte de un proceso de amplia renovación social y política. ¿Cómo es posible que la extrema derecha, el PAN, aliado a una imaginaria “izquierda” pudiera vencerlos en varios estados importantes como Veracruz? Porque en la cúpula prefieren manejarse con discreción y sin audacia, a diferencia de sus enemigos tradicionales, por cierto, siempre dirigidos por ex priistas. Si Peña Nieto, el día de su unción como mandatario, muestra fuerza y arrojo, pide perdón a México por los errores cometidos, los crímenes impunes, promete y cumple acabar con la eterna corrupción, no teme eliminar a quienes utilizan al Estado para hacer negocios y enriquecerse, le permite a la sociedad expresarse, las cosas tendrían otro camino. Peña Nieto es de nuevo un “solitario en palacio”, alejado de las masas que ya le reclaman a diario, sometido al fuego de medios perversos y de rivales demenciales como AMLO y Agustín Basave. Con facilidad, los jóvenes le endilgan responsabilidades que no tiene, pero él y sus colaboradores más cercanos no se atreven a debatir con sus rivales, sólo los dejan crecer mientras la Presidencia y el gabinete, los gobernadores priistas, se achican y pierden ante charlatanes como El Bronco.
La voz de Manlio Fabio Beltrones regaña en el desierto, ahora su lugar lo ocupa una parienta de Peña Nieto con escasa experiencia y desconocimiento del país. Quedamos en manos del “inexistente grupo Atlacomulco”. Si alguien de pronto quiere salir de la rutina priista lo intenta con timidez y tampoco halla oídos sensibles. El PRI que nos gobierna es una suma de perversiones e incapacidades en donde el ex presidente del partido se pregunta: ¿Por qué nos odian? Muy buena parte del país ha sufrido represiones, carencias, inseguridad, ha sido saqueada por funcionarios priistas. Si hay “traiciones”, la culpa es de quien las toleró. El PRI no conoce la autocrítica, es experto en autocomplacencias, en el optimismo fingido. Busca la salvación en políticos que deberían estar en la cárcel y no en altos cargos. En suma, gobierna de espaldas a la realidad y eso le permite a los más charlatanes adueñarse gradualmente del país o de estados de gran poderío.
Manlio Fabio Beltrones, si desea ser presidente, tendrá que pensar en la ya famosa salida de fingirse independiente, como Mancera, y crear su propia candidatura, la otra, la buena, saldrá de Los Pinos y a no ser que haya cambios radicales y decisiones valientes, está destinada a la derrota. El PRI no entiende ni entenderá que lleva gran retraso, que debió ser refundado hace sexenios. Pero no, supone que va por buen camino, mientras la victoria se desvanece.
El PRI nunca ha sido autónomo, lo maneja el presidente en turno. Acaso lo haya sido un tanto el PAN. El PRD siempre ha tenido por dueño a caudillos de viejo cuño, atrasados, ex priistas y proclives a la charlatanería. Sin embargo, usan un lenguaje de apariencia renovadora y cometen desatinos y crímenes que con facilidad le endilgan al presidente de México. Peña Nieto y su partido no saben cómo reaccionar y cuando lo hacen, es demasiado tarde. Ninguno es estadista, son funcionarios menores, burócratas sin estilo. Pugnemos por lo imposible: un país sin partidos.

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